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-¡Kate!-exclamó mi abuela al verme-¡Eres tu! Llevaba tanto tiempo esperando este momento...
Mi abuela se lanzó a abrazarme en cuanto me vio, correspondí su agrazo agradecida; era la primera vez que veía en persona a mi abuela materna, la conocía en fotos; pero obviamente no es lo mismo.
-¡Que guapa eres!¡Eres igualita a tu madre hija mia!-no paraba de decir sin soltarme.
-Gracias abuela-dije sonriendo.
Pero mi abuela no estaba contenta, siguió abrazandome y zarandeandome un rato más; creía que moriría de un momento a otro por asfixia.

Por suerte, mi tia nos interrumpió.
-Kate, estarás cansada-inquirió-Ven, te llevaré a tu habitación.
-Oh, ¡gracias!.
Las maletas ya estaban en el cuarto, asi que entramos en la casa las tres, fuera haacía un sol de justicia que parecía que no iba a dar tregua alguna.

Aquella casa era agobiante, desde fuera se veía que era grande y alargada, mi habitación encima estaba al fondo del pasillo, pero no dije nada.
-Espero que te guste el pescado-dijo de repente mi tia sin girarse.
-¿Y eso?-respondí mordiendome la lengua.
-Bueno, aqui lo comemos casi a diario-dijo con una risita-Lo digo por que espero que te guste.. mucho.
¿¡A DIARIO!? Yo ODIO el pescado, solo verlo muerto en una pescadería me pone enferma, ya comermelo es que me da algo.

Alessa, mi tia, abrió la puerta de mi cuarto y entramos.
-Bueno, ¿te gusta?
Una sonrisa se dibujó en mi cara al ver aquella habitación, era preciosa.
-¡Oh tia! Esto..

-...es algo sensacional!
La habitación era grande, olía a flores y entraba bastante luz; la cama parecía comodísima.
-Me alegro, instálate y baja luego a la playa, hoy comeremos fuera a modo de bienvenida-dijo sonriendo.
Se fue cerrando la puerta tras de sí.

Después de deshacer la maleta, me cambié dispuesta a bajar a la playa para comer.
-Espero que a modo de bienvenida no haya pescado asqueroso...-murmuré para mis adentros.
El armario olía un poco a muerto, pero bueno; ¡algo malo tenía que tener!

Salí rápidamente del cuarto, sin darme cuenta de que había alguien fuera, un hombre.
De espaldas parecía anciano, caminé despacio hacia el.

Antes de llegar a el, se giró; haciendo que nuestras miradas se encontrasen. Había algo en el que me resultaba familiar, esos ojos...
-¿Y tu quien eres?-preguntó taciturno.
-Kate.
Al oir mi nombre, las pupilas se le dilataron ligeramente; como si se hubiese asustado.

-Eres igual que tu madre-dijo con una media sonrisa.
Entonces me di cuenta, ¡era mi abuelo!.
-¡Abuelo!-me acerqué más con la intención de abrazarle.
¡Mi abuelo!¡Mi madre siempre me había hablado tanto de el!¡Por fin!¿¡Por que mi tia no me había dicho nada!?

Segundos después, ocurrió algo que grabaría en mi mente con fuego. Me rechazó, rechazó mi abrazo.
-No-se limitó a decir.
Me separé lentamente, sin mirarle; me daba vergüenza. El rechazo, un sentimiento muy fuerte que hay que tener mucho valor para demostrar.. Y mi abuelo lo habia echo, lo había echo conmigo; su propia nieta.

Continuará...


























