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Destino sombrío: La Guerra Definitiva

Escribe la historia de tu especie, desde sus inicios hasta las aventuras galácticas.

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¿Qué os parece mi historia?

¿Qué hace "Crepúsculo" y "Harry Potter" triunfando y esto en un foro? Debería estar en todas las librerías
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40%
Es muy buena, yo haría un libro
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Esta bastante bien, te expresas de maravilla
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No está nada mal, tienes mucha imaginación
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Es normalita, buena pero nada del otro mundo
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No es que se te dé muy bien lo de escribir historias
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Tu de imaginación, más bien poco
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No te dediques a esto, repito, ¡no te dediques a esto!
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¡¡¡Más vale que no te vea por la calle porque te mato, menuda aberración!!!
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Re: The Final War

Notapor Metafight » 22 Feb 2011, 17:07

Gracias Eddlm. :wink: . La verdad es que este niño ya empezaba a cansarme, es bastante molesto y no hacia caso ni a tiros.

Cambiando drasticamente de tema, esta semana diviso varios examenes j*didos, pero despues tengo puente e intentare, por todos los medios, publicar de una vez un nuevo capitulo.
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Re: The Final War

Notapor Metafight » 26 Feb 2011, 22:47

Lo prometido es deuda: tras meses de inactividad vuelvo al gremio con un nuevo capitulo :twisted: . A los que no se acuerden ya del anterior capitulo (cosa comprensible, han sido casi 3 meses :shock: ) le recomiendo que se lo relea antes de leer este, ya que los hechos continuan desde donde lo dejo el anterior.

Por cierto, he decidico variar ligeramente mi estilo de escritura. A partir de ahora los dialogos seran introducidos con un guion, en lugar de poner el nombre del emisor al comienzo (que lo aproximaba al teatro en vez de a la novela que es). Confio en que este cambio no moleste a nadie e incluso os agrade.

10- El fugitivo

Siguió andando. Herido, aturdido y sin saber a dónde ir; sería cuestión de pocas horas que cayera exhausto. La mañana daba paso al mediodía, mientras Naethar intentaba continuar con las pocas fuerzas que le quedaban.

Naethar no era fácil de enfadar, o al menos ya no lo era. Incluso en esta situación se esforzaba en comprender la violenta reacción de los hombres, e intentaba incluso tomárselo con buen humor (dentro de la gravedad de la situación). No era momento para rencores, ni lo sería.

Tomando un desvío, acabó por llegar a una gasolinera. La gente repostaba, entraba y salía sin prestarle apenas atención. Cosa que le alivió, pues lo que quería precisamente era pasar desapercibido. Entró en la tienda, observando todo con curiosidad y atención. De la misma forma, el dependiente le observó con prudencia, hasta que acabó hablándole:

- ¿Desea algo?

Naethar se sobresaltó levemente, girándose hacia el empleado.

- No, gracias.

Siguió recorriendo la tienda, hasta que se decidió a salir. Pero cuando se dirigía hacia la puerta vio al dependiente hablando con dos hombres. Dos hombres vestidos con traje negro, gafas de sol y lo que era más inquietante, pistolas. Preguntaban por un joven, rubio y gravemente herido. No cabía duda, le buscaban a él. Por suerte los hombres se encontraban de espaldas a él y el dependiente no pareció verle, dándole tiempo para esconderse tras un estante.

- S… sí, le he visto hace nada, debe seguir por aquí.
- Mierda – pensó.

Los dos hombres empezaron a registrar el local. Naethar bordeó el estante tras el que se encontraba escondido conforme los dos hombres examinaban el mismo. Cuando se encontraban a lados contrarios del estante, Naethar usó las pocas fuerzas que le quedaban para empujarlo, cayendo encima de aquellos hombres, que quedaron atrapados el tiempo suficiente para que Naethar pudiera escapar. El dependiente le gritó intentando que parara, pero Naethar no le hizo caso y salió, y tras echar un rápido vistazo, se coló en el asiento trasero del único coche que se encontraba repostando. Los dos hombres salieron a toda prisa pistola en mano, buscando con la mirada al fugitivo. Se agachó intentado que no le vieran, a la vez que el conductor montaba en su coche y lo ponía en marcha, ignorando del polizón. El vehículo abandonó la gasolinera, mientras los dos hombres estallaban de rabia y se resentían del golpe recibido.

El coche continuó su camino, internándose en la bulliciosa Nueva York. El joven conductor seguía sin saber que llevaba a Naethar en el asiento trasero. Sin embargo, conforme atravesaban uno de los puentes hacia Manhattan, un agudo pinchazo hizo mella en el amnidae, provocando que emitiera un ligero quejido que le delató. El conductor, sobresaltado, miró por el espejo retrovisor y finalmente le descubrió. El joven frenó el coche en seco, suerte que en ese momento no había excesivo tráfico. Se giró, entre amedrentado y sobresaltado.

- ¡PERO QUÉ COJONES…!
- Shhh, por favor, por favor – Naethar intentaba tranquilizarle –, tranquilo. No tienes de qué alarmarte.
- ¿Quién eres tú y que narices haces en mi coche?
- Esto… me llamo – consideró que no sería prudente darle su verdadero nombre, al menos por el momento. Entonces recordó el nombre que figuraba en la placa del dependiente de la gasolinera – Ralph.
- ¿Y qué es lo que quieres?
- Ayudarte.

El chico no esperaba esa respuesta. Aún con el susto en el cuerpo, volvió a encender el coche y empezó a avanzar, ante los incesantes pitidos de los demás conductores. Algo más calmado, siguió con su ronda de preguntas, conduciendo con disimulo.

- ¿Qué es eso de que quieres ayudarme?
- Pues eso, que he venido a ayudarte. Pero antes necesito que tú me ayudes a mí.
- Ya me parecía a mí. ¿Y se puede saber a qué quieres ayudarme?
- Si te lo dijera no me creerías.
- Bueno vale, te diré lo que vamos a hacer. Yo paro en esa esquina, te bajas del coche y fingimos que esto nunca ha pasado, ¿Ok?
- ¡No, por favor, no puedes dejarme tirado ahora! Necesito que me ayudes, toda tu gente depende de ello.
- ¿Mi gente? ¿Me estás amenazando?
- Claro que no. Yo no voy a hacerle daño a tu gente, sino a evitarlo.
- Mira, no acostumbro a hablar con desconocidos que se cuelan en mi coche, así que te voy a dejar allí mismo.
- Estás muy tenso, es comprensible. Paremos en algún sitio y hablamos tranquilamente.

El muchacho vaciló unos segundos.

- Está bien – le miró rápidamente –. Pero antes habría que llevarte a un médico, das pena. Y no voy a dejar que vayas por ahí desangrándote, y menos en mi coche.
- No, por favor, nada de médicos – evidentemente, un médico descubriría su origen alienígena –. Tú solo consígueme unas vendas y algo para las quemaduras.
- ¿Estás seguro? Mira que eso parece serio. A todo esto, ¿cómo te lo has hecho?
- Es una larga historia.
- Pues yo tengo todo el tiempo del mundo, así que me la vas a explicar punto por punto.
- De acuerdo, y gracias, eh… ¿Cómo has dicho que te llamabas?
- No lo he dicho. Soy Mark.


PD: Ya he encontrado nombre para el tema :wink: . Ah, y perdon por el doble post.
Última edición por Metafight el 26 Feb 2011, 22:50, editado 2 veces en total
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Re: The Final War

Notapor Metafight » 26 Feb 2011, 22:50

Perdon por este mensaje, pero me ha salido error y mi anterior mensaje no sale como nuevo, y asi dificilmente vais a ver el nuevo cap :wink: .
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Re: The Final War

Notapor jorge » 26 Feb 2011, 23:03

Que bien, esperaba este capitulo desde hace tanto tiempo que no puedo recordarlo. Que buena idea lo de lanzarles el estante encima, y esconderse en la parte trasera de un coche, es muy inteligente este Naethar. Y, si no me equivoco, este Mark es el de una diario de hace tiempo, no.

PD: Aun no veo es nuevo nombre, me dejas siempre con la intriga (me lo tengo merecido)
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Re: Destino sombrío: La Guerra Definitiva

Notapor Metafight » 27 Feb 2011, 00:22

Ya esta, cambiado :wink: .

A partir de ahora intentare postear mas seguido, de hecho intentare publicar otro capitulo antes de que termine el puente. Tambien confio en reactivar mi taller en breve.

PD: Nadie ha dicho que sea el mismo Mark :-A .
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Re: Destino sombrío: La Guerra Definitiva

Notapor Eddlm » 27 Feb 2011, 00:35

Buen capitulo! Cierto es que llevas mucho tiempo sin actualizar... bien, espero que ahora puedas cojer carrerilla :D


Nuevo nombre... Destino sombrío... la Guerra Definitiva...

Me gusta :twisted:
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Re: Destino sombrío: La Guerra Definitiva

Notapor Metafight » 02 Mar 2011, 21:02

Eso voy a intentar :twisted: . Aqui va otro capitulo, os tendreis que apañar con este hasta por lo menos la semana que viene, el resto de la semaña lo tengo muy ajetreado (fin de semana incluido).

11- Mentiras

Siguió conduciendo hasta que encontró una farmacia. Aparcó al lado y bajó de su asiento. Acto seguido se asomó por la ventanilla del asiento trasero:

- Baja conmigo. Vas listo si crees que voy a dejarte solo en mi coche.

Naethar asintió y bajó. Entraron a la farmacia y compraron lo que Naethar le había pedido: vendas y una pomada para las quemaduras. Ya que Naethar no llevaba dinero (al menos no dinero humano), Mark lo tuvo que pagar de su bolsillo.

- Estás malherido, no llevas dinero… ¿de dónde narices has salido? – le dijo mientras salían.
- Si yo te contara…
- Claro que me lo vas a contar. Ahí enfrente hay un bar – señaló un pequeño local al otro lado de la calle –, aprovechemos que es hora de comer y hablamos.

Cruzaron la calle, no sin antes asegurarse Mark de que había cerrado bien el coche. Naethar se sentó en una de las mesas del exterior. El local era un tanto modesto, aunque en esos momentos Naethar no estaba como para poner pegas. Tampoco es que las tuviese, realmente, era un sitio muy acogedor y hacía un día muy agradable para sentarse a la intemperie. Mark no se sentó:

- Voy a entrar a pedir, ¿qué quieres de beber?
- Pues… me da igual, lo mismo que tú.
- Vale. No te muevas de aquí.
- ¿Me ves en condiciones de moverme de aquí?
- Ya, bueno. Ahí tienes las vendas y todo eso.

Mark le dio la bolsa y entró en el bar. En ese momento montones de pensamientos pasaron por la cabeza de Naethar. Parecía que aquel chaval estaba dispuesto a ayudarle, pero aún no se había ganado su confianza y para eso tendría que contarle toda la historia. Historia que, estaba seguro, se resistiría a creer. Empezó a plantearse qué partes debía contarle y cuáles no, e incluso si era mejor contarle directamente una mentira. Esta última opción cada vez parecía convencerle más, pero para eso tendría que improvisar una historia ficticia en ese mismo momento. Conforme pensaba en todo esto, cogió la medicina y se la aplicó en las quemaduras, para después cubrirse las heridas con las vendas. Nadie en el bar le prestaba atención, como si aquello fuera lo más normal del mundo.
Mark salió a los pocos minutos con las bebidas y se sentó frente a él.

- He pedido pollo, espero que te guste – le dijo mientras le pasaba su vaso.

Naethar no dijo nada, y se quedó mirando su vaso con curiosidad antes de dar el primer sorbo. Mark le dedicó una cara de extrañeza, pues no intuía que era la primera vez que veía esa bebida. Finalmente, Mark dio el primer paso.

- Vale, Ralph, ¿de dónde eres?
- Eh… de muy lejos.
- ¿No podrías ser un poquito más específico? ¿Eres extranjero?
- S…sí.
- Ah, vale, deja que lo adivine – dijo seguido de unos segundos de meditación –. Australia, ¿a que sí?
- Sí, por qué no – añadió por lo bajo, profundamente aliviado de que se hubiera autocontestado.

Continuaron hablando durante largo rato. Naethar empezó a vertebrar una historia más o menos sólida: le contó que estaba haciendo turismo en la ciudad, pero que antes de llegar a su hotel unos ladrones le asaltaron, robándole todo lo que llevaba y dejándole en aquel estado. Mark pareció creerle, a pesar de que la historia tenía ciertas lagunas. La más importante, el hecho de que Naethar había afirmado que quería ayudarle, y que su gente dependía de ello. Antes de que Mark le preguntara por ello, decidió interrumpirle:

- Oye, llevamos mucho rato hablando de mí. ¿Por qué no me hablas un poco de ti ahora?
- ¿De mí? – dijo un tanto sorprendido.
- Sí, de ti. ¿Eres de aquí?
- Sí, bueno. En verdad nací en España. Mi madre era española y mi padre neoyorquino. Pillé a la pobre en plenas vacaciones, jeje. Apenas unas semanas después vinimos a Nueva York, he pasado aquí casi toda mi vida. Aunque he ido a España muchas veces, me encanta ese país.
- Ah – Naethar hizo gestos de atención, fingiendo estar comprendiendo lo que le decía, aunque en verdad se preguntaba qué narices era España –. ¿Y a qué te dedicas?
- Soy astrónomo. Bueno, tengo la carrera de astronomía, y trabajo como ayudante en un observatorio.
- Parece interesante.
- Lo es, y mucho. Mi sueño en verdad… te va a parecer una tontería…
- Vamos, dilo.
- Bueno, me gustaría ser astronauta. Si, ya sé, suena más a lo que uno sueña de pequeño, pero es que el espacio siempre me ha fascinado. Eso y los alienígenas. Mis amigos están un poco hartos de que siempre esté hablando de eso. Supongo que a ti también te aburriría.
- Para nada, sigue hablando – le dijo Naethar en un tono entusiasta.

Y continuó hablando sobre astronomía y vida alienígena durante otro buen rato. Naethar no perdía detalle, no solo porque quería contrastar sus conocimientos en la materia con los suyos, sino porque se alegraba de tener un tema de conversación tan apropiado. El que a Mark le apasionaran tanto los temas sobre alienígenas le ayudaría mucho al decirle que él era uno. Incluso empezó a plantearse si había cometido un error al contarle una historia falsa. Sentía la necesidad de contarle millones de cosas, pero tuvo que callárselas para no delatarse, por lo que se limitó a escuchar con interés sus comentarios y a aportar ciertos datos que no le comprometieran. Absortos en la conversación, no se percataron de la hora hasta que el regente del local les advirtió de que estaba a punto de cerrar.

- ¡Madre mía, que hora es ya! Voy a tener que irme a casa. En fin, me alegro de haber hablado contigo, Ralph, y espero que la próxima vez que te vea no sea en mi coche - añadió con tono risueño.

Mark recogía sus cosas mientras se levantaba, a la vez que Naethar le dirigía una mirada de preocupación. Enseguida captó la indirecta.

- Esto… no tienes dónde quedarte, ¿no?

Naethar asintió con la cabeza. Mark meditó unos segundos, aunque finalmente accedió:

- Bueno, está bien, puedes quedarte en mi piso esta noche.
- ¿De verdad? ¿T… te fías de mí?
- ¿No debería?
- No, sí, claro, es solo que… bueno, no esperaba que me acogieras en tu casa, soy prácticamente un desconocido.
- Si te soy sincero, no me pareces mala persona. Además, me vendrá bien tener compañía, hoy me siento solidario.

Naethar aceptó la invitación de muy buena gana, muy contento de su nueva amistad.

- Gracias.
- No es nada.
- Te equivocas, es mucho.

Naethar no se contuvo a darle un abrazo a su nuevo amigo, que se mostró algo incómodo ante su efusividad. Pagaron la cuenta (como no, volvió a pagar Mark) y volvieron al coche, dispuestos a cerrar el agitado día mientras el sol comenzaba a esconderse tras los imponentes rascacielos.
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Re: Destino sombrío: La Guerra Definitiva

Notapor Xtrems » 02 Mar 2011, 21:14

Esta historia me está gustando bastante.No se pr qué,pero la idea del alienígena disfrazado de humano me parece muy buena.Si,definitibamente =D> .
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Re: Destino sombrío: La Guerra Definitiva

Notapor jorge » 03 Mar 2011, 16:28

Cada vez estoy mas convencido de que son el mismo Mark. En cuanto al capitulo, muy bueno, como siempre. Mark parece buen tipo, aunque algo ingenuo. No se si la historia que se ha inventado "Ralph" es la mas original, pero al menos ha colado :lol:
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Re: Destino sombrío: La Guerra Definitiva

Notapor Alex7752 » 05 Mar 2011, 12:19

Casi me deprimi al mirar hoy si porfin te habias decidido a poner nuevos capitulos de the final war y ver que no estaba hasta que me di cuenta de que habia cambiado de nombre
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Re: Destino sombrío: La Guerra Definitiva

Notapor Eddlm » 05 Mar 2011, 13:23

Me gusta, me gusta mucho como se desarrollan los acontecimientos, buen capitulo :D =D> =D>
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Re: Destino sombrío: La Guerra Definitiva

Notapor Metafight » 12 Mar 2011, 19:21

Bueno, como ya he dicho en otro sitio del foro, he estado desde el viernes pasado sin internet en casa, asi que no he podido conectarme. Pero os prometi un nuevo capitulo, y no voy a faltar a mi palabra :twisted: .

12- En deuda

Abrió los ojos poco a poco. Estaba en una celda, muy pequeña y mugrienta, y con muy poca luz. Le dolía muchísimo la cabeza y tenía la boca pastosa, además de que notaba un sabor bastante desagradable. No era lo único que notaba: se sentía diferente, aunque no sabía por qué. No tardó en descubrirlo. Al llevarse la mano a la cabeza, en un vano intento de mitigar el dolor, notó un extraño tacto, frío y áspero. Apartó la mano lentamente. Su mente prácticamente se bloqueó al ver que su mano era totalmente metálica. Salido del trance y la conmoción, registró todo su cuerpo, observando que sus manos no eran los únicos implantes mecánicos. Sus piernas, el costado izquierdo, el hombro, incluso parte del cráneo. Y no le cabía duda de que también habían trasteado en su interior. ¿Pero quién? ¿Y por qué?
Tenía muchas preguntas y allí no había nadie para responderlas. Una profunda agonía recorrió su cuerpo, todo aquello le daba escalofríos. A los pocos minutos apareció una persona, que se acercó a su celda y se plantó al otro lado de las rejas. El reo inspeccionó con la mirada a aquella criatura, a la que jamás había visto. De piel roja, cuadrúpeda, inspiraba respeto a su paso.

- Por fin despiertas.

La tranquilidad e indiferencia con la que le hablaba aquel ser hizo que su angustia se transformara en rabia. Sin pensarlo dos veces, se acercó a la reja, agarró a aquella criatura del cuello y la acercó a él, con tal furia que le hizo atravesar y romper los barrotes. Le mantuvo contra la pared, mientras se desangraba por el golpe recibido y le oprimía el cuello, preso de la cólera.

- ¡¡QUÉ ME HABÉIS HECHO!!

La criatura intentaba responderle, pero se estaba asfixiando y era incapaz de articular palabra. Por mucho que intentaba resistirse, no podía librarse de su agresor, quién desencajado de la ira, no veía que le estaba estrangulando. Al final, desangrado y sin aire, dejó de resistirse, entendiendo el prisionero que le había matado. Le soltó, cayendo el cadáver al suelo. Tremendamente embravecido, salió de su celda por el hueco formado por el brutal ataque. Recorrió corriendo un corredor hasta llegar a unas escaleras, por las que bajaba otra de esas criaturas. Por su atuendo, debía ser un militar. Le llamó la atención una profunda cicatriz que le atravesaba el ojo izquierdo, supuso que era una herida de guerra. En principio se detuvo, y volvió a formular la misma pregunta que al anterior, aunque con una mayor templanza.

- ¿Quiénes sois, y qué me habéis hecho?

El militar no respondió, y se quedó donde estaba. El prisionero volvió a la carga con una voz más desafiante, subiendo el tono progresivamente.

- ¿¡Que quiénes sois y qué me habéis hecho!?

El militar seguía sin responder. Ante la pasividad de su interlocutor, la ofuscación volvió a apoderarse de él.

- ¡¡¡CONTÉSTAMEEEEE!!!

Acto seguido echó a correr, con intención de arremeter contra su provocador. El hombre sonrió, parecía esperar esa reacción. Conforme se acercaba, sacó un pequeño mando de control remoto. Cuando estaba a punto de alcanzarle, lo pulsó. El preso sintió un agudo pinchazo en la nuca, que en breve se transformó en un insoportable dolor que le recorría todo el cuerpo, especial
mente la cabeza. Se desplomó arrodillándose en el suelo llevándose las manos a la cabeza, mientras se retorcía de dolor y gritaba angustiosamente. El militar lo mantuvo pulsado unos segundos más, disfrutando de cada gota de sufrimiento que extraía de su víctima. Finalmente dejó de pulsarlo, y empezó a dar vueltas alrededor del recluso, que se encontraba en el suelo paralizado ante el tormento que acababa de pasar.

- Ni lo intentes – le advirtió el militar.

El prisionero, entre asustado y aturdido, no pudo evitar volver a preguntar:

- ¿Qué me habéis hecho?

El hombre seguía sin responder, y se limitó a agarrarle de los brazos y arrastrarle escaleras arriba. El reo, desfallecido por el dolor, no opuso ninguna resistencia a pesar del rudo trato. Le llevó hasta lo que parecía una consulta médica, donde un médico esperaba seleccionando unas muestras. Como todo en aquella prisión, era oscura y bastante insalubre.

- ¿Dónde te lo dejo?
- Ponlo ahí, en la camilla.

El militar le soltó en la camilla con tosquedad.

- Todo tuyo.

El militar se fue, a la vez que el prisionero empezaba a salir de su conmoción. Cuando se dio cuenta de donde estaba, se acongojó sobremanera al llegar a su mente horripilantes flashes de él mismo en esa misma camilla. El médico dejó sus muestras y se acercó a él dispuesto a examinarle.

- Bueno, bueno, a ver como estás respondiendo.

Cogió una minilinterna y levantó sus entrecerrados párpados, para observarle los ojos. Siguió con la boca y el resto de la cabeza, mientras le hacía preguntas en un tono más o menos amable:

- A ver que tal andas de memoria. ¿Cómo te llamas?

Tardó un poco en responder, y tras unos segundos habló:

- S… Scanos.
- Bien, Scanos, ¿y de dónde eres?
- Del planeta Oort.
- ¿Y qué eres?
- Un… Almeortes.
- Bueno, parece que tu memoria está bien.

Se levantó en busca de un utensilio. Scanos, aún en estado de somnolencia, intentó levantar la cabeza para hablar al médico.

- Ya te he respondido, ahora respóndeme tú a mí. ¿Quiénes sois?
- Oye, chaval, aquí las preguntas las hago yo. Claro que si estás tan interesado… – volvió a acercarse a él, con una jeringuilla en la mano – Somos kumas.
- ¿Y… qué me habéis hecho?
- ¿La verdad? Salvarte.
- ¿Qu… qué?
- Te encontraron en un planeta cerca de una de nuestras colonias. Tu nave estaba destrozada, y tú más muerto que vivo. Te faltaban las dos piernas, el brazo, y muchos órganos internos estaban seriamente dañados – conforme hablaba, le clavó la jeringuilla en el brazo izquierdo (por encima del codo, donde aún quedaba brazo orgánico) para extraerle sangre –. Ninguna medicina podría haberte curado. Bueno, quizás por clonación, pero no disponemos de esa tecnología. En fin, que me desvío, el caso es que la única manera de salvarte de la que disponíamos era esta. Usando los últimos descubrimientos en robótica de la desaparecida civilización Grox, hemos conseguido sustituir las extremidades y órganos dañados por implantes cibernéticos. Siéntete orgulloso, eres el primer ser en el que hemos aplicado esta tecnología.

Scanos permaneció en silencio unos segundos, intentando asimilar todo lo que le acababan de contar. Le habían salvado la vida, pero a costa de convertirle en una máquina, al menos parcialmente. No sabía muy bien qué pensar, así que decidió recolectar todos los datos posibles y después poner en orden sus pensamientos.

- Supongo que mi salud no es lo que más os interesa, ¿no?
- Veo que no se te escapa una – sonrió levemente –. En verdad, tu caso supuso una excelente oportunidad para probar estos nuevos avances en cibernética. Por lo que parece, tu cuerpo está respondiendo bien a los implantes mecánicos. Esto va ser un gran avance en la materia.
- ¿Y a qué vino lo de antes? Esa descarga, era insoportable. ¿Y por qué me siento como si estuviera drogado?
- Los implantes robóticos no solo te han salvado la vida, sino que te otorgan una mejora en tus características. Vas a notar que eres mucho más fuerte, más resistente, más rápido, etc., etc. – mientras le decía esto, Scanos recordó al kuma que había matado antes con tanta facilidad y brutalidad –. Esto te vuelve un individuo bastante peligroso, y evidentemente, hemos tenido que tomar precauciones. En alguna parte de tu cuerpo – obviamente, no le iban a decir cuál – llevas un chip conectado a un control remoto. Al activar el control remoto, el chip emite una durísima descarga, capaz de matar a casi cualquier ser vivo. A ti, gracias a esto, solo te provoca un insufrible dolor, que si se da de forma prolongada puede inutilizar tus sistemas mecánicos momentáneamente. De ahí que te sientas entumecido, como sedado. Tranquilo, se te pasará en un rato.

Scanos se dio por satisfecho con sus respuestas, e intentó descansar mientras el médico terminaba el reconocimiento.

- Bueno, pues esto ya está, estás estupendamente. Ahora descansa, en una hora o así estarás tan ricamente.

En ese momento volvió a entrar el militar. A Scanos no pareció hacerle ilusión volver a verle.

- ¿Cómo está?
- Su cuerpo responde bien, pero tendremos que tenerlo unos días más en observación para ver como reacciona.
- ¿Se lo has contado todo?
- Sí, me lo ha contado todo – respondió Scanos.

El militar le dirigió una mirada amenazante, mientras se acercaba a él lentamente. Se colocó frente a él y le agarró por la barbilla, para forzarle a mirarle a los ojos.

- Bien. Entonces deberías tenernos un poco más de respeto.
- Me parece que el respeto no es precisamente tu fuerte. ¿Esperas que te dé las gracias después de cómo me has tratado?
- Deberías. Te hemos salvado la vida, no sé si tienes idea de la deuda que tienes con nosotros. Una deuda que tendrás que saldar.

Le soltó y se fue, seguido del médico, que salió de la habitación para dejar descansar a Scanos. Y eso fue lo que hizo, o al menos intentó. Esas últimas palabras del militar le habían dejado inquieto. “Una deuda que tendrás que saldar”, su mente repetía esa frase una y otra vez.
En ese momento, cayó en que se le había olvidado la pregunta más importante: ¿dónde estaba?
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Re: Destino sombrío: La Guerra Definitiva

Notapor Eddlm » 12 Mar 2011, 20:01

ME GUSTA :shock: :twisted:

Ahora vas por los derroteros que me hacen disfrutar de verdad :mrgreen:

Además, como siempre buena forma de narrar! =D> =D> =D>


Borro el doblepost del ISE, creo que no nos vamos a librar de él en la vida
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Re: Destino sombrío: La Guerra Definitiva

Notapor kazini » 13 Mar 2011, 00:20

yo lo estoy leyendo, por lo que voy esta muy bueno, no comentare hasta que lo lea todo, pero ya me tienes como lector :wink:

esta exelente la historia (por lo menos la parte por la que voy)

un aplauso =D> =D> =D>

son mas bien 3 :mrgreen:
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ya la lei toda, esta exelente Meta, pero si los del FBI de la gasolineria buscaban a un chico rubio, por que no utilizo el recombinador celular para cambiar de apariencia??

espero impacientemente el proximo capitulo
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Re: Destino sombrío: La Guerra Definitiva

Notapor jorge » 13 Mar 2011, 20:47

Mola, y mucho, Scanos parece un buen tipo, al menos de momento :twisted: . Y no puedo creer que esos Kumas le hayan salvado la vida, no lo consigo asimilar.
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