Camino a la inteligencia: las primeras aldeasCon el descubrimiento del fuego, o, mejor dicho, el descubrimiento de maneras de controlar el fuego, los seres Terra aumentaron más aún su ventaja respecto a los demás animales, ya que todos los animales temían el fuego.
Descubrieron que, además de quemar, el fuego daba luz, por lo que era, además de un arma, una cosa que les permitía ver en la oscuridad, perfecto para defender sus hogares en las oscuras noches del planeta Terra.
Y la evolución continuó su camino, llegando, aunque no lo parezca, cerca de su final. Tras los siguientes acontecimientos, los lentos cambios de la evolución –en el orden de cientos de miles de años- no serían efectivos para los fugaces problemas que deberían solventar los Terras.
El fuego también permitió a los Terras controlar a otros seres vivos más fácilmente que por otros métodos, ya habían probado a encerrar a otros animales para aprovecharlos cuando escaseara la comida (inicio de la ganadería), pero éstos eran demasiado fuertes e inteligentes, los muros de piedra o palos no eran suficiente para mantenerlos cautivos. Pero la cosa cambiaba si eran metidos en una cueva con la salida custodiada por el fuego…
La inteligencia se abría paso poco a poco en sus mentes, viendo los árboles de las llanuras, los Terras se dieron cuenta que podían serles de utilidad como “cuevas lejos de la montaña”, los días de mal tiempo, bajo esos árboles, los animales se refugiaban, lo que quiere decir que las hojas los protegían del agua. Estos árboles solían estar cerca de los ríos, en lugares fértiles, mucho mejores que las arenosas y rocosas montañas en las que nuestra protagonista especie se refugiaba.
Usando esos árboles –en un principio los usaban como casas, luego vieron que, al igual que se podían llevar los palos de los árboles donde les fueran más útiles, se podían llevar el árbol entero- y sus hojas, empezaron a construir las primeras chozas. Bastante débiles al principio, al menos les permitieron irse a vivir a lugares más cercanos a los animales de los que se alimentaban, más cómodos pero a la vez más peligrosos, precisamente por el hecho de que esos animales estaban allí.
Combinando las chozas de madera y el fuego guardián, los Terra pudieron acercarse lo suficiente a los grandes seres –el número de Terras del grupo aumentaba, más población, más necesidad de comida- como para poder aprender de ellos también. Ya conocían el poder de los huesos como arma, aún más los colmillos, por su forma hecha para cortar, pero lo que no conocían era la función del pelaje de aquellos animales.
La aprendieron en las frías noches de la estación seca del lugar donde habían elegido vivir; viendo como los demás animales no parecían hacer mucho caso al frio, mientras los propios Terras tiritaban en sus chozas de ramas y hojas.
Viendo que debajo de esa capa de pelo, los animales tenían una piel parecida a la suya, los Terras consiguieron para sí lo que la Evolución no quiso otorgarles: un pelaje.
La ventaja de conseguirlo de otros seres y no tenerlo ya
de serie es que puedes elegir el pelaje que quieras, acorde con lo que necesites en el momento. Si hace frío, un pelaje grueso. Si hace calor, uno más fino. Pero siempre pelaje, el pelaje indica que has matado a otro ser, cosa digna de respeto entre los Terras.
¡Y también protegía del agua! Eso de tener pelaje era todo un chollo. Hasta se podía aplicar a las casas! ¡No mas goteras!
¡Y si era lo suficientemente grueso te protegía de los golpes!
¡Pero no protegía de los golpes con armas afiladas! Habría que ponerle remedio…
Y así los Terras sofisticaron sus herramientas...
Los últimos modelos de choza ya alcanzaban mediana complejidad