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William ( historia )

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William ( historia )

Notapor sazare » 06 Dic 2011, 00:00

El niño que nunca lloro


Aquella tarde fría y oscura, algunas gotas descendían rápidamente, los arboles estaban empapados de agua, se podía apreciar el cielo gris el cual cubría toda la ciudad. Las personas corrían a todos lados para cubrirse de la lluvia que se aproximaba. Los carros van a toda velocidad como si huyeran de algo malo, los niños saltaban en los charcos que se hacían con las pocas la lluvia. Cerca del centro de la ciudad corría un pequeño niño, de 10 años, buscando un refugio en donde pasar la noche que se aproximaba, la luna se podía ver a lo lejos, aun que era difícil verla por las nubes que la cubrían, el niño que seguía corriendo bajo la fría lluvia se llama William.

William un niño abandonado por sus padres cuando apenas tenía 2 años de edad. Aquella mañana calurosa cuando fue dejado en una casa grande, de dos pisos y fachada blanca en donde vivían sus tíos. Sus tíos lo cuidaban como un hijo más, le compraban todo lo necesario para que estuviera feliz. William savia la verdad de su pasado, no lo recordaba pero estaba enterado. Siempre se escondía de sus tíos, se sentía muy diferente a ellos. Sus primas lo molestaban a cada rato, a veces solo para hacerlo enojar, otras por solo reír de él mientras se sonrojaba como un tomate. El niño es un poco tímido y tiende a colorarse como una manzana, la diferencia de él con su familia es que posee poderes, pero no cualquier poder, es el de sanar cualquier herida o cicatriz. William acostumbraba a pasar mucho tiempo en el parque, cuando no estaba allí lo podían encontrar comprando golosinas en una pequeña tienda en un callejón viejo y solitario, en aquel callejón en donde ni un alma pasaba, era tan solitario que podías escuchar como las cucarachas caminaban por el suelo.

William es de cabello negro; ojos cafés; piel blanca como la hermosa nieve y con varias pecas en su cara, al parecer se parece mucho a su padre, o eso dicen sus tíos los cuales nunca le han enseñado una foto de su progenitor. Tiene sentimientos nobles como su madre, la cual solo tiene un recuerdo leve y vano en su mente.

Un día normal para William, cuando nadie notaba que caminaba solo por la calle, el frio invierno hacia que todos temblaran, algunas hojas se soltaban de los débiles arboles a su paso, los arbustos no tenían ni una hoja. Se encontraba como siempre comprando sus dulces como de costumbre, el señor de la tienda siempre le regalaba alguno que otro chuchería especial, los cuales a William le fascinaban demasiado. Mientras caminaba de regreso a casa, no se encontraba lejos. Un hombre se le acerco rápidamente sin dejarle escapatoria, el señor de cabello negro y lleva una túnica de color verde esmeralda, en su mano llevaba un pequeño sobre, más pequeño que un caramelo de menta, se lo entrego a William el cual lo abrió con miedo, sus manos temblaban con solo la presencia del hombre que lo veía fríamente. Mientras lo habría el hombre desapareció con el viento que corría por el callejo, el sobre comenzó agrandarse más y más.

Buenas tardes William, le invitamos a unirse a nosotros, se que tiene corta edad pero eso no le impide unirse, su familia, la señora Adela, su tía si no me equivoco, está de acuerdo con su unión a nosotros igual que su tío Arthur. Nosotros nos encargamos de las personas diferentes a los humanos como su caso. Su madre April me pidió que cuando cumpliera los 10 años lo llevara conmigo, sé que no la conoce pero bueno eso se dará a su tiempo, por favor si quiere unirse a nosotros solo deje este sobre en el árbol más grande de la ciudad, está ubicado a las afueras, su tío sabrá en donde se ubica. Lo tendrá que firmar al fondo de esta hoja y decir acepto, solo eso, que tenga una linda noche. La dirección.

El niño busco una pluma y un poco de tinta rápidamente, en su bolcillo encontró un bolígrafo aun que con poca tinta le serviría para poner su nombre. Sabía que esto le daría la oportunidad de comenzar una nueva vida, todavía no savia con exactitud de que se trataba la carta, pero tenía una leve sensación de algo bueno. El niño se dirigió a su casa en donde sus tíos le estaban empacando la maleta, ya sabían cuál era su decisión, su tía Adela una mujer de 35 años, su cabello negro y largo hacían que diera una sensación de felicidad, sus ojos azueles daban serenidad. Mientras que su tío Arthur solo daba miedo, los ojos negros que se cargaban intimidaban a cualquier persona, es alto y corpulento como un roble.

Las primas de William corrían por toda la casa, subían y bajaban las largas escaleras que te llevaban al piso de arriba en donde William dormía, una de ellas se le acerco su nombre es Saray. La otra se llama Carolina. Las dos niñas son de cabello negro como su madre con ojos azueles, piel blanca y algunas pecas en la cara, son muy tremendas y siempre molestan al pobre William, el cual nunca hace nada para defenderse de ellas, son cinco años mayor que él lo que le impide muchas cosas para cubrirse de las agresiones diarias de las pequeñas.

- William nos hemos enterado de las buenas noticias, hace pocos años quisimos ir allí pero como no tenemos poderes no pudimos, pero claro eso fue lo que le dijimos a nuestros padres, nosotras si tenemos un poder, ¿sabes cuál es?- dijo Saray mientras reía.

- ¿Cuál?- dijo William con tono de interés.

- Es molestarte. Dijo Saray a carcajeadas.

- Déjalo en paz hermana sabes que es un poco sensible nuestro queridísimo primo, bueno Willi (como le decían de cariño en su casa) cuando vengas de vacaciones no se te olvide traernos un poco de pastel de chocolate, pero no cualquier pastel, queremos el que venden en el callejón Juansi, no se te olvide. Dijo Carolina mientras veía a su hermana.

La tía Adela se acerco al pequeño dándole un gran abrazo, saco de su bolsa un pequeño billete, le pidió a William que abriera la mano mientras ella soltaba suavemente el billete de color amarillento y un poco arrugado. El billete es extraño y largo como las barras de chocolates, su color cambiaba al moverlo. Tía Adela veía a William con un poco de tristeza, tal vez sería una semana que lo vería, o menos, nadie lo podía saber.

- Este billete te va a servir de mucho, eres un buen muchacho no como tu padre un estup..., mediocre, sabes algo, cuando naciste no lloraste, todos pensábamos que sería un niño serio y solitario y no nos equivocamos –dijo adela mientras se le desbordaban de su pequeños ojos lagrimas de dolor-… cuídate a donde te dirijas por favor… este billete que te acabo de dar te servirá de mucho, no lo podrás usar aquí pero si a dónde vas, se que tienes poderes como mi cuñada, saliste tan a ella en los sentimientos… pero eres idéntico a tu padre. Dijo la tía mientras lloraba un poco.

- ¿Por qué lloras?, tía no te preocupes estaré bien, me se cuidar, o eso pienso, sé que he sido una batalla para ustedes pues me cuidan desde hace 8 años, gracias por tu apoyo durante todo este tiempo… sabes por primera vez are algo que quiero, aun que todavía no se a donde voy se que será divertido ir. Dijo William mientras abrazaba a su tía.

- Sé que estarás bien, lo sé, cuando llegues allá llámame, te llevaremos a las afueras de la ciudad para que lleves tu respuesta, sabemos que te puedes ir en cualquier momento, solo tenemos que esperar una respuesta.. no te olvides nunca de nosotros pequeño Willi. Dijo la tía.

La tía se aparto de William dejándolo solo en su habitación, el pequeño recogió algunas cosas más, recordó algo muy importante en su vida, nunca ha llorado, parece que nada le doliera nada, era fuerte como la roca pero con sentimientos nobles, cuando se sentía triste solo callaba observando a los demás. Cogió una foto de bebé, la observo por un largo tiempo, aquella foto mostraba una gran sonrisa por parte sus tíos, al parecer fue el día cuando lo abandonaron, cuando sus padres decidieron abandonarlo en aquella casa tranquila.

Se marcho de su cuarto, su única familia lo esperaba en la sala para llevarlo al gigante árbol, tomó un pequeño pan de la cocina, la cual está sucia, sus tíos le pidieron que se fuera adelantando al automóvil, en un momento salían, pudo observar los llantos de ellos mientras el caminaba a la puerta, salió y se sentó en el coche el cual se movía al afincarse en los asientos. Se podía escuchar el cuchicheo.

- ¡No podemos dejar que se lo lleven! Adela por favor has algo, no lo dejes ir, es como nuestro hijo. Dijo Arthur.

- Contra ellos no se puede hacer nada, sabes que se lo prometimos a mi cuñada cuando no los trajo. dijo Adela.

- Madre pero recuerdas que también le prometimos que le diríamos la verdad cuando cumpliera 10 años, pero claro eso no lo cumplimos. dijeron las dos gemelas a la vez.

- Por favor no hagan esto más duro, sabemos los cuatro que lo amamos pero deberá reunirse con ellos tarde o temprano, por favor salgamos de una buena vez de esta casa. Dijo Adela.

Los cuatro salieron juntos, las niñas que tienen 15 años cada una, ambas iban con la cara un poco tapada pues hacia frio, algunos copos de nieve caían al suelo, empezaría a nevar, era de noche, la familia comenzó a conducir hacia las afueras de la ciudad. Es un camino largo y oscuro, algunos búhos se veían volar por toda la noche, la nieve impedía ver bien la carretera, la neblina se notaba cada vez más y la tristeza abundaba en aquella camioneta vieja y oxidada, las hermanas guardaban silencio, el único ruido que se podía apreciar era el del motor.

Llegaron al sitio indicado, algunos niños se encontraban hay esperando la larga fila para dejar la carta, parecía que habían citado a varios, las familias se alejaban de ellos mientras depositaban las cartas en el viejo y feo árbol gigante, las ramas crujían haciendo una escena escalofriante para algunos, las cartas que entraban se quemaban al parecer. William se acerco sin ningún miedo al árbol, deposito su carta y se dirigió a su familia, ahora solo faltaba esperar una respuesta, seria rápido la respuesta, tal vez tardaría un día, una hora o más.

Volvieron a su hogar. En el coche abundaba un largo y gran silencio nuevamente, William podía apreciar la gran tristeza del ambiente, Adela se limpiaba la nariz constantemente, Arthur manejaba sin ver a ninguno de los integrantes de la familia, William corto aquel silencio frio, todos movieron sus cabeza para ver que iba a decir, las gemelas lo observaban a los ojos.

- Tía, ¿a dónde voy? Dijo William.

- ¡No se lo digas Adela!, por favor no se lo digas. Dijo el señor Arthur con el rostro pálido y preocupado.

- Se lo tengo que decir, es nuestro deber. Bueno William, se que será difícil lo que te diré pero es cierto, tus padres, te dejaron con nosotros pues se acerca una guerra, ellos por ser guerreros y defensores tenían que quedarse en un sitio en especial, pero no quería que tu murieras con ellos, al parecer tu padre está vivo pero no recuerda nada, aquella carta que recibiste es de el profesor Arnold, un hombre muy bueno. El caso es que deberás ir al cuartel, bueno a la escuela para personas como tú, es como un internado, hay aprenderás a curar y defenderte. Dijo Adela fríamente.

- Tía pero esto de que me sirve, yo sé manejar mis poderes y defenderme con ellos, recuerda que también puedo hacerle daño a cualquier persona. Dijo William.

- Te entendemos pequeño, pero lo que mi madre quiere decirte es que si llegas a manejar tus poderes de sanación tal vez podrás hacer que tu padre recuerde todo, alguien muy malo está a punto de conquistar la parte mágica que nos controla- dijeron las gemelas.

- Bueno no entiendo mucho pero más o menos me doy una idea, ¿podrán visitarme?...Dijo William.

- ¡No!, no se permite, pero en vacaciones tu si podrás venir a casa. Dijo Arthur.

Volvió el silencio en la camioneta, el niño solo pensaba en su supuesto padre, aquel que no recordaba, ese que tanto odiaba su tía, era ya media noche y no se podía ver muy bien la carretera, Arthur decidió detenerse por un momento pues la visión se cortaba ver por el vidrio empañado, William se bajo del auto para ayudar a su frio tío, de lejos se podía apreciar la luna. Arthur se acerco a William y con voz baja le dijo -entra otra vez al coche no te preocupes-.

William entro al coche sin ver lo que sucedía, su tío señalo el camino y con un simple movimiento de dedos comenzó a desaparecer la neblina que impedía seguir adelante, aun que el consejo de brujos tenía prohibido hacer magia en cualquier sitio a él no le importo, el niño savia que su familia era mágica pero nunca había visto el poder que tenía. La neblina había desaparecido por completo, la luna iluminaba el camino, algunos árboles hacían movimiento en medio de la oscuridad.

Arthur volvió al carro en donde siguió su camino, la neblina ya no era impedimento para nada, los pequeños jugaban con el celular viejo de las niñas, la tía Adela parecía un poco preocupada. Llegaron nuevamente a casa, estacionaron el vehículo y decidieron pasar nuevamente a la casa bacía y oscura. William subió a su habitación mientras las gemelas se ponían su pijama de flores rosas, sus piernas eran cuidadas y lindas a la vez, algunas niñas envidiaban el cuidado y la hermosura de aquellas piernas de señoritas que se cargaban cada una.

William durmió profundamente, hasta que en medio de su sueño tuvo una pesadilla en donde una mujer de cabello negro, ojos azueles, alta y flaca, la cual llevaba en la mano una especia de espada larga y afilada, la cual corta todo a su paso, desde las marchitadas flores del suelo, la mujer perseguí a William en un laberinto sin salida, Willi corría por todo el laberinto buscando alguna salida, al final de la pesadilla la mujer lo acorralaba, en medio de arboles y flores negras, a su alrededor se mostraban más personas riendo, la mujer levanto la fina espada cortando a William de un brazo. William comenzó a gritar. El tío Arthur entro rápidamente en la habitación despertando a su sobrino el cual se movía por toda la cama, las cobijas estaban en el piso.

- ¿¡Te pasa algo!? Dijo Arthur mientras agitaba al pequeño William.

- No tío nada solo una pesadilla, perdóname por la molestia. Dijo William mientras se despertaba rápidamente con sensación de miedo y escalofrió.

- No es ninguna molestia, si te vuelve a suceder estaré aquí para ayudarte. Dijo Arthur mientras se marchaba de la habitación del pequeño.

- Gracias. Dijo William.
Arthur camino a su habitación el cual quedaba en el mismo pasillo, al final del corredor dormían las niñas y al otro extremo estaba el baño, Adela lo esperaba leyendo un libro en la recamara, Arthur entro rápidamente y se escabullo nuevamente en la helada cama, se arropo con el acolchado, Adela rompió el silencio, apago la mesita de noche comenzó hablar.

- ¿Ha tenido otra vez esa pesadilla verdad? Dijo Adela con tono de preocupación.

- No te preocupes el niño estará bien, mejor vamos sigamos durmiendo, mañana será un día largo y pesado para todos. Dijo Arthur mientras bostezaba.

En la mañana siguiente William despertó sin recordar lo ocurrido la noche pasada, aquella pesadilla parecía más un recuerdo que un sueño, la mayoría de las noches le pasaba lo mismo, Adela se preocupaba de él. Se dirigió a la cocina en donde esperaban por él, le sirvieron un poco de café con leche y una tostada con mantequilla y miel, una combinación extraña pero deliciosa para sus papilas gustativas, cogió su plato y se sentó al lado de las gemelas, la mesa redonda y con un mantel mal hecho está repleta de migajas de pan, las cuales la tía Adela trataba de limpiar constantemente, los rayos del sol pasaban por la ventana. La mesa se ladeaba un poco al afincársele demasiado. Las gemelas no le importaban mucho lo que dijera el consejo, gracias a esto siempre estaban haciendo encantos o conjuros por toda la casa, su punto de ataque William.

- William hoy no te molestaremos, te lo prometemos, eso es para que veas que si te queremos aun que poco, pero te queremos, si quieres te podemos enseñar algunos encantos para que te diviertas en el internado, es un poco aburrido pero es bueno, hay van los mejores magos de la historia. Dijeron las gemelas.

- No se preocupen me se divertir de otras maneras. Dijo William mientras se sonrojaba.

- Que lastima, siempre quisimos enseñarle algunas cosas, pero bueno allá aprenderás muchísimas cosas, padre ¿crees que le tocara con el maestro Andrew?, ojala y no. Dijo Saray.

- Es lo más seguro, es buen maestro… no te preocupes William, ese maestro aplica la materia de Protección personal contra fénix. Dijo Adela mientras limpiaba la mesa.

Adela se asomo por la ventana, de lejos podía ver un pequeño pajarillo, sus plumas brillaban mucho, su color verde es hermoso, de pronto el pájaro voltio la mirada a ella, aun que por un momento Adela pensó que era solo curiosidad, del árbol en donde se encontraba bajo rápidamente sin preocuparle el gato blanco que se encontraba en el tronco durmiendo plácidamente, comenzó a moverse rápidamente. El pájaro se dirigió veloz mente a la ventana en donde Adela se encontraba, comenzó a picotear el vidrio hasta que Adela lo abrió. El pájaro se convirtió en una carta, aquella hermosa carta de color piel, larga y liviana, es para William.

La señora Adela se la llevo a William el cual no acababa de comer, se la dejo al lado de su plato el cual no terminaba de comer, William la vio, termino de comer lo más rápido posible, tomo su café, dejo la taza y el plato encima del fregadero, recogió la carta y comenzó a leer lentamente.

Hemos recibido su respuesta joven William Muller, hablamos en el internado con el consejo de maestro y se ha aceptado que entre a la escuela, tendrá que traer lo necesario para el primer año de estudio, le dejamos anexada al final de la carta la lista de útiles que necesitara para cursar, si no logra conseguir cada una de las cosas no podrá entrar. Cabe recordar que el día 20 de diciembre tendrá que presentarse en la escuela sin ninguna persona, es decir solo. Para llegar al internado tendrá que ir a la estación de trenes, en donde dirá en frente del reloj las siguientes palabras: “Soy el que llama a tu puerta todas las noches de navidad”, una especia de bicicleta saldrá, cójala y deje que ella lo lleve, no intente desviarla o perderá todo su equipaje:

1.- Libro de artes para defensa personal contra fénix I

2.- Una rosa negra para la clase de embrujos contra ogros.

3.- Túnica de color negra o azul mar.

4.- su frascos de pociones y un recoge lagrimas para la clase de pociones.

5.- Si práctica el deporte de la escuela “mamghruama” tendrá que traer 3 frascos de la verdad, un muñeco del bosque meimi y 5 pociones de jugo de dragón, pero esas las pueden hacer aquí, lo demás te lo donara la escuela.

6.- Lo demás se lo ha donado su familia, bueno es su herencia por parte de madre.


El niño busco sus cosas y pensó en irse inmediatamente en busca de cada una de las cosas que le pidieron, pero claro no sabía en donde comenzar, busco a su tío en toda la casa, recordó que las hermanas estuvieron internadas tres años, su tío debía saber en dónde comprar todo lo necesario.

- Tío, ¿podremos ir a comprar mis libros y cosas de la escuela? Dijo William mientras esperaba una respuesta.

- No te preocupes que las cosas para el mamghruama lo tenemos nosotras. Dijeron las hermanas después de leer la carta que habían encontrado en la habitación de William.

- Bueno pequeño iremos más tardar o mañana, ¿Cuantos días tienes para ir a la escuela? Dijo Arthur con una sonrisa.

- Tío debo presentarme dentro de 20 días máximo o si no será negado mi ingreso, si quieres podemos ir mañana a buscar todo lo que necesito. Dijo William.

Las niñas salieron de la habitación en donde estaba su padre para ir a buscar todas las cosas de mamghruama, aun que estaban un poco usadas y viejas le servirían al pequeño William para su primer año de clases. Adela entro y ayudo a las niñas a limpiar cada una de las cosas, hasta encontraron dos rosas negras, aquellas rosas que tienen son las más caras en todo el mercado, con ellas se puede dominar a cualquier ogro, sea gordo y gigante o flaco y pequeño, todavía seguían vivas y hermosas como siempre. Estas rosas se marchitan cuando su amo las olvida o las bota.

- ¿Ya tienen todo para mí? Dijo William después de entrar a la habitación de las niñas.

- Si pequeño, ya lo tenemos todo, hasta tenemos dos rosas, te servirán de mucho el maestro que te va a dar las desgastara pero no preocupes no se marchitan. Dijo Carolina mientras reía.

William recogió cada una de las cosas que sus primas le habían dado, parecía que esta vez sí se interesaban en el, las guardo en la maleta que le había preparado su tía, en aquella maleta solo hay ropa nueva, en un paquete hay una túnica de color azul, solo le faltaban sus libros y algunas cosas más.
William salió un rato de la casa quería relajarse en el parque como lo hace todos los días del año, las vecinas lo conocían muy bien, a veces sus hijos caminaban y jugaban con él. Para William este año que se acercaba iba ser magnifico, se puede decir que el mejor, aquel niño quería llegar rápidamente a la escuela, pero claro le hacen falta algunas cosas para poder entrar.

Tomo el aire fresco en donde los pájaros corrían y volaban a su alrededor, algunas palomas se acercaban a él para alimentarse de los trocitos de pan que hay en el suelo. Una persona con una túnica blanca y limpia, con cabello negro con un poco de canas en la raíz, un poco pequeña y gorda, sus manos blancas y feas se podían apreciar, la dama se le acerco a William lentamente sin hacer ningún ruido, las palomas huyeron al verla cada vez más cerca.

- ¿Puedo sentarme a tu lado? Dijo la desconocida mientras veía a William.

- Si señora siéntese sin ningún problema, aparte ya yo me iba. Dijo William.

- No te retires por favor, quédate aquí conmigo, yo te conozco, bueno no a ti si no a tu madre, aquella hermosa mujer que ahora se encuentra muerta, solo quiero darte algo que me pidió que te diera. La señora saco de su gran bolsa de mano un retrato.

- ¿Qué es señora? Dijo William con cara de sorpresa.

- Un foto, aquella que te dará el camino, el camino para llegar allí, tómala que tengas buen día, a y por cierto mi nombre es Gretel Heink. La señora movió su capa haciendo que desapareciera su cuerpo por arte de magia.

William vio la foto que tenía en sus manos, en aquella se podía apreciar a un bebé pequeño acompañado de sus padres, al reverso de la foto solo decía, “te amamos nuestro pequeño William”, La foto tenía un movimiento propio, se puede ver como el bebé se mueve para todos lados mientras los padres tratan de calmarlo.

William guardo la foto en el bolcillo de su pantalón, no era tan grande como parecía ser. Comenzó a caminar de regreso a casa, el frio volvió nuevamente, el invierno era muy normal, la nieve comenzó a caer mientras William caminaba, pudo encontrar a una vecina que lo acompaño a su casa, aquella que siempre lo saludaba todas las mañanas mientras él iba al parque, algunas veces le daba algunas chucherías para que comiera algo o dulce y delicioso. Su tía lo esperaba en la gran puerta de la casa, en su mano tenía un suéter de color gris oscuro y unos guantes negros un poco desteñidos en las puntas de los dedos. Vio a William caminar con la vecina, a la cual le dio las gracias por traerlo, Adela le entrego el abrigo y los guantes.

- ¿Qué traes hay pequeño Willi? Dijo Adela mientras lo abrazaba para quitarle el frio.

- Una foto que me dio una señora, su nombre es Gretel.

- A la señora Gretel, es muy buena amiga de tu madre... bueno fue muy buena amiga de ella… Dijo Adela bajando la cara.

- No te preocupes tía no siento tristeza al escuchar eso, recuerda que no la conocí… pero bueno tía que se puede hacer… toma la foto y guárdala por mí, tal vez la querré ver. Dijo William mientras le daba la foto a su tía la cual lloraba por la muerte de su cuñada.

- Si William…. Dijo Adela con la voz un poco cortada.

William entro a la sala en donde prendió la televisión vieja y sucia que tenía la casa, se acostó en el mueble de color negro, en el sofá de al lado estaba sentado Arthur leyendo el gran periódico de hoy, Willi comenzó a cerrar los ojos perdiendo, en un momento a otro dormía como un bebé acurrucado por su madre. El pequeño William despertó con la cara manchada de labial y cosas para mujer, sus hermosas primas le habían jugado una broma.

Se levanto del sofá muy enojado, se dirigió al baño en donde se quito todo lo que tenía en la cara, parecía un payaso de circo, se seco la cara y camino hacia la habitación de las niñas en donde las encontró riéndose de él, comenzó a verlas fijamente, a una de ellas se le comenzó hacer en la cara una pequeña cortada de la nada, William usaba sus poderes como venganza. “Déjala en paz, o quieres que nos venguemos luego, recuerda que a nosotras no nos puedes hacer daño” Dijo Saray mientras curaba a su hermana con un conjuro.

- Hay esta bien, déjalo solo es un simple niño que no madura, jajaja. Dijo Carolina

- Déjenme en paz, siempre me están molestando, ustedes son las inmaduras. Les grito William mientras se marchaba de la habitación azotando la puerta con gran fuerza.

El niño se marcho del cuarto enojadísimo, no quería saber nada de sus primas por un largo tiempo, entro a su habitación en donde vio que la carta que recibió de la escuela le permitía llevar una mascota, el problema es que aquella tenía que elegirlo a él, o solo tenía que capturarla en la escuela, en el bosque de los mil pecados.

Ya era de noche, William comió en la sala ya que no quería comer con sus primas las cuales odiaba, vio la televisión durante toda la noche, las películas de terror su género preferido era lo que pasaban en la televisión. Mañana irían por todas sus cosas de la escuela, su tío le pagaría cada una de los objetos, saco de una de sus bolsas el billete que le dio su tía, lo observo y se dio cuenta que el billete se movía en todas sus imágenes, no era normal poder apreciar algo así, lo volvió a guardo doblándolo a la mitad.

Se acerco a su tío el cual se encontraba en la habitación de huéspedes, la cual está al lado de la sala, lo vio recogiendo algunas cosas para el viaje que arrían en la mañana, llevaría a las gemelas con ellos, pero no solo buscaba cosas para el viaje, buscaba un libro, aquel libro que uso hace muchísimos años, el manual de conjuros y encantos para estudiantes mediocres.

- ¡Aquí esta! Dijo Arthur mientras observaba el libro con polvo.

- ¿Qué es eso? Pregunto William.

- Mira este libro es de edición limitada, solo quedan 3 ejemplares, los otros dos lo tiene la librería más preciada del mundo, aun que es un secreto. Tómalo – Dijo Arthur mientras estiraba el pesado libro a los brazos de William-, úsalo bien que te servirá de mucho. Dijo Arthur mientras le guiñaba un ojo.

- Gracias tío siempre tan atento. Dijo William mientras se reía con su tío.

Ya era de día, William se despertó con los ruidos de las hermanas las cuales gritaban a los cuatro vientos sus problemas, Arthur fue y lo obligo a levantarse pues se le hacía tarde para el viaje que arrían hoy mismo, Adela recogía algunas cosas y preparaba el desayuno.

Las hermanas recogieron un poco de dinero mágico, que mejor conocido como boe una moneda extraña y que solo se conoce en las familias mágicas o poderosas del mundo, las hermanas bajaron cogiendo algunos sándwiches, para el largo viaje que les esperaba. La tía Adela salió y encanto la camioneta oxidada para que pudiera volar por los aires. Las hermanas salieron y embrujaron el auto para que fuera invisible por un tiempo ilimitado.

William bajo con todas su cosas y el libro en una mano, su tío le ayudo con los objetos que llevaba, bajaron las escaleras juntos. Se montaron en el carro y se marcharon rápidamente, algunos vecinos decían que observaban humo en el cielo pensando que había un incendio, lo que no sabían es que el carro no se ve. La tía Adela se quedo en la casa, se despidió de ellos mientras los veía volar. El señor Arthur manejaba rápido pero con cuidado.

- Bueno niños este será un largo viaje, niñas mantengan la magia en el carro saben que no nos pueden ver. Dijo Arthur.

- Si padre, no te preocupes que nuestro experto nos mantendrá muy bien, ¿O no William? Dijo Carolina burlándose de su primo.

- Dejadme en paz, siempre molestándome. Dijo William.

- Ya cálmense los dos, no te preocupes William, sabes que te queremos muchísimo, Dijo Saray mientras se reía con su hermana.

- Ya déjenlo, hoy es un buen día para él… no te preocupes William ellas se calmaran, si quieren algo de comer hay unas golosinas mágicas, pero cuidado su estado de ánimo será lo que coman. Dijo Arthur.

Cada uno cogió un dulce de la guantera, a las gemelas le supo dulce y delicioso, mientras que a William le supo amargo y horrible ya que estaba enojado con sus odiosas primas mientras lo comía, como había dicho Arthur lo que comes es tu estado de humor. El tío Arthur comenzó a descender un poco para que apreciaran el paisaje que se veía, las montañas llenas de nieve, algunas aves volaban alrededor de la camioneta, las niñas cerraban las ventanas, por la ventana de la derecha entraba un poco de aire helado.

El viaje fue largo y pesado para todos, por fin habían llegado a su destino. Era de noche, por fin William había llegado al lugar que esperaba por ansias en la camioneta, el viaje aun que fue rápido duro un día y cuatro horas, las niñas estaban muy cansas mientras que William se despertaba con los ojos un poco cerrados, el tío Arthur se le notaba mas el cansancio pues había manejado todo un día. Arthur tenía que buscar rápidamente una cabaña o casa en donde dormir ya que podía oscurecer más y más durante algunas horas.

Las niñas bajaron de la camioneta con William en el medio de las dos, el señor Arthur observaba cada uno de los rincones de la calle, parecía que buscaba algo en medio de la oscuridad y la neblina, señalo el cielo y dijo – Lumiesmo- todas las luces comenzaron a prenderse por la carretera y las pequeñas calles del lugar, las niñas observando el gran poder de su padre, no se pudieron resistir, y sacaron una especie de bambú del tamaño de un lápiz, en la punta de los bambúes una luz de color blanco se podía observar, era una lámpara mágica.
Última edición por sazare el 10 Dic 2011, 23:31, editado 3 veces en total
Días de abrir historia de vampiros.
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Pásate por mi legacy Diferencia Familiares

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Capitulo 2

Notapor sazare » 07 Dic 2011, 02:31

El gato de las dos colas.


El señor Arthur conocía el lugar perfecto para quedarse toda la noche, pero no era tan fácil llegar allí, tendrían que salir de la calle dragen, en donde comprarían todas las cosas de William y por supuesto cosas para las gemelas Carolina y Saray, con la ayuda de sus hijas comenzó a iluminar la gran calle, todos los locales se encontraban cerrados, menos la cafetería. En la cafetería siempre tomaba café la familia Klein, la cual es la familia de William, su tío y su madre.

La calle estaba vacía, se podía escuchar solo el viento que chocaba contra las ventanas, la luna iluminaba un poco la calle que seguía oscura, algunas ratas pasaban por el lugar, las niñas las veían con asco ya que es el animal que más odian, algunos gatos pasaban por la calle persiguiendo a los roedores, perros de todas las razas ladraban un poco haciendo que el silencio se rompiera al instante.

Arthur con la lámpara de bambú de una de sus hijas se acerco a la cafetería en donde no se encontraba nadie dentro, o eso pensaban, adentro solo se podía ver un gato negro con ojos grises, se paseaba por todo el café; por las mesas; por las sillas; por los mesones, aquel gato clavó la mirada a la ventana en donde estaba el señor Arthur observando. Las gemelas comenzaron a observar la calle, a lo lejos se podía ver otra luz que no era de la magia de su padre el cual había iluminado toda la calle.

Aquella luz se acercaba cada vez más, como si alguien la esperara del otro lado del callejón, Carolina vio hacia el lado contrario de su hermana, pudo ver otra luz igual que la de su espalda, el gato seguía observando lo que sucedía. William se ponía nervioso causándole un poco de sudor a sus espalda, se acerco a su tío el cual ya no observaba mas al gato, Arthur le dio una de las rosas negras que tenía en su bolsillo y le pidió que solo en un momento de emergencia dijera -annimali beag-.

Las luces se acercaban cada vez más y más, el gato del café había salido a la calle rápidamente, se puso justo en los pies de William, parecía que lo acariciaba, todas las luces se apagaron quedando las de las niñas y las luces que se acercaban a ellas. De un momento a otro las luces estaban viendo a las 2 gemelas, dos hombres de cabello blanco y corto, altos y blancos se acercaron a Arthur.

- ¿Quiénes son?- dijo Arthur con tono de nerviosismo- digan su nombre se los ordeno yo el jefe de artes mágicas en el congreso de magos. Dijo Arthur con firmeza.

- No nos recuerdas señor Arthur, aquella noche de hace 8 años en donde la hermosa y delicada April murió. Dijo uno de ellos mientras reían los dos.

William agarro de las manos a sus primas, las cuales temblaban de miedo al observar la frialdad de los señores que tenían al frente. William saco de la bolsa de sus suéter color gris ceniza la rosa negra que le regalo su tío unos minutos antes, -annimali beag- dijo el muchacho mientras cerraba los ojos esperando una catástrofe, Carolina pudo coger la mano de su padre la cual estaba helada, las gemelas comenzaron a encogerse cada vez mas igual que Arthur y William. Se convirtieron los cuatro en roedores, toda su ropa se encontraba tirada en el piso, sus zapatos solos y sin nada dentro, los dos hombres se asombraron de lo que estaban viendo, era un escape. El gato negro cogió a los cuatro roedores con su boca huyendo rápidamente del lugar. Los hombres intentaron seguir al gato pero se les hizo imposible pues la rapidez del felino era inimaginable.

El gato los llevo a las afueras de la calle Dragen, llegaron al bosque meimi aquel bosque oscuro y tenebroso, algunas hadas y elfos corrían por el lugar. El gato se dirigió a una cabaña en el medio del bosque, se podía observar un pequeño lago de aguas cristalinas, algunos centauros tomaban agua y descansaban a las orillas. El felino soltó a los roedores, se coloco en un sofá que se encuentra al lado de la chimenea, aquel minino comenzó a convertirse en una mujer, pequeña y de piel morena, su cabello rizado y negro se notaba un poco sucio.

- O señor Arthur como siempre tan imprudente, -dijo la señora-, -piedrum- señalo a los cuatro roedores del piso, los cuales se convirtieron nuevamente en personas…y ahora sí, ¿por qué han venido aquí?

Los roedores comenzaron a crecer nuevamente, todos con ropa diferente y de colores horribles como en la cabaña en donde estaban, al pobre William le había quedado la cola de roedor, la cual se movía por todos lados, tirando algunas cosas viejas y empolvadas, las gemelas se la pellizcaban para ver si todavía tenía la misma voz de rata. Su tío Arthur termino lo que la señora no había hecho bien, señalo la cola de William y la elimino por completo.

- Gracias Amber tu como siempre en donde te necesitamos, bueno hemos venido aquí porque mi sobrino, William, el cual va a entrar al internado, por favor no decirle el nombre al pequeño William, quiero que sea sorpresa. Dijo Arthur mientras sonreía.

La señora Amber señalo la cafetera, dijo algunas palabras que no se lograban entender pues es un poco tartamuda, la cafetera comenzó a elevarse hasta llegar a la cocina que quedaba del otro lado de la sala en donde se encontraban la familia de William, la estufa se prendió y comenzó a calentar la cafetera, comenzó a hervir haciendo un chiflido doloroso para los oídos de William.

- ¡Señora Amber podrá apagar la cafetera!, me lastima los oídos. Dijo William mientras se tapaba los oídos.

- O ya veo, tú debes ser William… no te preocupes ella sola se apaga y sirve café, no es grandioso pequeño encanto… tu eres hijo de April y Deico, te pareces tanto a él.

El niño se sonrojo al escuchar aquellas palabras tan dulces que le habían dicho, se acerco a la chimenea la cual se encendió automáticamente, las gemelas corrían por toda la cabaña y le daban de comer al gato de la señora Amber, aquel gato es de color negro y ojos grises, pero con una peculiaridad, tiene dos colas en vez de una. Arthur tomaba un poco de café negro con Amber mientras hablaban un poco.

- Pequeños creo que deberían descansar, si quieren pueden pasar a mi habitación, bueno ustedes dos señorita ya saben que hacer allí dentro. Dijo la señora Amber.

Las niñas llevaron a William a la habitación de Amber la cual estaba impecable y ordenada a la vez, algunas cosas flotaban. Las mellizas sacaron de uno de los cofres de la habitación un lápiz de punta fina, las niñas comenzaron a dibujar en el aire tres camas, con almohadas y peluches. Cuando terminaron de dibujar, tres catres de verdad cayeron al piso.

- Bueno William cual quieres la de color rosa o azul porque la verde es la mía. Dijo Carolina.

- Yo quiero la rosa, se ve tan limpia y suave. Dijo Saray.

- Pues como ya no tengo opción quiero la azul. Dijo William.

Las niñas comenzaron a sacar varias cosas de una pequeña maleta que llevaba, parecía una maleta sin fondo pero no era así su padre había hecho un embrujo para que todo lo que ellas desearan estuviera hay, desde cepillos de dientes hasta la espada mas filosa. William se acerco a la maleta y deseo la foto de sus padres, quería ver si era cierto que se parecían tanto.

Las pequeñas niñas sacaron juegos de mesa y se tiraron al piso a jugar, algunos de ellos se podían jugar sin mover un dedo pues solo tenían que decir lo que querían hacer en su turno. Willi observaba la foto dándose cuenta que si se parecían muchísimo a su padre, camino a la ventana de la recamara, de lejos se observaba las hadas cantando y saltando por todos lados, algunos lobos aullaban mientras veían la hermosa luna llena.

- William vez aquella cosa de allá… la que está debajo del árbol pequeño… lo vez, eso es un halfo, es la unión de una hada con un elfo, son muy extraños de ver, son pocas las especies que se aprecian… sabes otra cosa, ellos son como tú, tienen poderes curativos o de destrucción, tiene la posibilidad de trasportarse a cualquier sitio, lo cual les permite ser muy veloces cuando es el momento de escapar, son seres tranquilos y miedosos. Dijo Amber mientras recogía algunas cosas.

El niño siguió viendo aquel halfo. Era tan bello pero a la vez daba la sensación de miedo, dejo de verlo pues un destello de luz se acercaba, aquella luz que habían visto en la calle Dragen, se acerco más y más. Una de las ventanas de la cabaña se rompió, la de la cocina, un viento frio y helado entro. Arthur señalo el techo de la cabaña y dijo- Desesperium- La cabaña se convirtió en algo invisible.

- Se tratan de esconder Albert, no dejes que lo hagan, has el conjuro Fuim. Dijo uno de los hombres.

- Si señor Kurt no se preocupe por eso, -fuim- dijo Albert gritando- ya otra vez de nuevo la cabaña, solo necesitamos llevarnos algo señor Kurt…

- No lo digas en voz alta Albert recuerda que hay personas y elfos cerca.

William y Amber sacaron de sus pantalones una varita larga más o menos de 30 cm, la de la señora Amber es de color roja sangre con unas pequeñas ramas de pino cubriéndola. La del señor Arthur es un poco más pequeña, de color negro y en el mango de la varita oro puro, a su alrededor la cubría una capa de polvo de dragón, esto le daría una fuerza brutal. Ambos señalaron a los dos intrusos diciendo algunos conjuros.

- ¿Creen que con simples varitas nos podrán lastimar?, señorita Amber por favor solo entregue al gato, a su gato, pero no lo toque sabemos que es un Puin y tiene la posibilidad de convertirse en el. Dijo Kurt con un tono fino.

- Mi gato a nadie se lo doy -Dijo la señora Amber gritando- señor Arthur corra por los niños, corra al bosque y dígale a William que le hable al halfo el sabrá que hacer- dijo la señora Amber en un susurro-.

Arthur corrió rápidamente a buscar a su pequeña familia, las niñas ya sabían que pasaba, ellas también sacaron su varitas, aun que se las había quitado su madre como castigo, señalaron todas las cosas del lugar haciendo que entraran a la pequeña maleta, William recogió la foto y al gato negro que se posaba en sus pies. El señor Arthur los agarro de las manos y seguido se trasporto al lago con un pequeño hechizo, el cual les permitía viajar a una distancia corta.

En la cabaña se seguían escuchando ruidos, la señora Amber saco de su bolsa un truco no permitido en este bosque, bomba fétida, el humo verde y pestilente mato todas las flores que estaban cerca, los halfos y criaturas mágicas huyeron dejando un silencio, la bomba hizo que ella pudiera escapar al bosque en donde los seres mágicos la defendería por un tiempo limitado, tenía que huir y el mejor sitio para refugiarse era la calle dragen, ya que había amanecido y toda la gente se encontraba allí.

William se acerco al halfo el cual le cogió la mano y con un chasquido de dedos lo llevo lejos con su familia, habían llegado nuevamente a la calle dragen en donde la gente los observaba, el halfo volvió hacer lo mismo desapareciendo del lugar. Todo el mundo se acercaba a Arthur el cual es el jefe de artes mágicas, algunos lo veían con sus hijas las cuales estaban sentenciadas por haber escapado del internado en donde ira William.

- Señor Arthur que gusto volverlo a ve-ve-ve-ver.- Dijo Amber mientras se tocaba las heridas causadas por correr en el bosque.

- O señora Amber deje que la ayude yo sé como curar a las personas. Dijo William.

Todas los magos, vampiros, hombres lobos y puin veían a William con cara de asombro, como alguien podía hacer eso, algunos lo reconocían como el huérfano pues su madre es muy famosa en esta calle, Amber se acerco a él y le dijo en tono de susurro – luego me curaras pero no lo digas en voz alta, tus poderes no se ven desde que… bueno eso es lo de menos. El padre hizo un conjuro y limpio a la señora Amber, algunos magos se acercaron a ella y le curaron las heridas con pociones.

- ¿¡Señora Amber que le ha pasado!? quien le ha hecho esto… todo está tan mal, no me diga que fueron sus hijos. Dijo un mago desconocido.

- Si señor lein, ellos fueron cuando la señora… bueno aquella bruja maldita los hechizo, se les ha olvidado quien es su madre, pero no importa viviré con eses dolor en mi corazón. Dijo Amber con unas lágrimas en los ojos.

Arthur señalo algunas tiendas para que los niños caminaran solos, dejo que los niños comenzaran a caminar por la calle sin supervisión, les dio un poco de dinero para que pudieran comprar lo que quisieran, no era mucho pues tenía que guardar para las cosas de William. Algunos decían rumores acerca de lo sucedido en el bosque meimi, de que la bruja Melisa buscaba algo en el bosque.

Arthur comenzó a caminar con la señora Amber de tras de los niños, la señora Amber seguía un poco adolorida de los daños que todavía se le notaban en algunas parte de su cuerpo, pero ya podían respirar tranquilamente por un rato. Solo quedaba comprar lo que necesitaba William para el ingreso a su escuela, ya tenía las rosas, la túnica azul y el libro para magia, aun que no se lo habían pedido le serviría en algunas clases, después de comprar todo podían regresar a casa. La señora Amber le pidió a Arthur que si podía irse con ellos por un tiempo ya que no tenía un hogar en donde vivir, el gato negro con ojos grises maullaba por la calle mientras caminaba observando a la cantidad de gente que pasaba por las tiendas.

Amber recogió a su gato, lo acaricio y sonrió mientras veía sus hermosos ojos, estaba feliz por él. Más ahora que sabe lo que buscaban sus hijos, el diente de oro del gato negro de las dos colas, el gato de Amber que por nombre lleva Erner es el único gato que queda con dos colas y un diente de oro el cual pude hacer muchas cosas, las cuales los magos les tiene miedo desde hace mucho tiempo. Amber vio su fea cafetería la cual se encontraba abierta por los empleados de lugar, algunos la saludaban al verla pasar, otros solo le deseaban la muerte para sí, quedarse con el imperio cafetero que tenía en su dominio.

- Señor Arthur, ¿sabe algo de la bruja Melisa?

- Por desgracia no, desde el año pasado contra el ataque de la noche oscura no he sabido nada, me he encargado tanto de mi familia que me aparte mucho de la magia.

La señora Amber vio al cielo en donde pudo observar algo distinto, estaba gris y extraño, las nubes iban para todos lados como si alguien las moviera sin control, el señor Arthur también comenzó a ver las nubes, le pareció conocido en algunas cosas, en el color y en los movimientos, se podían observar rayos y corrientes de electricidad, algunas nubes hacían animales desconocidos por todos, la mayoría de las personas se quedo observando por un largo tiempo. Esto solo sucedió hace 100 años cuando Melisa ataco por última vez el mundo mágico haciendo que todo quedara en caos.

Los niños entraban a tiendas de varitas o de libros mágicos, la biblioteca estaba repleta de niños leyendo y disfrutando de las letras, algunos solo entraban para ver nada mas, el gato logro escapar de las manos de Amber y comenzó a caminar con los niños, el lugar estaba repleto de personas comprando y observando cada una de las cosas de la calle, vendedores gritaban a los cuatro vientos sus productos, otros solo repartían el periódico el cual decía losa acontecimientos de todo el día, en primera plana estaba el ataque del bosque meimi el cual era un escándalo para todas las personas, parecía un día de compras. Los niños de otras familias se unían a la caminata de las gemelas, algunos ya las conocían perfectamente, y por lo mismo tomaban una distancia aceptable. William entro a una tienda especializada en mamghruama, una anciana muy tierna y dulce se le acerco, le ofreció muñecos del bosque meimi, algunos eran más caros que otros.

- Cómprame un muñeco, este que está aquí- dijo la anciana queda muy bien a tu personalidad de niño tímido y tierno, o este daría más bondades a tus poderes de curación. Dijo la anciana.

- Quisiera llevármelos pero no tengo dinero en estos momentos. Dijo William agachando su cara.

- No te preocupes toma los dos, cuando tengas dinero puedes venir para confinar los dos muñecos, te servirán de mucho, sigue viendo las cosas de la tienda. Dijo la anciana.

Amber y Arthur alcanzaron a William en la tienda de mamghruama, ya era la hora de comenzar a comprar su cosas para la escuela, quería que el decidiera cada uno de los objetos a comprar, serian caros pero valdrían la pena, lo primero a comprar era el deporte, William podía elegir el deporte oficial o cualquier otra activad, como el ajedrez mágico: cada equipo es de 16 integrantes, el rey que es la persona más experta en el juego, el cual los mandara, el tablero es una zona de la escuela, el vencedor podría elegir a un integrante del otro equipo para sí volver su equipo más fuerte y invencible, podría elegir ambos deportes o aficiones, las cuales les permitiría estar fuera de clases por un tiempo limitado.

Amber guardo su varita la cual se encontraba un poco sucia y por un lado rota, la tendría que reparar rápido, ya que podía haber otro ataque y debía estar preparada para todo, le comento a William que podía llevarse al halfo a la escuela, solo que lo tenía que dejar con el cuidador de elfos y hadas, el halfo lo ayudaría mucho en conjuros o mamghruama.

Arthur les quito las varitas a las niñas y con un murciélago que pasaba por la calle las envió devuelta a casa, en donde debía de estar desde hace muchísimo tiempo, las niñas se quejaban de lo que había hecho su padre, William se burlaba de ellas señalándolas y haciéndoles jestos con la cara, la señora Amber reía un poco a escondida del berrinche que habían montado las dos gemelas.

- ¡Guarden silencio niñas que dirá la gente de ustedes!, o de nuestra familia. Dijo Arthur con seriedad.

- ¡Que digan lo que quieran!, ni nos importa ni nos afecta, devolved las varitas y dejaremos la riña. Dijeron las gemelas.

- Prefiero aguantarlas de aquí a casa que devolver sus varitas. Dijo Arthur.

Entraron a uno tienda de pociones, William observo algunas de colores diferentes, de lejos se observaba una escalera que lleva a un sótano, algunos niños del lugar probaban pociones, las cuales los convertían en animales pequeños o les daban fuerza por un tiempo, algunos solo jugaban bromas a sus amigos haciéndoles dolores en el cuerpo, o solo aumentándolos de peso. El señor que vende en la tienda de pociones observaba la calle mientras William veía algunos animales del lugar, como murciélagos y aves, las hermanas corrían por todos lados, el berrinche se les había ido rápidamente, el señor de la tienda reconoció al señor Arthur inmediatamente al verlo pasar.

- Señor Arthur que bien que este aquí, recuerdo cuando trajo por primera vez a sus gemelas, están muy grandes. Dijo el señor riéndose.

- Gracias señor Gaison, veo que no olvide aquel día, tendrá por hay algunos frascos vacio para pociones, necesito algunos para mi sobrino William, hijo de April. Dijo el señor Arthur mientras observaba las pociones.

- Bueno sígame, aquí en el estante estas los mejores, por ser usted se las dejare a mitad de precio, se las empacare y de regalo le daré una varita de prueba, ya que creo que su sobrino la necesitara, pero recuerde es de prueba. Dijo el señor Gaison.

Entre todas sus cosas el señor Gaison encontró la varita de prueba para que el niño comenzara a usarla en la calle, aquella varita tenia la magia limitada solo se podía usar en la calle dragen, William veía su regalo con los ojos brillosos, aun que savia que su tío llevaba más de 3 años sin trabajar todavía tenía dinero para darse sus lujos mágicos.

La señora Amber salió de la tienda y seguido entro a una tienda carísima, pero buena, la mejor de la calle, casi nadie entraba allí por los altos costos, aquí podía encontrar cada una de las cosas que le habían pedido a William desde los libros hasta los recoge lagrimas, comenzó a observar varias varitas muy hermosas, quería una nueva pues la de ella estaba rota.

- ¡Señor tráigame la varita más hermosa que tenga!, no la mejor, si no la más linda, la que este con mi personalidad… esa que todo el mundo se le quede mirando mientras la enseño, quiero algo espectacular, ¡que deslumbre!. Dijo la señora Amber.

- Señorita aquí tengo una como usted la pide, fina y liviana, esta echa de árbol del bosque meimi, pero no cualquier árbol, si no el árbol eterno, solo hay una como esta, la crearon hace poco para alguien como usted. Dijo el señor sonriendo y caminado alrededor de Amber.

- ¡Démela! Dijo la señora Amber.

La señora Amber recogió su nueva varita, compro toda la lista de William, sin exención, eran las cosas más caras del lugar, aun que sabía que Arthur le compraba más cosas, ella no le importo para nada el desperdicio de dinero que hizo el señor Arthur. Salió del lugar con toda la lista de William comprada, savia que necesitaría, desde las rosas hasta los libros, quería darle un excelente regalo. Se acerco a él y le entrego el gran paquete, William le sonrió y le dio las gracias mientras que Arthur le daba algo de comer a las pequeñas, de eran los sándwich que les preparo Adela antes de irse de casa.

Caminaron a la camioneta del señor Arthur, los hijos de Amber volvieron a la calle, todas las personas que se encontraban allí desaparecieron rápidamente, dejando solo a la familia de Arthur y la de Amber en el lugar. Los hombres volvieron a ver al gato de Amber, el cual maullaba sin control. Arthur cogió al gato y lo metió en la camioneta con el paquete de frascos para pociones y la maleta vieja de las niñas, los cuales sonaban haciendo un ruido sorprendente, cerró las ventanas y puertas. Embrujo la camioneta para que nadie pudiera entrar sin su consentimiento.

- Por favor dejen al pobre gato en paz, solo quieren sus dienten para la poción de mintiurus. Dijo Amber señalando a su hijo Albert.

Los hombres se acercaron más y más a ellos, las gemelas entraron al coche con William, cerraron la puerta rápidamente para que el gato no escapara, el cual se revoloteaba por todos lados, Carolina lo acaricio para que se calmara un poco. Pudieron ver los frascos de pociones en la camioneta con el paquete de regalo que le dio Amber a William.

- ¡William abre el paquete!, debe de haber algo que sirva de mucho, ¡Carolina prepara los frascos!, aremos una poción aquí mismo. Dijo Saray.

Los niños obedecieron, en el paquete se encontraba toda la lista completa de William con una varita nueva, muy bonita y elegante como le gustan a Amber, sacaron un libro que no había en la lista, el libro de pociones para novatos, era casi igual que el que le regalo su tío, pero con la diferencia que era un tomo nuevo. Saray lo abrió y comenzó a buscar una de las pociones, le ordeno a William que leyera el libro de defensa contra fénix.

- William apréndete el embrujo 1 del libro, nos servirá de mucho coge tu varita y comienza a moverla en forma de circulo, si te sientes cómodo estarás preparado para usarla, tú Carolina saca las cosas de la maleta. Dijo Saray.

Las niñas comenzaron hacer una de las pociones del libro, la número 44 la cual era muy difícil de preparar, con una gota de aquella formula podía congelar a cualquier persona por un tiempo limitado. William termino de aprender el embrujo que le indicaron “vuibum”, sencillo y fácil de usar, aria que pudiera convertirse a cualquier persona en lo que quisiera por unas horas o minutos, dependiendo la capacidad del mago.

Las niñas sacaron todo lo necesario para hacer la poción, ya tenían preparado los líquidos, ahora solo faltaba los frascos y el fuego, pudieron encontrar sus varitas ya que su maleta les daba todo lo que querían. Todos los frascos para pociones de William serian estrenados por las hermanas, pusieron algunos, los más pequeños, comenzaron a unir algunas sustancias que tenia a la mano, por fin habían logrado su objetivo. William memorizo correctamente el embrujo número uno y de una vez el dos, que serbia para curar heridas pequeñas y insignificantes.

Se podía observar destellos de luces, Arthur sudaba igual que Amber, entre los dos atacaban y se defendían mutuamente, Carolina y Saray estaban listas para su ataque.

- Bueno William es la hora de todo, baja el vidrio le haremos una señal a nuestro padre, dirás con fuerza el conjuro señalando a uno de los hermanos, se convertirá en cualquier cosa que tu desees, más pequeño sea más efectiva es el hechizo… recuerda algo pequeño para que mi padre lo atrape, aras lo mismo con el otro pero a nuestra señal. Dijo Carolina.

- ¡Sí!, pero… Dijo William mientras las gemelas lo interrumpían.

- ¡Pero nada William! solo tenemos una oportunidad no la desperdiciaras, piensa que es una prueba para entrar a la escuela. Dijeron las gemelas con firmeza y serenidad.

Una de las hermanas señalo el vidrio con su varita, lo bajo rápidamente y William dijo su parte, señalo a Kurt es el más cercano, pensó en algo pequeño, el hombre se convirtió en un caracol lento y chiquito, cabía en un dedo. Albert comenzó a disparar con su varita rápidamente y sin control, pero el poder de su madre no lo dejaba hacer nada. Arthur se agacho y en un pequeño frasco viejo el cual tenía en su chaqueta de color negra. William volvió a decir el conjuro contra el cual se convirtió en un gusano de tierra, rosa y feo.

Las gemelas bajaron del coche y agarraron al gusano, lo metieron con su hermano, cogieron la poción y con 3 pequeñas gotas los paralizaron por completo, el padre les hizo un hechizo para que no se movieran hasta llegar a su destino, la cárcel ferin, aquella en donde van las personas que intentaban dañar el orden de los magos. La señora Amber lloraba viendo a sus pobres hijos.

- ¡No habrá una forma de volverlos a la normalidad!, por favor señor Arthur no los mande presos. Dijo la señora Amber mientras lloraba.

- Aun que los regrese a la normalidad muchos magos vieron y me juzgarían, perdóneme, tal vez pueda hacer que salgan más pronto, tengo algunos contactos. Dijo Arthur.

- Si eso es mejor, gracias señor Arthur. Dijo Amber mientras se limpiaba la nariz con un pañuelo de color blanco, el cual saco de su bolsillo.

Todo parecía volver a la normalidad, la tormenta que parecía venir se desvaneció, las personas seguían nuevamente su rumbo, al final de la calle se podía ver una escalera larga y oscura, la cual parecía llevar a una caverna. El coche del señor Arthur estába destruido, todos los ataques de los hermanos se habían desviado hacia la camioneta dejándola inutilizada. Aun que trataron de hechizarla no pudieron hacerla marchar pasarían otra noche aquí, lo que no sabían a donde quedarse, la única casa que conocían era la de la señorita Amber la cual ya no existía.

El señor Arthur bajo todo lo del coche, recogió cada una de las cosas de William, las niñas curaron algunas heridas que tenía nuevamente la señora Amber, el gato de la señora Amber salió rapidísimo, sus ojos grises se veían más grandes. La señora Amber no perdería de nuevo a su gato ni lo arriesgaría, saco la poción de las niñas y paralizo al gato, le hizo el mismo hechizo de William para convertirlo en un gusano como su hijo. Lo guardo en su bolcillo.

Comenzaron a caminar hacia las escaleras del fondo que estaba al contrario del bosque meimi, llegaron nuevamente a la tienda de magia, el señor los invito a pasar rápidamente, le cambio la varita a William por una más cómoda para él, aquella era larga de color negro y con un hilo de color oro alrededor, era cara, pero a l vez poderosa, Amber la vio detalladamente.

- Señor Arthur tome un café, igual ustedes niños pueden tomar chocolate y golosinas de sentimientos. Dijo el hombre.

Pasaron a una zona del lugar en donde habían unas sillas y mesas, era como una especie de restaurante, algunas personas estaban allí comiendo feliz mente. El señor Arthur los reconocía pues eran famosos, al parecer un lugar para personas conocidas en varios lugares del mundo. La comida pasaba volando desde la cocina que se encuentra al frente de las mesas, hasta las personas que lo pedían, las lámparas flotaban por todo el lugar, era un lugar encantador e iluminado.

Las gemelas comenzaban a tirar los platos del aire con piedras que llevaban del bosque meimi, William recordó los 2 muñecos del bosque, el señor los llevo más allá de la cocina en donde solo se encontraba un enano cocinando un poco, su mandil de color blanco parecía negro de la suciedad que se cargaba encima, llegaron por fin a una especie de casa, los muebles eran viejos y rotos.

- Señor Arthur he visto que no tiene en donde dormir mi hermosa casa está para ustedes, pude observar la valentía de sus hijos, bueno de sus hijas y su sobrino, son como héroes. Dijo el señor.

- Gracias por la gentileza, nos quedaremos aquí con usted, ¿no habrá molestia con su familia? Dijo Arthur mientras observaba la casa.

- No tengo familia… bueno mi esposa se fue hace poco… Dijo el hombre agachando un poco la cara.
Los niños comenzaron a sacar de la maleta sin fondo todo lo necesario para dormir, el señor Arthur mando a uno de los ayudantes del lugar a entregar a los delincuentes, los cuales comenzaban a moverse por el frasco. La señora Amber se dirigió al baño el cual está al lado de la habitación de huéspedes, prendió la luz, el baño era de lo más sucio que había visto, se paro en el medio del horrible baño, el espejo estaba roto, lo que le causaba una incomodidad muy grande, levanto su mano y con un chasquido de dedos lo limpio y arreglo por completo.

Ya era nuevamente de noche, los niños se acostaron en el cuarto de huéspedes, mientras que Arthur y Amber durmieron en los sofás de la fea casa, aun que eran acogedores a Amber no le parecían del todo lindo. En el siguiente día regresarían a casa, llevaban dos días sin ver a su queridísima Adela, la cual los esperaba con ansias y alegría, lo que más esperaba era ver todo lo que habían comprado.

Mientras ellos dormían parecía que la casa tenía movimiento propio, por un momento el baño no estaba en donde se encontraba siempre, los cuadros viejos y con moho se movían por los aires. William despertó en la madrugada por los movimientos que sentía en la habitación de huéspedes, se quedo observando cada uno de los objetos, las maletas que se encontraban hay guardadas volaban por todo el lugar, algunas telarañas flotaban. Las niñas se despertaron unos minutos después que el, las cuales se quedaron sorprendidas al ver el espectáculo.

No tenían ningún objeto para hechizar, ya que todas las cosas de magia se habían quedado en la sala en donde dormían Amber y Arthur plácidamente, las niñas comenzaron a observar cada cosa de la sala, desde la biblioteca pequeña hasta la cama vieja, en donde habían dormido los tres juntos, algunos cuadros del lugar, mas que todos los retratos flotaban sin cesar. William comenzó a intentar a garrar las cosas que flotaba, pero era imposible ya que se movían veloz mente por todo el lugar, la puerta no se veía en ninguna parte, estaban encerrados en una habitación sin salida.
Última edición por sazare el 13 Dic 2011, 06:37, editado 2 veces en total
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Re: William ( historia )

Notapor Mexe » 10 Dic 2011, 04:03

=D> Está genial la historia ^^ me encanto :D felicidades o3o!

PD: yo tampoco llore cuando naci D:
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Re: William ( historia )

Notapor sazare » 10 Dic 2011, 04:09

hahaha, YO MENOS, fui prematuro y por elo no chille para nada
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Re: William ( historia )

Notapor sazare » 13 Dic 2011, 05:29

La varita que cayó por lealtad.


Saray y Carolina encontraron debajo de la cama un llave, fina y larga, Carolina la guardo rápidamente en su bolcillo, tal serviría de algo, o solo sería un objeto de mas en la habitación. William comenzó a caminar en círculo, veía la lámpara del techo la cual cambiaba de lugar cada minuto y se apagaba cuando podía. Las almohadas y cobijas flotaban, haciendo que hubiera más oscuridad en el lugar. Las hermanas recordaron la rosa negra que tenía William.

- William saca la rosa que te dio mi padre, a ver si podemos hacer algo. Dijo carolina mientras veía el bolcillo de William.

- Aquí la tengo, tómala, ¿pero qué se puede hacer con ella? Dijo William con curiosidad.

- Te lo explicaremos… todos los brujos nacidos de magos tenemos la posibilidad de hacer magia, eso te queda muy claro, el caso es que estas rosas tiene un poco de magia, poquito se puede decir, estas rosas solo las usan en el mundo mágico, es decir, la zona que los humanos no pueden entrar… Dijo Saray.

- ¡Deja que yo le termine la historia!, estas rosas que puedes ver son como una especie de varita pero solo sirve para transformarse a personas u objetos en otro, solo para eso, cuando tú dices un conjuro ella te convertirá en lo que has dicho o pensado, como en la calle dragen nos convirtió en roedores, solo es para eso, pero en los ogros es diferente, eso luego lo aprenderás… Dijo Carolina.

- ¿Pero de que nos sirve? Dijo William.

- Bueno William recuerdas los caramelos y la poción, bueno eso nos servirá uniéndola con la rosa oscura para crear una poción nueva, esta por nombre lleva “sulivín”, solo los hijos o integrantes de la hermandad las pueden hacer. Dijo Saray.

Carolina saco la poción que había hecho en el coche de su padre, aun que no era del todo perfecta les serviría de algo. Saray cogió la rosa de William, la coloco en el suelo, mientras que William recordó la varita de prueba, recordó que solo funcionaba en la calle dragen y todavía se encontraban hay, la saco de su chamarra, ya que la había cogido en la camioneta para practicar un poco, pero claro había usado la que le regalo Amber. Se las dio a las hermanas las cuales seguían recordando cómo hacer la poción. La varita les serviría de mucho pues la poción convertía la rosa en varita, mas una varita de prueba se puede convertir en una varita profesional y fácil de usar. Las hermanas que sabían cómo usar bien estas varitas sabían qué hacer con ella y cómo manejarla de acuerdo a sus necesidades.

- Bueno ya preparado la poción, miren como la rosa se marchita en la poción, ¡William esto no se lo puedes decir a nadie! Dijo Carolina.

- Si se los prometo, a nadie, será un secreto de primos. Dijo William mientras reía.

Vertieron la poción de la rosa negra sobre la varita de William. La varita se convirtió en una de 30 cm, con una tonalidad verdosa como le gustaba a Saray, William la cogió rápidamente antes que las hermanas comenzaran a pelearse por ella, como ya sabía usarla solo tenía que esperar las indicaciones de sus primas.

- Ya que las has podido agarrar antes que nosotros, aprenderás un nuevo conjuro, repite después de mi, señala una de las paredes de la habitación, no puedes fallar William todo depende de ti, - relebium-. Dijo Carolina.

William señalo una de las paredes, hizo círculos con su varita y dijo el encantamiento que había memorizado correctamente, las cosas comenzaron a volver a su lugar, la puerta volvió un poco sucia y rota, las niñas se dieron cuenta rápidamente de que la casa se encogía cada vez más y más, la puerta estaba cerrada, las hermanas recordaron la llave la cual insertaron en la puerta, aquella se abrió, salieron rápido del dormitorio, William guardo la varita y salió de tras de las niñas a gran velocidad. Pudieron observar como la habitación se volvió tan pequeña que solo entraba una pulga en la diminuta puerta.

Se encontraban en la sala en donde el señor Arthur y la dama Amber dormían, después de unos minutos Amber y Arthur se levantaron del sofá grande y cómodo, comenzaron a notar lo extraño de la casa, el señor que les había ofrecido su hogar salió de una de las habitaciones, parecía enojado y un poco fastidiado, señalo a la señora Amber mientras veía su bolcillo izquierdo en donde tenía al gato.
- Sabe señora, entrégueme el gato, se que lo convirtió en un animal pequeño, lo podre vender en un precio justo, ¡vengan todos, que aquí esta ella! Dijo el señor.

- Que tanto tiene mi gato, sabe que prefiero morir que antes dárselo señor Linojo, sabe mi gato puede ser el único en su especie pero eso no les permite robarlo.

Hombres salieron de espalda de los muchachos, las luces se apagaron quedando solo una luz la de la sala, el señor Linojo levanto una especie de flauta larga y ancha, toco mientras que los demás hombres, diez en total se acervaban a los invitados, el señor Arthur volvió a sacar su varita, señalo la maleta la cual se elevo hasta tocar los pies de las gemelas, les lanzo sus varitas para que defendieran de William que solo se savia tres conjuros los cuales les servirían de poco.

Todos los hombres sacaron las varitas, la señora Amber finamente señalo los muebles y objetos, los desapareció o mejor dicho los mando a otro sitio, Carolina y Saray estaban preparadas para todo, los huéspedes que eran ellos hicieron un círculo en el medio estaba William el cual no lograba ver lo que sucedía. William levanto la varita que habían creado sus primas recordó algunos conjuros que llego a escuchar, repitió el hechizo – lumiesmo-, las luces del lugar volvieron a encenderse nuevamente.

- Bueno niñas ya saben qué hacer, defender al indefenso. Dijo Arthur mientras se le escapaba una dulce sonrisa.

- Si padre no lo tienes que decir. Dijeron las mellizas mientras sudaban.

Comenzaron todos a disparar al objetivo, la señora Amber que es experta en defensa y escape protegía a cada uno de ellos, era maestra de la escuela de Mouroski en donde iba a ir William, aun que no se lo había dicho todavía. Las gemelas disparaban al aire para que cayeran algunos bloques de sementó y así hacer una defensa, pero estaba rodeadas no podían por todos lados, impidiendo que pudieran hacer una defensa. William vio el maletín sin fondo, saco el libro de encantamientos que le regalo la señora Amber, leyó alguno que le ayudara en un ataque rápido y preciso, el cual podría acabar con todo, pero todos eran muy complicados para usarlos.

- ¡Amber dale el pífano rápido! Dijo Arthur gritando.

- Pero está prohibido llamar a los halfos en lugares así, me pueden sancionar. Dijo Amber bajando la cara.

- Te prometo que no pasara nada, si llega a suceder que me lleven a mí.

Amber le lanzo aquel objeto musical a William para que llamara al halfo rápidamente, esto les daría una escapatoria rápida y sencilla, William el cual ya conocía al halfo, se le aria fácilmente , la señorita le indico que solo tocara lo que quisiera sea lo que sea, cuando llegara el halfo lo llamara por su nombre Chuby como ella le había puesto, William comenzó a tocar una melodía desafinada, las gemelas le gritaban que se apurara, que no tenían tiempo suficiente para esperar tanto, William tocó por un rato, por un momento abundo el silencio esperando que algo sucediera, lo cual nunca paso

- Tío no pasa nada. Grito William.

- No puede ser tal vez sea por la situación en las que estamos, es un poco miedoso ni modo tendremos que defendernos hasta lograr salir de alguna forma. Dijo Arthur.

Arthur siguió con el combate que no paraba para nada, se percato de que el frasco de la señora Amber se comenzaba a mover, el gato estaba volviendo a la normalidad. Amber se dio cuenta rápidamente, saco al gato del frasco y se lo entrego a William para que lo vigilara. William intento sacar algo del maletín nuevamente, pero al parecer no servía, el conjuro había desaparecido por completo.

La señora Amber señalo a uno de los hombres de negro que se encontraban en la sala disparando, hizo el hechizo – olvideus-, el hombre comenzó agitar su cabeza, parecía que no sabía lo que hacía en ese lugar, comenzó a observar cada una de las cosas de la habitación con sorpresa e interés, en realidad la señora Amber le borro toda la memoria, es un conjuro bueno y fácil de aprender pero difícil de usar. Arthur no resistía mas el ataque eran once contra cinco, pero bueno William no contaba como ayudante.

- Señora Amber que le cuesta dar al gato, si quiere solo quítele el diente y quédeselo, eso es lo que necesito entiende nada mas eso, ¿no quiere que la mete verdad?

- ¡Ya se lo dije!, no se lo entregare déjenos ir inmediatamente. Dijo la señora Amber.

Arthur pudo reconocer a uno de los 10 hombres, estuvo en el combate de hace 100 años, salió en la prensa, al parecer fue atrapado por las autoridades pero escapo a los pocos días y no se sabe su paradero, o eso se pensaba. Su cabello es café y su piel pálida con ojos de color negros, sirvió a Melisa durante un tiempo largo. Los nueve que restaban no los reconocía o no los ha visto en ningún lado. La señora Amber si pudo reconocer a otros mas este es Abraham Conrra uno de los asesinos más buscados en todo el mundo mágico. El otro es Simus Conrra hermano y seguidor de Abraham Conrra, los demás si eran desconocidos por todos.

Entre todos pudieron derribar más de la mitad, solo quedaban tres magos atacando contantemente, el dueño de la tienda y los hermanos Conrra que no se dejaban vencer facilmente. La señora Amber le pidió a William que le sacara el diente de oro al gato sabía que no podía contra ellos, William siguió sus ordenes, al principio el gato no se dejaba tocar por él, Arthur se voltio rápidamente y lo encanto.

- William sácale un diente normal, yo se que hacer para engañarlos. Dijo tío Arthur.

William, obedeció las indicaciones que le había dicho su tío, la luz del sol comenzaba a notarse en una de las ventanas de la sala, algunas personas tocaban la puerta de la tienda, no se podía ver lo que sucedía pero si escuchar. William termino de sacar el diente, un colmillo muy filoso, se lo entrego en la mano a su tío el cual seguía dándole la espalda, las hermanas se les notaba cansada no resistían tanto tiempo en un combate.

Arthur pinto el colmillo con un encantamiento y se lo lanzo a Simus Conrra, el cual se dio cuenta rápidamente del engaño que les estaba haciendo.

- Ja, este colmillo no es más falso porque no puede, ¡darme el verdadero inmediatamente!, o sus pequeñas y tiernas niñas morirán.

- A ellas no les hagas daño. Dijo el señor Lein el cual había entrado a la tienda.

La señora Amber se sorprendió de la valentía de Lein. Arthur pudo tirar a uno de los hermanos Conrra, Abraham Conrra, le quito su varita con un encantamiento y se la dio al pequeño William el cual estaba aterrorizado con lo que sucedía. Lein comenzó a dispararle a Simus Conrra el cual había asesinado a sus padres hace 50 años quedando el huérfano y con tres hermanos que cuidar.

- Si es el pequeño y inofensivo Lein Weindi, ¿Cómo están tus padres?, ¡muertos!, ahora ya eres un hombre hecho y derecho, pero sigues igual de débil como aquella vez. Dijo Simus con un tono frio burlón.

- ¡Morirás! Dijo lein mientras veía a Simus.

Amber recogió a los niños a todos, savia que correría sangre de alguno de los dos en la sala, toco nuevamente el instrumento. El halfo había llegado los cogió de las manos dejando a Arthur en la sala con Lein, Simus y linojo. Llevo a los niños a un lugar seguro, nuevamente al bosque meimi, la señora Amber hizo un hechizo que les permitía cubrirse de los enemigos del bosque, los ogros.

El señor Arthur siguió con la batalla, Linojo se llevo a cada uno de los magos heridos, huyo del lugar dejando a Lein y Simus en una batalla. Arthur intento ayudarlo pero Lein le pidió que no interfiriera en los asuntos personales. La batalla duraría hasta que alguno de los dos cayera muerto en el piso, parecía eterna, conjuros corrían por todo el lugar. El señor Arthur se aparto un poco, solo esperaba que Lein saliera victorioso del lugar.

- Lein, pobre lein solo eres un arrastrado de ellos, pero para ti en donde habrá un lugar. Dijo Simus.

- ¡Calla! Maldito estúpido. Dijo Lein mientras gritaba y decía hechizos.

El señor Arthur salió del lugar dirigiéndose a la tienda, busco algo que ayudara a Lein, no quería que muriera sin el hacer nada al respecto, se seguían escuchando las voces de los dos. Arthur cogió algunas pociones, recordó una que otra que le serviría de mucho, o eso pensaba, volvió a la sala pero antes cerro todas las ventanas de la tienda, la madera rechinaba a cada paso, algunos libros caían al piso de tanto ruido que hacían en la sala.

Paso por el restaurante en donde estaban todos los platos en el piso rotos y sucios, volvió nuevamente a la sale en donde se notaba a Lein muy cansado. Simus se reía mientras atacaba al pobre Lein, aun que Arthur trato de usar las pociones Simus se lo impedía con conjuros y ataques.

La señora Amber camino con los niños hacia el lago en donde tomarían un poco de agua para descansar, el halfo curo las heridas de las niñas causadas por el ataque continuo de los hombres. Amber le dio comida al halfo mientras el corrían por el lago, descansarían un poco antes de regresar a la calle Dragen.

- ¿Creen que este bien el señor Lein? Dijo William.

- Bueno William el señor Lein es muy fuerte y con la ayuda de tu tío pues vencerán aquel hombre, no te preocupes todo está más que bien. Dijo la señora Amber con cara de preocupación.

La señora Amber comenzó hablar con las gemelas para distraerlas un poco de la tención, William jugaba Chuby el cual se le notaba feliz, algunas hadas se acercaban a los niños, los centauros se alejaban mientras que los faunos comenzaban a notar más a los niños.

- ¡A sí que tú nombre es Chuby! Dijo William.

- Si joven William, como sabrá mi familia no me acepta por mi forma de ser, me siento tan alegre de poder ayudarlo. Dijo el halfo mientras le brillaban los ojos.

- ¡Eres de ayuda Chuby!, ¿podrás irte conmigo a la escuela? Dijo William mientras le sonreía.

- O joven William me gustaría mucho estar allá con usted, es muy amable. Dijo chuby.

Las hermanas se acercaron a los elfos los cuales eran muy bonitos, algunos gnomos se veían de tras de los arboles, eran tan pequeños y difícil de ver a las vez. Amber preparaba un poco de fruta, las cuales encontró en el bosque. William seguía conociéndose con su nuevo amigo chuby, el es muy simpático y se sonroja igual que él. La señora Amber se le notaba cada vez más nerviosa – que será de e-e-e-ellos-, dijo mientras veía el camino hacia la calle dragen.

En la calle dragen llegaba más personas, algunos entraban a las tiendas y otros probaban sus nuevas cosas en la zona de combate. Se había corrido la voz de la captura de los hijos de Amber, algunos decían que ella los apoyaban, otros solo murmuraban lo sucedido un día antes. Muchos escuchaban los ruidos de la tienda para magos en donde se encontraba Arthur y Lein. Por las ventanas se podían ver destellos de toda la magia que estaban usando. Los magos de la calle intentaban entrar pero no podían.

La señora Amber preparaba todo para regresar a la calle dragen, más que todo para reparar la camioneta del señor Arthur que se encuentra devastada. Chuby el cual está tirado en el piso por el cansancio de tanto jugar con William, las gemelas guardaban todas las cosas en la maleta, cogían al gato de la señora Amber solo para molestarlo. La señora Amber le había sacado por fin el diente de oro y se lo entrego a los gnomos para que lo guardaran en las profundidades del bosque. Algunos centauros ayudaban a las niñas con las cosas, más que todo a recoger.

- ¡Apúrense que tenemos que llegar deprisa a la calle dragen! Dijo Amber mientras terminaba de recoger cada uno de los objetos de las niñas.

- ¡Ya vamos! Dijeron las gemelas mientras limpiaban un poco a William el cual estaba más sucio que la misma tierra.

Amber decidió caminar hasta la calle dragen algo le decía que Lein no quería intrusos en el ataque, los niños pasaban de bajo de los arboles parlanchines: con ramas largar, tiene la posibilidad de hablar y solo se localizan en dos lugares, el bosque meimi y el bosque de los mil pecados. Chuby caminaba un poco lento pues aun que es fuerte y hábil el cansancio lo mataba, bueno o eso él decía cuando caminaba mucho. Las gemelas cogían algunas flores del bosque, como rosas y orquídeas que florecían a su paso. El bosque estaba repleto de animales como centauros, gnomos, elfos, hadas, faunos y animales desconocidos para Amber.

- Señorita Amber, señorita Amber… dijo Chuby.

- ¡Qué quieres Chuby! Dijo Amber mientras veía al pobre halfo caminar sin fuerzas.

- Y si los llevo hasta allá, déjeme hacerlo. Dijo Chuby.

- ¡No!, caminaremos, si lo deseas te puedes quedar en el bosque, cuando William llegue a la escuela podrás ir con él, te parece.

Chuby no obedeció a Amber y siguió caminado al lado de William, les faltaba poco para llegar al lugar, el guardián del bosque, en realidad un enano anciano y con una barba que se arrastraba por el suelo los vio mientras caminaban. En un principio no reconoció a la señora Amber impidiéndole salir del bosque con los muchachos, después de unos minutos de dialogo pudo reconocerla rápidamente, la llevo a la salida más cercana y la que se aproximaba mas a la calle dragen.

Todos los magos de la calle se acercaban con la señora Amber para decirle lo que sucedía en la tienda de magia, la señora Amber solo hacia cara de sorpresa para disimular de que ella savia lo que pasaba. Los niños caminaron más rápido al lugar de tras iba Amber jalando al halfo el cual ya no se movía mucho, llegaron al lugar rápidamente en donde Arthur les abrió la puerta.

- Todavía siguen ahí dentro, no han parado desde que se fueron, algunos magos se han dado cuenta de lo que sucede, aun que no han logrado ver nada. Dijo Arthur mientras se dirigían al lugar del encuentro.

Aun que trataron de pasar a la sala no podían algo se los impedía, Chuby era el único que podía pasar pero estaba tan cansado que su magia no llegaba lejos y menos pasar una barrera mágica. Arthur intento con algunos hechizos pero ninguno le hizo efecto a la barrera que había hecho al parecer Lein.

- ¡Y ahora que aremos! Dijo Arthur mientras daba vueltas en el lugar.

- No lo sé pero no podemos dejarlo hay solo, necesita de nuestra ayuda. Dijo Amber mientras seguía tirando embrujos a la puerta.

La policía de la región tocaba la puerta amenazando de derribarla, el señor Arthur tenía miedo por lo que podía suceder si llegara entrar al lugar. Se encontraban en la cocina la que las hacia entrar a la casa del señor Linojo. William intentaba de recuperar a Chuby pero sus esfuerzos eran en vano. La señora Amber decidió salir del lugar para distraer un poco a los policías que seguían tocando la puerta. Bum, Bum, se escuchaba fuertemente.

- ¡Que pasa! Dejen entrar. Dijo uno de los policías.

La señora Amber salió del lugar un poco nerviosa, aun que no sabía que decirles para que dejaran de molestar, escondió su varita para que no sospecharan de ella algo que no es cierto.

- Perdone por los ruidos y la magia, es que las niñas están haciendo pociones y pues no dejan de hacer ruidos. Dijo Amber miedosamente.

- Si es eso no le importara que pasemos a la sala verdad. Dijo uno de los policías.

La señora Amber no se pudo negar a la propuesta, aquellos hombres de manto negro con sombreros largo y puntiagudos en sus cabezas, entraron al lugar, el señor Arthur no podía permitir que supieran o podía ser peor para todos, especialmente para él. Saco su varita hizo un embrujo el cual desaparecería la sala por unos minutos, bueno en realidad haría que las personas que estaban fuera de ella no pudieran entrar. La cocina y el restaurante estarían a salvo por un tiempo.

- ¡Señora Amber en donde dice que están las niñas! Dijo uno de ellos.

- Creo que dije mal, perdóneme usted, bueno los ruidos venían de la radio que la tenía a mucho volumen, y la magia fui yo perdone la molestia, como vera solo hay una sala en este lugar, sin ninguna pue-er-er-er-ta adiciona-na-na-na-nal.

- Otro ruido o alguna queja que escuchemos nuevamente vendremos pero ya será diferente, no la llevaremos para que sepa. Dijo el policía mientras guardaba su varita.

La señora Amber cerró la puerta nuevamente, no sabía que sucedió con la puerta, pero eso la ayudo por un momento a salir del embrollo que se había metido. Cerro nuevamente cada cosa del lugar para que las personas no supieran nada, dijo- reserbius- este hechizo servía para que los ruidos del interior no salieran al exterior. La puerta volvió aparecer, Amber regreso a la cocina, el señor Lein había quitado el conjuro de la puerta que llevaba a la sala en donde se encontraba Simus Conrra.

El señor Lein se encontraba más cansado de lo normal, todo se encontraba tirado en el piso, Simus seguía disparando cada vez más, el sudor corría por toda su frente. Lein les ordeno que retrocedieran, siguió el ataque, la señora Amber quiso interferir para acabar con el combate que llevaba mas de 3 horas en pie, algunas cosas se convertían en animales, objetos o libros pues los conjuros se desviaban a otros objetivos. Arthur no soportaba mas el combate, no podía dejar que alguien muriera.

- Señor Lein deje que lo ayudemos, no sea estúpido. Dijo Arthur mientras sacaba su varita nuevamente.

- Yo le jure a mi padre que lo asesinaría con su varita, sabe él no puede vivir más, salir ustedes de aquí y dejar que yo lo mate. Dijo Lein mientras disparaba más rápido a su objetivo.

- ¡Obedezca y deje que lo ayudemos! Dijo Amber mientras caminaba hacia Simus.

- El podre Lein necesita ayuda de dos estúpidos, jajaja. Dijo Simus mientras se reía.

William había hecho reaccionar a Chuby el cual se paraba lentamente. Le cogió una mano, el pobre Halfo se veía menos cansado, las hermanas se percataron de lo que quería hacer William, cogió su mano, rápidamente la señora Amber cogió la de Lein y de Arthur. Chuby los llevo a fuera de la tienda. Lograron un escape. Lein se veía más que cansado, devastado. Su varita parecía sobre cargada de magia Simus comenzó a correr hacia la puerta de la tienda. Arthur se dio cuenta de eso y corrió con todos hacia su camioneta la cual seguía mal.

- ¡Chuby tu deberás esconderte hasta nuestra señal! Dijo Arthur.

- William recoge a mi gato que sigue paseando por todos lados, aun que ya no importa mucho pero lo sigo queriendo mucho. Dijo Amber mientras veía al gato caminar por la calle.

Todos corrieron hacia la camioneta, Simus iba tras ellos. Chuby se escabullo entre las personas y comenzó a desviarse del lugar, volvió al bosque meimi en donde no iba a salir por un tiempo, tenía miedo de lo que podía pasar, aun que el señor Arthur le ordeno que se escondiera el no obedeció. William se dio cuenta de lo que Chuby trataba de hacer, no le importo ahora solo necesitaban escapar lo más rápido posible. Las hermanas vieron la camioneta la cual parecía funcionar nuevamente, sacaron sus varitas rápidamente e hicieron el embrujo para que flotara.

Amber se voltio para ver en donde venia Simus, el señor Lein no quería dejar la batalla en manos de la policía, pero si no era así moriría, el gato de la señora Amber se lanzo a la camioneta mientras se le erizaba el pelaje negro y sucio por tanto que había caminado por el bosque. William y las gemelas entraron a la camioneta, ordenaron algunas cosas dentro. Hicieron un hechizo para estirarla un poco más esto les permitiría llevar a tres personas más. Amber saco nuevamente su varita, savia que todo se volvería a poner feo y no permitiría que Lein luchara solo.

- Señor Lein diga lo que diga yo también jure lealtad a la escuela, pero eso no significa que no lo puedo ayudar.

- Está bien señora Amber dejare que me ayude, pero sería mejor que nos fuéramos de una vez antes de que nos ataque. Dijo Lein.

Arthur se monto en la camioneta ancha y oxidada, saco la llave y la encendió, la señora Amber se monto en seguida, Lein igual. Cerraron las varitas y comenzaron a elevarse por los aires. Simus cogió una escoba larga y fina, se monto en ella la cual comenzó a elevarse, es una de las mejores decía Saray mientras lo observaba por la ventana rota. Arthur pasó encima del bosque meimi en donde pudo observar a Chuby.
- Chuby vienes con nosotros, todavía queda un lugar. Dijo Arthur gritando.

Chuby se tele trasporto lo más rápido posible a la camioneta, cayó encima de las pequeñas. Se acomodo en donde le indico William, a su lado en realidad. Simus atacaba la camioneta continuamente. El señor Arthur comenzó a subir la velocidad necesitaba escapar lo más rápido posible, o bueno llegar a un sitio en donde pudieran combatir. Pasaron las montañas juansy y lieso las cuales son famosas en esta zona del mundo, pudieron ver una gran colina verde y llena de arboles, hay seria en ataque.

- ¡Bueno agárrese fuerte que vamos a bajar! Dijo el señor Arthur mientras descendía a la colina.
La camioneta comenzó hacer un gran ruido en el motor, parecía que sería fuerte la caída, el señor Arthur le ordeno a Amber que manejara cuando él se bajara, no quería que los niños se quedaran a observar la batalla contra Simus, el señor Lein saco su varita. Las niñas se quedaron en la camioneta esperando a Amber. William observaba la escoba en el aire la cual soltaba como un polvo gris, Chuby se escondía tapándose la cara. El señor Arthur y Lein bajaron de la camioneta. La camioneta comenzó nuevamente a elevarse, Amber llevaría a los niños a casa, aun que sería un camino largo lo tenía que hacer.

Arthur saco su varita, señalo la escoba la cual no terminaba de bajar. Simus la dejo caer al piso, Simus apunto hacia Lein con el cual habían combatido. Linojo volvió a la batalla ahora estaba recuperado, estaban parejo dos contra dos.

- ¡Bueno linojo ellos creen vencernos! Dijo Simus mientras carcajeaba.

- ¡Ellos vencernos a nosotros! Dijo Linojo.

Arthur rompió el silencio que se había prolongado por unos minutos en la colina. El viento pegaba en su ropa levantándole las túnicas a Linojo y Simus. Lein hizo el primer disparo hacia Linojo el cual es más inofensivo, Arthur siguió su técnica pero protegía más. Simus y Linojo comenzaron a disparar rápidamente, las varitas se agitaban por todo el lugar, caminaban los cuatro haciendo un circulo en el suelo, Arthur sabia que alguien tenía que morir para acabar con todo esto, lo que comenzó por un simple diente termino en una riña de muerte.

Los niños se tensaban al pensar en la batalla que podían ver a lo lejos de la camioneta, no habían avanzado tanto, Chuby observo todo aquellos, seguía cansado para trasportarse a esa distancia tenía que esperar un poco antes de hacer algo. William vio la varita que habían hecho en la tienda, aquella comenzó a desvanecerse, Chuby llevaba en sus brazos todo lo que habían llevado para la calle dragen y las cosas que le regalo Amber a William.

- ¡Señora Amber haga algo! Dijo Carolina mientras veía el destello de los hechizos en el cielo.
La señora Amber la ignoro, siguió manejando pronto dejarían de ver aquel espectáculo escalofriante que dejaron atrás, solo pensaba en lo que podía suceder allá, pero no podía regresar.

El señor Arthur levantaba y agitaba su varita rápidamente para defender a su compañero de batalla, era muy difícil vencer a un asesino como Simus ellos dos solos, aun que Arthur tenía experiencia en casos así llevaba 3 años sin defender o ejercer su carrera, mientras que Lein era un solo mago que trataba de vengarse de lo sucedido hace años, todavía no podía superar la muerte de sus padres, es joven y alto, sus ojos negros parecían ciegos, aun que Arthur trato de hacerlo entender que la venganza no es buena él no lo escuchaba.

Simus y Linojo se reían de ellos mientras disparaban, Linojo un experto en ataques de distancia se alejaba mas para atacar más fuerte, los colores de las varitas se podían apreciar en su magia, la de Simus negra y fría, como es el, mientras que la de Lein blanca y débil, solo esperaban un movimiento en falso por parte de alguno de los dos para terminar esta batalla. Simus no dejaba de ver a Lein, a veces movía sus ojos rápidamente para cubrirse de los ataques de Arthur el cual parecían débiles e insignificantes.

- Morirán los dos juntos, se les recordara como los que trataron de asesinar a un asesino como yo. Dijo Simus.

En el automóvil se prolongaba cada vez más y más el silencio, Chuby se recuperaba, William solo veía al frente intentando encontrar una solución. La señora Amber les regalo un dulce cada uno, estos eran para tranquilizar los nervios, son de sabor menta. Las gemelas se abrazaban mientras recordaban a Simus atacando a Lein en la calle dragen. Amber aceleraba cada vez más, se sentía culpable de haber dejado a sus amigos con aquel hombre. William comenzó a moverse mucho como si algo lo molestaba, cerró los ojos y comenzó hablar.

- Hay un segundo mago, es Linojo, ha regresado, el tío Arthur esta débil igual que Lein. Dijo William mientras se revoloteaba en la camioneta.

Amber se dio cuenta que William llevaba un pedazo de la ropa de Arthur la cual esta hechizada por eso podía ver lo que a él le sucedía, <<Arthur siempre ha sido inteligente>> dijo Amber mientras veía a William volver en sí. Chuby le dijo que ya se había recuperado para una tele trasportación a cualquier sitio. Chuby abrió la puerta de la camioneta sin aviso, cogió el pedazo de ropa de Arthur. Comenzó a caer, de un momento a otro Chuby desapareció en el aire.

Lein estaba en el piso, Arthur lo protegía de los ataques, Linojo no aguantaba mucho tiempo para caer. Simus comenzó atacar cada vez mas fuerte sin importarle su compañero que necesitaba ayuda. Chuby llego al lugar, aun que había llegado rápidamente, sería difícil regresar a la camioneta con Arthur y Lein juntos, se escondió detrás de algunos árboles, con chasquidos ayudaba de lejos a Arthur. Linojo y Simus no habían visto la parecencia de Chuby en ninguna parte. Lein volvió a levantarse son importar que fuera herido por algunos de ellos.

- Huid señor Arthur, déjanos a nosotros solos aquí, termina con Linojo antes de irte no podre con los dos. Dijo Lein mientras se levantaba del pasto.

En la camioneta se rompía el silencio con algunos chistes, pero claro no se olvidaban de lo que sucedía, la señora Amber hechizo la camioneta para que fuera en automática por un tiempo, converso con los niños un rato, William parecía alegre, al parecer los caramelos le habían hecho efecto.

Arthur comenzó a disparar sin importarle lo que pudiera pasar, Chuby se acercaba por los arboles, Linojo estaba casi rendido y listo para marcharse. Lein levanto su varita dijo- explotus reiteratus- señalando a Linojo el cual saco su pecho y comenzó. Seguido de aquello el cuerpo de Linojo cayó al piso, se podía ver como una luz blanca salía de su corazón, estaba tendido, más que tendido muerto, Lein había acabado con él.

- ¡Chuby!, llévate inmediatamente a Arthur no quiero que vea esto. Dijo Lein mientras señalaba con su varita a Simus.

Lein se distrajo por un momento, Arthur corrió hacia el intentando cubrirlo de un ataque, todo fue en vano Simus había hecho el mismo hechizo de Lein. El podre hombre y fiel amigo de Amber había caído al sueño muerto. Simus cogió su escoba y se marcho mientras reía. Arthur intento recuperar a su compañero fue en vano, la sangre de Lein corría por todo el lugar, manchando el pasto y las flores que se tornaban rojas. El cuerpo de Linojo había desaparecido repentinamente sin dejar rastro de él. Arthur cabo un hoyo con magia, sepulto a su amigo para siempre, corto algunas rosas y las dejo caer justo encima de la tierra húmeda de sangre y lagrimas. Lein había muerto por lealtad.

Chuby cogió de la mano al señor Arthur el cual seguía llorando la muerte de su fiel compañero de varitas, comenzó a caminar con él, Arthur le pidió que caminara separado de él pero no lejos pues quería estar solo un rato. Chuby camino detrás del señor Arthur el cual caminaba lento y se detenía a secarse las lagrimas, aun que no conocía muy bien a Lein sentía tristeza por su muerte.

Amber sentía un alivio en su pecho, savia que habían logrado vencer pero no podía apreciar que uno de sus amigos había muerto. William le sonrió mientras visualizaba el hermoso atardecer que pasaba por las montañas, las hermanas cerraban la ventana pues el frio se estaba prolongando por la camioneta, la señora Amber comenzó a bajar la velocidad faltaba poco para llegar, aun que era más de 3 horas de camino ya podía descender un poco.

Chuby alcanzo al señor Arthur el cual seguía llorando, se limpiaba con la manga de su playera negra, la chaqueta que llevaba la había tirado por el camino sin darse cuenta, Chuby intentaba seguir su paso el cual es más acelerado de lo normal, cogió rápidamente su mano la cual sudaba. Arthur se detuvo para apreciar el atardecer, todo había acabado para uno de los magos menos famosos pero valiente como los guerreros. Recordó la promesa de Lein con su padre.

- ¡Juro por ti Lein que lo matare cuando pueda! Dijo Arthur mientras veía el cielo oscurecer a su paso.
Chuby cogió su mano y lo trasporto a la camioneta vieja y oxidada, la señora Amber se alegro de verlo nuevamente, estaba sano y salvo, noto la tristeza en sus ojos, savia que Lein había muerto gracias a Simus Conrra, el asesino más buscado en todo el mundo mágico, vio que Arthur tenia la varita de Lein en su bolsa acompañando la de él, la dejarían en donde pertenece, la calle dragen. Las gemelas abrazaron a su padre el cual seguía llorando la perdida de Lein, William le dio uno de los caramelos que les regalo Amber hace unas horas. Arthur les conto cada una de las cosas que habían sucedido en la colina.

Arthur señalo el camino hacia su casa, faltaba poco para llegar, una hora en realidad, las niñas dormían en los hombros de Arthur mientras Chuby dormía junto a William, Amber comenzó a ascender un poco mas pues no quería que nadie de los humanos lo vieran.

- Ya es de noche, quisiera llegar lo más pronto posible. Dijo Arthur mientras bostezaba.

La señora Amber acelero un poco más, de lejos se podía apreciar la casa de Arthur, las luces estaban completamente apagadas. Arthur señalo una de las calles, la calle weisdeis, en aquella calle se podía notar alguno que otras luces encendidas. Amber comenzó a descender, estaban más cerca de la casa, poco a poco el coche bajo con un poco de turbulencia. Carolina y Saray bajaron del coche del cual seguía flotando un poco, William despertó a Chuby el cual seguía durmiendo en sus piernas. Arthur termino de bajar cada una de las cosas de la camioneta.

Habían llegado a casa. Adela prendió una de las luces de la casa la cual hacia un destello hacia el jardín en donde seguían bajando las cosas los niños.
Última edición por sazare el 13 Dic 2011, 06:38, editado 1 vez en total
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Re: William ( historia )

Notapor sazare » 13 Dic 2011, 05:31

Algun error o falta de algo notifiquen sitando en donde se encuentra...

PD: los capitulos estan sujetos a cambios en cualquier momento
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