Enemigo en casaUnos días después, un objeto de origen... en realidad bastante conocido fue detectado en las afueras del Sistema Estelar Galia. Por supuesto, Ter fue informado de inmediato.
El objeto en cuestión era de procedencia Ayler, según indicaban los detectores, por lo que los buques más potentes fueron preparados para el ataque, y la alarma sonó por todo el planeta, incluso el Anillo Rinara (aún escondido en otro universo) fue informado y sus más de diez millones de ocupantes Rinara se prepararon para la batalla… a su manera.
Pero, antes de que los cañones de los buques que orbitaban Terra fueran disparados, el objeto, que se encontraba cerca del cuarto planeta de Galia, detuvo su avance, y se dirigió al cuarto planeta del Sistema, Aria.
En ese mismo momento, un mensaje llegó directamente a la mente de Ter, sin pasar por ningún tipo de receptor antes.
-
No soy vuestro enemigo.El hecho de que un mensaje de este tipo, que podría clasificarse de telepatía, llegara a su mente, sumado a que la voz, además de tener un sonido algo robótico, era femenina, no pudo menos que desconcertar al Rey.
No supo cómo responder, así que continuó dirigiendo las maniobras de los cruceros para eliminar la gran cápsula que se escondía en el último planeta de su sistema.
Un segundo mensaje recibió nuestro Rey.
-
No soy exactamente lo que creéis que soy. No soy vuestro enemigo.Ter intentó responder "telepáticamente" también, descubrió que era más fácil de lo que esperaba. Daba por hecho que quien le hablaba era la cápsula inmóvil del exterior de su Sistema Estelar.
-
Eres de fabricación Ayler. Con eso nos basta para clasificarte como enemigo a destruir.-
Muchos aliados destruirás con esa actitud, Rey.-
¿Te clasificas como aliado nuestro?-
Por supuesto.-
¿Por qué? ¿Cómo un Ayler puede considerarse aliado de los Rinaptor?-
Porque sigo los mismos objetivos que vosotros.-
¿Ah, sí? ¿Y qué objetivos son esos?Los cruceros avanzaban a toda prisa hacia el planeta tras el que la cápsula con el Superarma se escondía, ésta debía darse prisa en convencer a Ter.
-
Eliminar a los Aylers.-
¿Un Ayler que quiere eliminar a los Aylers? –Ter soltó pequeña carcajada en medio de la sala, ante la mirada de algunos generales, y siguió enviando mensajes telepáticos al ser de la capsula-
¿Por qué motivo puede un Ayler querer eso, si no es para engañarnos?-
Ese Ayler puede haber sido dotado de una inteligencia especial, que le permite decidir, y ha decidido que los objetivos de los Aylers no coinciden con los suyos.Ter se silenció, sorprendido por aquella explicación, intentando sacarle algún sentido. No se lo encontraba, así que siguió dando las órdenes necesarias para rodear el planeta y, si fuera posible, capturar “vivo” a lo que fuera que contuviera la cápsula.
Hasta que el Superarma de la cápsula hizo pasar miles de imágenes extremadamente conocidas por la mente de Ter, sin que este pudiera hacer nada para remediarlo.
Varios planetas, todos conocidos… U.I.B.B, Terra, Nícares, Garios… él había estado en todos ellos, en alguna u otra misión. También se mostraban sus ciudades, sus gentes… escalofríos recorrieron a Ter al ver su planeta en el pasado. Sus gentes, su gobierno, su televisión...
Pocos después las imágenes pasaron a ser bastante más horrorosas. En ellas se podía ver como los habitantes de todos aquellos planetas eran atacados, por los robots que tan bien les habían servido hasta ahora, los cocineros, soldados mecanizados… Ter sabía perfectamente que estaba viendo la Caida de la UIB.
Todas las imágenes parecían estar tomadas desde el punto de vista de los robots… cámaras de seguridad, ojos electrónicos…
Las imágenes sobre la Caída cesaron y empezaron a pasar otras, sobre otras Caidas, de otros imperios, la gran mayoría totalmente desconocidos para Ter. Planetas siendo atacados por millones de naves… ciudades enteras oscurecidas por la llegada de los Aylers.
Por último, imágenes sobre los propios Aylers pasaron por su mente. Planetas enteros convertidos en máquinas, los que no, eran totalmente grises o de tonos muy oscuros, y en ellos se alzaban grandes edificios oscuros en los que se fabricaban más Aylers. Incluso pudo ver los contenedores de vidrio en los que se guardaban los corazones de seres vivos que luego darían vida a algunos Aylers especiales.
Unas últimas imágenes pasaron por su mente algo más lentamente que las demás, éstas relataban cómo un Ayler especial fue creado. Su cerebro, las partes de su cuerpo, todo fabricado a parte y luego ensamblado poco a poco en el torso. Con todo lujo de detalles Ter vió cada cable, cada arma, cada pieza, del ser que estaba escondido en el cuarto planeta de su Sistema.
Los generales en la sala –los otros ocho supervivientes de la Caída de la UIB y un Rinara- estaban frente a Ter bastante preocupados, mientras todos escuchaban las propuestas de Nikar Fund,-perteneciente a la especie fundadora de la UIB, los Nícaros-, Ter había soltado una carcajada extraña y luego se había quedado como paralizado, mirando al infinito.
Cylas le daba unos golpecitos en el morro para ver si despertaba –era de los pocos de la sala que tenían la altura suficiente para hacerlo-, cuando Ter parpadeó de repente, como si hubiera despertado de un sueño.
Miró a todos como si no entendiera que hacían ahí, hasta que sus pensamientos cogieron orden y pudo reaccionar como debía.
-DETENED EL ATAQUE INMEDIATAMENTE.
Y eso hicieron…
Ter ordenó que los diez cruceros más poderosos del Sistema rodearan el planeta en el que la cápsula Ayler se había escondido, pero que no dispararan ni ejecutaran ninguna acción hostil.
En unas horas, él mismo, a bordo del Degant, hizo que el buque atrajera la hermética cápsula hasta una de las bodegas, que no hizo nada por impedirlo.
La gigantesca cápsula, ovalada, y de color verde oscuro –color insignia de los Rinaptors, Ter lo tuvo en cuenta- se encontraba en el suelo, frente a Ter y otras decenas de Terraptors y Rinara, y con las voces de la mayoría murmurando que locura podría dominar al Rey, para correr tantos riesgos metiendo un Ayler por voluntad propia en su mejor crucero.
Ter había dicho que no eran enemigos… Era difícil creer que existían Aylers que no fueran enemigos.
Sólo los murmullos se oían, pero aunque los demás no la oyeran, había una tensa conversación entre Ter y el ser que había en la cápsula.
Aunque la cara de Ter dejaba ver perfectamente la tensión a la que estaba sometido… aun en aparente silencio.
Éste ser tenía en su poder muchísima información sobre la Caída de la UIB, y, lo que era más importante, tenía información sobre los Aylers, según había visto. Y además tenía intención de compartirla con él y los Rinaptor, sin ningún tipo de restricciones ni condiciones… En realidad, sí había una condición.
Que la permitieran vivir con ellos.
Siguiendo las órdenes mentales de Ter al dedillo, el ser hizo que las dos grandes compuertas de la cápsula se abrieran, lentamente hacia arríba, con el mínimo ruido posible, dejando, desde el techo y la parte frontal, a la vista a tres robots sentados en lo que parecían unos asientos gigantescos, que ocupaban la cápsula entera. El del centro, de apariencia humanoide, muy alto –Ter calculó que unos diez metros, quizá más-, de color verde oscuro y muy delgado, era el ser que se había comunicado con él desde que detectaron la cápsula. El de la izquierda, color gris, bastante más bajo y regordete. Un guardaespaldas, había explicado el ser de enmedio a Ter. El de la derecha, igual al anterior, pero rojo, y algo mejor armado, pudieron apreciar a simple vista.
Ninguno de ellos se movió ni un milímetro.
Volvió a hacerse el silencio, esta vez por completo, por el asombro de los Terraptors y Rinara que observaban a los tres seres, que, la verdad, daba la impresión que de que estaban sentados en tres Tronos.
Tras unos segundos de silencio, Ter se decidió a hablar, dirigiéndose al gran robot.
-¿Quién eres, y por qué has venido con la intención de que te acojamos como uno más de nosotros?
Antes de decir nada, el robot empezó a moverse lentamente. Se levantó de su asiento de goma –diseñado para que no sufrieran daños en el viaje-, muy lentamente, dejando ver su verdadera estatura, y su estructura.
Más de veinte metros de alto, color verde oscuro, apariencia muy delgada, pese a ser un robot. Cabeza diferenciada del cuerpo -cosa poco usual en un robot-, alargada, sin ojos visibles.
Sus brazos, delgados también, no acababan en manos, sino en cañones, muy alargados. Sus piernas también eran muy finas, aunque sus pies no eran visibles, ya que estaban dentro de la capsula.
El robot empezó a hablar, mediante sus altavoces, con su característica voz, modulada como si fuera una fémina, con un tono muy leve de robot.
-Soy una unidad Robótica avanzada del tipo Androide, mi nombre de fábrica es AYLAR1. He venido hasta aquí porque mis pensamientos significan un peligro para los Aylers. Por lo que tras crearme y descubrir que soy más un peligro que una ayuda para ellos, pretenden destruirme. Decidí que el mejor lugar para esconderme de ellos era aquí.
Otro largo silencio se produjo, mientras todos los presentes en la sala intentaban asimilar lo que acababan de oír.
Ter ya sabía todo lo que AYLAR1 había dicho,
ella le había dado mucha información desde que habían contactado telepáticamente. Pero igualmente, esa información seguía sorprendiéndole.
Alguien, tras Ter, en el grupo de Terraptors y Rinara que miraban asombrados al robot que se erguía ante ellos, gritó:
-¿Y cómo sabemos nosotros que todo lo que este robot cuenta es cierto?
AYLAR1, que se había mantenido inmóvil aún cuando había hablado, giró su romboide cabeza hacia el Terraptor que había hablado, con el sonido característico de las piezas de su cuello moviéndose.
-No tenéis manera de saber si lo que digo es cierto o falso. –La cabeza de AYLAR1 dirigió su parte frontal hacia el centro del grupo- Soy consciente del peligro que supone para los Rinaptor acoger a un enemigo en potencia.
Tras un corto silencio, Ter miró hacia el grupo de Rinaptors.
-No podemos permitirnos el riesgo de acogerla entre nosotros y que nos traicione tras un tiempo… Creo que en eso estamos de acuerdo.
Voces aprobando su comentario se oyeron por la sala.
-Pero… -Miró hacia AYLAR1- bueno, llevamos mucho tiempo buscando Aylers vivos y en buen estado para conoceros mejor, tú y esos dos robots de ahí vais a ser perfectas fuentes de información.
AYLAR1 se mantuvo en silencio, e inmóvil aún dentro de la cápsula.
Ter la miró con sospecha, le resultó extraño que no replicara…
En ese momento las alarmas sonaron.
Ter miró su comunicador de muñeca, y solicitó información sobre la situación.
Rápidamente recibió la respuesta por parte de un Rinara.
Un virus informático, con las pautas conocidas por los Rinaptor que indicaban que era de programación Ayler, había empezado a volcar toneladas de información a las bases de datos del Imperio.
Todo lo referente a los Aylers tipos, estructura, física y mental, número de unidades operativas, información sobre los imperios destruidos por ellos… Nadie pudo hacer nada por detenerlo, todos los ordenadores capaces de hacer algo por detener al virus habían quedado inoperativos, bloqueados o apagados repentinamente. Sólo los servidores Rinaptor seguían en funcionamiento… absorbiendo toda la información que el virus enviaba.
Ter miró inmediatamente a AYLAR1.
Ella lo miró a él, ignorando sus órdenes mentales de que detuviera el ataque viral.
Ter sacó su espada, al tiempo que los demás Rinaptor del lugar sacaban sus armas de fuego. Pero antes de que ninguno de ellos la atacara, AYLAR1 habló, a la vez que el virus desapareció, dejando todo como estaba.
-Ahora el Imperio Rinaptor posee toda la información que yo poseo.
Ter miró la miró con ira.
-¡Todo lo que has metido en esos servidores puede ser mentira!
-No.
-¿Cómo pretendes que te creamos? Con todo esto sólo te estás ganando, tú y tus amigos, ser diseccionados como animales para saber más de vosotros, y una vez sacada la información, vuestras memorias borradas.
-
El virus que inoculé no sólo ha volcado toda la información que poseo a vuestros servidores. Ha volcado todo lo que soy, en cuestión de software. Mi mente ahora vive en vuestros servidores de información. Ahora, el procesador que posee este cuerpo no es mi mente. Mi mente abarca toda máquina construida por el Imperio Rinaptor. Ter, ahora controlo tu Imperio, y soy lo que vosotros llamaríais inmortal.La cara de Ter pasó del asombro a la más pura ira en pocos segundos, pero se mantuvo en silencio. En voz alta, habló.
-¿Que vas a hacer ahora?
-
Pedirte que mantengas mi secreto, como yo guardaré el tuyo, y que convenzas al Imperio Rinaptor de que no soy un peligro para vosotros, para que pueda vivir entre vosotros.Los Rinaptor que se encontraban tras Ter estaban extrañados por el cambio repentino de tono de Ter, además de que según lo que habían oído, parecía que no habían podido oír parte de la conversación entre Ter y AYLAR1.
Ter miró fijamente a AYLAR1, y luego a sus congéneres. Tras unos segundos miró al comunicador de su muñeca, y contactó con el doctor que trataba a su pareja, Tara Erws.
-Sacad a Tara de Terra inmediatamente, como sea, y llevadla al Anillo. Avisadme cuando esté en él.
Después, volvió a dirigirse a los Rinaptor de la sala.
-Este robot, junto con sus dos acompañantes, se viene con nosotros a Terra.
Decenas de voces de protesta se alzaron, en Rinara y Terraptor por igual. Ter las ignoró.
-
No imaginas la ayuda que supondré para vuestra causa.-¿Ayuda? ¿Todavía pretendes hacerme creer que has venido a ayudarnos?
-La información que tenéis ahora os ayudará más de lo que imaginas, cuando verifiquéis que es cierta. Y sólo es información. Aún tengo muchas cosas que mostraros.
Ter ordenó que los demás Rinaptor despejaran la sala, y que el buque Degant se dirigiera a Terra.
Cuando él y el robot AYLAR1 se quedaron a solas, volvió a hablar.
-Mi mente me dice que todo lo que nos has contado es mentira.
-Tu mente es la que te miente, entonces.
El robot AYLAR1 salió en un par de pasos de la cápsula sobre la que se alzaba, dejando visibles sus pies, hasta ahora ocultos. No tenía.
Sus piernas, al igual que sus brazos, terminaban en dos cañones, como si de armas se tratara.
Pero, esta vez, al pisar el suelo, uno tentáculos semi-mecánicos salieron del borde de los cañones en los que terminaban sus piernas. Los tentáculos se dedicaron a tantear el terreno y extenderse un par de metros desde cada pierna, proporcionando un mejor apoyo al gigantesco robot.
Ter los miró con desagrado.
-¿Qué demonios eres…?
-Un arma. Según vuestra clasificación, un Superarma.
Ter se mantuvo en silencio un segundo, para después guardar la espada que llevaba en su mano y acercarse a la cápsula donde los otros dos robots permanecían inmóviles.
-De verdad has venido aquí a ayudarnos…
-Yo misma dudé de mis intenciones durante el largo viaje hasta vuestros dominios, pero en el momento en que me percaté de que tú también eres una máquina, supe que tenía mucho bien que hacer aquí.
