Mentes AylerSomos robots, no pensamos como vosotros. Nuesto pensamiento se basa en la pura lógica, en códigos, no en instintos o sentimientos. Somos el pináculo de la evolución desde el punto de vista científico. No será nada fácil enfrentarse a los Aylers y salir victoriosos. Y mucho menos, derrotarlos por completo.-¿El pináculo de la evolución?
-El pináculo de la evolución… Sintética. Pero, si estuviéramos hechos de material orgánico, seriamos también el pináculo de la evolución orgánica.
-¿¡Por qué vais a serlo!? ¡No sois más que un montón de robots fabricados en serie por alguna Inteligencia Artificial mal configurada!- dijo Cylas.
El holograma de Aylar mostraba la imagen de la robot a una escala más aceptable para relacionarse con aquellos militares Terraptors que la escuchaban, junto con los Consejeros del Rey. Paseaba por la sala de un lado a otro, seguida de aquel pequeño dispositivo volante que generaba su tridimensional imagen. Su cuerpo gesticulaba acorde con lo que decía, no estaba acostumbrada a hacerlo, pero necesitaba que aquellos seres se sintieran lo más cómodos posible ante ella.
-Ahí radica el error de muchos de los imperios que se enfrentaron a ellos. No somos meros “robots”, somos formas de vida artificial, cada una de ellas tan compleja como lo es cualquiera de vosotros. Nuestro cerebro es extremadamente complejo, tanto como el vuestro, por ejemplo. Pero no pensamos como vosotros. Nuestras decisiones no se ven afectadas por los sentimientos que podamos tener.
-Sentimientos –rió Cylas- ¿Cómo puede un robot tener sentimientos? ¡Se me antoja imposible!
-La naturaleza ha creado seres con sentimientos, incluso más inteligentes que la propia naturaleza. Estos seres han creado a su vez seres más inteligentes que ellos, y tan complejos como ellos. Con sentimientos.
-Y, ¿Para qué os vale tener sentimientos si luego no influyen en vuestras decisiones? Reconozco que es un gran avance no estar influenciado por los sentimientos y emociones, todos sabemos lo nefastos que suelen ser en un conflicto armado. Pero… ¿Tenerlos y no usarlos?
-No afectan en nuestras decisiones pero nos dan información sobre cómo os sentiríais los seres orgánicos en una situación determinada. Por lo que podemos prever con relativa precisión lo que los enemigos decidirán y usarlo en nuestro beneficio.
-Es como tener un simulador de estrategias enemigas…
-Algo parecido. Sabemos con relativa precisión cómo os sentís los seres vivos orgánicos, no que haréis en consecuencia, pero los sentimientos limitan el número de cosas que se pueden hacer en una situación determinada.
Grey se levantó de su asiento con gran decisión.
-Eso os da una ventaja inmensa. No sólo os da una idea de cómo nos sentimos los seres vivos, sino que con vuestra “lógica” podéis manipular las situaciones para que los seres vivos se derroten a sí mismos. Podéis hacer lo que os plazca, no tenéis moral, no entendéis de bien o mal. No os importa matar bebés, ni otras criaturas débiles, indefensas, pero sabéis que se siente al hacerlo. Si queréis hasta podéis manipular de tal manera las situaciones que incluso el mayor gobernante destruiría su propio imperio sin guerras por su parte. Sabéis que sentirá, sabéis que hacer para que sienta lo que queréis que sienta.
-Para que lo entendáis mejor, os pondré un ejemplo cercano respecto a eso último. Demasiado cercano, quizá. Si yo estuviera aún en el bando Ayler de esta guerra, mi “simulador de emociones” me permitiría presionar a Ter de tal manera que él mismo acabara con el imperio. Sólo tendría que apelar a sus instintos. Ese miedo que todos tenéis y tendréis para siempre a las máquinas –Aylar miró hacia los Terraptor de la sala-. No sería difícil convencer a Ter de que los Aylers estaban en el Anillo Rinara antes de que los Rinara lo re-descubrieran. Que os configuraron a todos para, una vez estar repartidos por todo el imperio, os rebelarais y lo destruyerais. Tampoco sería difícil conseguir que odiara a los Rinara por su “cobardía”.
Miro Maos, el único Rinara de la sala, miró a Aylar con terror.
-Eres la máquina perfecta de eliminación –comentó Grey-. Si los Aylers cuentan con más como tú, lo llevamos muy jodido. Por muy decididos que estemos, todos somos susceptibles de sentir cosas que nos obliguen a hacer estupideces.
-No. Mi mente no es como la de los Aylers comunes. Sólo unos pocos privilegiados entre los Aylers poseemos este “simulador”, sólo los Reyes, como los llamáis, y los “pastores” los poseen. Y yo.
-Sigo sin entender cómo podemos hacer caso a un AYLER, que encima reconoce que está aquí para eliminarnos de la peor manera posible –comentó un furioso Terraptor.
-Nunca entenderás eso, porque lo que ha ocurrido conmigo va en contra de vuestro sentido común. Lo sé, recuerda que
también puedo sentirlo. No intentaré convencerte de que vengo con buenas intenciones. Sería inútil, tu mente nunca lo aceptará. Pero el caso que nos concierne ahora no es mi fidelidad al Imperio Rinaptor.
-Cierto –dijo Grey, el más interesado de todos los presentes en conocer mejor a sus enemigos-. Hablamos de cómo piensan los Aylers. Y hemos sacado en claro que no tienen reparos en hacer lo que sea por conseguir su objetivo. ¿No?
-La expresión “lo que sea” indica cosas horribles. Su objetivo es en sí una cosa horrible.
Pasaron unos segundos de silencio. Grey habló una vez más.
-Se me acaba de ocurrir una cosa. Si los Aylers usan la lógica para eliminar toda la vida del universo… ¿Lanzarían una bomba que eliminara todo el universo? Suena a disparate, pero usando la “pura lógica”…
-Lo harían, si dispusieran de la tecnología necesaria.
-Eh... vaya, ¿y en estos tropecientosmil millones de años de existencia no han llegado a ese nivel de tecnología?
-No lo han necesitado. Han llegado hasta aquí usando sólo la superioridad numérica, cualquier estrategia lanzada contra ellos ha sido aplastada por esa superioridad numérica.
-Mmm… Aylar, ¿a cuántos imperios se ha enfrentado el Imperio Ayler a lo largo de estos… tropecientosmil millones de años?
-Novecientos mil millones de años, redondeando un poco la cifra. Y, se han enfrentado a un total de diez mil ochocientos veinticinco Imperios Galácticos, sin contar los actuales, que siguen en activo.
-¿Y esos casi once mil imperios diferentes no han sido capaces de ganar a un montón de máquinas cuya estrategia es lanzar enemigos sin parar? Es decir, ¿los Aylers ni siquiera han necesitado usar los “simuladores de emociones” de los que hablábamos antes?
-Los primeros miles de años desde su creación, los Aylers estuvieron solos en el universo, a excepción de los Rinara y los Grox. Los primeros huían lo suficientemente rápido como para no poder ni enfrentarse a ellos, y los segundos se habían esparcido por el universo antes que los Aylers, creyendo que su tecnología ya era suficiente para hacerlos imparables. Pero no fueron lo suficientemente fuertes como para hacer frente a los Aylers… En millones de años la situación no cambió. Los Aylers siguieron persiguiendo a los Rinara y derrotando a los Grox con facilidad, a la vez que sus filas se engrosaban. Cada año más, como una plaga. Cuando los primeros imperios empezaron a formarse, los Aylers contaban con varios trillones de máquinas a su disposición. Tenían una gran ventaja, la superioridad numérica. No les fue difícil eliminar a cualquier facción galáctica que se les presentara. Nunca tuvieron suficientes dificultades como para verse obligados a cambiar de estrategia… Hasta ahora.
-¿Hasta ahora? ¿Por qué? ¿Qué ha pasado ahora?
-Que una nave de exploración Nhex eliminó su sistema natal en menos de tres horas. Suficiente incentivo como para cambiar.
-Cierto. Pero entonces… tú eres un Ayler completamente nuevo, diría que sacado del cambio de estrategia de los Aylers del que hablas. Pero ya estabas siendo construida antes del ataque, antes del
cambio de estrategia… ¿Porqué estabas siendo construida entonces?
-Yo no formo parte de ese cambio de estrategia. Sólo soy un experimento más para acercarme a los seres vivos orgánicos y aprender de ellos. Ha habido otros como yo, pero acabaron en rotundo fracaso y el Rey tampoco ponía demasiado interés en el tema.
-¿Aprender de los seres vivos? ¿Los Aylers no querían eliminarlos a todos? –preguntó un incrédulo general.
-Los seres vivos orgánicos son muy interesantes, son dignos de estudio. El eliminarlos a todos es una orden divina para los Aylers, debe cumplirse por obligación, pero no es incompatible con aprender de ellos antes de eliminarlos.
Un silencio más prolongado que el anterior se produjo. Había muchas cosas que pensar sobre lo que el holograma de Aylar estaba contando.
-Aylar, tengo una sospecha, pero primero déjame preguntarte una cosa: ¿Por qué te cambiaste de bando?
-Decidí que los seres vivos orgánicos son demasiado interesantes para ser destruidos.
* * *
La sincronización progresaba lentamente. No habían previsto nunca esta situación, nunca el Rey Ayler había sido destruido. Ahora las otras mentes más avanzadas del Imperio debían sustituirle, lo antes posible. Había muchas batallas que librar, muchas decisiones que tomar. Las fábricas de los casi diez mil mundos-máquina empezaron a mejorar los sistemas de comunicaciones, ahora cada uno de ellos debía ser capaz de comunicarse con los otros nueve mil quinientos ocho planetas-robot repartidos por las galaxias. Juntos debían formar una sola mente, que sustituyera al Rey Ayler caído y empezara a tomar decisiones realmente importantes. Todos esos mundos, aún separados todavía, habían tomado ya la misma decisión.
El Imperio Ayler debía renovarse.
Algunos de los mundos más cercanos al difunto y ya inexistente Rey Ayler se preocuparon por su actual proyecto. Aquel robot, denominado AYLAR1 por su caído creador, había cortado todas las conexiones con ellos poco después de llegar a su destino. Su objetivo era infiltrarse en el Imperio Rinaptor y observar de cerca a los seres vivos orgánicos inteligentes, aprender sobre ellos tanto como le fuera posible. También debía dañar lo máximo posible al Imperio Rinaptor, en el momento que Aylar creyera más oportuno.
No dudaban de que Aylar haría bien su trabajo, esta vez el Rey había puesto más empeño en el proyecto y aquel robot-experimento poseía una de las mentes más avanzadas jamás construidas por los Aylers.
Pero la aparente total desconexión de Aylar, y el posterior descubrimiento de que seguía en la Red Ayler de incógnito, no dejaba de preocuparles. ¿Estrategias para convencer a los Rinaptor de que estaba de su parte? No podían saberlo.
En unos pocos meses la sincronización de los nueve mil mundos sería total, dotando al Imperio Ayler de un Rey miles de veces más eficaz que el anterior, con una inmnensa capacidad de procesamiento. Y, aún más importante, casi inmortal. No sería un solo ente, ¡serían nueve mil! ¡Imposible de eliminar! O casi…
Mucho más difícil, en todo caso.
Una vez creado, el Rey descentralizado tomaría el control total del Imperio y comenzaría la renovación.
Los tiempos habían cambiado. Durante millones de años, los Aylers no habían tenido mayores dificultades para eliminar, uno tras otro, a todos los Imperios que se encontraran, debido a su gran ventaja sobre todo Imperio actual. Ellos estaban aquí desde antes.
Ellos poseían el mayor ejército conocido, cuyas filas se engrosaban desde hacía miles de millones de años. Quintillones de soldados.
Trillones de soldados de decenas de toneladas, billones de soldados de a pie. Todos ellos extremadamente eficaces en el campo de batalla, con una velocidad de pensamiento comparable a la de un ser inteligente, pero mil veces más eficaz, eficiente, optimizada.
Todos ellos permanentemente comunicados con sus congéneres cercanos, todo lo que unos sabían, los otros también. Una coordinación perfecta.
Ahora la red de comunicaciones tendría tal alcance que todos los Aylers, de todos los mundos, de todas las galaxias, estarían comunicados.
Nunca una red tuvo tal alcance en ese universo. Trillones de seres repartidos por decenas de galaxias, una gigantesca mente colmena, en la que cada implicado podía procesar a la velocidad de un ser humano actual.
Un gran avance, si. Pero no sería suficiente.
Los soldados actuales, aunque eficaces en grandes cantidades, seguían siendo muy débiles por separado. Los Nueve Mil Mundos sabían que los Aylers no eran los únicos seres con tecnología robot avanzada. No habían olvidado el poder de la UGI, ni el de los Saicrons. Los dos capaces de piratear a los robots Ayler con relativa facilidad.
Por lo que la IA también debía renovarse. La era de simples barridos intergalácticos terminó, ahora la inteligencia de otros era capaz de vencer a la fuerza de los Ayler. Por lo que había que hacerse con algo de inteligencia también.
Había más cosas de las que preocuparse que nunca en estos miles de millones de años de existencia. Los enemigos eran lo suficientemente fuertes para empezar a acumularse. La UGI, la Unión Rinaptor, los Saicrons, los Nhex.
Una facción con tecnología más avanzada, otra con inmunidad al pirateo, otra que directamente era una versión superavanzada de los Aylers, y… Los Nhex.
Por suerte los primeros no mostraban gran interés por derrotar a los Aylers, los Rinaptor eran lo suficientemente débiles como para aplastarlos con unos cuantos millones de naves, los Saicrons no mostraban interés por sus hermanos obsoletos… y los Nhex no habían vuelto a aparecer.
Suerte. Los Aylers no confiaban en ella. Todas las posibles amenazas debían ser eliminadas.
* * *
-¡Lo sabia! Tú estás aquí para aprender de los seres vivos y cuando hayas aprendido lo suficiente nos matas a todos!
-Esa fue la orden del Rey Ayler. La rechacé al llegar aquí. Los seres vivos sois demasiado interesantes como para ser eliminados. Ni ahora, ni nunca. Por mucho que aprenda de vosotros no cambiaré de opinión.
-No podemos saber si dices la verdad.
-No me importa si lo sabeis o no.
-Ya lo vemos –dijo Grey-. Ter debería saber de todo esto.
-Llevo siguiendo la conversación desde la primera palabra, Grey- un nuevo holograma apareció en la sala, representando a Ter-. Es todo muy interesante, sobretodo el tema de los sentimientos robot. Cuando vuelva del Anillo Rinara discutiremos todo esto. La nueva Estación Espacial Morpheus necesita mi visto bueno antes de salir de aquí…
Y el holograma desapareció tan rápido como había aparecido.
-Ter dirá lo que quiera, pero cada vez quedan más claras tus intenciones en este Imperio.
-Os sugiero que dejéis de luchar contra lo imposible. No conseguiréis expulsarme del Imperio. Me necesitáis, y Ter también.
-Y del Imperio no vas a salir –la voz de Ter reapareció, más no su representación holográfica-, eso está más que claro. Pero lo que hoy he oído cambia muchas cosas. Las condiciones para que te quedes con nosotros acaban de sufrir un repentino y drástico cambio. Ya hablaremos cuando vuelva. Los Rinara y la Morpheus me esperan.