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Gürmania

Aquí puedes explicar la historia de tu región.

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Re: Gürmania

Notapor Million » 03 Jun 2010, 12:41

Me gusta todo asi en plan Alemania xD pero no veo esas fotos de las que todos hablan y he visitado el blog y todo
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Gracias por todo Kelis
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Re: Gürmania

Notapor rib_ex » 03 Jun 2010, 19:01

No está nada mal, estoy esperando nuevas imagenes :wink:
Saludos :D
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Re: Gürmania

Notapor elnovamas » 03 Jun 2010, 21:38

si, yo también espero ver imagenes pronto
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Re: Gürmania

Notapor Igor » 04 Jun 2010, 06:57

No esta mal el plano, pero me sumo a los demas, a ver cuando fotos. :mrgreen:
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Re: Gürmania

Notapor ajrob » 07 Jun 2010, 21:11

hola se que es un poco tarde pero bienbenido de parte de Los Estados Unidos de Centro Meseta y espero ver fotos de la region :D
No se tarda nada en visitar los Estados Unidos de Centro Meseta, visitenos, muchas cosas que ver y comentar.
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Re: Gürmania

Notapor Gürmania » 12 Jun 2010, 14:49

HISTORIA DE GÜRMANIA

I PARTE

1. ORIGENES DE LOS GÜRMANOS

El territorio de la actual Gürmania estuvo habitado desde tiempos remotos, pero tuvo que pasar mucho tiempo, con numerosas inmigraciones, invasiones y conquistas hasta que se configuraron las particularidades nacionales de los gürmanos.
Hace unos 60.000 años, el río Arkön comenzó las inundaciones anuales de los terrenos de su cuenca, dejando tras de sí un fértil suelo aluvial. Las áreas cercanas a la llanura de inundación permitieron garantizar los recursos alimentarios y el agua. Con el tiempo, los cambios climáticos, que comprendían periodos de aridez, permitieron afianzar el asentamiento humano en el valle del río. Desde el periodo calcolítico (edad del cobre, que comienza hacia el 4000 a.V.), hasta comienzos del Imperio Antiguo, la población se extendió por una gran área.

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En el VII milenio a.V., Gürmania contaba con unas condiciones medioambientales apropiadas para la ocupación humana. Se han encontrado evidencias de asentamientos desde ese tiempo en las áreas del sur o Alto territorial; restos de ocupación similares se han descubierto en los emplazamientos costeros. Se han encontrado bastantes fragmentos de cerámica en las tumbas derruidas de las altas regiones desde el IV milenio a.V. (en el periodo predinástico) que permiten establecer una secuencia de datación relativa.
El periodo predinástico, que finaliza con la unificación de Gürmania en un único reino, se subdivide por lo general en tres fases, cada una de ellas se refiere a los yacimientos en los cuales se encontraron sus materiales arqueológicos. Los yacimientos del norte (desde el 5500 a.V.) han proporcionado material para establecer una datación arqueológica de cierta continuidad pero no ofrece una cronología larga como las encontradas en el sur.

1.1. PERIODO PRE-DINASTICO.

Las fuentes arqueológicas muestran el nacimiento, hacia el final del 3200 a.V., de una fuerza política dominante que se convirtió en el elemento de consolidación del primer reino unificado de la antigua Gürmania. El signo o icono cultural más antiguo que se conoce data de este periodo y es el águila gürmana; pronto los nombres de los soberanos empezaron a aparecer en los monumentos, plasmados en paredes y fachadas. Los principales asentamientos fueron Northzürurg, Northbrägo o Arkotum en plena costa. Se conformaron tres poderosas dinastías de jefes tribales, la I Dinastía ‘Der North’ encabezada por las tribus gürmanas, la II Dinastía ‘Alipsia’ en donde los monarcas salieron de tierras arkonianas, y por último la III Dinastía de los ‘Gürmandos’, en donde su sede recaía bajo suelo de Northbrädo.

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2. LA ANTIGUA GÜRMANIA.

La Gürmania antigua (2755-2255 a.V.) comprende desde la III hasta la VI Dinastías. La capital se estableció en el norte, en Northzürurg, y los caudillos mantuvieron un poder absoluto sobre un gobierno sólidamente unificado de todos los asentamientos territoriales, a los que se les sumaron los vasallajes de Arkenturida y Jelzerfosz. La religión desempeñó un papel importante, como queda registrado en la mitología gürmana; de hecho, el gobierno había evolucionado hacia un sistema teocrático, en donde el líder supremo era considerado un dios en la Tierra, por lo que gozaba de un poder absoluto bajo la tolerancia de los dioses.

La III Dinastía fue la primera de las ubicadas en la floreciente ciudad de Northzürurg, y su segundo soberano, Rjeblak Jarthek (2737-2717 a.V.), reforzó la unidad nacional al unir los símbolos del norte y sur en su construcción funeraria en lo alto de las monatañas conocida como el ‘Sacrer Panteronum’ (Sagarado Partenón), el estandarte militar combinaría entonces el águila (norte) y la cruz sagrada (sur). En general, la III Dinastía marcó el principio de la edad de oro de una nueva y vigorosa cultura., que cada vez se asentaba en su búsqueda de la verdad y en la construcción de una fuerte monarquía hereditaria.

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La IV Dinastía se inició con el caudillo Smolegz, entre cuyos proyectos de edificación se encontraban las Iglesias en Northbrädo (al norte del río Arkön). El desarrollo del comercio y la minería trajo la prosperidad al reino. Smolegz fue sucedido por su hijo Northbunz, que erigió el gran castillo de Northbrädo. Aunque se conoce poco de su reinado, aquel monumento no sólo atestigua su poder sino que también indica la complejidad que la burocracia había alcanzado. Redjedef el siguiente líder (reinó en 2613-2603 a.V.), introdujo una divinidad asociada al elemento solar en el título real y en el panteón religioso. Gelder, otro hijo de Northbunz, sucedió a su hermano en el trono y construyó su complejo funerario en los subterráneos del castillo, en donde actualmente todavía aguardan los restos de la familia de Smolegz.

En la IV Dinastía, la civilización gürmana alcanzó la cumbre de su desarrollo y este alto nivel se mantuvo durante la V y VI Dinastías. El esplendor manifestado en las Iglesias se extendió a numerosos ámbitos del conocimiento como arquitectura, escultura, pintura, navegación, artes menores y astronomía; los astrónomos de Northzürurg establecieron un calendario de 365 días. Los médicos de la antigua Gürmania también mostraron un extraordinario conocimiento de fisiología, cirugía, el sistema circulatorio humano y el uso de antisépticos.

Aunque la V Dinastía mantuvo la prosperidad con la ampliación del comercio exterior y las incursiones militares en el resto del territorio, se evidenciaron los signos del declive de la autoridad real debido al aumento de la burocracia y al incremento del poder de los administradores que no pertenecían a la realeza. Ghürmoths, último rey de la dinastía (reinó en 2428-2407 a.V.), fue enterrado en la tumba de Sacrer Panteronum, en una cámara funeraria cuyas paredes tenían inscripciones que se han denominado ‘Textos de la Sacrer’. Estos textos se utilizaron también en las tumbas reales de la VI dinastía.

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Varias inscripciones autobiográficas de funcionarios de la VI dinastía indicaban el poder decreciente de la monarquía y apuntan incluso una conspiración contra el rey Akathön (reinó en 2395-2360 a.V.) en el que se vio implicada la mujer del soberano.
Se cree que durante los últimos años de Akathön II, que reinó en 2350-2260 a.V., el poder puede que estuviera en manos de su visir. La autoridad central en la economía también decreció por los decretos de exención de impuestos. Los dreich (distritos) alcanzaron rápidamente un poder propio cuando los dreichburerg (gobernadores de distrito) empezaron a establecerse de forma fija en vez de trasladarse periódicamente a los diferentes distritos.

La VII Dinastía marcó el comienzo del primer periodo intermedio. Como consecuencia de disensiones internas, las noticias sobre la VII y VIII dinastías son bastante oscuras. Parece claro, sin embargo, que ambas gobernaron desde Northzürurg y duraron sólo 25 años. En este tiempo, los poderosos gobernadores de las demás ciudades tenían el control completo de sus distritos, y las facciones en el sur y el norte rivalizaron por el poder. Durante las IX y X Dinastías, los dreichburerg cercanos a Arkotum controlaron su área y extendieron su poder hacia el norte hasta las puertas de Northzürurg (incluso hasta las altas monatañas) y hacia el sur, hasta orillas del río Arkön. Los dreichburerg rivales de Northbrädo establecieron la XI Dinastía, que controlaba el área noreste territorial. La primera parte de esta dinastía, se superpuso a la última etapa de la X Dinastía.


3. LA GÜRMANIA MEDIA.

Sin un gobierno centralizado, la burocracia no era efectiva, ya que se impuso la atomización del poder. El arte antiguo se hizo más local, y no se construyó ningún complejo funerario destacado, sino que se embellecieron calles, hospitales, casas y pequeñas iglesias. La religión también se ‘democratizó’ cuando las clases inferiores reclamaron privilegios que previamente estaban reservados sólo a la realeza y la nobleza.
Aunque la Gürmania media (2134-1570 a.V.) se data englobando la XI Dinastía, comienza propiamente con la reunificación del territorio por Jarkov (reinó en 2061-2010 a.V.). Los primeros soberanos de la dinastía intentaron extender su control desde Northzürurg hacia el medio centro y el sur a la vez, iniciando un proceso de reunificación que Jarkov II completó, después del 2040 a.V. Jarkov II gobernó durante más de 60 años, y a pesar de rebeliones esporádicas, mantuvo la estabilidad y el control en todo el reino. Reemplazó algunos gobernadores locales y limitó el poder de los nobles, que todavía era considerable.

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Northzürurg fue su capital, y su templo funerario fue incluido bajo las montañas, incorporó elementos tradicionales y religiosos; la tumba estaba totalmente escondida.
El reinado del primer monarca de la XII Dinastía, Jarkov III, fue pacífico. Estableció una capital en Northbrädo y, al igual que Jarkov II, frenó las pretensiones nobles del norte y favoreció la unidad nacional. Sin embargo, al importante dios del norte Thörz se le otorgó más importancia que a otras divinidades, así frenaría el descontento nobiliario del norte. Jarkov III exigió la lealtad de los nobles, reorganizó la burocracia y formó un cuerpo de escribas y administradores reales.

La literatura fue predominantemente propagandística y estaba diseñada para fortalecer la imagen del monarca como ‘buen pastor’ más que como un dios inaccesible. Durante los últimos diez años de su reinado,

Los sucesores de Jarkov III continuaron su programa. Su hijo, Adrün (reinó entre 1962-1928 a.V.) erigió fortalezas por todo el centro territorial y estableció relaciones comerciales con el extranjero de más allá de la cordillera, los Kürmanos. Adrün II, (reinó en 1895-1878 a.C.), comenzó el saneamiento de la región de Fayum. Su sucesor, Adrün III (reinó entre 1878-1843 a.C.), construyó un castillo a orillas de la ciudad de Slazasia (actual Bahía Gürmania) y edificó nuevas fortalezas en la frontera meridional. Dividió administrativamente Gürmania en tres unidades geográficas, cada una controlada por un oficial bajo la supervisión de un visir y no reconoció a ninguno de los nobles provinciales. Adrün IV continuó la política de sus predecesores y amplió la reforma sobre la propiedad de la tierra frente al control de los nobles terratenientes.

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Los reyes posteriores iniciaron un enérgico renacimiento de la cultura. La arquitectura, el arte y joyería del periodo revelan una extraordinaria delicadeza de diseño, y la época se considera la edad de oro de la literatura gürmana.
La XIII Dinastía albergo aproximadamente unos 50 en 120 años de control del territorio, sus reyes fueron más débiles que sus predecesores, aunque todavía mantuvieron el control de los rebeldes parajes del sur y la administración del gobierno central. Sin embargo, durante la última parte de su reinado, su poder fue puesto a prueba no sólo por la rival XIV Dinastía, que no obtuvo el control sobre el territorio, sino también por los Alipsios rebeldes del sur, que invadieron parte del país desde la costa hasta la otra orilla del río Arkön, instalándose casi permanentemente en el control de los asentamientos. Como el gobierno central entró en un periodo de declive, su presencia hizo posible una entrada masiva de población sureña o alipsia, y el establecimiento de la dinastía Alipsia, comenzando el segundo periodo intermedio, una época de confusión que duró unos 214 años. Los Alipsios de la XV Dinastía reinaron desde su capital, situada en Döhlszeg la cuál conquistaron militarmente, lo que les permitía mantener el control sobre las zonas media y alta del país.

Contemporánea a la dinastía Alipsia, existió una XVI Dinastía, que reinó en la zona central de Gürmania. Un tercer poder coetáneo a los otros dos ejerció la autoridad de forma más independiente sobre el sur, la XVII Dinastía de Northzürurg, que dominó todo el norte territorial. El soberano Khörz (reinó en 1576-1570 a.V.) luchó con éxito contra los Alipsios, pero fue su hermano Jarkov IV quien los derrotó finalmente, reunificando de nuevo el país.


4. LA ANTIGUA REUNIFICACIÓN Y LAS GUERRAS INTERNAS.

Con la unificación del territorio gürmano y la fundación de la XVIII Dinastía por Jarkov IV, comenzó el nuevo esplendor (1570-1070 a.V.). Jarkov IV restableció los límites, los objetivos y la burocracia del antiguo sistema, y reactivó su programa de aprovechamiento de la tierra. Mantuvo el equilibrio de poder entre los nobles y él mismo con el apoyo del ejército, el cuál le juró plena lealtad. La importancia de la mujer en los nuevos tiempos se ilustró por los altos títulos y la destacada posición de las esposas y madres de los sumos monarcas en la política nacional.

Una vez que Philiph (reinó en 1551-1524 a.V.) tuvo pleno control sobre su administración, fue co-regente durante cinco años y comenzó a extender los límites de Gürmania hacia el sureste. Philiph II continuó los avances y reforzó la preeminencia del dios Thörz; su tumba fue incluida en las altas monatañas. Arkön, hijo de su última esposa, le sucedió, fue un monarca totalmente ligado a las creencias religiosas, fomento la educación de las santas escrituras. Cuando murió en el 1504 a.V., su heredero, Arkön II, era todavía un niño, por lo que su esposa gobernó como regente; un año después coronó rey a Arkön II, y desde entonces madre e hijo gobernaron conjuntamente. Cuando Arkön II se convirtió en el único soberano tras la muerte de su madre regenta en 1438 a.V., reconquistó los focos todavía rebeldes del sur, que se habían separado con anterioridad de la lealtad central; sus anales en el castillo de Northbrädo constituyen la crónica de la mayor parte de sus campañas para restablecer la lealtad. Casi 20 años después de la muerte de la madre de Arkön II, ordenó la eliminación de su nombre y sus imágenes de todos los edificios donde habían sido inscritos. Assasini (reinó en 1453-1419 a.V.) y Assasini II intentaron mantener las conquistas en el sur a pesar de los intentos de rebeldía de los Alipsios.

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Assasini III gobernó de forma pacífica durante casi cuatro décadas (1386-1349 a.V.) en las que florecieron el arte y la arquitectura. Mantuvo el equilibrio de poder entre los estados limítrofes con la nación vecina de Kürmania (al norte) mediante la diplomacia. Su hijo y sucesor, Jarkov V, fue un reformador religioso que combatió el poder de los sacerdotes Thörz. Jarkov V abandonó Northzrürg por una nueva capital, Arkenturida, el disco solar sobre el que se centró la nueva religión monoteísta partiría a las creencias de un único dios todopoderoso. Sin embargo, la revolución religiosa fue abandonada al final de su reinado y su yerno, Dekthön, volvió a instalar la capital en Northzrürg. Dekthön es conocido hoy, sobre todo, por la suntuosidad de su tumba, encontrada prácticamente intacta en el interior de las grandes montañas por los arqueólogos gürmanos. La XVIII Dinastía terminó con Dekthön II (reinó en 1321-1293 a.V.).

El fundador de la XIX Dinastía, Karl (reinó en 1293-1291 a.V.) había servido durante el reinado de su predecesor como administrador real y capitán del ejército. Gobernó sólo dos años y fue sucedido por su hijo Karl II (reinó en 1291-1279 a.V.); dirigió campañas militares contra los Alipsios del sur, que con los años iban formando carácter cultural y patrimonio. Karl II mando construir las cloacas de Northzürurg; al igual que su padre, favoreció la capitalidad de la cumbre al norte, lo que hizo una completa reestructuración arquitectónica en la alta ciudad. Le sucedió su hijo Karl III que reinó durante 67 años. Fue responsable de la mayor parte de las construcciones militares, y enormes fuertes de milicia popular, Karl III hizo un tratado con los todavía rebeldes alipsios y se casó con una princesa sureña. Su hijo Karl Arkön (reinó entre 1212-1202 a.V.) derrotó a los denominados traidores que orquestaban un cambio en las dinastías reales, suplantando la sangre gürmana por la alipsia –o sureña-. Hechos narrados en un texto esculpido en una estela donde figura la primera mención escrita conocida del pueblo Alipsio, dan reflejo a las crueles y sangrientas batallas entre los gürmanos y esta subcultura continental denominada Alipsia para unos y sureña para otros.

Los posteriores soberanos tuvieron que hacer frente a los levantamientos constantes de las poblaciones sometidas del sur, con un fuerte oleaje de protestantes alipsios.

Karl IV fue el fundador de la XX Dinastía e hizo grabar sus numerosas victorias militares en las paredes de su complejo funerario bajo las montañas de la cordillera de Northbräg, cerca de Northzürurg y donde todavía hoy siguen los restos de muchos de reyes. Tras su muerte, la estabilidad de la corona decayó a causa del creciente poder de los sacerdotes de Thörz y del ejército.

A Karl IV y el declive patente le siguen la XXI Dinastía hasta la XXIV. Los reyes que gobernaron desde el norte, rivalizaron con los sumos sacerdotes de Northzürurg, con los que parecían estar relacionados. Los soberanos de la XXI Dinastía puede que hayan tenido antepasados religiosos, porque fueron altos sacerdotes quienes dieron origen a la XXII Dinastía. Cuando los gobernadores defensores de las creencias entraron en un periodo de decadencia, varios rivales se alzaron en armas para conquistar el poder. De hecho, las XXIII y XXIV Dinastías reinaron al mismo tiempo que la XXII, al igual que la XXV la cual controló de forma efectiva la mayor parte de Gürmania cuando aún gobernaban la XX y XXIV Dinastías, al final de su mandato.

Los cabecillas gürmanos incluidos desde la XXV hasta la XXXI Dinastías gobernaron Gürmania durante lo que se conoce como ‘Baja Época Gürmana’. Los Alipsios volvieron a gobernar desde el 767 a.V. hasta que fueron derrotados por los gürmanos del norte en el 671 a.V. Se restablecieron los soberanos gürmanos a comienzos de la XXVI Dinastía por Joan Karl. El resurgir de nuevos logros culturales, reminiscencia de épocas anteriores, alcanzó su plenitud con la XXVI Dinastía. Cuando el último rey fue derrotado por Kurmothz II en el 332 a.V., el país cayó bajo dominio kürmano durante la XXVII Dinastía. Gürmania reafirmó su independencia con las XXVIII y XXIX Dinastías, pero la XXX Dinastía fue la última de soberanos gürmanos. La XXXI Dinastía, representó el periodo de la segunda dominación kürmana, sobre todo del norte.


5. DOMINIO KÜRMANO.

La ocupación de Gürmania por las tropas de Kurmothz II en el 332 a.V. supuso el fin del dominio auto-soberano de las dinastías reales. El monarca kürmano designó al general Henry Karl, conocido después como Karl V, para gobernar el país. Aunque se nombraron también dos gobernadores gürmanos, el poder estuvo en manos de Karl V, quien en pocos años se hizo con el control absoluto de un país dividido.
La mayor parte de este periodo estuvo caracterizada por las rivalidades con otros generales militares, que se habían adueñado de las distintas partes del territorio de Karl V tras su muerte en el 323 a.V. En el 305 a.V. asumió el título real y fundó la dinastía de los ‘Karlistas’ el predecesor, Karl VI. La Gürmania Karlista fue una de las mayores potencias del territorio, consiguiendo echar a los Kürmanos hasta orillas del Mar del Norte y someter sus territorios.

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Debido en parte a que los pasados gobernantes alipsios desempeñaron un papel reducido en los asuntos de Estado durante el periodo de los Karlistas, con frecuencia estallaron revueltas como manifestación del desacuerdo de la población, que fueron rápidamente aplastadas. En el reinado de Karl VII, el país se convirtió en un hervidero de pequeños asesinatos que culminaron en el 169 a.V. con la muerte de uno de los últimos cabecillas de las guerrillas alipsias. Tras la muerte de Karl VII, su hijo Karl VIII, obtuvo de nuevo el control absoluto del país reafirmando su lealtad hacia el año 145 a.V.
Los siguientes representantes de la dinastía preservaron la riqueza y la situación de Gürmania, pero perdiendo continuamente territorio a favor de los sacerdotes que comenzaban a organizar escritos anunciando la llegada de un mesías. Jarkov VI fue el último gran soberano de la dinastía de los Karlistas. En un intento para mantener el poder de la familia se alió con el poderoso general kürmano Adolph Swauz, pero estas acciones sólo aplazaron el final del poder de los Karlistas. Después de que sus tropas fueran derrotadas por las legiones del norte mandadas por el noble norteño Jarkov von Grauz (después rey Jarkov VII), el último líder Karlista se suicidó (año 45 d.V.). En la nueva era que empieza, la corte del rey Jarkov VII tendrá serios problemas religiosos, a causa de profecías que luego darán su fruto en hechos reales.

6. SAINT VIERJACK.

Para entender quien fue el profeta de los gürmanos hay que analizar al sujeto en cuestión, haciendo un paro en la historia del país. Durante los 20 años que siguieron hasta la llegada de su nacimiento, sacerdotes de todo el territorio vaticinaban la llegada de un hombre santo, de etnia mitad alipsia, media gürmana, que uniría a los dos pueblos bajo una única fe.

Vierjack nace entre el 8 y el 4 d.V. y morirá en el 30 d.V., se convertiría en la figura principal de la religión oficial gürmana, El Kanversismo, movimiento religioso que nacería tras su muerte.
Desde el siglo VI se considera que la era Kanversista gürmana comienza el año de su nacimiento, pero en la actualidad se cifra un error de cuatro a ocho años. Para los kanversistas, Vierjack fue el Hijo de Dios encarnado y concebido por una mortal, la mujer de un carpintero de Northzürurg. El nombre de Vierjack se deriva de la palabra gürmana Vioshuack, que completa es Yevioshuahck (‘Salvación’). Los primeros kanversistas siguieron al profeta por considerarle el libertador prometido de los alipsios-gürmanos y los más desfavorecidos; más adelante, la Iglesia lo incorporó a su nombre para designarle como redentor de toda la nación gürmana.

Las principales fuentes de información sobre su vida se encuentran en los Dögmas, escritos en la segunda mitad del siglo I para facilitar la difusión del kanversismo por todo el mundo antiguo. Las Epístolas de Saint Adrün y el libro de los Hechos de los Apóstoles también aportan datos interesantes. La escasez de material adicional de otras fuentes y la naturaleza teológica de los relatos bíblicos provocaron que algunos exegetas bíblicos del siglo XIX dudaran de su existencia histórica. Otros, interpretando de diferente manera las fuentes disponibles, escribieron biografías naturalistas de Vierjack. En la actualidad, los eruditos consideran auténtica su existencia, para lo que se basan en la obra de los escritores kanversistas.

Los Dögmas, recogen datos sobre el nacimiento e infancia de Vierjack, e incluyen su genealogía, siendo de padres alipsios pero no rebeldes. Se supone que la descripción de su genealogía se hizo para probar el mesianismo de Vierjack. Según el Dögma, Vierjack fue concebido por su madre alipsia por parte de madre, pero a la par por parte de padre tenía sangre y nobleza gürmana. Todos los Evangelios Sinópticos (los tres primeros, llamados así porque, en general, presentan una visión similar de la vida del mesías) relatan que el ministerio público de Vierjack comienza tras el encarcelamiento de varios cercanos suyos por protestar contra la represión alipsia y a las minorías sociales. El relato del ministerio público y los acontecimientos que le precedieron es similar en los Evangelios Sinópticos.

Los tres describen el bautismo de Vierjack en el río Arkön por el sacerdote Kaopth Kensuf –un viejo sabio vaticinador de las leyendas de su llegada- y su retiro durante 40 días de ayuno y meditación al borde de las altas cumbres del norte, que algunos exegetas consideran como un tiempo de preparación ritual, donde el demonio trató de tentarle.
Después del bautismo y el retiro en los altos picos del territorio, el profeta volvió a Arkotum y visitó su hogar en la zona del barrio pobre donde se quedaría antes de volver a partir. Se trasladó a Northzürurg y comenzó a predicar a las masas que se le acercaban. Según los sinópticos, fue entonces cuando nombró a sus primeros discípulos. Más adelante, cuando el número de sus seguidores creció, escogió a doce discípulos para que le ayudaran más cercanamente, a los que confiaría su plena voluntad.

En compañía de sus discípulos, Vierjack estableció su base en la capital del país y viajó a los pueblos y aldeas cercanas para proclamar la llegada del Reino que unificaría la voluntad de los gürmanos, como hicieron muchos profetas alipsios antes que él. Cuando los enfermos de cuerpo o espíritu se acercaron a él en busca de ayuda, los curó con la fuerza de la fe impresionando a los más desconfiados. Insistió en la necesaria unidad de los pueblos de Gürmania, la defensa de la familia y los valores de respeto los unos a los otros en igual condición ante Dios todopoderoso y misericordioso. La esencia de estas enseñanzas se encuentra en el los sermones que el profeta realizaba en torno a todo el territorio civilizado, uno de aquellos sermones siendo el más significativo fue a pies de la montaña en donde aguardan los restos de reyes milenarios de Gürmania, allí dicto para millares de personas las Bienaventuranzas y la oración de la Madre Tierra. El énfasis de Vierjack en la sinceridad moral más que en la observancia estricta del ritual antiguo provocó la enemistad de los nobles más adinerados, que temían que sus enseñanzas pudieran incitar a los alipsios, los pobres y las clases más bajas a rechazar la autoridad de la Ley que los acomodaba. Otros alipsios se mostraron recelosos ante las actividades de Vierjack y sus seguidores porque podrían predisponer a las autoridades en contra de los ereshyanos.

A pesar de esta creciente oposición, la fama de Vierjack se extendió sobre todo entre los marginados y los oprimidos, y el entusiasmo de sus seguidores les llevó a tratar de “arrebatarle y hacerle rey”, pero el profeta lo impidió cuando escapó con sus discípulos, día donde pronunció un sermón en el que se proclamó “pan de la fe gürmana”. Este sermón, que hace hincapié en la comunión espiritual con la unidad nacional y Dios, desconcertó a muchos de los que le escucharon, pensando que se trataba de asemejar alipsio a gürmano.
Posteriormente, Vierjack repartió su tiempo entre viajar a las ciudades del país, enseñar a sus discípulos a organizarse y pensar en los planes futuros. Según los Evangelios pasó la mayor parte del tiempo en el norte, pero muchos centran el ministerio público de Vierjack en Arkonia y el Sur.

Cerca de la Pascua gürmana –celebración religiosa muy antigua-, Vierjack viajó a Arkontum por última vez y el domingo de víspera entró triunfante en la ciudad donde le recibió una gran muchedumbre que le aclamó. Allí (el lunes y el martes, según los sinópticos), expulsó del templo a los mercaderes y cambistas que, según una vieja costumbre estaban autorizados a realizar sus transacciones en el patio exterior y discutió con los sacerdotes, los escribas, los nobles adinerados y los caballeros militares, que le hicieron preguntas sobre su supuesta autoridad y la resurrección. El martes, Vierjack reveló a sus discípulos los signos que acompañarían a la parusía, o su segunda venida.

En Arkontum, los sacerdotes, los escribas y los nobles adinerados, preocupados porque las actividades de Vierjack iban a poner a los pobres en su contra conspiraron con uno de sus discípulos, el joven Alipsio, para arrestar a Vierjack de manera furtiva, “porque temían al pueblo”, se sitúa la conspiración antes de la entrada triunfal de Vierjack en Arkontum. El jueves, el profeta celebró la cena de Pascua con sus discípulos y les habló de su inminente traición y muerte como sacrificio por los pecados de los gürmanos. Durante la cena bendijo el pan ácimo y el vino, llamó al pan su cuerpo y al vino su “sangre de la alianza, que será derramada por muchos para remisión de los pecados”, y pidió que lo repartieran entre todos. Desde entonces, los kanversistas gürmanos recuerdan este ritual, la eucaristía, en oficios de culto que constituyen el principal sacramento de la Iglesia Kanversista.

Después de la Última Cena, Vierjack y sus discípulos fueron al monte de los Olivos, donde les aseguró que volvería (de la muerte). Al presentir que la hora de su muerte estaba cerca, se retiró a orar pidiendo misericordia. Una muchedumbre enviada por los sacerdotes y los ancianos nobles, conducida por Alipsio el traidor, le arrestó.
Según Saint Adrün primero le condujeron ante Hatkhäs, máximo sacerdote de Arkontum, para un interrogatorio preliminar. Los sinópticos no mencionan este incidente, sólo relatan que Vierjack el profeta fue conducido al consejo supremo de los alipsios, donde Hatkhäs pidió a Vierjack que declarase si era “el Mesías, el hijo de Dios”. Por esta afirmación el consejo le condenó a muerte por blasfemia, pero como sólo el procurador real tenía poder para imponer la pena capital, el viernes por la mañana condujeron a Vierjack ante el rey Jarkov VII para sentenciarle.

Antes del juicio, Jarkov VII el último de los karlistas, le preguntó si era el rey de los gürmanos, Vierjack contestó: “Tú lo has dicho”. Jarkov VII intentó varios recursos para salvarle antes de dejar la decisión final en manos de la muchedumbre, pensando en que solamente serían delirios. Cuando el populacho insistió en su muerte, el monarca (Mt. ordenó su ejecución. El papel real de Jarkov VII ha sido muy debatido por los historiadores. La Iglesia antigua tendió a culpar más a los alipsios y a juzgar con menos severidad al gobernador real.

Vierjack fue llevado al monte Cruxis y crucificado en lo alto, la crucifixión era la pena real para los criminales y los delincuentes políticos. Al caer el día, su cuerpo fue descendido, y como estaba cerca el zhashar (día festivo de los alipsios), tiempo durante el cual no estaba permitido el enterramiento, fue rápidamente depositado en una tumba cercana por un adinerado alipsio amigo de la familia de Vierjack.

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El domingo siguiente, al amanecer, los familiares de Vierjack y los discípulos fueron al sepulcro para ungir el cuerpo de Vierjack antes de enterrarlo, y lo encontraron vacío. Las santas escrituras citan que después de un terremoto apareció un ángel y apartó la piedra de la entrada. En el interior de la tumba, “un joven” vestido de blanco les anunció que Vierjack había, muchos historiadores creen que en realidad el cuerpo fue escondido por los discípulos. Más tarde, el mismo día Vierjack se apareció a las mujeres y a otros discípulos en varios lugares en Arkontum y sus proximidades. La mayoría de los discípulos no dudaron en que habían visto y escuchado de nuevo al maestro que conocían y habían seguido durante el tiempo de su predicación. Pero hubo discípulos que dudaron en un primer momento, como Tomás, que no presenció las primeras apariciones Según recoge el Nuevo Testamento, la resurrección de Vierjack se convirtió en una de las doctrinas esenciales de la cristiandad, pues al resucitar de la muerte dio esperanzas a la humanidad de una vida después de la muerte en el reino de los cielos.

La vida y enseñanzas de Vierjack fueron muchas veces objeto de disputa y de interpretaciones diferentes en la historia del Kanversismo gürmano. En las primeras épocas de la Iglesia, por ejemplo, fue necesario regularizar las creencias sobre el profeta y su papel, para facilitar la conversión y responder a los kanversistas que adoptaron opiniones inaceptables para los dirigentes de la Iglesia Kanversista. Definir la naturaleza de Vierjack se convirtió en el objeto de una disciplina llamada ‘kanversitología’.


7. LA CAIDA DEL ANTIGUO IMPERIO

El emperador Jarkov VIII, sobrino y sucesor de Jarkov VII que se suicido, goberno desde el 45 d.V., competente gestor, fue objeto del descontento y de la sospecha general sobre todo de los nobles karlistas; apoyándose en el poder militar, mantuvo en el norte a su ‘Guardia Karlista’ (las únicas tropas permitidas en la capital desde el comienzo del linaje karlista), siempre prestas a su llamada. Fue sucedido por el tiránico y mentalmente inestable Dekthön III (45-51). A su muerte el título imperial pasó a Dekthön IV, cuyo mandato contempló la conquista de la opinión de las clases bajas y continuó las obras públicas y las reformas administrativas iniciadas por los antepasados karlistas. Su hijo adoptivo Jarkov IX le sucedió e inició su gobierno bajo el sabio consejo y asesoramiento de los filósofos y creyentes de Vierjack, prefecto de la Guardia Karlista; sin embargo, sus posteriores excesos de poder le condujeron a su derrocamiento y suicidio en el 68 d.V., lo que supuso el verdadero fin de la dinastía Karlista.

Los breves reinados de Kalva, Otón y Kilerio entre los años 68 y 69 d.V. fueron seguidos por el de Tirasiario, que junto a sus hijos, los emperadores Katarsio y Korso, constituyen la dinastía de los Klavios (69-96). Resucitaron la sencillez de la corte en los comienzos del Imperio e intentaron restaurar la autoridad del Senado y promover el bienestar del pueblo. La literatura floreció durante el reinado de Korso, éste se convirtió en sus últimos años en una persona cruel y un gobernante tiránico. Este periodo de terror sólo acabó con su asesinato.

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Korso II de los Klavios (96-192) fue el primero de los denominados ‘cinco buenos emperadores’. Le siguió Dracos que llevó a cabo una campaña contra los todavía rebeldes alipsios seguidores de Vierjack el profeta, permitiendo que el Imperio alcanzara su mayor extensión territorial y su mayor control; también destacó por su excelente administración. El que le precedió, Korso III consolidó el resto del Imperio y estabilizó sus fronteras. El reinado de su sucesor, Korso IV se caracterizó igualmente por el orden y la paz. Fue asesinado en el 192 y con él finalizó la dinastía de los Klavios.

Los breves gobiernos de los generales Xidoier (193) y Delacex fueron seguidos por el de Korso V (193-211), primer emperador de la breve dinastía de los Decerox. Los emperadores de este linaje fueron: Triminio (211-217), Palerdio (211-212), compartiendo el primer año de reinado de su hermano Caracalla), Palerdio II (218-222) y Triminio II (222-235). Triminio II fue un hábil gobernante; Triminio fue famoso por su brutalidad. Fue Palerdio otorgó en el año 212 la identidad gürmana a todos los hombres libres del Imperio a fin de poder gravarlos con los impuestos a los que sólo estaban sometidos los ciudadanos.

El periodo posterior a la muerte de Triminio II (235) fue de gran confusión. Tras la muerte del último Decerox, el gobierno militar de Kalasov se extendió durante 30 años, cuando el país sufrió un conflicto civil que le dio la victoria a los Gürmandos, dinastía que gobernaría desde el 265 d.V. El primero de los Gürmandos fue Karl V.

Gobernante capaz, Karl V llevó a cabo un buen número de reformas sociales, económicas y políticas: eliminó los privilegios económicos y políticos que habían disfrutado de una posición acomodada hasta el momento, intentó regular la creciente inflación mediante el control de los precios de los alimentos y de otros productos básicos, así como del salario máximo de los trabajadores, instituyó un nuevo sistema de gobierno, a fin de establecer una administración más uniforme en todo el Imperio. Karl V de los Gürmandos controlaba con comodidad todo el extenso territorio.
Karl V abdico en el 305 y dejo al territorio inmerso en una nueva guerra civil, que no acabó hasta la ascensión del hijo de Karl V, el joven Korso VI el Grande en el 315. Korso VI, que había sido con anterioridad general en el sur derrotó a sus rivales en la lucha por el poder y reunificó el Imperio eliminando a militares codiciosos. Tras derrotar en el 324 al general Karpatio, militar fuerte y astuto, Karl V quedó como único gobernante del mundo gürmano. Se convirtió al Kanversismo, que había hecho su aparición durante el reinado de Jarkov VIII y que, a pesar de las numerosas persecuciones de que fue objeto, se había difundido durante el mandato de los últimos emperadores y, a finales del siglo IV, se convirtió en la religión oficial del Imperio.
Jarkov fundo a las afueras lejanas de Arkotum la ciudad de Saint Vierjack, en honor al mártir hijo de Dios según las tradiciones y estableció la capital en aquella nueva urbe, ciudad contruida en el 330. La muerte de Karl V (347) marcó el inicio de la guerra civil entre los militares rivales del momento, que continuó hasta que su único hijo vivo, Karl Vierjack reunificó el Ejército bajo su mando en el 362.

A continuación el Imperio volvió a escindirse internamente, aunque bajo el reinado de Karl Vierjack II (hijo de Karl Vierjack) estuvo unido por última vez tras su muerte en el 395. Sus tres hijos se repartieron el Imperio: Jarkov X se convirtió en jefe del norte lo que se conoció como Reino de Northbräg (395-428), Jarkov Vierjack en rey del centro territorial con capital en la nueva Saint Vierjack y que se conoció como Reino de Arkonia (395-443) y Adakhos que gobernó el reino de Mürich al sur (395-450). Desde el año 395 hasta el año 1210, los tres reinos convivieron divididos, sus diferentes monarcas se marginaron en sus fronteras fomentando la identidad familiar y el patrimonio independiente de su linaje. Pero en el año 1199 el rey de Arkonia, Jarkov XII y la reina de Northbräg Helena II se casarón formando una alianza entre los territorios y proclamándole la guerra a el territorio de Mürich, que era gobernado por Jarkov III de Mürich. El sangriento conflicto civil entre los tres reinos del territorio que conforma actualmente Gürmania duro casi once años y ocasiono millares de muertes, pueblos arrasados y campos destruidos, la peste y las hambrunas diezmaron la demografía continental. Fue en Julio del 1210 cuando las tropas de Jarkov III de Mürich abdicaron ante los ejércitos vencedores de los reyes unidos, Helena y Jarkov. Las ciudades del antiguo reino de Mürich, entre ellas la floreciente ciudad de Mürich pasaron a manos de la administración del rey de Arkonia, Jarkov XII.

8. LOS REYES UNIDOS

El matrimonio de Helena y Jarkov supuso la vinculación de las Coronas de Northbräg y de Arkonia más la extensión de Mürich, cada una de las cuales estaba integrada por un grupo de provincias. La Corona de Arkonia comprendía a la nobleza de Arkontum, Saint Vierjack y Arkenida, además del principado de Mürich y ciudades como Shyan. La Corona de Northbräg abarcaba la mayor parte del norte territorial, a excepción de los territorios kürmanos de más allá de la cordillera; sus diversos sub-reinos se diferenciaban de los de la Corona de Arkonia en que no mantenían leyes, instituciones, monedas u otros elementos privativos, sino que se integraban en un conjunto único. Eran reinos exclusivamente sobre el papel.

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Con los denominados ‘Reyes Unidos’ no se produjo una unión de las Coronas de Arkonia y Northbräg sino una alianza socio-militar y económica. De acuerdo con la modelo ya existente en esta última, cada una de ellas mantuvo sus leyes, instituciones y monedas, y continuaron las aduanas en las zonas limítrofes. Sin embargo, ambos reyes intervinieron, en distinta medida, en la gobernación de amos reinos, y —lo que es más importante— en el futuro ambas coronas será conllevado bajo un mismo rey.

Pero el proceso hacia la integración definitiva del territorio gürmano bajo un único soberano va a ser mucho más amplio y forzoso. Los Reyes Unidos, cuando la muerte de Jarkov XII invadió trágicamente todo el extenso territorio gürmano (de norte a sur), la vasta herencia de Arkonia y Northbräg recae en Jarkov XIII (1255-1350), proclamándose Emperador de toda Gürmania.
Última edición por Gürmania el 12 Jun 2010, 17:08, editado 3 veces en total
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Notapor Gürmania » 12 Jun 2010, 14:51

HISTORIA DE GÜRMANIA

PARTE II

9. LA MONARQUIA GÜRMANICA

Apareció así la llamada “Monarquía unida Gürmanica”, o de los Gürmanos, Estado supranacional formado por múltiples reinos y territorios cuyo único elemento de unión era la persona del monarca. La Monarquía Gürmanica fue también llamada Monarquía Kanversista, en la medida en que la defensa de la ortodoxia kanversista frente a los protestantes se convirtió en una de sus principales razones de ser. Al igual que en la primitiva vinculación arkonio-norteña, cada uno de sus reinos y territorios políticos integrantes mantendrá sus leyes, instituciones, monedas y tradiciones. Con Jarkov XIII, el espacio territorial de la Monarquía Gürmanica vivió sus momentos más nacionalistas, con un territorio cada vez más unido desde la muerte de sus padres.

Tras su muerte, Vierjack II (1350-1400) impuso la orden sagrada y el culto a la fe Kanversista como patrimonio de la tierra gürmana, adiestrando a la Iglesia para darle poderes de jurisdicción frente a pecadores y traidores. El crecimiento demográfico del centro territorial –Región de Arkonia- fue especialmente importante y elevado. Las ciudades más dinámicas eran las del interior, especialmente en el valle del río Arkön. Aparte de Arkontum, que destacó por su importante papel político como sede preferente de la corte hasta mediados del siglo, vivieron momentos favorables ciudades como Arkonia, sede principal del comercio maritimo con Kürmania; Arkenida, núcleo esencial de la producción textil lanera; Selektash, famosa por sus grandes ferias internacionales, o la culta Linderborg, que albergaba la universidad más prestigiosa del entonces.

En el sur, junto a grandes núcleos urbanos que vivían esencialmente de la agricultura, el monopolio comercial con Kürmania hizo crecer a Bahía Gürmania. En las últimas décadas de dicha centuria, el asentamiento de la corte motivaría el fuerte crecimiento de Saint Vierjack ciudad imperial, que recordemos fue fundada por el emperador Karl V, el cuál edifico hermosos palacios de los que disfrutaría. Las zonas más prósperas de la Gürmania Medievo.-moderna se situaban no sólo en la Corona de Arkonia, sino especialmente en el interior territorial.

El carácter dinástico o personal, que determinaba la pertenencia a la monarquía de cada uno de los reinos y territorios integrantes de la misma, y la fuerte autonomía que conservaban, junto con la existencia de unas instancias superiores de gobierno en la corte, junto al rey, hicieron de la monarquía de los llamados ‘Gürmanos’ una curiosa mezcla de autonomía y centralización que mellaría en la estructura del futuro Estado unificado. El poder del rey no era el mismo en todos los reinos y territorios, como tampoco eran similares el potencial demográfico y económico de los mismos. En estas condiciones, la riqueza y prosperidad arkona (del centro territorial) —incrementada posteriormente por la plata que provenía de Kürmania— junto al fuerte desarrollo del poder regio en la Corona de Arkonia, la convirtieron, ya desde tiempos de los Reyes Unidos, en el vivero fundamental de los recursos humanos y materiales y en el centro de gravedad de la monarquía. Ello tuvo claras ventajas para los grupos dirigentes arkonianos: la alta nobleza, los miembros destacados del clero o los letrados disfrutaron de los principales cargos de la monarquía, hasta el punto de provocar recelos en otros territorios. Sin embargo, para el pueblo llano, que pagaba los impuestos, la realidad imperial de la monarquía de los reyes ‘Gürmanos’ no supuso sino una creciente fiscalidad y el envío de muchos de sus hombres para abastecer los ejércitos. El sometimiento de Arkonia a la política imperial de los reyes ‘Gürmanos’ fue aún mayor tras el fracaso de la Revuelta de los Estados (1420-1425) —de carácter urbano y popular— contra la política del emperador Vierjack III hijo de Vierjack II, que reino durante 50 años. Cuando la guerra termino, el mismo monarca mando crucificar a los cabecillas militares, que eran sobre todo de origen norteño. La crucifixión era todavía palpable bajo el control además de la Sacra Inquisición, órgano policial y castigador de la Iglesia Kanversista sobre el populacho.



Vierjack III (1402-1452), aunque por decisión de su padre había sido separado del título imperial y del patrimonio de la familia Gürmana, se convirtió en el monarca más poderoso de su tiempo, más aún cuando, en 1430 tras haber resuelto una revuelta nacional, añadió la corona de Kürmania, al ser nieto por línea materna del rey kürmano Khörtö VI. Su política siguió el eje trazado por el emperador Vierjack II: conservación de la Monarquía Gürmanica y lucha contra los enemigos del kanversismo, es decir, los protestantes y los alipsios ortodoxos.

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Bajo el reino venidero de Vierjack IV (1454-1503), la Monarquía vivió un periodo de relativa tranquilidad. Este joven monarca, muy arraigado a la educación religiosa y indiscutible soldado al servicio de Vierjack el santo profeta; ordeno edificar la ciudad santa dentro de los terrenos de Saint Vierjack. Para ello emprendió un largo proyecto de edificación en la roca de la colina del monte Cruxis –donde crucificaron a Saint Vierjack y en donde todavía se seguía sentenciando la pena capital-. La construcción estaba fundamentada por el alzamiento de una inmensa cruz en lo alto del monte, la cruz se prolongaría hasta 150 metros al cielo. El propósito del interior de la colina fue dado para la creación del Valle de los Caídos, en donde serían enterrados emperadores y valientes militares muertos en combate. Fue un costoso proyecto financiado por las todavía divididas administraciones reales, se piensa que el reino de Arkonia fue el mayor inversor dado que el monumento estaría localizado en la capital.

La duradera construcción –se cree que 14 años- fue seguida por Karl VI (1503-1565). Además su administración real estuvo dominada por la figura del conde-duque de Mürich (1530-1565), cuyo programa de reformas administrativas, fiscales y militares quedó de por si marcado en un rey, que cada vez se concienciaba más en la ayuda de un hombre para el gobierno. El país cada vez extendía más la duración de sus años sin guerras, las revueltas ereshyanas del sur eran casi inexistentes, y la unidad nacional asomaba cada vez más por el horizonte. El siglo termina con la subida al poder de Joan Karl II ‘El Sacro’ (1565-1610) que impulsa el culto al kanversismo e idolatra las imágenes de Vierjack y sus apóstoles. Prosigue el pausado proyecto de ciudad santa, construyendo un descomunal palacio adornado sobre una extensa plaza rodeada de columnas estilo antiguo. El rey obsesionado con dar poder a la santa Iglesia, nombra un regidor santo que se encargará de mandatar la ciudad santa. El Sacre Palantum conformará la cúpula de gobierno de la Iglesia Kanversista.Fue el sacerdote Adrün I el primer ‘Pater’ de la comunidad kanversita, regidor de Dios y representante de Vierjack en la tierra. Tras la muerte de cada ‘Pater’, un consejo conformado por sumos sacerdotes –llamados cardenales a partir de este momento- nombraría al nuevo padre de la Iglesia, con la venia del rey.

El proceso de decadencia de los reyes de la Casa Gürmana culmino bajo el reinado del valeroso militar Vierjack V (1610-1675), con el reconocimiento de la independencia de Kürmania (1668). Los territorios empezaban aún así a dar síntomas de recuperación demográfica y económica. Ante la manifiesta incapacidad de Vierjack V para engendrar un sucesor, las familias nobles negociaron diversos repartos de la herencia de los llamados ‘Gürmanos’. Finalmente, Vierjack V otorgó testamento en favor de Filiph ‘El Bello’ nieto de Klander Störmz un importante general del sur, con lo que el trono de Gürmania pasó a la Casa de los Strömz. La existencia de otro pretendiente, el archiduque de Arkonia, Karl de Gürmania, vinculado también a los monarcas que habían gobernado por reiterados lazos familiares, junto al temor que inspiraba el poder de las revueltas internas, fuertemente incrementado por la herencia del trono por el hijo de un poderoso caudillo militar, provocaron la llamada ‘Guerra de Sucesión’ (1675-1713), que no fue sólo un conflicto monárquico especifico, sino que en el pueblo llano tuvo características de guerra civil, enfrentando a los leales a Filiph I con los partidarios del archiduque, especialmente numerosos en la Corona de Northbräg y todo el sur.

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El desenlace de la guerra, en 1713, supuso el fin de la Monarquía Gürmanica, pues sus dominios como familia pasaron a manos de los rivales del bando militar, en beneficio sobre todo de las poderosas familias militares. La conclusión de la guerra en 1713 reafirmó en el trono a Flipih I, quien, en castigo por el apoyo a su rival, suprimió las instituciones y leyes particulares de los reinos y territorios de la Corona de Northbräg. Así pues el poder político, en la Gürmania del siglo XVIII se organizó, así, de forma centralista.

El siglo XVIII fue en general un periodo de recuperación demográfica y económica, favorecida por las medidas reformistas, especialmente intensas durante los reinados de los predecesores Filiph II, y sobre todo, de Flipih III. A finales de la centuria, la población total gürmania podía estar entre los 1.00.000 y los 1.300.000 habitantes. Apoyada en su imperio del mar, la Gürmania de este siglo fue una potencia importante en la política del control de los mares, si bien su política exterior careció de la grandeza de tiempos pasados y estuvo casi siempre demasiado vinculada a no intervenir ni preocuparse. El influjo de la Ilustración —y el paso del tiempo— redujo considerablemente la importancia de la Sacra Inquisición, que a finales del siglo había dirigido su actividad a la persecución de las nuevas ideas ilustradas, procedentes de los nuevos tiempos, y a la censura de libros (la persecución contra alipsios y protestantes —o conversos— se había reducido, fundamentalmente porque su número era ya muy escaso). Pese a los signos de crisis detectados durante el reinado de Filiph IV, la invasión kürmana de 1808 vino a truncar la evolución positiva de la Gürmania del siglo XVIII.

10. LA GUERRA DE INDEPENDENCIA

La Guerra de la Independencia gürmana, simbolizo un conflicto de liberación nacional, entablado en territorio gürmano contra la invasión kürmana del norte, perteneciente a una de las fases de las conocidas como Guerras Napoleónicas, finalmente el 4 de mayo de 1814, fecha ésta en la que el rey Flipih IV retomó el gobierno absoluto. La lucha, se produjo ante el secuetro del rey por parte del gobierno Kürmano y la total libertad de las tropas kürmanas en territorio nacional. Fue el pueblo llano e incluso el clero quien verdaderamente combatió frente al invasor extranjero. Cuando la población civil exalto y salió a la calle a pedir armas, el ejército –en su mayoría- ante la pasividad de un gobierno corrupto y pro-kürmania, acabo cediendo terreno al revolucionario pueblo gürmano y dándole armas. El combate se produjo en determinadas ciudades del país y estuvieron basados en la defensa de los sitios a las ciudades, ningún combate fue en campo abierto.
El retorno de Flipih IV en 1814 truncó las ilusiones reformistas dando paso a un anodino reinado que se prolongó hasta 1833, caracterizado por la recuperación del más puro absolutismo, salvo el pequeño inciso correspondiente al llamado ‘Trienio Liberal’ (1820-1823) en donde la monarquía cedia poder de gobernación a la presidencia de gobierno cada vez, con más intensidad. La histórica frase pronunciada por Flipih IV tras la creación de un texto constitucional en 1414 “marchemos todos francamente y yo el primero por la senda constitucional”, pronto se demuestra incompatible con sus verdaderas intenciones. La ayuda de la conservadora, materializada en el envío de tropas fieles al absolutismo real al mando del duque Larkov, durante la primavera de 1823 (los denominados Cien Mil Hijos de SanVierjack), puso punto final a esta experiencia constitucional y cedió el paso hasta 1833 a la ‘Década Ominosa’, según el calificativo acuñado por la historiografía liberal. En el camino quedan las tristemente célebres depuraciones (‘purificaciones’), un ejemplo de la represión ejercida con los liberales.
El reinado de Filiph IV, marcado por el desgaste personal de continuos desfiles ministeriales y la ausencia de alternativas en la resolución de los agobios presupuestarios, tuvo en la mediocridad su nota más destacada. Prueba de ello es que, al cierre de este primer tercio del siglo XIX, del viejo imperio se desintegraba lentamente con una compleja crisis sucesoria, delicada herencia que recibió el pueblo gürmano a la muerte del rey, en septiembre de 1833, causante de tres guerras civiles entre karlistas –conservadores- y liberales a lo largo de la centuria decimonónica.
El contencioso entre los partidarios de la hija de Flipih IV, la bella Helena III, heredera del trono por la Pragmática Sanción de su padre, derogatoria de la Ley Sálica, y los partidarios de Karl vöun Northbräg, poderoso militar cercano al monarca y presunto sucesor a la corona hasta las postrimerías del reinado, originaron las nuevas Guerras Karlistas, conjunto de conflictos que superan con mucho la sencillez interpretativa de un mero conflicto dinástico. Bajo este enfrentamiento de alcance mayoritariamente norteño se esconden, entre otros complejos ingredientes de guerra de religión, guerra de guerrillas y defensa foralista de privilegios locales, dos maneras contrapuestas de entender el presente y el porvenir: la del campesinado y su entorno agrario, frente a la celeridad del mundo urbano; la bandera de la descentralización del viejo régimen, en lugar del liberalismo económico en ciernes; la pervivencia de rancios valores y tradiciones, en contraposición a la secularización homogeneizadora del régimen burgués. Con negros presagios inició su andadura el régimen liberal.


11. EL REINADO DE HELENA III


El reinado de Helena III abarca el segundo tercio del siglo XIX, desde 1833 hasta la revolución de 1868, que obliga a la reina a salir del país en pos de una ‘Gürmania con honra’. Previamente, se estableció una etapa de minoridad y regencia del general Strouper, clausurada en 1843 al proclamarse oficialmente la mayoría de edad de la heredera del trono con apenas 13 años. Las notas más sobresalientes del legado político helenístico fueron el desmantelamiento de los fundamentos económicos y jurídicos del antiguo régimen real, perfilado por los partidarios de la Constitución de 1814 o liberales -disolución del régimen señorial, desvinculaciones y proceso de desamortización-, y la puesta en marcha de una revolución burguesa imperfecta, pero que provoca cambios cualitativos en la organización social (sociedad clasista) y política (constitucionalismo), las relaciones de producción (economía capitalista), y las estructuras mentales (utilitarismo y mentalidad burguesa entusiasta de la propiedad y el ahorro).


12. EL SURGIMIENTO LIBERALISTA



El discurrir histórico de la Gürmania contemporánea dibujó una entrecortada senda debido a que el afianzamiento del nuevo orden liberal, a partir del segundo tercio del siglo XIX, chocó con múltiples resistencias emanadas de distintos flancos (el resucitado karlismo, poderes fácticos, viejas familias nobles privilegiadas). Las manifiestas interferencias entre los poderes civil, militar y religioso se traducen a lo largo de dicha centuria en una cadena de desencuentros y tensas relaciones entre la Iglesia y el Estado (proceso desamortizador), unidos a intermitentes pronunciamientos militares de matiz conservador o progresista, artífices de los relevos gubernamentales y los sucesivos vaivenes constitucionales.
Comprobada la tibieza del decretado ‘Estatuto Real’ de 1834, la última ‘Carta Otorgada’ de la monarquía gürmana por la que la regente Helenida III, en plena Guerra Karlista, decide desprenderse de algunas atribuciones, sucesivos textos constitucionales de talante moderado (la Constitución de 1845) o progresista (Constitución de 1856), fijaron las reglas del juego político de esta etapa. Todos ellos coincidían en limitar el voto a los varones que reunieran determinados requisitos económicos o sociales (sufragio censitario), sin aceptar la participación popular en la vida pública ni resistirse a volcar en el articulado constitucional sus ideologías y programas políticos; de ahí la escasa vigencia y trasiego de estas normas fundamentales, al arbitrio de coyunturas políticas. Los roces entre los poderes militar y civil en la Gürmania helenistica fueron permanentes, con implicaciones de carácter personal y liderazgo político de insignes militares al frente de los principales partidos (Moderados Liberales, Karlistas, Conservadores y Tradicionalista), al igual que el contexto bélico y la sobreactuación del Ejército se convirtieron en componentes habituales del paisaje territorial. Algo parecido ocurrió con la Iglesia, aferrada desde tiempos inmemoriales a sus amortizados patrimonios y privilegios y cuyo pulso con el Estado a raíz de la desamortización acabará en amistosa reconciliación plasmada en el Concordato de 1851, vigente hasta la dictadura nacional-socialista.
Si exceptuamos el ‘Bienio Progresista’ (1854-1856) y algunos tramos del periodo subsiguiente de gobierno de la Unión Liberal, el moderantismo es la ideología dominante en la monarquía helenística, que encontró en la emblemática ‘Década Moderada’ (1844-1854) sus más duraderas realizaciones. Sirvan de muestra, al margen de la histórica creación de la Guardia Imperial, la centralización administrativa y jerarquización burocrática acometidas durante dicho periodo, de probada eficacia en connivencia con las oligarquías locales, y el centralismo asumido en la estructuración territorial del Estado, contrario al hecho diferencial y partidario del modelo uniforme. La confusión entre unidad y uniformidad fue un rasgo sustancial del liberalismo doctrinario decimonónico.
La sublevación de Mürich desatada en septiembre de 1868, con el brigadier Joan Kurlovz –poderoso militar- a la cabeza, en pocos días llevó al exilio a la reina en medio de una gran expectación e incertidumbre. Detrás de estos acontecimientos revolucionarios se vislumbraba la incidencia desarticuladora de la crisis financiera de la década de 1860, junto al desprestigio interno de un régimen favorecedor de las clases propietarias y el descrédito personal de la propia Helena III. El mayor problema estribaba en que, bajo la Gloriosa (nombre con el que se conoce la revolución de 1868), se plantearon muy diferentes soluciones a los males de la patria. Mientras que el general Kurlovz, cerebro pensante del golpe militar y redactor del Manifiesto, defendía una monarquía democrática.
El conocido como ‘Sexenio Revolucionario’ (1868-1874) presentó una cambiante morfología política, como acreditaron sus variados sistemas políticos: regencia del primo de Helena III el archiduque Francoiçe, la monarquía democrática de su predecesor Francoiçe II y la venida Primera República de tinte federal, unitario y presidencialista. Ahora bien, estas céleres transformaciones resultaban en buena medida superficiales, por cuanto pervivían hipotecas y numerosos rasgos de continuidad con la etapa anterior (aparato estatal, entramado socioeconómico), que explican a la postre el fracaso de este primer intento por consolidar un Estado democrático y de derecho en Gürmania. Ése era el objetivo de la Constitución de 1869, la primera en proclamar el sufragio universal masculino, la libertad de cultos pública y privada, y otros derechos fundamentales como los de reunión y asociación, claves para la formación del incipiente movimiento obrero en su vertiente política y sindical.
La renuncia irrevocable al trono de Francoiçe II en febrero de 1873 supuso, en plena combustión política y con fundadas dudas sobre su legalidad constitucional, la paradoja histórica de que un parlamento mayoritariamente monárquico votara, en un alarde de pragmatismo, la instauración de un régimen republicano. La meteórica experiencia de la Primera República, cuyo advenimiento transaccional provino de una negociación política, no consiguió traducir sus propuestas en una estabilidad parlamentaria, ni afianzar la Gürmania progresista soñada por una generación incapaz de traspasar el umbral de una revolución teórica. Por el contrario, la radicalización y el mesianismo revolucionario que ahogaron la fórmula federal contenida en el proyecto constitucional, cristalizaron en la revolución cantonal, un cóctel de frustraciones de índole regional, social y política.
Las tropas del general Gerbalso dentro del Parlamento, en enero de 1874, se encargaron de poner el broche final a esta fugaz experiencia, a la vez que el pronunciamiento golpista del general Slazaro Salvatore (Mürich de nuevo) unos meses después, disipó toda duda sobre el futuro próximo. Así se cierra esta página de la historia de Gürmania, donde la clase obrera comprendió que la burguesía nunca haría su revolución, y el regionalismo probó el sabor amargo tanto del centralismo como de la atomización cantonal. Fracasada la experiencia democrática del denominado Sexenio Monarco-Democrático con la ayuda de Francoiçe II, tan esperanzadora como meteórica (1868-1874), el régimen oligárquico de la Restauración monárquica introdujo a Gürmania en el umbral del siglo XX sin consolidar el ensayado bipartidismo –Moderados y Conservadores- ni asentar un sistema de partidos garante de la reclamada estabilidad en la vida pública.



13. LA RESTAURACIÓN DE LA MONARQUIA

De la mano de Slazaro Salvatore, Gürmania retornó en 1875 a la forma de gobierno tradicional y a la dinastía Strömz con la figura de Francoiçe III, hijo de la destronada Helenida III. Liquidada la tercera Guerra Karlista y obtenido el beneplácito de la nobleza y parte de la burguesía, para la opción restauradora, las preocupaciones de los nuevos gobernantes se centraron en olvidar las turbulencias del ‘Sexenio Revolucionario’ y redactar un texto constitucional ajustado a las necesidades del momento.
La Constitución promulgada el 30 de junio de 1876 reprodujo el pensamiento político conservador de su principal artífice, Slazaro Salvatore un hombre plenamente monárquico. En ella se potenció de forma explícita el papel de la Corona imperial y la confesionalidad del Estado, al tiempo que se establecía un limitado sumario de derechos y libertades, para agradar las corrientes liberales del país. La Constitución conservadora de junio de 1876 fue la más sólida del panorama nacional al mantenerse en vigor hasta el golpe militar de 1923, regulaba una monarquía limitada en la cual la Corona se reservaba amplias prerrogativas merced al control del poder ejecutivo (nombramiento y cese del gobierno) y de la vida parlamentaria (disolución de las Cámaras, sanción y promulgación de las leyes). La defensa de la soberanía conjunta (Rey-Parlamento), de la que el general Salvatore era su principal valedor, sintonizaba con la reeditada confesionalidad del Estado, la imprecisión a la hora de regular los derechos ciudadanos, pendientes por tanto del desarrollo normativo posterior, y un sinfín de calculados silencios, que hacían de la ambigüedad la clave de su dilatada vigencia. El bipartidismo nacional con conservadores y liberales turnándose en el poder, encontró en Salvatore el carismático dirigente de este sistema oligárquico y caciquil, que funcionó con escrupulosa regularidad hasta el nuevo siglo. La desaparición del general y el fraccionamiento de sus respectivos partidos, víctimas de ambiciones y luchas intestinas, dieron al traste con este viciado aunque eficaz diseño político.
Flanqueado el siglo XX, la subida al trono de Francoiçe IV en 1902 dio comienzo a un reinado donde iban a resultar fallidos los intentos de desterrar el caciquismo y lograr la ansiada regeneración nacional. Acontecimientos como el ‘Mes Trágico’ de 1909, que alió a los socialistas con los republicanos en contra del gobierno, o la interpretación de ataque frontal a la Iglesia y ruptura de relaciones con Roma a raíz de la Ley del Candado de 1910, evidenciaban la visceralidad con que todavía se abordaban algunos temas sin resolver y las aludidas interferencias de poderes, rasgo medular de la contemporaneidad española.
La coyuntura exterior, desde la gran guerra que desbarató la vida de los europeos, a los contratiempos marroquíes, cada vez más dolorosos para España, contribuyó a agravar el deterioro de la política nacional, con gabinetes de gestión y concentración que, a duras penas, capearon el temporal frente a una sociedad por momentos desencantada. La crisis de 1917, una compleja revolución militar, burguesa y proletaria que estuvo a punto de hacer saltar por los aires la monarquía de Francoiçse, concluyó con la cesión del poder civil ante las imposiciones militares. Las presiones de las Juntas de Defensa sobre un ejecutivo impotente, acarrearon una imparable militarización de la vida pública. En medio del descontento generalizado, el desgaste de la Corona y la falta de credibilidad de las instituciones abrieron de nuevo la puerta a los golpistas ante la claudicación vergonzante del poder civil.

14. DICTADURA DE FRANCOIÇE SALVATORE


Frente a la interpretación tradicional del periodo comprendido entre 1923 y 1930 como un paréntesis en la historia de Gürmania, acogiéndose a las propias palabras del dictador, recientes investigaciones apuntan a que la balsa de aceite y el adormecimiento sólo constituían mera apariencia. La “letra a noventa días” con que Francoiçse Salvatore –hijo de Slazaro Salvatore- se presentó al país, dispuesto en tan breve plazo de tiempo a restablecer el orden público y abandonar de inmediato la escena política, poco tenía que ver con la realidad. Se produjo, por el contrario, un sexenio de férreo control gubernamental, en el que se consumó el hundimiento definitivo de los viejos partidos dinásticos de la Restauración y fracasaron estrepitosamente los conatos reformistas de impronta monárquica.
La singular figura del capitán general F. Salvatore, que accedió al poder manu militari cuando muchos creían que los pronunciamientos eran agua pasada, resultó controvertida y, salvo la fidelidad irreductible de algunos cercanos, la mayoría de sus biógrafos rechazan la imagen regeneracionista de ‘cirujano de hierro’ y salvador de Gürmania. Su escasa formación intelectual y demagogia popular quedaron patentes desde un principio, como denota el célebre ‘Manifiesto’ fechado el 12 de septiembre de 1923, inicio programático tanto de su pintoresca literatura como de su trayectoria al frente de los destinos de Gürmania. La anuencia regia al golpe, otorgó vía libre al primer gobierno exclusivamente militar de la historia de Gürmania, una experiencia que se prolongó hasta finales de 1925 y centró su mensaje en la recuperación del orden público y la firma de la paz exterior, aunque para ello se exigió un alto precio (disolución de las Cortes, suspensión del texto constitucional, proscripción del comunismo y el anarquismo, rechazo de la vieja política, la lucha de clases y el regionalismo, entre otras agresiones).
Lejos de retirarse en consonancia con la argüida provisionalidad, el general Francoiçse Salvatore se afanó por institucionalizar el régimen dotándolo de tres pilares básicos: un partido político, amparado por el ejecutivo y beneficiario del aparato del Estado (La Unión Patriótica), un Parlamento incondicional de matiz no decisorio (La Asamblea Nacional Consultiva), y un tardío y deslavazado borrador constitucional de signo ultraconservador (proyecto de 1929). Durante este Directorio civil, responsables de los Ministerios de Trabajo y Hacienda, practicaron una política social corporativa para la que obtuvieron colaboración socialista en su dimensión política y sindical, y una política económica de signo intervencionista, censurada por desaprovechar estos años de coyuntura alcista. Con todo, algunas realizaciones novedosas, como la creación del monopolio fiscal de Gürcsa en contra del parecer de poderosos grupos de presión, resultaron más rentables a las arcas del Estado que las estimaciones de partida medianamente optimistas.
La inoperancia de unas instituciones prefabricadas, el descontento de cualificados sectores financieros que veían tambalear sus prerrogativas, la oposición estudiantil, y las discordias en la institución militar con motivo del conflicto artillero y la implantación del ascenso por designación en detrimento de la antigüedad, sumieron al régimen en el más absoluto desconcierto. La caída del dictador en 1930 arrastrará al rey y a la propia monarquía, herida de muerte por la aceptación en su día del levantamiento golpista y por su estrecha complicidad con un orden de talante autoritario y pseudodemocrático.


15. LA II REPÚBLICA DE GÜRMANIA Y LA GUERRA CIVIL

Los quince meses que transcurrieron entre enero de 1930 y abril de 1931, fecha de nacimiento de la II República gürmana, evidencian la ineficacia de los gobiernos de parcheo militar pasados, incapaces de apuntalar la militarizada monarquía. En medio de crecientes críticas al régimen del general Salvatore y a su cabeza visible, Francoiçe IV, el espíritu conservador comenzaba su extinción emergiendo un sentimiento cada vez más libertador y socialista..

Así se comprende cómo unas simples elecciones municipales convocadas para el 12 de abril de 1931, desvirtuaron su sentido para convertirse en un auténtico plebiscito a favor o en contra de la monarquía. El triunfo de las candidaturas republicanas en los principales núcleos de decisión -las ciudades- provocó la inminente expatriación del monarca y la proclamación ilusionada de la II República, sin ruido de sables ni derramamiento de sangre. Este advenimiento pacífico, al igual que la experiencia similar decimonónica, se contrapone a su cruento final marcado por tres años de enfrentamiento civil, el elevado precio del derribo de la legalidad republicana.

Dentro del periodo que comprende la clasificación convencional en dos epígrafes de contrastado signo (Bienio Reformista y Bienio Restaurador), más un agitado semestre den Frente Popular que desembocaría en la guerra, descuella la etapa republicano-socialista de 1931 a 1933, empeñada en la ardua tarea de modernizar Gürmania. En este compromiso reformador se inserta la Constitución democrática aprobada en diciembre de 1931, un texto representativo de los avances jurídicos del momento, con especial sensibilidad hacia la cuestión social y los derechos de los ciudadanos, regulados de manera pormenorizada frente al laconismo habitual.

La reforma militar acometida por el presidente socialista Jarkov Zesegä (1931-1935), tendente a racionalizar un Ejército anticuado e hipertrofiado; la controvertida reforma religiosa, ideada con la pretensión de regular al fin las relaciones entre la Iglesia y el Estado, pero desde un apasionamiento anticlerical que confundía el laicismo con el cobro de facturas pendientes; la novedosa apuesta en la estructuración territorial por el Estado integral y autonómico, comprobadas las fisuras del centralismo y de la solución federal; o los conatos parciales de reforma agraria, un retoque superficial a la desequilibrada estructura de la propiedad de la tierra, son algunos ejemplos reseñables de la aludida vocación reformista y de las contradicciones inherentes a una “República democrática de trabajadores de toda clase”. Las elecciones de 1935, tras unos años de plena reforma continua, cambiarán de rumbo el país, otorgando la victoria al Frente Popular de Gürmania (FP), mucho más radical que los socialista, con una base de principios ciertamente comunista libertaria.

La rebelión militar de julio de 1936 extendida desde las altas cumbres del norte y planificada desde Mürich y Kalish, fruto de una conspiración en la que participaron Adolph Karaskov, Jarkov Marskall, Marcö Palazei, Joan Karl Valasnikovä y otros oficiales, supuso el estallido de una Guerra Civil más larga de lo imaginado por los insurrectos, desbordados ante el cariz del choque bélico. La resistencia republicana, especialmente férrea en Saint Vierjack, Arkonia, Arkontum, Klosses y algunos puntos del norte peninsular, trastocó los cálculos iniciales y obligó a los sublevados a cambiar el guión y convertir un clásico pronunciamiento en lo que ellos denominaron “cruzada del Glorioso Alzamiento Nacional, orientada a la reconstrucción espiritual de Gürmania frente a las hordas comunistas”.
La sociedad civil de ambos bandos sufrió los rigores de una guerra incomprendida, que los dividió en dos frentes irreconciliables. La desarticulación de la Gürmania republicana promovió ensayos de revolución social y política, al amparo de la socialización de los medios de producción, las colectivizaciones agrarias y el control obrero de la industria y la gestión de los servicios básicos. Por su parte, en el lado opuesto, la construcción del nuevo Estado, una simbiosis político-religiosa de difícil catalogación, ocupó los desvelos de la Junta de Defensa Nacional y del jovencísimo pero veterano (tan solo 30 años) general Adolph Karaskov en concreto, a quien disposiciones de 1938 y 1939 (30 de enero y 8 de agosto, respectivamente) designaron jefe del Estado, del gobierno, del partido único (el partido nacional-socialista llamado Centuria Imperial y fundado por el hijo del antiguo dictador Salvatore, Joseph Jarkov Salvatore asesinado en la guerra) y de las Fuerzas Armadas, con carácter vitalicio.
La victoria del Nacional-Socialismo, anunciada con solemnidad el 1 de abril de 1939, más que la paz inició una dura posguerra en un país arrasado y con un elevado balance de pérdidas humanas y materiales. La regresión económica, a tono con la involución de la estructura de la población activa hacia el sector agrario, irá acompañada de una política represiva, difícil de cicatrizar en la sociedad gürmana.


16. LA DICTADURA NACIONAL-SOCIALISTA DE KARASKOV

Durante algo más de seis décadas, las que median entre 1939 y 2000, Gürmania vivió bajo las órdenes supremas del general Adoph Karaskov, carismático vencedor de la Guerra Civil, superdotado militar y esplendido orador, controlador de masas. El triángulo de sustentación del 18 de julio: Ejército, Centuria e Iglesia, con su reparto de papeles coactivo, ideológico y legitimador, cimentó un régimen autoritario y paternalista, resucitador de las ideas conservadoras del antiguo imperio, xenófobo, racista y militarista.
Bajo la coartada de la ‘democracia orgánica’ y en una clara operación de maquillaje, se convocaron elecciones dos años después de la guerra civil. Lo que parecía ser una inédita respuesta de un régimen ultraderechista, mostro al final su cara represiva cuando se mostraron las dos únicas candidaturas a el control del Estado. Estas fueron las presentadas por los partidos políticos Centuria Imperial –con Joseph Jarkov Salvatore- y la vieja Unión Patriótica –presidida por Adolph Karaskov-, ambas eran las únicas facciones legales desde el final de la guerra. Las elecciones de Mayo de 1940 dieron la victoria con un 90% a la Unión Patriótica, reafirmando a Adoph Karaskov en el poder. En realidad los comicios fueron amañados por el poder que ya ejercía la ultraderecha en el Estados, colocando a Adoph Karaskov como líder indiscutible.
El general, para conciliar el apoyo del poderoso partido Centuria Imperial, otorgo los puestos ministeriales a muchos de sus miembros, pronto disolvió la Unión Patriótica para centrar su gobierno bajo Centuria y el ejército. Muchos años después, poco a poco se fue fraguando la lenta institucionalización del régimen, que se dilató desde 1942 (fecha de aprobación de la Jurisdicción del Trabajo) hasta enero de 1967 cuando ve la luz la ‘Ley Fundamental del Imperio’, texto que simbolizaría al régimen nacional socialista, y que, entre otras se encontrarían textos como la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado de 1947, Ley Marcial del Ejército Imperial (1960) y Ley de Principios Fundamentales del Movimiento Nacional, de mayo de 1958, delimitadora de una monarquía imperial, kanversista y social). El país estaría resguardado por el control de una eficaz y militarizada policía conocida como las ‘doble K’ o Kchutz Ktaffel –Escuadras de protección-.

El desarrollo interno de la dictadura nacional-socialista admite una relajada disección al coincidir prácticamente sus hitos referenciales con los indicadores sociales, políticos y económicos que marcan el tránsito de una década a otra. Mientras los años de la década de 1940 se caracterizaron por la introspección y la autarquía, imprescindibles para alcanzar la pretendida autosuficiencia económica, la década bisagra de 1960 presentó connotaciones muy diferentes. Tras el aislamiento exterior con Kürmaniay la mal disimulada neutralidad y no beligerancia, en estos años centrales del siglo XX se consuma la inserción pacifica con los vecinos y el afianzamiento continental del régimen, merced a la firma en 1965 de pactos económicos y militares con la misma Kürmania coetáneos en el ámbito interior al Plan de Estabilización y los primeros sondeos planificadores de la sociedad del bienestar.
La década de 1970, tan impactante en todo el mundo, significó para Gürmania la consecución de un desarrollo económico sin precedentes, no exento de desequilibrios sectoriales y regionales, así como un giro tecnocrático en la vida política, que mostró síntomas de apertura y adaptación. Las migraciones de uno y otro signo que surcaron la geografía nacional con sus secuelas demográficas y especulativas, las transformaciones socioeconómicas y las consignas del exterior impulsaron, con el beneplácito de la nueva clase dirigente, el adiós al anquilosamiento político. Al igual que había sucedido en 1956, pero con mayor intensidad y carga ideológica, la agitación estudiantil y la conflictividad obrera patentizaban, desde otro ángulo de análisis, la necesidad de cambios profundos.
La confluencia en la década de 1970 de factores negativos para el régimen de muy variopinta procedencia (crisis energética, huelgas y oposición antifascista, terrorismo), acabó por descomponer un orden obsesionado con su permanencia. La larga agonía del general Karaskov, fallecido a finales de 2000, simbolizó el agotamiento del sistema, mientras el pueblo se interrogaba sobre la capacidad de supervivencia del sistema nacional-socialista sin su máximo representante.


17. LA DEMOCRACIA Y LA III REPÚBLICA


La muerte del dictador en 2000 y el posterior proceso transitorio hacia la democracia, Gürmania siempre ha guardado un estrecho lazo con la monarquía y una fuerte creencia en los valores que representa la figura del monarca, valores los cuales han simbolizado estandartes pasados para el pueblo. Aún así y con la posibilidad del retorno de un monarca al gobierno, las masas y los principales políticos –exiliados sobre todo- convocaron un referéndum, para aprobar la República o la monarquía parlamentaria.

Hay que recordar que con el surgimiento del fascismo gürmano, la terrible situación económica, el crecimiento de la inseguridad el pueblo asustadizo se afilio a la derecha nacional. La figura del rey exiliado esperando volver al trono, el recuerdo de la mala gestión de la monarquía antes del drástico estallido del golpe de Estado militar.

Adolph Karaskov, se hizo con el poder manchándose las manos de sangre en una cruenta lucha durante casi 4 años, en donde una resistencia progresista, republicana y la coalición comunista libertaria acabarían siendo los derrotados, exiliados, perseguidos y torturados. El golpe fascista se afianzó instaurando un represivo sistema autoritario encabezado por un caudillo, muy pronto el propulsor del golpe se hizo nombrar ante el pueblo como 'Kreichservolks' -Jefe del pueblo-. Un acto bajo el respeto y el respaldo incondicionales del ejército vencedor.

Así pues desde 1939 hasta el año 2000, el nuevo Estado represivo, xenófobo, machista e intolerante, torturó, persiguió y mato a todo aquel detractor que se opusiera. El Ejército pasó a tener control sobre la seguridad y en su derivación se implantó un nuevo cuerpo policial conocido como las terribles 'doble K', un perfeccionado organismo de represión, verdaderas patrullas de la muerte.

Tras el fallecimiento del dictador, y con al menos diez años de gestión clandestina como proyecto de golpe de Estado; la democracia abrió las puertas tanto a encarcelados como exiliados, el pueblo voto un brillante referéndum para aceptar la celebración de unas elecciones que dieran el poder al representante de los gürmanos, un hombre, elegido en sufragio cada 4 años que aceptase la Ley Fundamental de derechos y obligaciones como nación auto-independiente y soberana.

El referéndum dio un rotundo SI, consiguiendo la victoria con un 80 % de votos, esto provocó la celebración de unos comicios totalmente democráticos, bajo la tutela de un presidente provisional. El gobierno 'provisional' durante el año 2000 y la preparación de los comicios fue llevada a cabo por el exiliado político Meckler Fossenz, un hombre de centro y muy progresista, en el que recaerían el titulo de Cancíller del Estado y Presidente del gobierno (Kreichzilleer). A partir de entonces las riendas del país seguirían recayendo sobre un solo hombre, pero esta vez elegido bajo sufragio universal, respaldado por el senado y el parlamento.

Los primeros comicios en sufragio universal, fueron fechados en Marzo de 2000, el 'GSP' –Gürmanz Socialistë Partei, Partido Socialista Gürmano- obtuvo la victoria, con un 67% de votos. Las elecciones se dieron bajo cerca del 70 % de participación.
En aquel momento era la hora de la democracia, tras Marzo de 2000 subió al poder el hombre vencedor, Erwinz Strossër que gobernó hasta el año 2008, ganando la reelección consecutiva.

En los últimos comicios electorales, la derecha conservadora obtuvo la victoria desmarcando el anterior sistema socialista, en un reñido combate por los votos en donde ambos tuvieron que pactar en las cámaras populares.

El nuevo presidente desde 2008 es el político conservador Alfrez Fhöhrer, que ha sido secretario general del partido NFG –National Frontz, Frente Nacional Gürmano-. En la actualidad el ejecutivo esta inverso en temas tan profundos como el Plan de Reajuste Económico -edicto que baja los salarios, reduce las pensiones y en general, ajusta el cinturón al país frente a la crisis.-. Con dos huelgas generales, el plan ya ha sido aprobado y los sindicatos siguen llamando al paro total.
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Re: Gürmania

Notapor Gürmania » 12 Jun 2010, 14:54

LIGA PROFESIONAL DE FÚTBOL DE GÜRMANIA

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- EQUIPOS:

PRIMERA DIVISIÓN:

-Equipos de fútbol clasificados para la Liga de Fútbol CSC 2010-2011:

SAINT VIERJACK F.C. [STVFC]
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NORTHBRÄG F.C. [NGFC]
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MÜRICH F.C. [MFC]
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-El resto de equipos es el siguiente, solamente los tres primeros llegan a jugar la Liga de Fútbol CSC.


Arkenidorum
Kätrosia
Bahía Gürmania
Helenida
Sendira
Gürman Blizt
Vierjack Warriors
Klöses Hammers
Northbrägo
Nörth Blitz
Jünesborg
Linderbörg
Sporting Mürich
Saint Adrün
Jezlf Warriors
Arkonia
Arkontum Kaisers
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Re: Gürmania

Notapor elnovamas » 12 Jun 2010, 14:58

buena historia, pero asi sin una imagen, cuésta leerla entera :mrgreen:

veo que Gürmania tiene una historia muy interesante, y a la vez, muy completa
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Re: Gürmania

Notapor Gürmania » 12 Jun 2010, 15:17

elnovamas escribió:buena historia, pero asi sin una imagen, cuésta leerla entera :mrgreen:

veo que Gürmania tiene una historia muy interesante, y a la vez, muy completa


Macho... tengo el SC que cuando lo pongo parece que necesite un ordenador de la NSA por lo menos, tengo 3 GB de RAM y un buen hardware gráfico, la GPU me va a 1 GB sin necesidad de apoyo de mi RAM, que aún apoyandome y dos nucleos de 2'8 HB (aunque es un Pentium D) no me da de si!! Ya colgue y estoy de remodelaciones de esto... pronto subire fotos de la capital.
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Re: Gürmania

Notapor The Wish-Maker » 12 Jun 2010, 16:09

Eso se llama una historia breve :shock:

¿Cuánto tiempo has tardado en crearla? Porque es un montonazo de informacion.

=D> =D> =D> =D> =D> =D>
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Visita Prusia en Capital SimCity y en SimWiki.
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Re: Gürmania

Notapor Gürmania » 12 Jun 2010, 16:42

The Wish-Maker escribió:Eso se llama una historia breve :shock:

¿Cuánto tiempo has tardado en crearla? Porque es un montonazo de informacion.

=D> =D> =D> =D> =D> =D>


Si te soy sincero llevo desde que empece con la región, por que como toda historia bien construida necesita funamentarse en algo real, en este caso real dentro de la ficción, por que para definir la historia de un edificio en concreto, tienes que montar otra historia más extensa para representarlo todo, enlazarlo o unirlo. Gracias y me gusta que a vosotros os guste, haber si internacionalmente dentro de CSC, Gürmania se da a conocer más.

Un saludo
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Re: Gürmania

Notapor ciberobert09 » 12 Jun 2010, 20:29

¡Wow! ¡Qué jugosa historia la de Gürmania! De verdad que hay datos muy interesantes. :wink:

=D> =D> =D> =D> =D> =D> =D>
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Re: Gürmania

Notapor rib_ex » 12 Jun 2010, 22:33

Madre mía :shock: , ya conseguí terminarla toda, y eso que me ha llevado sobre 3 cuartos de hora leerlo todo, de verdad es muy impresionante ver la dedicación a tanta historia sobre Gürmania =D> =D> =D> =D>
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Re: Gürmania

Notapor Igor » 13 Jun 2010, 10:21

Menuda enciclopedia. :shock: A mi me costo un monton crear la historia de mi region, y eso que son poco mas de 20 frases. jeje
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