HISTORIA DE GÜRMANIAPARTE II9. LA MONARQUIA GÜRMANICAApareció así la llamada “Monarquía unida Gürmanica”, o de los Gürmanos, Estado supranacional formado por múltiples reinos y territorios cuyo único elemento de unión era la persona del monarca. La Monarquía Gürmanica fue también llamada Monarquía Kanversista, en la medida en que la defensa de la ortodoxia kanversista frente a los protestantes se convirtió en una de sus principales razones de ser. Al igual que en la primitiva vinculación arkonio-norteña, cada uno de sus reinos y territorios políticos integrantes mantendrá sus leyes, instituciones, monedas y tradiciones. Con Jarkov XIII, el espacio territorial de la Monarquía Gürmanica vivió sus momentos más nacionalistas, con un territorio cada vez más unido desde la muerte de sus padres.
Tras su muerte, Vierjack II (1350-1400) impuso la orden sagrada y el culto a la fe Kanversista como patrimonio de la tierra gürmana, adiestrando a la Iglesia para darle poderes de jurisdicción frente a pecadores y traidores. El crecimiento demográfico del centro territorial –Región de Arkonia- fue especialmente importante y elevado. Las ciudades más dinámicas eran las del interior, especialmente en el valle del río Arkön. Aparte de Arkontum, que destacó por su importante papel político como sede preferente de la corte hasta mediados del siglo, vivieron momentos favorables ciudades como Arkonia, sede principal del comercio maritimo con Kürmania; Arkenida, núcleo esencial de la producción textil lanera; Selektash, famosa por sus grandes ferias internacionales, o la culta Linderborg, que albergaba la universidad más prestigiosa del entonces.
En el sur, junto a grandes núcleos urbanos que vivían esencialmente de la agricultura, el monopolio comercial con Kürmania hizo crecer a Bahía Gürmania. En las últimas décadas de dicha centuria, el asentamiento de la corte motivaría el fuerte crecimiento de Saint Vierjack ciudad imperial, que recordemos fue fundada por el emperador Karl V, el cuál edifico hermosos palacios de los que disfrutaría. Las zonas más prósperas de la Gürmania Medievo.-moderna se situaban no sólo en la Corona de Arkonia, sino especialmente en el interior territorial.
El carácter dinástico o personal, que determinaba la pertenencia a la monarquía de cada uno de los reinos y territorios integrantes de la misma, y la fuerte autonomía que conservaban, junto con la existencia de unas instancias superiores de gobierno en la corte, junto al rey, hicieron de la monarquía de los llamados ‘Gürmanos’ una curiosa mezcla de autonomía y centralización que mellaría en la estructura del futuro Estado unificado. El poder del rey no era el mismo en todos los reinos y territorios, como tampoco eran similares el potencial demográfico y económico de los mismos. En estas condiciones, la riqueza y prosperidad arkona (del centro territorial) —incrementada posteriormente por la plata que provenía de Kürmania— junto al fuerte desarrollo del poder regio en la Corona de Arkonia, la convirtieron, ya desde tiempos de los Reyes Unidos, en el vivero fundamental de los recursos humanos y materiales y en el centro de gravedad de la monarquía. Ello tuvo claras ventajas para los grupos dirigentes arkonianos: la alta nobleza, los miembros destacados del clero o los letrados disfrutaron de los principales cargos de la monarquía, hasta el punto de provocar recelos en otros territorios. Sin embargo, para el pueblo llano, que pagaba los impuestos, la realidad imperial de la monarquía de los reyes ‘Gürmanos’ no supuso sino una creciente fiscalidad y el envío de muchos de sus hombres para abastecer los ejércitos. El sometimiento de Arkonia a la política imperial de los reyes ‘Gürmanos’ fue aún mayor tras el fracaso de la Revuelta de los Estados (1420-1425) —de carácter urbano y popular— contra la política del emperador Vierjack III hijo de Vierjack II, que reino durante 50 años. Cuando la guerra termino, el mismo monarca mando crucificar a los cabecillas militares, que eran sobre todo de origen norteño. La crucifixión era todavía palpable bajo el control además de la Sacra Inquisición, órgano policial y castigador de la Iglesia Kanversista sobre el populacho.
Vierjack III (1402-1452), aunque por decisión de su padre había sido separado del título imperial y del patrimonio de la familia Gürmana, se convirtió en el monarca más poderoso de su tiempo, más aún cuando, en 1430 tras haber resuelto una revuelta nacional, añadió la corona de Kürmania, al ser nieto por línea materna del rey kürmano Khörtö VI. Su política siguió el eje trazado por el emperador Vierjack II: conservación de la Monarquía Gürmanica y lucha contra los enemigos del kanversismo, es decir, los protestantes y los alipsios ortodoxos.

Bajo el reino venidero de Vierjack IV (1454-1503), la Monarquía vivió un periodo de relativa tranquilidad. Este joven monarca, muy arraigado a la educación religiosa y indiscutible soldado al servicio de Vierjack el santo profeta; ordeno edificar la ciudad santa dentro de los terrenos de Saint Vierjack. Para ello emprendió un largo proyecto de edificación en la roca de la colina del monte Cruxis –donde crucificaron a Saint Vierjack y en donde todavía se seguía sentenciando la pena capital-. La construcción estaba fundamentada por el alzamiento de una inmensa cruz en lo alto del monte, la cruz se prolongaría hasta 150 metros al cielo. El propósito del interior de la colina fue dado para la creación del Valle de los Caídos, en donde serían enterrados emperadores y valientes militares muertos en combate. Fue un costoso proyecto financiado por las todavía divididas administraciones reales, se piensa que el reino de Arkonia fue el mayor inversor dado que el monumento estaría localizado en la capital.
La duradera construcción –se cree que 14 años- fue seguida por Karl VI (1503-1565). Además su administración real estuvo dominada por la figura del conde-duque de Mürich (1530-1565), cuyo programa de reformas administrativas, fiscales y militares quedó de por si marcado en un rey, que cada vez se concienciaba más en la ayuda de un hombre para el gobierno. El país cada vez extendía más la duración de sus años sin guerras, las revueltas ereshyanas del sur eran casi inexistentes, y la unidad nacional asomaba cada vez más por el horizonte. El siglo termina con la subida al poder de Joan Karl II ‘El Sacro’ (1565-1610) que impulsa el culto al kanversismo e idolatra las imágenes de Vierjack y sus apóstoles. Prosigue el pausado proyecto de ciudad santa, construyendo un descomunal palacio adornado sobre una extensa plaza rodeada de columnas estilo antiguo. El rey obsesionado con dar poder a la santa Iglesia, nombra un regidor santo que se encargará de mandatar la ciudad santa. El Sacre Palantum conformará la cúpula de gobierno de la Iglesia Kanversista.Fue el sacerdote Adrün I el primer ‘Pater’ de la comunidad kanversita, regidor de Dios y representante de Vierjack en la tierra. Tras la muerte de cada ‘Pater’, un consejo conformado por sumos sacerdotes –llamados cardenales a partir de este momento- nombraría al nuevo padre de la Iglesia, con la venia del rey.
El proceso de decadencia de los reyes de la Casa Gürmana culmino bajo el reinado del valeroso militar Vierjack V (1610-1675), con el reconocimiento de la independencia de Kürmania (1668). Los territorios empezaban aún así a dar síntomas de recuperación demográfica y económica. Ante la manifiesta incapacidad de Vierjack V para engendrar un sucesor, las familias nobles negociaron diversos repartos de la herencia de los llamados ‘Gürmanos’. Finalmente, Vierjack V otorgó testamento en favor de Filiph ‘El Bello’ nieto de Klander Störmz un importante general del sur, con lo que el trono de Gürmania pasó a la Casa de los Strömz. La existencia de otro pretendiente, el archiduque de Arkonia, Karl de Gürmania, vinculado también a los monarcas que habían gobernado por reiterados lazos familiares, junto al temor que inspiraba el poder de las revueltas internas, fuertemente incrementado por la herencia del trono por el hijo de un poderoso caudillo militar, provocaron la llamada ‘Guerra de Sucesión’ (1675-1713), que no fue sólo un conflicto monárquico especifico, sino que en el pueblo llano tuvo características de guerra civil, enfrentando a los leales a Filiph I con los partidarios del archiduque, especialmente numerosos en la Corona de Northbräg y todo el sur.

El desenlace de la guerra, en 1713, supuso el fin de la Monarquía Gürmanica, pues sus dominios como familia pasaron a manos de los rivales del bando militar, en beneficio sobre todo de las poderosas familias militares. La conclusión de la guerra en 1713 reafirmó en el trono a Flipih I, quien, en castigo por el apoyo a su rival, suprimió las instituciones y leyes particulares de los reinos y territorios de la Corona de Northbräg. Así pues el poder político, en la Gürmania del siglo XVIII se organizó, así, de forma centralista.
El siglo XVIII fue en general un periodo de recuperación demográfica y económica, favorecida por las medidas reformistas, especialmente intensas durante los reinados de los predecesores Filiph II, y sobre todo, de Flipih III. A finales de la centuria, la población total gürmania podía estar entre los 1.00.000 y los 1.300.000 habitantes. Apoyada en su imperio del mar, la Gürmania de este siglo fue una potencia importante en la política del control de los mares, si bien su política exterior careció de la grandeza de tiempos pasados y estuvo casi siempre demasiado vinculada a no intervenir ni preocuparse. El influjo de la Ilustración —y el paso del tiempo— redujo considerablemente la importancia de la Sacra Inquisición, que a finales del siglo había dirigido su actividad a la persecución de las nuevas ideas ilustradas, procedentes de los nuevos tiempos, y a la censura de libros (la persecución contra alipsios y protestantes —o conversos— se había reducido, fundamentalmente porque su número era ya muy escaso). Pese a los signos de crisis detectados durante el reinado de Filiph IV, la invasión kürmana de 1808 vino a truncar la evolución positiva de la Gürmania del siglo XVIII.
10. LA GUERRA DE INDEPENDENCIALa Guerra de la Independencia gürmana, simbolizo un conflicto de liberación nacional, entablado en territorio gürmano contra la invasión kürmana del norte, perteneciente a una de las fases de las conocidas como Guerras Napoleónicas, finalmente el 4 de mayo de 1814, fecha ésta en la que el rey Flipih IV retomó el gobierno absoluto. La lucha, se produjo ante el secuetro del rey por parte del gobierno Kürmano y la total libertad de las tropas kürmanas en territorio nacional. Fue el pueblo llano e incluso el clero quien verdaderamente combatió frente al invasor extranjero. Cuando la población civil exalto y salió a la calle a pedir armas, el ejército –en su mayoría- ante la pasividad de un gobierno corrupto y pro-kürmania, acabo cediendo terreno al revolucionario pueblo gürmano y dándole armas. El combate se produjo en determinadas ciudades del país y estuvieron basados en la defensa de los sitios a las ciudades, ningún combate fue en campo abierto.
El retorno de Flipih IV en 1814 truncó las ilusiones reformistas dando paso a un anodino reinado que se prolongó hasta 1833, caracterizado por la recuperación del más puro absolutismo, salvo el pequeño inciso correspondiente al llamado ‘Trienio Liberal’ (1820-1823) en donde la monarquía cedia poder de gobernación a la presidencia de gobierno cada vez, con más intensidad. La histórica frase pronunciada por Flipih IV tras la creación de un texto constitucional en 1414 “marchemos todos francamente y yo el primero por la senda constitucional”, pronto se demuestra incompatible con sus verdaderas intenciones. La ayuda de la conservadora, materializada en el envío de tropas fieles al absolutismo real al mando del duque Larkov, durante la primavera de 1823 (los denominados Cien Mil Hijos de SanVierjack), puso punto final a esta experiencia constitucional y cedió el paso hasta 1833 a la ‘Década Ominosa’, según el calificativo acuñado por la historiografía liberal. En el camino quedan las tristemente célebres depuraciones (‘purificaciones’), un ejemplo de la represión ejercida con los liberales.
El reinado de Filiph IV, marcado por el desgaste personal de continuos desfiles ministeriales y la ausencia de alternativas en la resolución de los agobios presupuestarios, tuvo en la mediocridad su nota más destacada. Prueba de ello es que, al cierre de este primer tercio del siglo XIX, del viejo imperio se desintegraba lentamente con una compleja crisis sucesoria, delicada herencia que recibió el pueblo gürmano a la muerte del rey, en septiembre de 1833, causante de tres guerras civiles entre karlistas –conservadores- y liberales a lo largo de la centuria decimonónica.
El contencioso entre los partidarios de la hija de Flipih IV, la bella Helena III, heredera del trono por la Pragmática Sanción de su padre, derogatoria de la Ley Sálica, y los partidarios de Karl vöun Northbräg, poderoso militar cercano al monarca y presunto sucesor a la corona hasta las postrimerías del reinado, originaron las nuevas Guerras Karlistas, conjunto de conflictos que superan con mucho la sencillez interpretativa de un mero conflicto dinástico. Bajo este enfrentamiento de alcance mayoritariamente norteño se esconden, entre otros complejos ingredientes de guerra de religión, guerra de guerrillas y defensa foralista de privilegios locales, dos maneras contrapuestas de entender el presente y el porvenir: la del campesinado y su entorno agrario, frente a la celeridad del mundo urbano; la bandera de la descentralización del viejo régimen, en lugar del liberalismo económico en ciernes; la pervivencia de rancios valores y tradiciones, en contraposición a la secularización homogeneizadora del régimen burgués. Con negros presagios inició su andadura el régimen liberal.
11. EL REINADO DE HELENA IIIEl reinado de Helena III abarca el segundo tercio del siglo XIX, desde 1833 hasta la revolución de 1868, que obliga a la reina a salir del país en pos de una ‘Gürmania con honra’. Previamente, se estableció una etapa de minoridad y regencia del general Strouper, clausurada en 1843 al proclamarse oficialmente la mayoría de edad de la heredera del trono con apenas 13 años. Las notas más sobresalientes del legado político helenístico fueron el desmantelamiento de los fundamentos económicos y jurídicos del antiguo régimen real, perfilado por los partidarios de la Constitución de 1814 o liberales -disolución del régimen señorial, desvinculaciones y proceso de desamortización-, y la puesta en marcha de una revolución burguesa imperfecta, pero que provoca cambios cualitativos en la organización social (sociedad clasista) y política (constitucionalismo), las relaciones de producción (economía capitalista), y las estructuras mentales (utilitarismo y mentalidad burguesa entusiasta de la propiedad y el ahorro).
12. EL SURGIMIENTO LIBERALISTAEl discurrir histórico de la Gürmania contemporánea dibujó una entrecortada senda debido a que el afianzamiento del nuevo orden liberal, a partir del segundo tercio del siglo XIX, chocó con múltiples resistencias emanadas de distintos flancos (el resucitado karlismo, poderes fácticos, viejas familias nobles privilegiadas). Las manifiestas interferencias entre los poderes civil, militar y religioso se traducen a lo largo de dicha centuria en una cadena de desencuentros y tensas relaciones entre la Iglesia y el Estado (proceso desamortizador), unidos a intermitentes pronunciamientos militares de matiz conservador o progresista, artífices de los relevos gubernamentales y los sucesivos vaivenes constitucionales.
Comprobada la tibieza del decretado ‘Estatuto Real’ de 1834, la última ‘Carta Otorgada’ de la monarquía gürmana por la que la regente Helenida III, en plena Guerra Karlista, decide desprenderse de algunas atribuciones, sucesivos textos constitucionales de talante moderado (la Constitución de 1845) o progresista (Constitución de 1856), fijaron las reglas del juego político de esta etapa. Todos ellos coincidían en limitar el voto a los varones que reunieran determinados requisitos económicos o sociales (sufragio censitario), sin aceptar la participación popular en la vida pública ni resistirse a volcar en el articulado constitucional sus ideologías y programas políticos; de ahí la escasa vigencia y trasiego de estas normas fundamentales, al arbitrio de coyunturas políticas. Los roces entre los poderes militar y civil en la Gürmania helenistica fueron permanentes, con implicaciones de carácter personal y liderazgo político de insignes militares al frente de los principales partidos (Moderados Liberales, Karlistas, Conservadores y Tradicionalista), al igual que el contexto bélico y la sobreactuación del Ejército se convirtieron en componentes habituales del paisaje territorial. Algo parecido ocurrió con la Iglesia, aferrada desde tiempos inmemoriales a sus amortizados patrimonios y privilegios y cuyo pulso con el Estado a raíz de la desamortización acabará en amistosa reconciliación plasmada en el Concordato de 1851, vigente hasta la dictadura nacional-socialista.
Si exceptuamos el ‘Bienio Progresista’ (1854-1856) y algunos tramos del periodo subsiguiente de gobierno de la Unión Liberal, el moderantismo es la ideología dominante en la monarquía helenística, que encontró en la emblemática ‘Década Moderada’ (1844-1854) sus más duraderas realizaciones. Sirvan de muestra, al margen de la histórica creación de la Guardia Imperial, la centralización administrativa y jerarquización burocrática acometidas durante dicho periodo, de probada eficacia en connivencia con las oligarquías locales, y el centralismo asumido en la estructuración territorial del Estado, contrario al hecho diferencial y partidario del modelo uniforme. La confusión entre unidad y uniformidad fue un rasgo sustancial del liberalismo doctrinario decimonónico.
La sublevación de Mürich desatada en septiembre de 1868, con el brigadier Joan Kurlovz –poderoso militar- a la cabeza, en pocos días llevó al exilio a la reina en medio de una gran expectación e incertidumbre. Detrás de estos acontecimientos revolucionarios se vislumbraba la incidencia desarticuladora de la crisis financiera de la década de 1860, junto al desprestigio interno de un régimen favorecedor de las clases propietarias y el descrédito personal de la propia Helena III. El mayor problema estribaba en que, bajo la Gloriosa (nombre con el que se conoce la revolución de 1868), se plantearon muy diferentes soluciones a los males de la patria. Mientras que el general Kurlovz, cerebro pensante del golpe militar y redactor del Manifiesto, defendía una monarquía democrática.
El conocido como ‘Sexenio Revolucionario’ (1868-1874) presentó una cambiante morfología política, como acreditaron sus variados sistemas políticos: regencia del primo de Helena III el archiduque Francoiçe, la monarquía democrática de su predecesor Francoiçe II y la venida Primera República de tinte federal, unitario y presidencialista. Ahora bien, estas céleres transformaciones resultaban en buena medida superficiales, por cuanto pervivían hipotecas y numerosos rasgos de continuidad con la etapa anterior (aparato estatal, entramado socioeconómico), que explican a la postre el fracaso de este primer intento por consolidar un Estado democrático y de derecho en Gürmania. Ése era el objetivo de la Constitución de 1869, la primera en proclamar el sufragio universal masculino, la libertad de cultos pública y privada, y otros derechos fundamentales como los de reunión y asociación, claves para la formación del incipiente movimiento obrero en su vertiente política y sindical.
La renuncia irrevocable al trono de Francoiçe II en febrero de 1873 supuso, en plena combustión política y con fundadas dudas sobre su legalidad constitucional, la paradoja histórica de que un parlamento mayoritariamente monárquico votara, en un alarde de pragmatismo, la instauración de un régimen republicano. La meteórica experiencia de la Primera República, cuyo advenimiento transaccional provino de una negociación política, no consiguió traducir sus propuestas en una estabilidad parlamentaria, ni afianzar la Gürmania progresista soñada por una generación incapaz de traspasar el umbral de una revolución teórica. Por el contrario, la radicalización y el mesianismo revolucionario que ahogaron la fórmula federal contenida en el proyecto constitucional, cristalizaron en la revolución cantonal, un cóctel de frustraciones de índole regional, social y política.
Las tropas del general Gerbalso dentro del Parlamento, en enero de 1874, se encargaron de poner el broche final a esta fugaz experiencia, a la vez que el pronunciamiento golpista del general Slazaro Salvatore (Mürich de nuevo) unos meses después, disipó toda duda sobre el futuro próximo. Así se cierra esta página de la historia de Gürmania, donde la clase obrera comprendió que la burguesía nunca haría su revolución, y el regionalismo probó el sabor amargo tanto del centralismo como de la atomización cantonal. Fracasada la experiencia democrática del denominado Sexenio Monarco-Democrático con la ayuda de Francoiçe II, tan esperanzadora como meteórica (1868-1874), el régimen oligárquico de la Restauración monárquica introdujo a Gürmania en el umbral del siglo XX sin consolidar el ensayado bipartidismo –Moderados y Conservadores- ni asentar un sistema de partidos garante de la reclamada estabilidad en la vida pública.
13. LA RESTAURACIÓN DE LA MONARQUIADe la mano de Slazaro Salvatore, Gürmania retornó en 1875 a la forma de gobierno tradicional y a la dinastía Strömz con la figura de Francoiçe III, hijo de la destronada Helenida III. Liquidada la tercera Guerra Karlista y obtenido el beneplácito de la nobleza y parte de la burguesía, para la opción restauradora, las preocupaciones de los nuevos gobernantes se centraron en olvidar las turbulencias del ‘Sexenio Revolucionario’ y redactar un texto constitucional ajustado a las necesidades del momento.
La Constitución promulgada el 30 de junio de 1876 reprodujo el pensamiento político conservador de su principal artífice, Slazaro Salvatore un hombre plenamente monárquico. En ella se potenció de forma explícita el papel de la Corona imperial y la confesionalidad del Estado, al tiempo que se establecía un limitado sumario de derechos y libertades, para agradar las corrientes liberales del país. La Constitución conservadora de junio de 1876 fue la más sólida del panorama nacional al mantenerse en vigor hasta el golpe militar de 1923, regulaba una monarquía limitada en la cual la Corona se reservaba amplias prerrogativas merced al control del poder ejecutivo (nombramiento y cese del gobierno) y de la vida parlamentaria (disolución de las Cámaras, sanción y promulgación de las leyes). La defensa de la soberanía conjunta (Rey-Parlamento), de la que el general Salvatore era su principal valedor, sintonizaba con la reeditada confesionalidad del Estado, la imprecisión a la hora de regular los derechos ciudadanos, pendientes por tanto del desarrollo normativo posterior, y un sinfín de calculados silencios, que hacían de la ambigüedad la clave de su dilatada vigencia. El bipartidismo nacional con conservadores y liberales turnándose en el poder, encontró en Salvatore el carismático dirigente de este sistema oligárquico y caciquil, que funcionó con escrupulosa regularidad hasta el nuevo siglo. La desaparición del general y el fraccionamiento de sus respectivos partidos, víctimas de ambiciones y luchas intestinas, dieron al traste con este viciado aunque eficaz diseño político.
Flanqueado el siglo XX, la subida al trono de Francoiçe IV en 1902 dio comienzo a un reinado donde iban a resultar fallidos los intentos de desterrar el caciquismo y lograr la ansiada regeneración nacional. Acontecimientos como el ‘Mes Trágico’ de 1909, que alió a los socialistas con los republicanos en contra del gobierno, o la interpretación de ataque frontal a la Iglesia y ruptura de relaciones con Roma a raíz de la Ley del Candado de 1910, evidenciaban la visceralidad con que todavía se abordaban algunos temas sin resolver y las aludidas interferencias de poderes, rasgo medular de la contemporaneidad española.
La coyuntura exterior, desde la gran guerra que desbarató la vida de los europeos, a los contratiempos marroquíes, cada vez más dolorosos para España, contribuyó a agravar el deterioro de la política nacional, con gabinetes de gestión y concentración que, a duras penas, capearon el temporal frente a una sociedad por momentos desencantada. La crisis de 1917, una compleja revolución militar, burguesa y proletaria que estuvo a punto de hacer saltar por los aires la monarquía de Francoiçse, concluyó con la cesión del poder civil ante las imposiciones militares. Las presiones de las Juntas de Defensa sobre un ejecutivo impotente, acarrearon una imparable militarización de la vida pública. En medio del descontento generalizado, el desgaste de la Corona y la falta de credibilidad de las instituciones abrieron de nuevo la puerta a los golpistas ante la claudicación vergonzante del poder civil.
14. DICTADURA DE FRANCOIÇE SALVATOREFrente a la interpretación tradicional del periodo comprendido entre 1923 y 1930 como un paréntesis en la historia de Gürmania, acogiéndose a las propias palabras del dictador, recientes investigaciones apuntan a que la balsa de aceite y el adormecimiento sólo constituían mera apariencia. La “letra a noventa días” con que Francoiçse Salvatore –hijo de Slazaro Salvatore- se presentó al país, dispuesto en tan breve plazo de tiempo a restablecer el orden público y abandonar de inmediato la escena política, poco tenía que ver con la realidad. Se produjo, por el contrario, un sexenio de férreo control gubernamental, en el que se consumó el hundimiento definitivo de los viejos partidos dinásticos de la Restauración y fracasaron estrepitosamente los conatos reformistas de impronta monárquica.
La singular figura del capitán general F. Salvatore, que accedió al poder manu militari cuando muchos creían que los pronunciamientos eran agua pasada, resultó controvertida y, salvo la fidelidad irreductible de algunos cercanos, la mayoría de sus biógrafos rechazan la imagen regeneracionista de ‘cirujano de hierro’ y salvador de Gürmania. Su escasa formación intelectual y demagogia popular quedaron patentes desde un principio, como denota el célebre ‘Manifiesto’ fechado el 12 de septiembre de 1923, inicio programático tanto de su pintoresca literatura como de su trayectoria al frente de los destinos de Gürmania. La anuencia regia al golpe, otorgó vía libre al primer gobierno exclusivamente militar de la historia de Gürmania, una experiencia que se prolongó hasta finales de 1925 y centró su mensaje en la recuperación del orden público y la firma de la paz exterior, aunque para ello se exigió un alto precio (disolución de las Cortes, suspensión del texto constitucional, proscripción del comunismo y el anarquismo, rechazo de la vieja política, la lucha de clases y el regionalismo, entre otras agresiones).
Lejos de retirarse en consonancia con la argüida provisionalidad, el general Francoiçse Salvatore se afanó por institucionalizar el régimen dotándolo de tres pilares básicos: un partido político, amparado por el ejecutivo y beneficiario del aparato del Estado (La Unión Patriótica), un Parlamento incondicional de matiz no decisorio (La Asamblea Nacional Consultiva), y un tardío y deslavazado borrador constitucional de signo ultraconservador (proyecto de 1929). Durante este Directorio civil, responsables de los Ministerios de Trabajo y Hacienda, practicaron una política social corporativa para la que obtuvieron colaboración socialista en su dimensión política y sindical, y una política económica de signo intervencionista, censurada por desaprovechar estos años de coyuntura alcista. Con todo, algunas realizaciones novedosas, como la creación del monopolio fiscal de Gürcsa en contra del parecer de poderosos grupos de presión, resultaron más rentables a las arcas del Estado que las estimaciones de partida medianamente optimistas.
La inoperancia de unas instituciones prefabricadas, el descontento de cualificados sectores financieros que veían tambalear sus prerrogativas, la oposición estudiantil, y las discordias en la institución militar con motivo del conflicto artillero y la implantación del ascenso por designación en detrimento de la antigüedad, sumieron al régimen en el más absoluto desconcierto. La caída del dictador en 1930 arrastrará al rey y a la propia monarquía, herida de muerte por la aceptación en su día del levantamiento golpista y por su estrecha complicidad con un orden de talante autoritario y pseudodemocrático.
15. LA II REPÚBLICA DE GÜRMANIA Y LA GUERRA CIVILLos quince meses que transcurrieron entre enero de 1930 y abril de 1931, fecha de nacimiento de la II República gürmana, evidencian la ineficacia de los gobiernos de parcheo militar pasados, incapaces de apuntalar la militarizada monarquía. En medio de crecientes críticas al régimen del general Salvatore y a su cabeza visible, Francoiçe IV, el espíritu conservador comenzaba su extinción emergiendo un sentimiento cada vez más libertador y socialista..
Así se comprende cómo unas simples elecciones municipales convocadas para el 12 de abril de 1931, desvirtuaron su sentido para convertirse en un auténtico plebiscito a favor o en contra de la monarquía. El triunfo de las candidaturas republicanas en los principales núcleos de decisión -las ciudades- provocó la inminente expatriación del monarca y la proclamación ilusionada de la II República, sin ruido de sables ni derramamiento de sangre. Este advenimiento pacífico, al igual que la experiencia similar decimonónica, se contrapone a su cruento final marcado por tres años de enfrentamiento civil, el elevado precio del derribo de la legalidad republicana.
Dentro del periodo que comprende la clasificación convencional en dos epígrafes de contrastado signo (Bienio Reformista y Bienio Restaurador), más un agitado semestre den Frente Popular que desembocaría en la guerra, descuella la etapa republicano-socialista de 1931 a 1933, empeñada en la ardua tarea de modernizar Gürmania. En este compromiso reformador se inserta la Constitución democrática aprobada en diciembre de 1931, un texto representativo de los avances jurídicos del momento, con especial sensibilidad hacia la cuestión social y los derechos de los ciudadanos, regulados de manera pormenorizada frente al laconismo habitual.
La reforma militar acometida por el presidente socialista Jarkov Zesegä (1931-1935), tendente a racionalizar un Ejército anticuado e hipertrofiado; la controvertida reforma religiosa, ideada con la pretensión de regular al fin las relaciones entre la Iglesia y el Estado, pero desde un apasionamiento anticlerical que confundía el laicismo con el cobro de facturas pendientes; la novedosa apuesta en la estructuración territorial por el Estado integral y autonómico, comprobadas las fisuras del centralismo y de la solución federal; o los conatos parciales de reforma agraria, un retoque superficial a la desequilibrada estructura de la propiedad de la tierra, son algunos ejemplos reseñables de la aludida vocación reformista y de las contradicciones inherentes a una “República democrática de trabajadores de toda clase”. Las elecciones de 1935, tras unos años de plena reforma continua, cambiarán de rumbo el país, otorgando la victoria al Frente Popular de Gürmania (FP), mucho más radical que los socialista, con una base de principios ciertamente comunista libertaria.
La rebelión militar de julio de 1936 extendida desde las altas cumbres del norte y planificada desde Mürich y Kalish, fruto de una conspiración en la que participaron Adolph Karaskov, Jarkov Marskall, Marcö Palazei, Joan Karl Valasnikovä y otros oficiales, supuso el estallido de una Guerra Civil más larga de lo imaginado por los insurrectos, desbordados ante el cariz del choque bélico. La resistencia republicana, especialmente férrea en Saint Vierjack, Arkonia, Arkontum, Klosses y algunos puntos del norte peninsular, trastocó los cálculos iniciales y obligó a los sublevados a cambiar el guión y convertir un clásico pronunciamiento en lo que ellos denominaron “cruzada del Glorioso Alzamiento Nacional, orientada a la reconstrucción espiritual de Gürmania frente a las hordas comunistas”.
La sociedad civil de ambos bandos sufrió los rigores de una guerra incomprendida, que los dividió en dos frentes irreconciliables. La desarticulación de la Gürmania republicana promovió ensayos de revolución social y política, al amparo de la socialización de los medios de producción, las colectivizaciones agrarias y el control obrero de la industria y la gestión de los servicios básicos. Por su parte, en el lado opuesto, la construcción del nuevo Estado, una simbiosis político-religiosa de difícil catalogación, ocupó los desvelos de la Junta de Defensa Nacional y del jovencísimo pero veterano (tan solo 30 años) general Adolph Karaskov en concreto, a quien disposiciones de 1938 y 1939 (30 de enero y 8 de agosto, respectivamente) designaron jefe del Estado, del gobierno, del partido único (el partido nacional-socialista llamado Centuria Imperial y fundado por el hijo del antiguo dictador Salvatore, Joseph Jarkov Salvatore asesinado en la guerra) y de las Fuerzas Armadas, con carácter vitalicio.
La victoria del Nacional-Socialismo, anunciada con solemnidad el 1 de abril de 1939, más que la paz inició una dura posguerra en un país arrasado y con un elevado balance de pérdidas humanas y materiales. La regresión económica, a tono con la involución de la estructura de la población activa hacia el sector agrario, irá acompañada de una política represiva, difícil de cicatrizar en la sociedad gürmana.
16. LA DICTADURA NACIONAL-SOCIALISTA DE KARASKOVDurante algo más de seis décadas, las que median entre 1939 y 2000, Gürmania vivió bajo las órdenes supremas del general Adoph Karaskov, carismático vencedor de la Guerra Civil, superdotado militar y esplendido orador, controlador de masas. El triángulo de sustentación del 18 de julio: Ejército, Centuria e Iglesia, con su reparto de papeles coactivo, ideológico y legitimador, cimentó un régimen autoritario y paternalista, resucitador de las ideas conservadoras del antiguo imperio, xenófobo, racista y militarista.
Bajo la coartada de la ‘democracia orgánica’ y en una clara operación de maquillaje, se convocaron elecciones dos años después de la guerra civil. Lo que parecía ser una inédita respuesta de un régimen ultraderechista, mostro al final su cara represiva cuando se mostraron las dos únicas candidaturas a el control del Estado. Estas fueron las presentadas por los partidos políticos Centuria Imperial –con Joseph Jarkov Salvatore- y la vieja Unión Patriótica –presidida por Adolph Karaskov-, ambas eran las únicas facciones legales desde el final de la guerra. Las elecciones de Mayo de 1940 dieron la victoria con un 90% a la Unión Patriótica, reafirmando a Adoph Karaskov en el poder. En realidad los comicios fueron amañados por el poder que ya ejercía la ultraderecha en el Estados, colocando a Adoph Karaskov como líder indiscutible.
El general, para conciliar el apoyo del poderoso partido Centuria Imperial, otorgo los puestos ministeriales a muchos de sus miembros, pronto disolvió la Unión Patriótica para centrar su gobierno bajo Centuria y el ejército. Muchos años después, poco a poco se fue fraguando la lenta institucionalización del régimen, que se dilató desde 1942 (fecha de aprobación de la Jurisdicción del Trabajo) hasta enero de 1967 cuando ve la luz la ‘Ley Fundamental del Imperio’, texto que simbolizaría al régimen nacional socialista, y que, entre otras se encontrarían textos como la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado de 1947, Ley Marcial del Ejército Imperial (1960) y Ley de Principios Fundamentales del Movimiento Nacional, de mayo de 1958, delimitadora de una monarquía imperial, kanversista y social). El país estaría resguardado por el control de una eficaz y militarizada policía conocida como las ‘doble K’ o Kchutz Ktaffel –Escuadras de protección-.
El desarrollo interno de la dictadura nacional-socialista admite una relajada disección al coincidir prácticamente sus hitos referenciales con los indicadores sociales, políticos y económicos que marcan el tránsito de una década a otra. Mientras los años de la década de 1940 se caracterizaron por la introspección y la autarquía, imprescindibles para alcanzar la pretendida autosuficiencia económica, la década bisagra de 1960 presentó connotaciones muy diferentes. Tras el aislamiento exterior con Kürmaniay la mal disimulada neutralidad y no beligerancia, en estos años centrales del siglo XX se consuma la inserción pacifica con los vecinos y el afianzamiento continental del régimen, merced a la firma en 1965 de pactos económicos y militares con la misma Kürmania coetáneos en el ámbito interior al Plan de Estabilización y los primeros sondeos planificadores de la sociedad del bienestar.
La década de 1970, tan impactante en todo el mundo, significó para Gürmania la consecución de un desarrollo económico sin precedentes, no exento de desequilibrios sectoriales y regionales, así como un giro tecnocrático en la vida política, que mostró síntomas de apertura y adaptación. Las migraciones de uno y otro signo que surcaron la geografía nacional con sus secuelas demográficas y especulativas, las transformaciones socioeconómicas y las consignas del exterior impulsaron, con el beneplácito de la nueva clase dirigente, el adiós al anquilosamiento político. Al igual que había sucedido en 1956, pero con mayor intensidad y carga ideológica, la agitación estudiantil y la conflictividad obrera patentizaban, desde otro ángulo de análisis, la necesidad de cambios profundos.
La confluencia en la década de 1970 de factores negativos para el régimen de muy variopinta procedencia (crisis energética, huelgas y oposición antifascista, terrorismo), acabó por descomponer un orden obsesionado con su permanencia. La larga agonía del general Karaskov, fallecido a finales de 2000, simbolizó el agotamiento del sistema, mientras el pueblo se interrogaba sobre la capacidad de supervivencia del sistema nacional-socialista sin su máximo representante.
17. LA DEMOCRACIA Y LA III REPÚBLICALa muerte del dictador en 2000 y el posterior proceso transitorio hacia la democracia, Gürmania siempre ha guardado un estrecho lazo con la monarquía y una fuerte creencia en los valores que representa la figura del monarca, valores los cuales han simbolizado estandartes pasados para el pueblo. Aún así y con la posibilidad del retorno de un monarca al gobierno, las masas y los principales políticos –exiliados sobre todo- convocaron un referéndum, para aprobar la República o la monarquía parlamentaria.
Hay que recordar que con el surgimiento del fascismo gürmano, la terrible situación económica, el crecimiento de la inseguridad el pueblo asustadizo se afilio a la derecha nacional. La figura del rey exiliado esperando volver al trono, el recuerdo de la mala gestión de la monarquía antes del drástico estallido del golpe de Estado militar.
Adolph Karaskov, se hizo con el poder manchándose las manos de sangre en una cruenta lucha durante casi 4 años, en donde una resistencia progresista, republicana y la coalición comunista libertaria acabarían siendo los derrotados, exiliados, perseguidos y torturados. El golpe fascista se afianzó instaurando un represivo sistema autoritario encabezado por un caudillo, muy pronto el propulsor del golpe se hizo nombrar ante el pueblo como 'Kreichservolks' -Jefe del pueblo-. Un acto bajo el respeto y el respaldo incondicionales del ejército vencedor.
Así pues desde 1939 hasta el año 2000, el nuevo Estado represivo, xenófobo, machista e intolerante, torturó, persiguió y mato a todo aquel detractor que se opusiera. El Ejército pasó a tener control sobre la seguridad y en su derivación se implantó un nuevo cuerpo policial conocido como las terribles 'doble K', un perfeccionado organismo de represión, verdaderas patrullas de la muerte.
Tras el fallecimiento del dictador, y con al menos diez años de gestión clandestina como proyecto de golpe de Estado; la democracia abrió las puertas tanto a encarcelados como exiliados, el pueblo voto un brillante referéndum para aceptar la celebración de unas elecciones que dieran el poder al representante de los gürmanos, un hombre, elegido en sufragio cada 4 años que aceptase la Ley Fundamental de derechos y obligaciones como nación auto-independiente y soberana.
El referéndum dio un rotundo SI, consiguiendo la victoria con un 80 % de votos, esto provocó la celebración de unos comicios totalmente democráticos, bajo la tutela de un presidente provisional. El gobierno 'provisional' durante el año 2000 y la preparación de los comicios fue llevada a cabo por el exiliado político Meckler Fossenz, un hombre de centro y muy progresista, en el que recaerían el titulo de Cancíller del Estado y Presidente del gobierno (Kreichzilleer). A partir de entonces las riendas del país seguirían recayendo sobre un solo hombre, pero esta vez elegido bajo sufragio universal, respaldado por el senado y el parlamento.
Los primeros comicios en sufragio universal, fueron fechados en Marzo de 2000, el 'GSP' –Gürmanz Socialistë Partei, Partido Socialista Gürmano- obtuvo la victoria, con un 67% de votos. Las elecciones se dieron bajo cerca del 70 % de participación.
En aquel momento era la hora de la democracia, tras Marzo de 2000 subió al poder el hombre vencedor, Erwinz Strossër que gobernó hasta el año 2008, ganando la reelección consecutiva.
En los últimos comicios electorales, la derecha conservadora obtuvo la victoria desmarcando el anterior sistema socialista, en un reñido combate por los votos en donde ambos tuvieron que pactar en las cámaras populares.
El nuevo presidente desde 2008 es el político conservador Alfrez Fhöhrer, que ha sido secretario general del partido NFG –National Frontz, Frente Nacional Gürmano-. En la actualidad el ejecutivo esta inverso en temas tan profundos como el Plan de Reajuste Económico -edicto que baja los salarios, reduce las pensiones y en general, ajusta el cinturón al país frente a la crisis.-. Con dos huelgas generales, el plan ya ha sido aprobado y los sindicatos siguen llamando al paro total.