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La asombrosa saga galáctica

Escribe la historia de tu especie, desde sus inicios hasta las aventuras galácticas.

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Re: La asombrosa saga galáctica

Notapor Uburian » 14 Ago 2010, 10:25

Esto es ciencia ficción hombre, pero quien sabe lo que deparará el futuro :mrgreen:

Muchas gracias a todos por comentar :D Como mucho en un par de días publicaré el siguiente capítulo :D
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Re: La asombrosa saga galáctica

Notapor Uburian » 16 Ago 2010, 10:46

Tal como os prometí, aquí tenéis otro capitulo :D

En un mundo helado:

El trayecto que la doctora Wallde efectuó desde el yate del subsecretario Fadse hasta el cilindro energético gamma duró poco más de lo esperado. Por culpa de un ligero problema en el trafico aéreo a mediados del camino, el Bulo-rail tuvo que reducir su velocidad hasta la mitad durante cinco minutos, pero en breve el ingenio volador recuperó toda su potencia de avance. Los saltos entre cilindros habían resultado un tanto impactantes para la tranquila mente de la doctora, incluso con las continuas explicaciones que el amable robot de Fadse otorgaba acerca de la seguridad impuesta en el Bulo-rail. Cuando el transporte alcanzó el cilindro energético, Wallde respiró complacida. No tendría que volver a ¨saltar¨ en algunos días.

La superficie del cilindro en el que ahora se encontraba no se parecía en nada a los que había contemplado con anterioridad. En vez de ser frondosa y plagada de vida, tan solo se podían apreciar colosales instalaciones industriales que lo ocupaban todo. Estos edificios eran más anchos y largos que altos, y su color metálico estaba cubierto por claras capas de escarcha. No obstante, la única estructura que realmente llamaba la atención era la ¨Torre Gamma¨. Tercer centro administrativo de la red energética del Aro de Bulon, lugar al que se dirigían.


Gamma tower.jpg
Gamma tower.jpg (168.25 KiB) Visto 677 veces


–¿Que temperatura tiene la atmósfera de este cilindro, robot?-pregunto Wallde.

–La temperatura del cilindro E.G. no supera nunca los cien grados bajo cero, doctora Wallde. Se usa esa temperatura como refrigerante de la central transformadora.

–¿Se puede acceder a la superficie planetaria?

–No creo que salir a la superficie sea necesario. No hay mucho que hacer o ver, y el riesgo que supone recorrerlo es muy alto.

–Si la temperatura es tan baja, ¿por que no se congela el Bulo-Rail?

–Las zonas de transporte, las ciudades y los centros de trabajo cercanos a la superficie cuentan con potentes escudos térmicos a prueba de todo tipo de fallos.
Las posibilidades de que un Bulo-Rail descarrile y se hiele en esta región son de una contra novecientos billones, doctora. Espero que eso reduzca sus temores.

En realidad, las observaciones del robot no hacían más que aumentar el estrés que la doctora tenia que aguantar. La llegada a la torre Gamma fue recibida con bastante ímpetu, y Wallde se alegró como nunca de pisar suelo firme.

La estación en la que se habían apeado rebosaba de viajeros apelotonados. Centenares de alienigenas trataban de abandonar la estación, mientras que otros intentaban forzosamente subir a los transportes aéreos. La extraviada doctora Wallde seguía a duras penas al robot de Fadse, que vagamente lograba abrirse paso entre la multitud, pero en un momento de confusión, viendose envuelta en un caos de choques y empujones, Wallde perdío el rastro del droide.

Durante los pocos segundos que duró esa revuelta, la doctora percibió como alguien trataba de meter algo en uno de sus bolsillos, pero justo cuando hizo intento de comprobar que habían introducido, la cálida mano del robot le agarró por el brazo, y con sutil fuerza la fue guiando hasta una zona más despejada de la estación.

–Por favor. Espere aquí durante unos minutos. Voy a pedir un transporte terrestre que nos lleve hasta su residencia.-comunicó el droide.

Aprovechando la ausencia de su compañero, la doctora pudo por fin sacar el objeto que había en su bolsillo. Sintió una desilusión al ver que no era más que una pequeña tarjeta blanca sin ningún tipo de inscripción, no obstante notó un extraño aprecio por ella, y se la volvió a introducir en su abrigo. Una vez en la silenciosa seguridad del taxi, Wallde pudo volver a centrarse en su misión.

–¿Cuando podré acceder a la red del sistema? Me gustaría empezar a trabajar lo antes posible.

–En cuanto se haya instalado en su habitación del hotel, me encargaré de facilitarle un terminal adecuado para su tarea.

–¿Podré visitar la ciudad?

–Una visita a la ciudad pondría en entredicho la discreción de esta operación. Me temo que me veré obligado a pedirle que permanezca en su habitación.

Era obvio que tenia que actuar con cautela pero llegar a tales extremos no le parecía correcto, ese comportamiento no era propio de los bulonars. Para tratar de pasar el rato, la alienigena estudió más detalladamente el robot que la acompañaba. Era un modelo bastante complejo y digno de admiración, pero extrañamente enigmático, ya que Wallde no logró identificar a la especie en la que estaba inspirado.

–¿Tienes algún nombre, robot?

–¿Le interesa mi nombre?-preguntó el robot, sorprendido por la trivialidad de la pregunta-¿por que motivo?

–Tan solo me interesa conocer tu nombre, por simple curiosidad.

El robot titubeó durante unos segundos. Parecía que iba a paralizarse, pero sin embargo contestó:

–Mi... dueño... me llamaba... Billy.

–¿Billy?, no me parece un nombre muy común...-contestó la doctora-¿En que planeta te crearon?

No hubo contestación para esta pregunta. Durante el resto del viaje el robot no se movió, no ofreció conversación alguna, parecía completamente inerte. Este inesperado suceso hizo que un escalofrío recorriera el cuerpo de Wallde, un inexplicable temor empezó a crecer en su interior, y sintió la creciente necesidad de volver a contemplar la lisa tarjeta blanca, pero en esta ocasión no estaba vacía. Con unas elegantes letras azules escritas sobre blanco se podía leer No tienes nada que temer, nosotros cuidaremos de ti.

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Re: La asombrosa saga galáctica

Notapor galactichero » 16 Ago 2010, 12:07

:o Impresionante, impresionante. Me encanta la imagen hecha con Sketchup (?) y la forma de explicar todo lo que ocurre y rodea a la prota, es simplemente excelente. ¿Los de la tarjeta son los AG? (Obviamente ni se te ocurra decírmelo, ya lo descubriré)
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Re: La asombrosa saga galáctica

Notapor Uburian » 16 Ago 2010, 12:17

Muchas gracias por tu interés :D

Pronto se descubrirá quien vela por la seguridad de Wallde, y por que :mrgreen:
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Re: La asombrosa saga galáctica

Notapor cape11 » 16 Ago 2010, 15:23

Muy buena la historia Ubur....
Me alegra hablarte (escribirte mas concreto), muy buena la historia, como hisiste la foto del planta helado? :mrgreen:
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Re: La asombrosa saga galáctica

Notapor Eddlm » 16 Ago 2010, 15:44

Muy buen capitulo, Idem del comentario de GalacticHero :mrgreen:


Muy buena forma de narrar y describir.
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Re: La asombrosa saga galáctica

Notapor Uburian » 16 Ago 2010, 19:16

Muchas gracias a todos :mrgreen:

La imagen del cilindro helado la creado enteramente con el google SketchUp y el Gimp :D
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Re: La asombrosa saga galáctica

Notapor MrSporaculo » 16 Ago 2010, 23:55

por lo que veo a ojo de buen cubero, tu historia parece muy muy interesante UBU, me pondria a leerla toda pero no tengo mucho tiempo libre (en un solo episodio de la mia me eh tardado 3 semanas en escribirla)

ya habra tiempo talvez el sabado :D
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Re: La asombrosa saga galáctica

Notapor Uburian » 17 Ago 2010, 10:17

Muchas gracias, Mr. :mrgreen:
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Re: La asombrosa saga galáctica

Notapor Juchubao » 17 Ago 2010, 23:10

Pues está muy interesante. Todo muy futurista, muy bien detallado... Y además hay misterio. Si consiguieras sacar un libro así sería fantástico. :D
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Re: La asombrosa saga galáctica

Notapor MrSporaculo » 17 Ago 2010, 23:21

Seria mejor que Crespuculeo o que Larri popote y la piedra peluchofal :lol:
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Re: La asombrosa saga galáctica

Notapor Uburian » 19 Ago 2010, 10:56

Muchas gracias a los dos :mrgreen:

Aquí tenéis otro capitulo, un poco más largo esta vez:

Entropía y galaxía

Los días habían pasado con extrema lentitud. La sombría estancia en la Wallde tenia que trabajar no tenia ventanas, y cualquier intento por salir al exterior se veía siempre interrumpido por la cálida mano de Billy. En ese pésimo ambiente de trabajo la doctora tardó más de una semana en asentar las bases de su investigación, y tuvo que pasar casi un mes antes de que pudiera obtener una deducción aproximada de como se podía manipular el sistema energético desde el exterior.

Los enlaces principales estaban intactos, por lo que las anomalías siempre se tenían que filtrar desde un lugar cercano a las plantas de energía, pero nunca en el interior de estas. Los datos corruptos se extendían por el sistema, y periódicamente bloqueaban o destruían pequeños fragmentos de escasa importancia. De vez en cuando, aproximadamente cada dos meses, un cumulo de errores paralizaba completamente una sección importante de datos, y alguna estructura del Aro de Bulon se veía afectada. Por lo general, los daños se limitaban a bajadas de tensión, aislados apagones intermitentes, o perdidas de potencia en las fabricas o centros de trabajo. No obstante, en el último año los sucesos se habían ganado una mayor atención por parte de la población, y el temor a una revuelta había convertido un problema asequible en una posible amenaza de talla mundial.

Para luchar contra estas irregularidades, Wallde logró crear un programa capaz de rastrear y localizar los datos corruptos, y aunque no pudo diseñar un método para destruirlos, bien implantó un sistema que calculaba cuando y donde ocurrirían los ataques. Usando este programa, los daños sufridos se podrían mitigar, algo era algo.

Contenta con su trabajo, decidió que era hora de irse. En su visita al Aro, con excepción de los primeros días de su estancia, se vio limitada a trabajar en un pequeño cuarto de un hotel medianamente agradable. Ya no aguantaba más esa atmósfera de secretismo y ocultación; tenía que entregar el programa a Fadse, recoger los créditos por sus servicios, y regresar a su mundo.

Tomada esta decisión, la doctora guardó sus escasos efectos personales, desconectó el terminal informático, y se dirigió al inflexible robot que guardaba la puerta.

–Robo... Billy. Me gustaría concertar una reunión con el subsecretario Fadse. He terminado mi trabajo, y quiero regresar a Esdion.

–Si ha terminado su labor, entrégueme el modulo de datos con sus resultados. Yo me encargaré de programar a otro robot que se los entregue al subsecretario.

–Pero si tu te encargas de ellos, ¿yo ya puedo marcharme, no?-preguntó Wallde, con la esperanza de que el robot le contestara positivamente.

–Lo lamento, pero me temo que tendrá que esperar una confirmación por parte del subsecretario. No podemos arriesgarnos a que la descubran.

–¿¿¿Arriesgarnos a que me descubran???, ¡llevo en esta habitación más de un mes!. ¡Lo más probable es que mi prolongada estancia levante muchas más sospechas!-Protestó la doctora-Lo siento Billy, pero me voy.

La doctora trató de salir por la puerta, pero Billy ocupó la salida y no le permitió pasar.

–Lo siento, doctora. Le ruego que me entregue el modulo de datos y que espere pacientemente la confirmación que facilite su partida.

Wallde maldició al robot, e incluso trató de atravesar la puerta por la fuerza, pero todos sus intentos de escape fueron en vano. Pasara lo que pasara, no entregaría el modulo de Datos a Billy. Había algo en ese robot que no le gustaba, pero no sabia que era exactamente. Durante horas, no pudo hacer otra cosa que tratar de lograr un método que le permitiese distraer al robot y alcanzar la estación del Bulo-Rail. Por muchos planes que la doctora puso en practica, ninguno dio resultado, estaba atrapada. Sin camino a seguir, Wallde empezó a recordar los sucesos que le llevaron hasta hay. Primero la propuesta ofrecida por un alto funcionario Buloniano, luego la llegada a Bulon Dur y la agradable estancia en el hotel de la EUC, seguida por la visita al yate aéreo del subsecretario. En todo ese periodo, no había tenido casi ningún contacto con otros seres, a parte de Fadse y su robot.

Finalmente recordó el alucinante viaje en el Bulo-Rail a través de algunos cilindros del aro, su asombro ante la zona helada y la tumultuosa llegada a la estación sur de la torre Gamma. También recordó los atropellos y empujones de la estación, y el pequeño incidente que sufrió el robot en el taxi terrestre, si no hubiese sido por aquella tarjeta blanca hubiera perdido los estribos. ¡La tarjeta blanca!

Rápidamente Wallde buscó en los bolsillos de su chaqueta, y a pesar de los objetos que guardaba encontró la tarjeta blanca. Al mirarla en esta tercera ocasión, no supo explicar lo que le pasó. En la tarjeta había una inscripción, y a simple vista no logró entender lo que ponía en ella. No conocía ninguna de las letras empleadas en esa frase, no sabía a que dialecto o civilización pertenecían, e ignoraba que intentaban comunicarle. Justo cuando iba a dar por perdida toda esperanza y a guardar la tarjeta, una fugaz idea recorrió su mente. Con rápida precisión leyó la frase de nuevo, y sin saber exactamente por que, entendió su significado.

Con renovadas esperanzas la doctora se lanzó a la fría mirada del robot, y antes de que este pudiera pronunciar una palabra, Wallde, como llevada por un espíritu bienhechor dijo:

Me has fallado

Los ojos del droide se congelaron, sus articulaciones se bloquearon, y se desplomó sobre el suelo como un montón de chatarra inútil. Incluso sin saber que había dicho, la esdanea sintió una gran satisfacción. En busca de más soluciones, miró la tarjeta por cuarta vez, donde con unas legibles letras se mostraba: Buen trabajo. Es hora de marcharse. Dejando al robot en el suelo Wallde salió de la habitación, cerró la puerta desde el exterior y se aventuro a recorrer los infinitos pasillos del edificio.

Interminables corredores se extendían hacia todas partes. Por mucho que tratase de alcanzar los ascensores, nunca llegaba a ellos. Ella no recordaba los pasillos de esa forma, al menos tenia en mente unos corredores mejor iluminados, con colores más vivos y señalizaciones por todas partes. Estos estaban desiertos, no tenían ningún tipo de puertas, eran de un color grisáceo y destacaba una ligera neblina. ¿Un incendio tal vez? Se preguntó a si misma. No, todo era demasiado irreal.

Agotada por el inútil esfuerzo de recorrerlos, usó de nuevo la tarjeta bienhechora.
Todo de frente. fueron las palabras que aparecieron esta vez. Sin dudarlo un segundo avanzó hacia delante con gran ímpetu, y al llegar a un punto donde varios pasillos se encontraban, las letras cambiaron. A la izquierda, y doce pasos.
Wallde obedeció sin dudar, y al llegar al punto indicado el texto tomó nuevo significado. Ahora atraviesa la pared que tienes a tu derecha. Aunque un poco desconcertada la doctora trató de apoyar una de sus manos sobre la solida pared, pero su sorpresa no fue escasa cuando sus dedos desaparecieron al otro lado de esta. Valientemente toda ella logró pasar el muro, y su menté se relajó al poder ver los controles del ascensor. En menos de un minuto se encontraba en el hall del hotel, donde todo era tan vivo y poblado como lo recordaba.


Al salir a la calle empezó a correr hacia el oeste, ya que si recordaba bien los mapas que analizó, la estación G-O era la más cercana al hotel. Serían poco más de las siete de la mañana y no había mucha gente por los niveles de la torre Gamma, pero a los diez minutos de empezar a correr Wallde se dio cuenta de que la estaban siguiendo. Era una figura alta, oscura y no muy definida. Presa del pánico, aligeró más la marcha.

La estación Gamma-Oeste no estaba muy transitada. En comparación con la terminal por la que llegó a la torre, estaba vacía. Tan solo había un Bulo-Rail estacionado y aunque no conocía su destino ni capacidad, no dudó en subirse a el cuando vio por el rabillo de su ojo que el misterioso personaje continuaba siguiendola.

Una vez a bordo buscó un lugar donde sentarse y esperar. Próxima parada: Terminal espacial O-56. Tiempo aproximado de trayecto: veinte minutos. Las puertas exteriores se cerraron y el transporte empezó a volar por los anillos magnéticos. Estaba en el Bulo-Rail, pero con una rápida mirada hacia atrás comprobó la extraña figura también. Sin extrema rapidez, la doctora se levantó de su asiento y empezó a caminar hacia la parte delantera del tren aéreo; con unos hábiles cambios de nivel el personaje dejó de seguirle.

Todavía mirando de forma intermitente hacia atrás, Wallde descuidó el frente y chocó contra un pasajero. Este bulonar se dio media vuelta y le clavó una intensa mirada. La doctora le reconoció en seguida: Era el subsecretario Fadse.


–Muy buenas, doctora-dijo el subsecretario cortesmente-¿Por que ha desobedecido mis ordenes?

–Lamento haber salido de mi habitación, pero mi cuerpo no podía permanecer más tiempo en un ambiente tan cerrado.-contestó Wallde.

–Desde luego doctora su fuerza de voluntad es impresionante, muy impresionante... ¿Ha logrado algún resultado en sus investigaciones?

Un temor similar al que sintió en el taxi recorrió su cuerpo. Ese bulonar tenia algo extraño, extraño y tenebroso. Sin saber que hacer, la doctora se limitó a decir.

–No he llegado a un resultado concluyente. Estoy agotada y necesito un descanso. Me gustaría tomarme una semana libre, para volver al trabajo con la cabeza más despejada.

La voz del bulonar cambió de repente, y tomó un tono más enérgico.

–Le voy a hacer una pregunta, doctora Wallde. Espero que me conteste positivamente. ¿Causaría usted un mal menor ahora en pos de lograr un bienestar futuro?

–¿Que esta diciendo?

–¿Sacrificaría usted unas cuantas vidas para salvar a una multitud?

–¡¿Que?!

–¿Crearía usted desorden, guerras y conflictos si fueran necesarias para la galaxia y el progreso?

–¿Que quiere decir?

¿Se uniría a nosotros, doctora?-gritó en bulonar, mientras señalaba con su dedo a Wallde.

Una cantidad insana de luces invadió su mente. Se formó imagen de una galaxia uniforme, palpitante, viva y rebosante de compasión, pero esa imagen cambió. Ahora sufría, se paralizaba, avanzaba de forma irregular, desordenada, moría lentamente... La mente de Wallde se nubló, pero guiada por un sentimiento de esperanza logro liberarse.

–¡¡¡¡¡NOOOOO!!!!!-exclamó-¡Tiene que haber otro camino! ¡Otra forma de...!

No hay otro camino. La única forma de luchar contra este enemigo es dejar que se extienda, para estudiarlo, y finalmente derrotarlo.

–Pero condenar a tantos mundos y seres a tal fatal destino... ¡No merece la pena! Además, ¡vosotros mismos os beneficiáis de este caos que habéis creado!

La mirada del Bulonar se volvió más agresiva. Ahora Wallde sabia que delante suyo tenia a un nuevo y temible enemigo.

Entregueme el modulo de datos, doctora. ¡No quiero causarle ningún daño directo!

Sorprendida wallde se llevó la mano al bolsillo con intención de destruir el disquete, pero antes de que pudiera siquiera tocarlo el artefacto salió volando hasta la extendida mano del subsecretario.

Me temo que nuestra relación termina aquí, doctora Wallve.

Una de las manos de Fadse se transformó por completo. Sus dedos se fusionaron, su estructura se alargó, y su color cambio a un gris oscuro metalizado: Parecía una espada. Acto seguido alzó su brazo hacia atrás, pero antes de que pudiese acertar un golpe contra la doctora, la tarjeta blanca voló y se interpuso entre la esdanea y su agresor. ¡Al suelo! indicaba el místico artefacto.

Sin dudarlo un segundo Wallde se lanzó hacia atrás. Tumbada en el suelo vio como la tarjeta era partida en dos por el siniestro brazo de Fadse. No podía hacer nada excepto esperar el letal impacto, pero algo ocurrió. Un rayo de luz azulada impacto contra el bulonar, y al llegar su brazo al cuerpo de la doctora, lo atravesó. Echando una rápida mirada hacia atrás, Wallde vio que un extraño alienigena envuelto en un traje negro y portador de una plateada pistola le había salvado la vida.

¡¡Noooo!!-grito en bulonar mientras se miraba el cuerpo que empezaba a volverse transparente-¡No podréis detenernos!

El misterioso personaje, pistola en mano, fue acercandose de forma calmada hasta el subsecretario. Con rápida eficiencia recogió los fragmentos de la tarjeta que yacían en el suelo, y usando una especie de capo de energía los absorbió con su guante.

Vuestras acciones son en vano. No lograreis nada de esta forma.-Dijo el personaje.

¡ENTROPIA Y GALAXíA!- gritó el subsecretario, antes de desaparecer por completo.

Sus ropas y el modulo de datos cayeron al suelo, todo parecía haber terminado... pero la voz del sistema del Bulo-Rail dijo: ¡Alerta! ¡Fallo en el sistema de navegación!

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¿Que os ha parecido? :D
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Re: La asombrosa saga galáctica

Notapor galactichero » 19 Ago 2010, 12:04

:shock: Simplemente alucinante, no creía que el bulonar fuese de la coalición entrópica. Y ese misterioso personaje de la pistola plateada, simplemente asombroso =D>
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Re: La asombrosa saga galáctica

Notapor Uburian » 19 Ago 2010, 12:09

Muchas gracias Hero :mrgreen:
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Re: La asombrosa saga galáctica

Notapor Pabloastronauta » 19 Ago 2010, 12:40

Holy shit! This is better than the last ten books I've read TOGETHER! :twisted:
I need moar chapters

Y como estas en Galicia tendremos de estos diariamente Weeee :lol:
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