Siempre había soñado con una relación buena, estable y que de aquella naciera el amor, aquel que me daría una vida buena y nueva, una vida sin problemas y sobre todo una vida feliz. Él era el indicado yo lo sabía, desde aquel día que llego a mi casa preguntando por la habitación bacía para huéspedes lo supe.

Podía demostrarle aquellos vecinos que no era la solterona de 22 años la cual siempre habían visto, que por fin había encontrado el amor.

Él por su parte quería ser un escritor, por lo cual tomaba clases de escritura en uno de los grandes edificios de la ciudad.

Yo por mi parte quería ser una guitarrista profesional, la cual todo el mundo conociera y admirara, por lo cual todos los días tomaba clases en el teatro.

Aquella tarde decidí bailar la música que tocaba mi vecina, la cual todos los días iba al parque a tocar, no podía decir que era la mejor pero su sonido era bueno.

El llego para bailar a mi lado y tener una tarde de recuerdo, los vecinos decían algunas cosas en voz alta para así tristemente bajar mi mirada, pero el me daba a entender que todo estaría bien ya que el estaba a mi lado.

Coqueteamos un rato. El me invito a ir a la playa en donde terminaríamos nuestra cita.

Sus labios tocaron los míos, sentí como el cuerpo se movía lentamente, nos estábamos besando.

Todo iba perfecto, como siempre lo había soñado, eramos ahora una pareja unida, junta, inseparable y única en la ciudad, no podía pedir más que eso...

Mientras que el atardecía llegaba el se arrodillo y saco de su bolsillo una caja de color azul marino, la abrió lentamente y susurro "¿Quieres casarte conmigo?". No lo podía creer, tome el aire y acepte la propuesta.

Todo era como un cuento de hadas sin ningún villano.

Eramos Marido y Mujer por toda nuestra vida...

Pero todo aquello solo era mi imaginación nocturna, yo siempre sería la triste chica de la ciudad que pesca todas las noches en la playa, aquella que se observa bagar por las calles.

Aquella que nunca se casara porque es impura como la noche...

















