Fuerza. Resistencia. Agilidad. Los tres pilares para tener un cuerpo Heroico. Si superas esta prueba, obtendrás el don de la Agilidad. Serás uno de los seres más rápidos del Universo. Pero, atento, no serás el más rápido de todos.
Nosotros te otorgamos estos Dones, pero tú debes utilizarlos con cabeza. Cuando salgas de aquí –si es que sales-, saldrás con unos poderes increibles, pero deberás saber utilizarlos. Has sido enviado aquí porque tu universo necesita un Héroe, y aquí serás entrenado para convertirte en Héroe. Lee bien. En-tre-na-do. No te vamos a otorgar todos estos poderes así porque sí. No te vamos a hacer invencible. Si te hicieramos invencible, ocurriria otra vez lo que ocurrió. No. Vamos a entrenarte para que cumplas tu misión, y nada más. Te otorgaremos poderes, si, si te haces merecedor de ellos. Pero cuando salgas, no serás invencible. Todo Héroe tiene, y debe tener, un talón de Ohniles. Nadie debe ser invencible.
También estás aquí porque tú tienes capacidad de aprender. Porque aquí necesitas aprender. Muchas cosas.
Derrota a tu siguiente rival y empezaremos a trabajar la mente.
Ter dejó la hoja en el suelo, mientras estaba sentado en la pared de la cueva. Comprendió que su destino era aniquilar a la raza Ayler, y que Spora lo habia enviado aquí para ser entrenado, y conseguir los poderes que necesitaba para eliminar a los Aylers.
En un principio no le dió importancia al tema de la invencibilidad
Descansó durante varias horas, inmóvil, pensando. ¿Era él tan especial?¿Tan listo? Lo dudaba. Debía de haber algo más. Otro motivo por el que le habian traido aquí.
La idea de ser más fuerte y resistente, la idea de ser un “Héroe”, le asustaba. Un gran poder siempre conlleva una gran responsabilidad. Desde pequeño habia soñado siempre ser alguien importante, un héroe que surcaba el espacio combatiendo monstruos y villanos. Al final habia conseguido lo que deseaba, se habia convertido en un capitán renombrado, con buenos amigos en los que podia confiar. Krash, el capitán Ehos...
Rápidamente todo eso se torció. Los Grox lo secuestraron, y, cuando estaba a punto de morir, un ente de otra dimensión lo rescató y le encomendó una misión que decidiria el destino del universo.
Demasiada responsabilidad.
Cuando hubo descansado lo suficiente, se levantó y salió de la cueva. Se propuso saltar a la llanura que tenia encima, y probar su nuevo poder. Y eso hizo.
Saltó hacia la llanura –esta vez se preparó para intentar aterrizar bien- y, una vez en ella, probó cuan lejos podia saltar. Salió corriendo lo más rápido que pudo –que no era mucho- y, en un momento dado, dio un grán salto.
Como es natural, salió volando, recorrió más de cien metros en el aire, a gran velocidad, aunque no ascendió mucho.
Desde luego no aterrizó bien. Cayó de boca.
Se levantó en medio de la explanada, sorprendido. Casi no se habia hecho daño, cuando deberia haberse destrozado la cara.
-Bueno, deberia practicar más el aterrizaje... –se dijo.
Durante unas horas estuvo concentrado en intentar saltar alto y lejos, y aterrizar bien, de pie. Eso le ayudaria en los combates venideros, pensó.
Descubrió que no se cansaba al hacer uso de sus poderes, es más, todavía recuperaba fuerzas.
Estuvo varios días entrenando con sus nuevos poderes, entrenando en serio. Estaba seguro de que los necesitaria para las siguientes pruebas. Levantaba piedras gigantescas, y las lanzaba lo más lejos que podia.
Realmente caian lejos, pero Ter sabia que podría tirarlas más lejos, si tuviera más rapidez.
También entrenaba saltando lo más lejos y alto que podia; esto se le daba bien, cada vez aterrizaba mejor.
Mientras entrenaba, se concentraba totalmente en los ejercicios, aislando sus pensamientos de todo lo demás. Pero, por la noche, cuando buscaba una roca donde refugiarse del frio viento y donde apoyarse para dormir, sus pensamientos se dirigian hacia su futuro. ¿Dónde le llevaria todo esto? Un Héroe... Un Héroe que cambiaria el Destino?
¿El destino del universo? Su futuro le asustaba. Nunca habia soportado el peso de tan grande responsabilidad.
¿Cómo seria su vida una vez saliera de aqui? Porque desde luego iba a salir de aqui. Como fuera...
¿Se convertiría en Capitán de nivel 1? ¿Seguiria investigando a los Aylers o, ahora que habian enocontrado a algunos, era momento de pasar a la ofensiva?
¿Y sus amigos? ¿Qué pasaria con ellos?
Es más ¿Dónde estaban ahora? ¿En qué universo?

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Se mantuvo inmóvil durante una hora, esperando a que alguien lo sacara de allí, recuperando fuerzas para intentar salir de aquel montón de piedras que lo aprisionaba si nadie venia a por él.
Nadie vino a rescatarle, asi que, pasada esa hora, se intentó levantar. Consiguió hacerlo con esfuerzo, todas las piedras que tenia encima cayeron, por suerte eran muy pocas.
Descubrió que estaba al pie de una pequeña montaña, enmedio de una inmensa llanura gris.
Rápidamente vió, a pocos metros de él, una hoja de papel, con un diamante en una de las esquinas.
Se acercó a ella y la olió. Poco más podia hacer, como animal que era, desde luego no sabia leer.
Miró las letras de la hoja, sin comprender ni una sola palabra de lo que veia. Para el eran poco más de dibujos.
-Hola, mi azulado amigo.
Frip inmediatamente se volvió, ante él se encontraba un ser de apariencia temible. No pudo apreciar de él más que era bípedo y que llevaba un sombrero de ala ancha negro como la noche, ya que todo su cuerpo desprendia oscuridad, literalmente hablando. De el ser salia un humo oscuro, que imitaba su silueta.
Frip lanzó el gruñido más terrorifico e intimidante que pudo, pero sólo consiguió emitir un chillido grave. Miró al oscuro ser con la cara más intimidante que pudo, entrecerrando sus cuatro ojos.
El ser se mantuvo en silencio e inmóvil unos instantes, tras lo cual prosiguió hablando:
-Bienvenido a mi mundo. Apuesto a que no sabes por qué estás aqui ¿eh? Bien, iré al grano. Estás aqui porque tu calmado amigo te necesita. Has sido enviado aqui para convertirte en un ser legendario, como tu amo.
Frip soltó un sonido de sorpresa. ¿Su amo? ¿Ter también estaba por aqui?
El ser continuó hablando - Tú y tu amo debereis superar algunas pruebas, para demostrar que mereceis ser Héroes, para demostrar que estais capacitados mentalmente para cambiar el destino de vuestra galaxia.
Antes de reuniros, cada uno deberá superar algunas pruebas por su cuenta.
El ser enmudeció por un momento, levantó la cabeza levemente, y continuó hablando:
-Tu calmado amigo acaba de superar la primera prueba. Bien. Ahora te toca a ti.
El ser desapareció de repente, sólo un leve rastro de humo quedó donde un segundo antes estaba el ser. Frip miró sorprendido el rastro de humo, tras él rastro habia aparecido un gigantesco agujero, de bordes abruptos y verticales, y de fondo llano.
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Pasaron los dias, Ter se encontró con la tercera prueba un dia, mientras practicaba sus saltos volando por los aires.
En uno de sus grandes saltos vió cerca del llano horizonte algo parecido a un gran agujero.
Obviamente, la siguiente prueba se desarrollaba allí, asi que se acercó al lugar. Tardó muy poco en llegar, fué saltando. Sus saltos de casi ciento cincuenta metros de longitud lo llevaron hasta allí en menos de un cuarto de hora.
Cuando llegó, vió lo que escondia el gigantesco agujero: un coliseo.
Un gran coliseo construido en el fondo del agujero. Hecho de piedra, piedra gris, como cualquier construccion del planeta.
Ter se asomó al agujero: esta vez no habia ningún papel en el centro.
Saltó al fondo. Una vez estuvo allí, contempló maravillado el coliseo:
Altiísimas columnas se elevaban más de doscientos metros sobre él hasta el nivel de la llanura de arriba, frente a las rocosas paredes del gigantesco agujero; hechas de roca -gris, como siempre-, que parecia haber sido moldeada más que cortada. Ter se preguntó de donde sacaron piedras de más de doscientos metros de largo para hacer estas columnas.... Fueran quienes fueran los seres que las construyeron.
También las gradas estaban hechas de roca que parecia moldeada; eran gigantescas; bastante bajas en verdad, con sólo veinte metros de altura. En algunas de las gradas, bajo los "asientos" de piedra, habia puertas dobles de, como no, piedra gris.
Seguro que tras una de esas puertas se escondia su rival.
Las columnas y las gradas -con sus puertas- rodeaban el campo de batalla; totalmente vacio, llano, sin una sola roca u objeto que utilizar como arma o defensa. Ter esperó, seguro de que de alguna de las puertas saldria un ser monstruoso, ágil, con ganas comérselo.
En efecto, las puertas de las gradas se abrieron. Todas.
Ter se sorprendió, miró atónito como todas las puertas de las gradas se abrían. Rezó por que no saliera un monstruo de cada una.
No, no salió, ningún monstruo. De ninguna de las puertas. Ter miró rápidamente hacia arriba, por si el monstruo salia desde arriba, desde la llanura, como en la primera prueba.
No, tampoco salió de arriba. Miró otra vez hacia las puertas, las diez puertas que lo rodeaban.
Un silbido sonó a su espalda, se intentó volver, pero en menos de un segundo una sombra le atizó un puñetazo que lo mandó por los aires.
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Frip se acercó al agujero, sin saber que hacer. Se asomó, en el agujero no habia absolutamente nada.
Se quedó mirando al agujero, sin saber que hacer.
Un sonido de pies corriendo apareció tras él, se volvió. En el justo momento que pudo ver al monstruo éste le dió un cabezado que lo tiró al agujero. Frip cayó de espaldas.
Se levantó lo más rápido que pudo, herido levemente. El monstruo se lanzó encima de él; Frip lo esquivó por muy pocos centímetros. El monstruo se levantó y se lanzó contra él; Frip lo volvió a esquivar a la izquierda. El monstruo frenó, dió media vuelta y volvió a la carga.
Frip esquivó por tercera vez. Esta vez no fué lo bastante rápido, y uno de los cuernos del monstruo le hizo una fea y larga herida a lo largo del lomo derecho.
Frip miró inmediatamente hacia su lomo, y luego, furibundo hacia el monstruo, que estaba dando media vuelta.
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Ter salió dando vueltas por los aires, aterrizando a veinte metros del lugar donde habia "despegado".
Se levantó inmediatamente, con unos pequeños cortes en el hombro. Miró a todos lados, no pudo ver a su adversario.
Otro silbido sonó a su derecha, intentó saltar, pero el ser era mucho más rápido que él y le volvió a lanzar por los aires de un zarpazo.
Ter volvió a aterrizar, otra vez magullado. Se levantó lo más rápido que pudo y se puso a correr. Desde luego no era tonto, ese ser no le pillaría otra vez.
El ser fué corriendo tras él y le lanzó por tercera vez por los aires, hacia delante. Ter cayó bien lejos esta vez.
Ter volvió a levantarse, cada vez con más heridas, aunque leves. Esta vez vió uno de los muros del coliseo cerca de él, y se dirigió corriendo hacia él. Cuando estaba a diez metros del muro, el monstruo volvió a alcanzarle, y Ter chocó contra el muro, de cabeza.
Ter fué a levantarse, esta vez el golpe le habia dolido de verdad. El monstruo lo volvió a alcanzar nada más levantarse, de un golpe lo alejó del muro. Ter intentó levantarse otra vez, pero el monstruo no le daba tregua. Tras un minuto a este ritmo, Ter pudo levantarse, saltó hacia un lado por si el monstruo le iba a atacar otra vez.
No, no lo atacó. Ter voló por los aires, esta vez como consecuencia de su propio salto.
Cuando aterrizó, se levantó y miró hacia todos los lados, intentando localizar al monstruo. Por primera vez, lo vió.
El monstruo descansaba, resoplando, a veinte metros de él. Se asemejaba a un tigre puesto de pie; de color marrón oscuro; con unas afiladas garras en los pies y en las manos. Le miraba con una media sonrisa.
El monstruo se empezó a mover. Fue hacia un lado, y se puso a correr antes de que Ter pudiera dar un sólo paso. El animal era muy rápido, pero Ter lo pudo seguir con la mirada, y cuando el monstruo se dirigió hacia él, supo qué hacer. Cuando estuvo lo suficiente cerca, Ter lanzó un puñetazo a la cara.
Pero por algo esta era la prueba de agilidad. El monstruo se apartó y pasó cerca de Ter, para luego darse la vuelta y, al pillarle desprevenido, pudo darle un zarpazo que lo volvió a lanzar por los aires.
Ter esta vez se levantó más rápido todavia, en cuanto se levantó, escuchó por un momento. Un silbido sonó tras él.
Ter se volvió lanzando un puñetazo a la cara del monstruo, esta vez sí lo hizo sangrar.
El monstruo no vió el puño y se dió contra él con mucha fuerza. Pero más fuerza poseia Ter y el puño lanzó al monstruo para atrás poco más de un metro. A un ser normal, ese puñetazo le hubiera arrancado la cabeza.
Pero este no era un ser normal, y rápidamente se levantó. Ter lo miró sonriendo, listo para asestarle otro. El mosntruo, con la cara herida, se volvió y se puso a correr otra vez, se convirtió en una borrosa figura otra vez. Ter lo vió y se mantuvo en movimiento, corriendo para aqui y para allá, deteniendose de repente y corriendo en otra direción, para que el monstruoso felino no lo volviera a alcanzar. Ya tenia suficientes cortes, no queria más.
En un momento dado vió por el rabillo del ojo a la borrosa figura, y lanzó un puñetazo hacia el lado por el que creia que iria la criatura a atacarle. En efecto, fué tras él, a su izquierda, pero el monstruo vió el brazo antes de chocar contra él y cambió de dirección. En un segundo volvió a cambiar de dirección y le asestó un zarpazo en el pecho a Ter, que volvió a salir volando.
Por vigésima vez, Ter se levantó; inmediatamente se lanzó hacia la izquierda, la zarpa del monstruo pasó a tan sólo unos centímetros de su cabeza.

Ter se giró lo más rápido que pudo para asestarle un zarpazo al monstruo en la espalda, pero era muy lento comparado con el monstruo. No llegó ni a rozarle. Pero en el segundo en el que lanzaba el zarpazo al monstruo -que ya estaba a varios metros de allí-, vio una silueta recortarse en una de las gradas del coliseo.
No pudo mirarla más de un segundo; el monstruoso felino volvió y la lanzó un zarpazo. Lo esquivó por muy poco, y a su vez él lanzó otro zarpazo a la cara del monstruo. Éste lo esquivó también por poco, y lanzó no un zarpazo a la cara de Ter; que no lo esquivó del todo y se llevó un pequeño tajo en el morro.
Este zarpazo hizo mucho daño a Ter, que no necesitó más para ponerse realmente furioso. Lanzó una salva de puñetazos con una rapidez increíble al monstruo, que no se los esperaba, y los recibió todos en la cara, cuello y pecho. Retrocedió atontado y dolorido.
Ter, con la nariz sangrante, no se lo pensó y la lanzó otra salva de puñetazos con furia. El monstruo esta vez intentó esquivarlos; no pudo, eran realmente muy rápidos. Acabó tumbado de espaldas al suelo, con mil golpes en la cabeza. Ter lanzó un rugido y lanzó un puñetazo con todas sus fuerzas contra el pecho del animal. Éste emitió un rugido de dolor y no volvió a moverse.
Ter separó lentamente la mano del pecho del felino caído, y se levantó. Ter se levantó; jadeante. Miró al monstruo; quedaba claro que había superado la tercera prueba.

Sintió que tenia mucho calor, además de las heridas, el pecho le dolía. Cogió el talismán que colgaba de su cuello; emitía una tenue luz morada. Durante un segundo, la luz se intensificó, para luego apagarse poco a poco.
Ter se quedó mirando el dibujo de una galaxia que había tallado en el dorado talismán. De algún modo, el talismán parecía transmitir una sensación de compañía en ese momento. Como si estuviera vivo...
El calor que ahora desprendía daba todavía más sensación de compañía; un calor especial, no como el que desprende una hoguera, o el suelo un día soleado. Era un calor acogedor. Tranquilizador. El calor de un ser vivo.
Ter apretó el talismán contra su pecho y cerró los ojos. El odiaba la violencia. Odiaba a todos la que la utilizaban sin motivo; y realmente odiaba que le obligaran a hacer esto. El era un ser pacífico...
La tristeza se transformó en furia, abrió los ojos de repente. Una pequeña piedra que se encontraba junto a él pagó su furia; le dio una fuerte patada.
La piedra salió disparada a la velocidad de un rayo y atravesó una de las columas del coliseo. La roca de la columna empezó a partirse y se acabó desmoronando, causando un gran estruendo y llenando de piedras de diferentes tamaños las gradas y el suelo cercano.
Ter miró sorprendido y maravillado como la gigantesca columna se caia a trozos, y miró su pierna. Lanzó una patada al aire con todas sus fuerzas, la pierna se movió tan rápido que Ter perdió el equilibrio y cayó de espaldas.
Se levantó, todavía maravillado, y empezó a probar su nuevo Don: la rapidez.
Lanzó puñetazos al aire a la velocidad del rayo; su rapidez era tal que los brazos se convertían en borrosas formas al silbar por el aire.
Se puso a correr todo lo rápido que pudo; el mundo se convertía en un baile de borrosas formas pasando hacia atrás. Tuvo que pararse a los pocos segundos, para no chocarse contra la pared de una de las gradas. Al detenerse, una idea se le ocurrió; sonrió malévolamente y se lanzó corriendo contra la grada. Atravesó la piedra e hizo un agujero de su tamaño, haciendo que varias rocas se quebraran y se desprendieran de la esrtuctura. Salió del agujero lleno de polvo gris, sonriendo. ¡En verdad esto era increible!
Se olvidó de la tristeza. Ahora, tenia el poder para hacer pagar a la gente sus crimenes. Podia enmendar todo el daño infligido... Vió el cuerpo del felino caido a lo lejos, en el centro del coliseo. La tristeza volvió.
-No puedo enmendar mis actos; no puedo resucitar a los que he matado –susurró al calido aire.
Mucho más serio, se dispuso a saltar hasta la llanura, que lo esperaba doscientos cincuenta metros más arriba.
En ese momento, volvió a ver esa silueta, que lo miraba a lo lejos, al otro lado, a más de doscientos metros. Encima de una grada.
¿La siguiente prueba? ¿Tan pronto?
Ter, serio como pocas veces lo habia estado en su vida; se decidió a acabar con esto pronto. No sentia cansancio alguno, las heridas producidas por el felino monstruoso no le dolian. Acabaria con esa criatura pronto.
Dio un salto gigantesco, desde el suelo de una punta del coliseo, hasta una de las gradas de la otra punta. En su viaje por el aire notó como el viento luchaba por detenerle, pero no lo conseguia.
Cayó muy cerca de la criatura, tres metros a su derecha. Algo detuvo a Ter un segundo antes de que comenzara el ataque.
Un peso adicional en sus manos. Las miró; con gran sorpresa vió que las Garras de acero volvían a estar en ellas. Aquello le alegró un poco.
Se dispuso a cercenar la cabeza del ser que se mantenia quieto; cuando fue a lanzarle el zarpazo mortal; se detuvo inmediatamente.
El ser le miraba con ojos de desaprobación.
-¿Vas a matarme a mi también?
Ter miró boquiabierto al precioso ser que lo miraba: su voz femenina lo habia paralizado.
Pero no era la “feminidad” de su voz lo que le habia parado, sino otra cosa.
Aquella era la voz más bella que habia oido nunca.
Aquella voz superaba en armonia incluso a la mismisima Spora, transmitia una sensación de tranquilidad, de seguridad...
Paralizado como estaba, Ter pudo observar a su interlocutora; su verde piel brillaba tímidamente entre las claras escamas que salpicaban su cuerpo, cubierto solamente por una túnica blanca.
Su delgado cuerpo, sus brazos, sus piernas... todo en ella parecia débil; pero si parabas tu mirada en sus ojos, nunca jurarias que era un ser mortal. Sus ojos delataban una seguridad en sí misma increible, una fuerza interior descomunal, albergaban una sabiduría que parecia datar de hacía eones.
Todo en ella era bello, pero sus ojos hermosamente horrorosos. Daban la impresión de haber visto las mayores masacres, las peores guerras jamás vistas.
Si los ojos son el espejo del alma, estaba ante el alma más anciana conocida.
No era de ninguna especie conocida hasta ahora. Pero era el ser más hermoso que Ter habia visto jamás.
Los reptilinos ojos de la criatura lo miraron con dureza, a la vez que con comprensión. La mujer reptil se giró con un solo movimiento, perfecto, para mirar el cadáver del monstruoso felino.
Ter, todavía medio paralizado, giró lentamente la cabeza para mirar al lugar donde ella miraba. Rápidamente vió el cuerpo.
Tras unos pocos segundos mirándolo con tristeza, el perfecto ser se giró y miró a Ter con crudeza.
-Lo has matado.
Ter, medio tartamudeando, respondió:
-Me atacó...
-Pero no te mató. En cambio, tú si lo has atacado y matado. ¿Por qué?
-¡Defendí mi vida! – la pregunta le pareció disparatada- No pude hacer otra cosa...!
El ser se acercó a Ter con expresión de enfado- El no te mató, tu en cambio si. ¡Hay más soluciones que matar a tu rival!- por primera vez en su vida, Ter retrocedió- Podrias haberle convencido para que se fuera una vez lo tenias a tu merced- Sus largos y finos dedos lo señalaron - . ¡Asesino!
Ter seguía retrocediendo, tropezó con una piedra y cayó de espaldas. La fémina reptil se acercó aún más, mirándole, con ojos furibundos. Daba la impresión de que fuera a liarse a patadas con él.
De pronto, el enfado en el rostro del ser desapareció y fue sustituido por una mirada de compasión.
-Pero tendrás que comportarte como un asesino en el recorrido de tu misión, por lo que no puedo culparte.
La reptil tendió una mano hacia Ter. Éste, sorprendido, la cogió, seguro de que podia levantarse sin ayuda. Cuando fué a levantarse, con la mano apoyada en la de la reptil, ésta tiró de repente hacia ella, Acercando la cara de Ter a la suya en un santiamén.
Pronunció unas palabras al oido de Ter, silabeando cada palabra- pero, mientras estés aquí, no volverás a matar. Por tu bien.
La reptil se separó de Ter de un tirón y, de un salto, bajó al nivel del suelo. Ter la siguió, maravillado pero temeroso.
Mientras la seguia a una de las puertas que habia en el coliseo, Ter no pudo evitar preguntarlo.
-¿Quién eres? ¿Qué eres?
La criatura reptilina respondió sin darse la vuelta
-Soy Lhaias, tu maestra. ¿Qué soy? Un ser condenado a enseñarte.


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