Aliados
Sólo veinte días después de que el CM-034 se encontrara con el Illeo Ferol, se convocó una reunión extraordinaria en Aras, la capital del planeta Lan-bao, capital a su vez de la UIB.
En el Décio –el edificio donde se toman las decisiones importantes- se reunían los diez gobernantes de la Unión de Imperios Benévolos. Los diez gobernantes se sentaban alrededor de una gran mesa -ovalada- de adiminio, un material de autentico lujo.
Bair, sentado en un extremo de la mesa, empezó:
-Señores. Sarda, Matriol, Ereo, Destor, Nrores, Dere’ mauss, Torem. Señoras. Meres, Trae. Nos encontramos hoy aquí, como ustedes saben, para decidir qué hacer con respecto a la recién descubierta Unión de Gobierno Intergaláctico. Son una facción extremadamente poderosa. Nuestra tecnología, o, al menos, la mayoría de la tecnología que poseemos, es inferior a la suya. Nuestros efectivos, el volumen de población que forma parte de la UIB, es igualmente inferior al volumen de población que forma parte de la UGI.
>>Señores, les recuerdo que ahí fuera –indicó con un dedo a la ventana- nos están esperando, además de los ya conocidos Grox, un número indefinido de robots totalmente desconocidos y fuertísimos. Según los informes de las sondas enviadas, esos... Aylers como son llamados, poseen incontables sistemas, miles de millones de planetas, varias galaxias... No dejan rastro de vida a su paso. Sus máquinas se alimentan de planetas. Y se acercan hacia aquí.
>>Les recuerdo también que la UGI tiene enemigos tan poderosos como ella misma. Que se convertirán en nuestros enemigos si nos entrometemos. Por no mencionar que una de las galaxias que los Aylers han colonizado va a estallar, si no lo ha hecho ya. Su onda expansiva, más la radiación emitida, alcanzarán nuestra galaxia, la Espiral, pocos meses después de que estalle. Y no tenemos escudos anti-radiación. La pregunta es sencilla, pero no lo es la respuesta. ¿Qué hacemos?
Tras un silencio de pocos sectundos, Torem, representante de los Terraptors y nativo del planeta Terra, respondió:
-Tengamos en cuenta que, si nos unimos a ellos, la absoluta mayoría de nuestra tecnología cambiará. Armas nuevas, que no conocemos, aparecerán a nuestro alcance. Son mucho más potentes, es cierto, pero son también mucho más desconocidas. Y las armas del enemigo también lo serán.
>>Sistemas económicos totalmente diferentes. Culturas totalmente diferentes!! La gente no querrá. Yo, personalmente, tampoco. Nuestra parte del universo cambiará, y no estamos preparados. Propongo que la UIB y la UGI no se mezclen. Aunque siempre que haya una emergencia, cualquiera de las facciones puede ayudar a la otra.
-Coincido contigo respecto a la tecnología, la economía y la cultura -comenzó Meres-. Es cierto que se verían alteradas inevitablemente. Pero muchos imperios que forman parte de la UIB viven en la pobreza, no tenemos recursos para ayudarles, si la UIB y la UGI se conectaran por lo menos, esos imperios tendrían la posibilidad de ser acogidos por la UGI. Nos quitarían un peso de encima.
-No creo que actúen de niñeras para nosotros, Meres. Además, nos pedirían algo a cambio si aceptaran.
-No tenemos mucho que darles....
-Eso es cierto. –Torem pensó- Bueno, no conocen el prototipo... podría interesarles...
Rápidamente interrumpió Bair- Eso es nuestro. No será mostrado a nadie hasta que esté terminado, Torem, y lo sabes.
-Eso también es cierto...-reconoció Torem.
La discusión se prolongó durante una hora, aunque algunos de los presentes no participaron mucho en ella. Aprovecharon para descansar del largo viaje que les había traído a la reunión.
Tras esa hora, acordaron que enviarían un mensajero a los altos cargos de la UGI, con esta carta:
Estimados amigos, suponemos que a ustedes también les rondará la misma pregunta que a nosotros. ¿Qué hacer con ese imperio nuevo, totalmente desconocido y diferente? ¿Nos aliamos? ¿Nos unimos en una sola facción? ¿Les eliminamos?
Nosotros, los diez gobernantes de la Unión de Imperios Benévolos, hemos visto que ustedes, la Unión de Gobierno Intergaláctico, no pretenden ser hostiles con nuestra humilde facción. Que su tecnología es totalmente diferente a la nuestra, al igual que su economía y su cultura. También que sus enemigos, al igual que ustedes, son más poderosos que nosotros. También hemos visto que existe entre las dos facciones una diferencia muy significativa de cultura, moneda, y creencias.
Al parecer, en estos momentos cada facción tiene problemas que, además, difícilmente serian resueltos por un imperio totalmente desconocido. No tenemos intención de entrometernos en sus problemas, pues ni económicamente ni militarmente podemos ayudarles, y, debido a la diferencia abismal que existe entre nuestras facciones ustedes tampoco pueden ayudarnos en mucho. Hemos llegado a la conclusión de que seria provechoso para las dos facciones mantenerse separadas, pues cada contacto haría resaltar nuestras numerosas diferencias, pudiendo resultar incluso peligroso.
Aunque, por supuesto, si en cualquier momento requieren de nuestra ayuda, estaremos gustosos de poder ayudarles.
Les pedimos humildemente que acepten nuestra muestra de gratitud por considerarnos amigos y la colección de gemas preciosas que viene adjunta a este corto mensaje. Esperamos su opinión sobre este tema.
A los gobernantes de la UIB les convenía recordar, también, que las galaxias en las que la UGI se asentaba, estaban a cientos de miles de parsecs de distancia de la galaxia de la UIB, en el lado opuesto a las galaxias controladas por los Aylers.
Hay alguien másLa nave TT-098 (Transporte de Tropas-098) aterrizó suavemente a un extremo del campo de batalla. Los ochocientos soldados, veinte tanques y cinco capitanes que se encontraban dentro de la TT-098 esperaban impacientes poder salir al campo de batalla. Incluido Ter.
Ter haba cambiado bastante desde su encuentro con Spora. Si bien antes era alegre y extrovertido, siempre con una sonrisa de niño en la cara y mirada inocente –excepto cuando combatía-; ahora mostraba normalmente una mirada perdida, se había vuelto silencioso, y su sonrisa aparecía pocas veces. Pero no era ni mucho menos la de un niño. Era la de un Terraptor adulto -62 años ya- y obligado a luchar en una guerra que abarcaba el Universo entero.
Sentado junto a él, Krash, su mejor amigo, le miraba preocupado. Ter mostraba ahora la mirada perdida, mirando más allá del suelo, más allá del momento en que vivían. Si no fuera por los espaciados momentos en los que parecía volver a la realidad y miraba a todos como si hubiera despertado de un sueño, para luego mirar a Frip y acariciarle la rugosa espalda, no se diría que Ter estuviera presente.
Ter, en esos momentos de aislamiento, se dedicaba a recordar los momentos en que él y Spora hablaban. Spora se le aparecía en sueños. Muy de vez en cuando, pero cada vez que se le aparecía era peor que los fantasmas. Quedaba grabado en su mente. Era como despertar en un mar morado. Con una voz que no proviene de ninguna parte hablándote. Hablándote de los últimos momentos que vivieron los imperios que se enfrentaron a los Aylers. Los Aylers, el imperio al que todos se enfrentaban y nadie sobrevivía.
Sonreía tristemente cuando se recordaba que la UIB tenía que enfrentarse también a la muerte.
Una voz, en la bodega de carga de la TT-098, avisó a los cien soldados de la nave de que en un minuto las compuertas se abrirían. Al igual que las compuertas de las otras diez naves TT, que se encontraban cerca de la TT-098.
Las estrategias de las batallas “pactadas” –los dos bandos elegían donde y cuando combatir- eran bastante simples: Un numero determinado de soldados –en este caso ochocientos en cada bando- y tanques aterrizaba en un planeta en varias naves, cada bando a varios kilómetros del otro. Cuando todos hubieran aterrizado, el objetivo de cada bando era simple: destruir o inutilizar las naves que habían traído al bando contrario y defender las suyas. La única regla era que cada bando debía traer exactamente el mismo número de unidades –solados, tanques, capitanes- de combate.
Ahora, en esta batalla, una gran explanada de nueva kilómetros cuadrados separaba un bando de otro. En el centro de la explanada había un pequeño bosque con una laguna.
-Ter, vamos amigo, va a empezar el combate.
Ter “despertó”, miró a Krash.
-Está bien, adelante. ¿Juntos?
-Como siempre- sonrió Krash. Miró a Frip- los tres.
Ter se levantó y ajustó las garras de acero que tenia en sus muñecas. Cogió la pistola Pum de su bolsillo, la miró como quien mira a su salvador, y miró a Krash, que iba a coger el fusil de repetición de una de las repisas de la pared, donde había miles de esos fusiles. Sonrió y cogió otro fusil. Como Krash, se lo colgó al hombro. Miró a Frip, que esperaba paciente a que Ter terminara de equiparse. Cuando vio que Ter le miraba, Frip volvió a crecer. Miró a los cien soldados que se encontraban con ellos en la bodega de carga; ellos también se estaban preparando.
Un pitido sonó un sectundo antes de que la compuerta que daba al campo de batalla se abriera bruscamente.
Más de ochocientos soldados de la UIB –ochocientos cinco, concretamente- se lanzaron a la amarillenta explanada del planeta Aren, corriendo como alma que lleva al diablo hacia el bando contrario, el ejercito de los Mlajostios, que se acercaba desde el otro extremo de la explanada. Pero no en una carrera alocada como muchos podrían pensar. Los ochocientos soldados, más los capitanes, conocían su posición en la batalla, y se dirigían, cada uno, a un objetivo preciso.

Ter salió, junto con Krash y Frip, a la vez que todos los demás soldados. Los tres se mantuvieron cerca los unos de los otros; habían recorrido corriendo dos kilómetros cuando vieron tres Corredores pesados adelantarles -Ter sonrió en una mueca malvada-, poco después oyeron la detonación de tres cañonazos, procedente de los Levitanques que venían detrás.
Los proyectiles fueron a caer cerca del ejército enemigo, alcanzando a un reducido grupo de Mlajostios, lanzándolos por los aires.
Algunas batallas discurrieron en el pequeño bosque que ocupaba parte de la explanada y los alrededores llanos, pero la batalla principal se situaba el centro de la gran llanura.
Ter, Krash y Frip se internaron en el bosque donde frip gozaría de la ventaja de poder ocultarse.
Y así, ocultos entre la maleza, avanzando poco a poco, acabaron con varios soldados Mlajostios descuidados.
Momentos después, Ter vio a lo lejos acercarse un tanque, que se había internado en el bosque, rodeado de soldados. Su cañón superior apuntaba y disparaba al mínimo movimiento que detectaba. Frip, consciente de que no poseía coraza para resistir un impacto de ese tanque, se agazapó tras unos matorrales altos y esperó órdenes en silencio. Ter y Krash se escondieron tras una gran roca y discutieron sobre qué hacer.
-Una de nuestras opciones es quedarnos donde estamos y esperar a que se acerque, para ponernos fuera del alcance del cañón y atacarle desde cerca -propuso Ter. Había perdido totalmente su mirada ausente.
-Si se acerca demasiado, probablemente verá a Frip, su color azul resalta bastante –frip emitió un “rugido” de molestia-. Deberíamos solicitar un soldado antitanque.
-Tardaría demasiado. El tanque nos vería antes de que llegara.

Mientras discutían el tanque avanzaba poco a poco, escoltado por los soldados Mlajostios y un capitán, que iba a un lado. No muchos se atrevían a cortarle el paso, la mayoría de los que lo hacían caían frente a los soldados enemigos que lo escoltaban.
Acordaron acercarse ellos, corriendo de piedra en piedra.
Mientras tanto, la guerra en la llanura continuaba. Quinientos soldados de la UIB –soldados de por lo menos tres razas distintas- se enfrentaban a otros quinientos soldados mlajostios en la amarillenta llanura, ayudados los dos rivales por artillería y tanques potentes.
La batalla estaba muy igualada, ninguno de los bandos avanzaba o retrocedía, pero los dos perdían unidades. Había batallas de este tipo en las que acababan luchando muy pocos seres, llegando a contar ocho en total. En esos momentos la batalla se convertía en el juego del escondite.
Mientras la batalla en la llanura empezaba a inclinarse a favor de la UIB, Ter y Krash se pusieron a correr entre las piedras, cada uno en una dirección diferente, para atraer la atención del tanque. Mientras los soldados que lo escoltaban –al tanque- disparaban a los locos que correteaban entre las piedras, los soldados de la UIB que allí se encontraban aprovecharon para eliminar a unos cuantos escoltas. Tras media hora, sólo quedaban tres Mlajostios escoltando el tanque y el capitán Jare, que había pasado de ir al lado del tanque a ir delante. No iba a permitir que su pelotón fracasara su misión. Aquellos rivales habían obligado a su pelotón –incluido el tanque- a detenerse a base de ponerse a tiro y luego desaparecer. Según calculó, quedaban aún ocho soldados de la UIB entre la maleza, y su pelotón solo contaba con tres Mlajostios, el tanque, y él mismo.
Ter y Krash, al estar comunicados con todos los demás soldados de aquel lugar por medio de sus muñecófonos, pudieron saber en que dirección apuntaba el cañón del tanque en el momento que iban a salir corriendo, y por eso nunca fueron alcanzados. Además, los soldados Mlajostios eran demasiado lentos apuntando.
El tanque siguió avanzando, lentamente, mientras los Mlajostios apuntaban en todas direcciones, disparando a cualquier matorral que se moviera.


Ter vigilaba al tanque desde atrás, el cañón apuntaba a su izquierda, a la roca donde Krash se escondía. Ter salió disparado hacia el tanque, alcanzando a un Mlajostio y atravesándole una Garra de acero en el cuello, rápidamente saló corriendo hacia la seguridad de la roca más cercana; dos Mlajostios apuntaron hacia él, pero, antes de que les diera tiempo a disparar, fueron abatidos por el fusil de Krash y de los demás soldados, que rápidamente volvieron a esconderse. El tanque disparó a uno que no tuvo tiempo de refugiarse, el proyectil –un obús- alcanzó la parte alta de la roca donde se encontraba y el soldado salió despedido hacia atrás con un grito de dolor. Cuando cayó al suelo, no se movió, pues aunque sólo la onda expansiva lo había alcanzado, el golpe contra el suelo fue duro. Seguramente se habría partido algún hueso.
El tanque siguió avanzando, Jare fue abatido rápidamente por Krash al volverse a disparar a Ter. Frip, siempre precavido, los seguía de lejos, vigilando que ningún enemigo se quedara detrás. Cuando veía alguno escondido en los matorrales cercanos, sencillamente se le echaba encima y acababa con él.
A los pocos sectundos, con el tanque casi totalmente desprotegido –salvo por sus ametralladoras delanteras y el cañón- casi todos los soldados de la UIB que lo rodeaban, incluidos Krash y Ter, se lanzaron contra él mientras algunos se dirigían a ayudar al herido. Dispararon a las ametralladoras, en pocos sectundos éstas quedaron inutilizadas. El cañón disparó y acabó con la vida de uno de los soldados que no había tenido tiempo de ponerse fuera del alcance del cañón –debajo de él-.
Cada grito de dolor de uno de sus compañeros era para los soldados un pinchazo en el corazón. Y un motivo más para que batallaran todo lo mejor que pudieran. Ter había ido a ayudar al herido –el de la roca-, pues disponía de un mini botiquín en uno de sus bolsillos. Mientras aplicaban una sustancia blanquecina y esponjosa en uno de los brazos del herido –una sustancia que se solidificaría en pocos minutos e inmovilizaría el brazo-, el tanque seguía avanzando por el bosque, los soldados seguían disparando al cañón para inutilizarlo. En un momento, mientras el tanque avanzaba, un dispositivo, que se encontraba escondido bajo el suelo, emitió una serie de pitidos agudos y muy rápidos durante un sectundo. Debajo del tanque.
Ter se volvió y miró hacia el tanque en el justo momento en que éste salía despedido hacia arriba en medio de una gran explosión. Todos y cada uno de los soldados salieron también despedidos hacia los lados; el tanque chocó contra las altas ramas de los árboles y contra un tronco, cayó y colisionó contra una roca, deslizándose por ella, y chocando, por fin, contra el suelo, hecho un amasijo de hierros y varas ardiendo.
Krash también salió despedido, aterrizó sobre unos matorrales con heridas por todo el cuerpo por culpa de la metralla; Ter salió corriendo hacia donde el tanque había sido destruido mientras Frip se acercaba corriendo a toda velocidad, presintiendo que algo malo había ocurrido. Cuando Ter llegó, los soldados yacían desperdigados entre los árboles, algunos pocos habían tenido la mala suerte de chocar contra un árbol en su viaje por el aire. El tanque descansaba, destrozado, al lado de una roca, entre los matorrales, ardiendo.

El aire se llenaba de gritos de dolor y agonía, además de un olor a quemado muy desagradable. Ter no podía hacer nada frente a aquella situación.
-Frip!! Frip! Ve a buscar ayuda!! Lo más rápido que puedas!
Frip, sin pensárselo dos veces había salido corriendo ya, en cuanto vio que Ter y Krash habían sobrevivido, hacia las naves aliadas. Ter fue a ver como se encontraba su amigo.
Pocos minutos después un grupo de veinte médicos llegó, junto a Frip al lugar de la explosión. Ter se había dedicado a acomodar como pudo a los pocos que habían sobrevivido a la explosión.
Mientras los médicos levantaban en camillas a los heridos y se los llevaban, Ter hablaba con Krash, que había salido mejor parado que los demás, y sólo tenia un brazo roto –y ahora en cabestrillo- y magulladuras por todo el cuerpo.
-No estaban permitidas minas en esta batalla- observó Ter.
-No, es cierto. La UIB no las puso ahí. Los Mlajostios tampoco pudieron, este planeta ha sido vigilado durante muchos años, les habrían pillado.
-No ha sido ninguno de los bandos entonces... Pero me parece difícil que los vigilantes del planeta las pusieran.
Otra de las minas explotó mientras hablaban, uno de los soldados que podían andar la había pisado de camino a las naves. La explosión retumbó por todo el bosque.
Más minas fueron descubiertas de la misma manera por los Mlajostios en la llanura, para beneficio de la UIB; que ganó la batalla dos horas después, con trescientos soldados, tres capitanes y dos tanques supervivientes.
La corporación Mlajostia negó haber depositado minas ahí antes de la batalla, al igual que la UIB. La VCB, que se dedicaba a vigilar todos los planetas-campos de batalla que existían, negó que nadie hubiera pisado esos planetas en más de cien años, desde que fueran designados campos de batalla.
Esas minas habían sido depositadas ahí antes.
La llanura donde había transcurrido la batalla fue estudiada y se pudieron extraer algunas minas sin que éstas explotaran. Los científicos que las estudiaron quedaron muy sorprendidos.
En las minas, que, por cierto, tenían un tamaño considerable, había inscritos mensajes informáticos, en un idioma casi desconocido. Comparándolo con otros idiomas parecidos y conocidos, los ordenadores centrales de Tech, -el quinto planeta del sistema U, centro de operaciones de la UIB- descifraron el mensaje:
La muerte cabalga a lomos de caballos de metal, que con su aliento hirviente arrasan ciudades como si fueran granos de arena. Cabalga en dirección a todas partes, como una gran explosión, ennegreciendo todo lo que toca. Muchos imperios han caído a manos de ellos, nosotros queremos ser la excepción. Es sabido que se acercan. Nosotros, por consiguiente, nos alejamos. Dejamos armas allá por donde estuvimos, con la esperanza de frenar su avance hasta encontrar un arma capaz de derrotarles. Nos llevamos con nosotros nuestras ciudades, nuestras defensas, dejamos los ataques para ellos. Puesto que sabemos que muchos imperios crecerán tras nuestra marcha, dejamos información acerca de esta gran amenaza con la esperanza de ayudar a frenar su avance, hasta el momento inalterable.
Elijan bien sus armas, gladiadores, pues la batalla será larga, y, una vez comenzada, no hay vuelta atrás.
Tras la derrota en el campo de batalla, la CML –Corporación Mlajostia- detuvo los ataques piratas a los cargueros tras la batalla, como quedó acordado.
Tras este acontecimiento, la UIB utilizó el Busacdor de Materia Similar, de los Chalsios –otro imperio de la UIB- para identificar el tipo de material que conformaba las minas descononcidas y encontrar otros artefactos similares.
Los encontró.
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Llenad vuestras mochilas de alimentos
Corred hasta quedaros sin aliento
Huid, estar bien atentos
o los Aylers, con su armamento
os darán un final sangriento.
Poema inscrito en uno de los artefactos encontrados en el planeta Des-1.
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Mi primer capitulo de una batalla. Qué os parece?