FracasoRecuperó la consciencia. Lo primero que notó fue un fuerte dolor en todos los músculos de su cuerpo; que casi le impedía moverse; por lo que no se movió e intentó averiguar dónde estaba desde su posición.
Estaba tumbado, como desplomado, en un suelo frío y duro, algo rugoso, como si fuera roca. A su alrededor no había más que oscuridad.
El dolor era tan fuerte que no podía ni girar el cuello de su posición, con la cabeza apoyada en el suelo...
Una voz, que Ter inmediatamente reconoció, empezó a hablar.
-Has fracasado en tú misión.
Ter no daba crédito a lo que acababa de oír. Hizo un gran esfuerzo para poder articular algunas palabras.
-¿C...como? ¿Fracasado?
-En efecto. Toda la UIB ha sido destruida, a excepción de unos pocos seres que un buque de transporte ha podido salvar. Tu misión era acabar con los Aylers, y los Aylers han acabado contigo.
La furia Terraptor de Ter se despertó ante aquellas afirmaciones. En pocos segundos dejó de importarle el dolor, con muecas de dolor se levantó como pudo. El cuerpo entero parecía quemarle. Pero se levantó.
-¡Yo no he podido hacer nada! ¡Ni siquiera sabia que los Aylers controlaban nuestros movimientos!
-Eso no importa, Ter. No hay excusas posibles. Has fracasado.
Ter se quedó mirando atónito a la nada, sin saber que hacer ni que decir.
-¡No pude hacer nada!
Esta vez nadie respondió.
Pensó.
-y... ¿Entonces? ¿Por qué me has salvado?
-Yo no te he salvado.
Ter se sorprendió aún más.
Spora continuó:
-No sé quien te ha salvado de esa muerte segura, pero te ha enviado directo a mi hogar. No sé que quieren que haga contigo. Ya no sirves.
Ter enfureció con esas palabras.
-¡¿Ya no sirvo?! ¡¿No os sirvo?! ¿Acaso soy un pañuelo que podáis tirar a la basura tras sonaros?

-Tú lo has dicho. Creamos y entrenamos héroes para que mantengan la estabilidad en nuestras galaxias. Por tu culpa, por no haber sido lo suficientemente listo, toda la UIB ha sido destruida para siempre. Los Aylers tomarán mi galaxia y mi vida se apagará como la luz de la última estrella de La Espiral que conquisten. No puedes encontrar una solución a ese problema lo suficientemente rápido. Ya no vales nada.
Un rayo empezó a formarse por encima de Ter. La luz mostró un suelo rocoso, gris, rodeado por columnas de la misma roca. En el techo, el rayo se lanzó hacia Ter.
Ter no se lo pensó ni una vez y, a la velocidad del rayo, sacó su espada de la atadura de la espalda y la interpuso entre el rayo y él. Una gran explosión, y el impacto fue tan fuerte que lo tiró al suelo.
-Veo que te resistes a tu destino.
Ter, sorprendido de seguir vivo, se levantó.
-¡NADIE acabará con mi vida mientras yo no tome venganza contra los Aylers! ¡Puedo salvarte! ¡Déjame vivir y lo intentaré! ¡Tiene que haber alguna manera!
-No la hay. Ni siquiera has pasado todas las Pruebas para ser un Héroe de verdad.
Ter no sabia muy bien que decir.
-Pe...Pero... ¡Puedo pasarlas! ¡Vamos, házmelas!
-No es tan sencillo, Ter. Las pruebas estaban preparadas en tu universo. Has muerto en tu universo. No puedo devolverte allí.
Ter empezó a desesperarse. ¿Qué opciones tenia?
-¡T...tiene que haber un motivo por el que esté aquí! ¡Debo poder volver! ¡Mis amigos... Tengo que volver a ver si están bien!
-Tus amigos han muerto. Nadie sobrevivió en ese planeta, Ter.
Ter sintió cómo un escalofrío le recorría el cuerpo. En ningún momento se sintió triste, sin embargo. El instinto Terraptor despertaba en él, tras haber estado escondido decenas de años en su mente.
-Llévame allí.
-He dicho que no puedo. Ter. No está permitido. Spode dictó esas normas; los Dioses debemos cumplirlas.
-Al cuerno con vuestras normas. No me detendré hasta acabar con todos esos robots.
Llévame.Spora no pudo más que reír ante tal amenaza.
-¿Qué harás si no te llevo allí?
-Te obligaré.
Ter sencillamente se acercó a una de las columnas y la partió con la espada, liberando una nube de polvo gris.
-¿No es este tu hogar? Pues lo voy a dejar como mi galaxia.
Ter sabía que estaba haciendo el ridículo; pero estaba furioso y no había nada ni nadie para aliviarse, salvo esas columnas.
Spora, invisible pero muy cerca de él, lo miraba en silencio con sus cuatro ojos, sonriendo levemente.
Una nueva cualidad se forjaba en él. Atormentado por los fantasmas de todos los muertos que Spora le había hecho creer que habían perecido por su culpa, Ter no había podido esconder su gran tristeza. Ter pudo haberse desplomado llorando, eso habría hecho cualquier ser de otra especie, excepto quizá un Grox.
Pero los Terraptors nunca lloran.
Toda la tristeza de Ter se transformó automáticamente en ira, gracias a su instinto; que evitaba que cualquier Terraptor se sintiese culpable de nada. Los Terraptors habían necesitado desarrollar esta cualidad para sobrevivir hacia miles de años, en su pasado como tribu.
Gracias a ese talento innato de los Terraptors, este imperio había conquistado todo su planeta eliminando gran parte de las otras especies, que significaban un gran peligro para ellos.
Ter, imparable, fue destruyendo una a una todas las columnas con su gran espada; hasta que no quedó ninguna.
Spora dejó que el plano techo se le cayera encima.
-Que poco sabes, Ter, de las decisiones que hay que tomar en la vida –Una pequeña bola de luz apareció cerca de Ter, que apartaba rocas de encima suya-. Necesitas aprender mucho todavía para salvar mi galaxia. No puedes tomar nunca una decisión equivocada en el camino que estás recorriendo –la bola creció y se tragó a Ter, que acababa de levantarse-. Veamos si eres capaz de aprender algo más antes de comenzar la Gran Guerra.