uy, hace mucho que no sigo la historia, pero deben entenderme, no tengo demasiado tiempo, la empeze y termine hoy, porque me apure antede que vengan mis padres.
ok, aca va:
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Capitulo IIILa venganza del capitán.En tan solo unos minutos la gran capital del enemigo se encontraba en un gran peligro.
-¡No nos quedaremos con los brazos cruzados mientras nos atacan!-grito el gobernante de su ciudad- llamen a todos los vehículos militares de nuestras ciudades.
-Pero Señor…
-¡Pero Señor Nada!- interrumpió el gobernante- o los llaman a todos o les echare a prisión ¡¿Entendido?!
El soldado asintió con la cabeza, estaba demasiado asustado para hablar. En cuanto el soldado salió de la sala, el gobernante agarro todo su equipo de batalla, estaba dispuesto a darlo todo por su ciudad, o al menos, eso creía.
El capitán Peast se encontró con un gran problema, uno de sus soldados advirtió que había un número mucho mayor de tropas defendiendo la ciudad.
-Los números no ganan batallas- alentó un guerrero al capitán.
-No, pero créeme que ayudan mucho.
De repente vio la gran amenaza para sus tropas, pero no se iba a dar por vencido, el debía vengarse, cueste lo que cueste.
- ¡Retirada! Tengo una idea, vallan todos a las colinas, ¡Pronto!
-Sí mi capitán- se oyó gritar a muchas tropas.
Y así todos los vehículos que escucharon se escaparon a las colinas, y los que no oyeron pronto siguieron a los vehículos que se iban, el imperio enemigo, demasiado confiado por aquella retirada, empezó a festejar, pero fue demasiado pronto…
-Ahora quiero que ustedes- dijo señalando a unos cuantos vehículos y tropas a pie- vallan sin que los descubran hacia los arboles, detrás del pueblo, allí nunca se darán cuenta de quien los golpeo.
Los guerreros no dijeron nada, sino que todos los hombres de pie se subieron encima de un vehículo y se engancharon, los vehículos pusieron sus camuflajes, y pronto solo se vieron como vehículos económicos.
-ahora ustedes- dijo señalando a la mitad de los vehículos religiosos- vallan y rodeen la ciudad por la derecha, y ustedes- dijo señalando a la otra mitad- rodéenla por la izquierda.
Tampoco dijeron nada, tan solo se fueron a rodear la ciudad.
-Ahora mis tropas, ¿¡Listas para destruir a nuestros enemigos!?
-¡¡¡Sí!!!- se escucho un gran anime.
Y pronto la ciudad se vio en otro gran aprieto, pues, estaba totalmente rodeada, y cuando fue imposible defenderse, el gobernante rompió su promesa, el solo huyo de ahí dejando atrás a su pueblo y a sus tropas, como todo un traidor.
-¿Y el gobernante?-dijo uno de sus ciudadanos.
-Yo lo eh visto huir- dijo otro.
-¡Es un traidor! ¡No merece nuestro respeto!
Se formo un gran escándalo en la sala por la traición de su gobernante, y pronto todos los ciudadanos avisaron de la traición de su gobernante, hasta que uno de ellos dijo al capitán.
-¡Alto al fuego!-dijo un soldado a sus compañeros, que dejaron de atacar enseguida.
El capitán Peas hizo una seña con la mano, y todas sus tropas dejaron de atacar.
-Nos dejaremos gobernar por ustedes, si promete que no traicionara a su nuevo pueblo.
-Yo nunca eh traicionado a nadie, para nuestro pueblo el honor es como su sed de sangre, pero no hablemos de eso, ¿Por qué nos dejarían gobernar si ya tienen un gobernador?
-Porque nos ha traicionado, el ha huido por su vida, antes que por su pueblo.
-Pues, acepto, pero con una condición, nos ayudaran a buscar y destruir a ese traidor, para nosotros ningún traidor, amigo o enemigo, merece vivir.
-Ok- dijo el soldado estrechando la mano hacia el capitán, el cual acepto el trato con un apretón de manos.
Pronto en todos los negocios, casas y demás construcciones del nievo amigo, se escribía la frase: “Los traidores no merecen vivir” o “Si traiciona a su pueblo, se traiciona a usted”.
Esta alianza fue una muy buena idea, pues, no había muerto nadie en batalla.
Esta historia continuara…