Sólo por eso a mi me importa
Pero bueno, dejando de lado mi ego:
Vida artificial
La gran robot se encontraba anclada a una pared por medio de grandes placas metálicas, que se asemejaban a argollas, que impedían cualquier movimiento por parte de la robot. No estaba sóla, otros Aylers, presumiblemente más peligrosos, se encontraban en su misma situación, en los hangares contiguos.
Los científicos usaban plataformas ancladas a las placas que sujetaban a Aylar, para examinar toda su extructura exterior. No les fue fácil explorar los circuitos internos del robot, pues, no habia muchas maneras de acceder a ellos. Los circuitos internos de Aylar parecían estar aislados por completo del exterior, así como los motores, rieles y demás maquinaria que el robot poseia.
En otras ocasiones, no hubieran tardado en echar mano de los lásers para abrirse camino al interior, pero, ésta vez, el miedo a represalias por parte de Ter mantuvo cuidadosos a Terraptors y Rinara por igual.
Pequeños insectos recorrían el interior de la robot, cuyos receptores informaban a los científicos Rinaptor de todo lo que percibían. En verdad el diseño interior del robot era impresionante. Miles de secciones bien separadas, cada una con una función específica. La estructura de las extremidades seguía una estructura parecida a los músculos de los seres vivos, usando varillas dentro de otras varillas (o varas, teniendo en cuenta su tamaño) en vez de los propios músculos, que realizaban la misma función.
Pero, como esperaban allí había mucho más que unos cuantos motores, varillas y células de energía para las armas.
Cámaras abarrotadas de nanomáquinas o tentáculos oscuros, reactores medio desmontados al final de las extremidades, y otros mecanismos que no pudieron reconocer. En los extremos de los brazos, en su interior, varias armas esperaban ser desplegadas junto a los cañones del exterior. Su diseño recordaba vagamente a algunas armas conocidas por los rinaptor, por ejemplo uno de los cañones escondidos podría recordar a un rifle de francotirador, ya que el cañon del arma era muy largo y estaba fuertemente agarrado a la estructura del brazo. Otros, no disponían de cañón, sólo el mecanismo disparador podía verse. Los científicos supusieron que algunas armas usaban el mismo cañón para ahorrar espacio... y peso.
Algunas de las cámaras del torso del robot estaban herméticamente cerradas.
Los insectos ascendieron por el complejo cuello de la robot, lleno de cables y mecanismos que, suponían, conectaban el cerebro de Aylar con el resto de su cuerpo. Pero, cuando los insectos llegaron allí, los científicos se llevaron una sorpresa. Ahí no había ningún cerebro.
En su lugar, decenas de aparatos destinados a la comunicación, tales como altavoces, dispositivos de recepción de sonido y luz, así como detectores de calor.
También se encontraban ahí los dispositivos de comunicación a distancia, como los receptores y emisores de ondas de información, junto con pequeños procesadores, comunes en la mayoría de los Aylers, que ayudaban a procesar la información venida del exterior.
Pero del cerebro principal, ni rastro.
Tampoco encontraron la célula principal de energía. Aunque dedujeron su posición aproximada, siguiendo los cables de abastecimiento de energía. Una gran cámara, impenetrable, parecía contenerla, en el centro del tórax de Aylar, junto con la Unidad Principal de Procesamiento.
Los insectoides empezaron a analizar a fondo todos los objetos del interior de la robot, como la composición de los motores, las paredes de las cámaras, las armas y los cables. Recogieron muestras de los compartimentos de las nanomáquinas, y de otras pequeñas unidades robóticas aparentemente autónomas. Ninguna hizo nada por impedirlo.
Los informes fueron extensos aunque no tan completos como Ter esperaba.
-Por exhaustivo me refería a completo- dijo, mirando de reojo a la robot, aún anclada a la alta pared del hangar, inmóvl, diríase que "muerta".
-Hemos analizado todo lo posible sin causarle daños- respondía el científico Rinara-. Para acceder a las cámaras tendríamos que haberlas dañado con algún arma, con el riesgo de dañar también lo que contenían. Además, no nos fué fácil llegar hasta ellas. Tendríamos que habernos hecho hueco por la fuerza sólo para llevar el arma que nos permitiría entrar en ellas.
Ter continuó releyendo el informe. Tras unos minutos, volvió a detenerse.
-¿Tiene varias armas escondidas?
-Por lo menos tres más en cada brazo, además de las que conocemos.
-¿Y reactores...?
-Creemos que reemplaza sus armas por esos reactores a veces, para volar. Aunque...
Ter lo miró con impacienccia.
-...Esos reactores no parecen tener la fuerza necesaria para levantarla del suelo, Señor.
-Puede que se ayude con saltos, no para volar, pero si para llegar a lugares muy altos. - Ter siguió leyendo- ¿nanomáquinas?
-Si, están repartidas por varios compartimentos de su cuerpo. El torso, los brazos... Pero, curiosamente, hemos comprobado que son casi inovensivas. No son del tipo que conocemos, que suelen deshacer a sus enemigos comiéndoselos y multiplicándose usando la energía del cuerpo. Éstas, no tienen ningún tipo de arma. Sólo herramientas la mayoría desconocidas para nosotros.
-Vaya... ¿Y para qué las usa?
-Algunas máquinas no pueden ser controladas remotamente, pero sí pueden ser controladas si otra máquina inyecta un virus en ella- sonaron los altavoces de la cabeza de Aylar.
Ter se giró, la cabeza de la robot apuntaba directamente a él. A pesar de no poder ver sus ojos, Ter tenía la impresión de que Aylar lo miraba fijamente.
Realmente odiaba esa sensación. No poder ver los ojos de alguien, pero saber que ese alguien te mira fijamente… ¡Y no poder devolverle la mirada!
Continuó leyendo el informe.
Unos segundos después, el científico Rinara que esperaba, dirigió una fugaz mirada a uno de los ordenadores, en la pantalla había aparecido un aviso. Tras unos segundos, el Rinara avisó a Ter.
-…Señor…
Ter giró su cabeza hacia el Rinara, sin decir nada.
-…Parece que Aylar ha creado una copia del informe… ahora mismo –el Rinara abrió la copia-. Tiene más de mil páginas, el que usted está leyendo no sobrepasa las cincuenta.
Ter sonrió tras unos segundos. Pero, siguió leyendo el informe original. El Rinara aprovechó para estudiar el nuevo informe generado por la robot.
Pocos segundos después, la conocida voz de Aylar sonó en la mente del Rey.
-Pierdes mucho tiempo leyendo informes. ¿No crees que sería más rápido y eficaz volcar el texto del informe directamente a tu memoria?
Ter mostró cara de disgusto. Eso le recordaba que ahora era una máquina.
-Prefiero seguir la manera tradicional de hacer las cosas- dijo mentalmente, con evidente enfado.
-Ahora puedes seguir la manera eficaz de hacer las cosas- respondió la robot.
Ter no respondió. Un atisbo de ira emergía en su mente, hacía tiempo que había olvidado qué era ahora, y sus terribles consecuencias.
Aylar lo percibió.
-Te recomiendo que salgas fuera, mientras los Rinaptors liberan mi cuerpo. Deberíamos hablar, de ti y de mí.
-¿De qué quieres hablar ahora? –Ter dejó el visor sobre una de las mesas, cerca del Rinara, y le ordenó que, si habían terminado, que soltaran a la robot. Luego, salió andando del hangar, saliendo a la gran llanura Terrana donde se asentaba la base Punto Neural. Estaba anocheciendo.
-Además de los Aylers, yo, y el futuro de este Imperio, hay otras cosas que te preocupan y de las que deberíamos hablar, en mi opinión.
-¿De qué hablas?
-Sabes bien que hablo de ti mismo.
-¿De mí mismo? ¿Cómo que de “mi mismo”?- los pasos de Ter se aceleraron en su paseo por la llanura.
-De lo que ahora eres, la clasificación de “robot” que pesa en tu mente. Es obvio que no te agrada, y te preocupa mucho.
-¡Por supuesto que me preocupa! –estalló Ter- ¿Cómo se les ocurrió hacerme esto?
-La razón es simple, no había otra manera de otorgarte esos “dones” que ahora posees. Sé que crees que te han hecho mucho mal al robotizar tu cuerpo.
-¡No, si para ellos, lo que me han hecho es perfecto! ¡Ahora tienen un campeón invencible por ahí campando! Se aseguran de que siga vivo, la gente me siga y por ello acabemos con los Aylers…
-Pero no han tenido en cuenta tu opinión al respecto- se adelantó Aylar.
La cara de Ter perdió parte de enfado, para ganar algo de tristeza.
-Exactamente. Y, Aylar, sin ánimo de ofender, una máquina no va a consolarme por esta pérdida.
-No he venido aquí a “consolarte”, precisamente. Sólo he venido a ayudarte, como he dicho ya varias veces. Esta mañana se lo dije a todos los Capitanes Supervivientes de la UIB, lo oíste, y esta vez te lo digo sólo a ti. Esto que ha ocurrido, es un hecho, no hay vuelta atrás. Acostúmbrate.
Ter fue a mirar con ira a la robot, pero se dio cuenta de que paseaba sólo por la oscura llanura. Odiaba la idea de hablar con alguien, aunque fuera mediante ondas de información, pero no poder volverse a mirar al interlocutor.
-¿¡Cómo pretendes que me acostumbre a ser un robot!? ¡Llevo toda mi vida siendo… estando vivo!
-Has de acostumbrarte, y cuanto antes mejor. Sientas lo que sientas, recuerda lo que un día dijiste. “Habremos de sacrificar muchas cosas si queremos prosperar lo suficientemente rápido como para que los Aylers no se nos coman vivos”. Te toca sacrificarte.
-¿MÁS?
-Mucho más. No volverás a ser lo que eras, Ter. No ansíes lo que has perdido y vive con lo que tienes ahora.
-JÉ, te recuerdo que “vivir” ya no es lo que hago, precisamente.
-¿Estás seguro de ello?
-¡Soy una máquina! ¡Las máquinas no nacen, no se reproducen!
-Sí que lo hacen. Y, con ello, tú también. Además, aún no sabes hasta qué punto eres máquina. ¿Quién te dijo que lo eras?
-Un dios. Diosa, concretamente, Terra. La que se supone que gobierna este mundo.
-¿Y, qué te dijo, exactamente?
Ter recordó. “El Talismán era un recipiente y una base de datos para que las nanomáquinas que iban en él supieran que hacer con tu cuerpo cuando sustituyeran sus células por otras nanomáquinas.”
-Me dijo que el talismán que llevo tenía unas nanomáquinas que sustituyeron mi cuerpo por más nanomáquinas.
-¿Cuándo ocurrió esa sustitución?
-Pues… no lo sé. Supongo que cuando pasé aquellas pruebas…
-¿Qué pruebas?
-Pues... unas... un día, cuando unos Aylers atacaron un planeta llamado Cantón, y fui a ayudar, vino un tal GalacticHero, me dio el talismán que ahora llevo colgado… y pocos segundos después fui teletransportado a… no sé dónde. Un planeta gris, llano, desierto. En él no había nadie, más que una especie de pergaminos que me indicaban que debía pasar unas pruebas. Pegarme contra unos pocos bichos, sujetar cosas pesadas… en cada prueba parecía recibir un nuevo don. Velocidad, resistencia, fuerza…
-Existen relatos similares en los archivos de los Aylers.
Ter detuvo su paseo y miró al infinito con los ojos más abiertos de lo normal.
-¿Cómo es posible?
-Otros como tú han entrado en ese mundo, han salido de él con nuevos dones. Pero no todos fueron libres tras salir. Algunos tuvieron la mala suerte de no saber manejar sus poderes y fueron apresados por los Aylers.
-¡Vaya…!
-Gracias a ellos, sabemos bastante sobre esos “dones” que se le otorgan a algunos seres privilegiados. Por ello, te puedo decir que esas pruebas no significaron mucho, ya tenías esas cualidades al llegar a ese mundo. Spora sólo te hizo creer que por cada prueba obtenías poderes para que no sospecharas que habías sido robotizado. Se supone que los que adquieren esas cualidades no deben saber que ya no son seres vivos, ya que se enfadarían, como es lógico. Pero, veo que la diosa Terra te ha desvelado el secreto… seguramente desobedeciendo órdenes.
Ter se mantuvo parado en medio de la llanura, pensando.
-¿Y cómo no se dan cuenta los héroes que han sido robotizados? Quiero decir, comida, respiración, heridas… y esas cosas.
-No es un proceso de robotización normal, estas diseñado para que tú mismo no te enteres de que eres un robot. Muchas de las máquinas que llevas en tu interior simulan cosas que tu organismo hacía antes.
-Vaya… -Ter siguió pensando en silencio. Su rostro mostraba aún algo de tristeza.
-Mi consejo es que ahora te centres en lo útil que puedes ser ahora que no tienes las limitaciones propias de los seres vivos, Ter.
-Aylar, no es nada fácil asimilar que uno ya no está vivo, que es sólo una máquina.
-¿Sólo una máquina? Muchas máquinas son mejores que los seres vivos. Tienes un ejemplo en los hangares de investigación. Y, sigues estando vivo.
-Bueno, has dicho que tengo máquinas que simulan lo que mi organismo hacia cuando era un ser orgánico. Simular que haces algo no es lo mismo que hacer algo.
-Por simular, me refiero a, por ejemplo, hacer parpadear los ojos, cuando ya no necesitas eso, ya que no pueden secarse. A sentir dolor, a… cosas automáticas que hacen los seres vivos, quieran o no. Pero sigues estando vivo, según la clasificación de la ciencia actual. Has nacido, te relacionas con el ambiente y eres capaz de reproducirte.
Una chispa de luz, o esperanza, pasó por los ojos de Ter.
-¿cómo que reproducirme?
-No estás robotizado por completo, te lo repito.
Ter se mantuvo en silencio unos minutos, parado en medio de la llanura, en mitad de la noche. Los tanques, TyranoS y soldados trabajaban en los alrededores, ignorándole, como siempre solían hacer cuando paseaba por allí. Esta vez no era muy diferente.
-Bueno –dijo por fin-, al menos me has quitado un peso de encima. Pero igualmente, no puedo ignorar todo lo demás, mi cuerpo entero… o gran parte de él, es una mentira, para mí y para todos los que me rodean. ¡No estoy preparado para vivir como una máquina…!
-¿Cuándo te diste cuenta de que eras una máquina, Ter?
-Pues… -Ter calló. Comprendió lo que Aylar quería decir con esa pregunta- Sólo me di cuenta cuando me lo dijeron. ¡He estado un año siendo una máquina sin darme cuenta!
-Exacto. Dejaré que asimiles estos conceptos esta noche, mañana continuaré hablándote de lo que eres ahora… y de todo lo que ello conlleva, y debes saber que ser lo que eres conlleva muchas cosas.
Ter se mantuvo en silencio, asintiendo. La oscura noche llevaba ya horas reinando el cielo sobre aquella llanura, era hora de acostarse. Se dirigió dando otro paseo hasta el edificio Punto Neural, y dentro de éste, hasta su habitación.
Una vez acostado, Ter, preguntó al aire.
-¿Qué soy, entonces? ¿Un ciborg?
La respuesta de la robot resonó en su mente.
-Un Héroe...





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