Aqui les traigo un capitulo más de... las Crónicas Mexicas!
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Grande de fue la tristeza del viejo Vana al saber la noticia de que el Rey estaba enfermo, y que su muerte estaba próxima. Pasó todo ese día retirado, y solo fue hasta el siguiente, cuando se nos dio el mensaje de que el rey se sentía un poco mejor y nos recibiría, cuando Vana recuperó sus fuerzas perdidas.
El Palacio de Ínzule es viejo.... muy viejo en la cuenta de las hombres. Su construcción data de hace más de 1500 años, cuando reinos, hombres y fortalezas se levantaban y caían como pasan las estaciones. Pero Ínzule logró resistir los embates del tiempo y la guerra, y con el paso de los años se consolidó como un Reino poderoso a su manera en aquellos oscuros tiempos. La afinidad de pensamiento entre ésta y el Imperio Tolteca hizo que Ínzule se aliara al Imperio durante sus años de espledor. El punto de quiebre en éste Reino llegó cuando el exiliado príncipe de aquel Reino (una historia larga de contar, que quiza algun día escribiré) recuperó lo suyo y se casó con la hija mayor del último Emperador Tolteca, lo que hermanó durante muchos siglos al Reino de Teotihucan (heredero del Imperio Tolteca) y a Ínzule, siendo su punto culminante su alianza militar durante la Guerra de los Cinco Años contra los kasabestanos. Esa hermandad duró hasta hace poco, cuando los distintos temas concernientes a la forma de gobernar a la nueva Confederación han creado fricciones importantes entre éstos dos viejo aliados.
Ésta era, pues, la situación del aun Reino al cual gobernaba el Rey quién pronto recibiría nuestra visita.
Uno de los mayordomos, al saber de nuestra presencia ante las puertas de Palacio, instruido expresamente por el Rey, nos condujo por laberínticos pasillos hasta la Cámara Real.
Nunca en mi vida había imaginado que yo, un simple chico, estaría alguna vez dentro de un palacio. Y no un palacio cualquiera. En Ínzule, parecía que el tiempo jamás había pasado. Guardias armados con antiguas lanzas, brillantes y poderosas, vestidos con libreas negras y plateadas, sacados de un cuento de castillos medievales custordiaban las entradas del Palacio. Al éstar dentro de él, uno sentía haber sido transpasado una ventana invisble hacia el pasado. Murales, pinturas, adornos, jardines y corredores, haciendo gala de un lujo sin igual, parecían no haber sido tocado jamás por el torrente que es tiempo. Uno casi era capaz de ver a las cortes de extintos soberanos, con sus mantos de brillantes y lujosos mantos, caminado de aquí a allá por los corredores de aquel suntuoso palacio. En todo Me-xihc-co no había fortaleza, templo o palacio que rivalizara con aquella maravilla.
EL viejo mayordomo tocó delicadamente las hermosas puertas de caoba de la Cámara Real. Un hombre maduro de expresión triste abrió las puertas. sus ojos mostraban cansancio y dolor a primera vista.
Al instante, un pequeño grupo de personas que éstaban alrededor de una gran litera voltearon a observarnos con las cabezas gachas y rostros que expresaban los mismos sentimientos de que aquel primer hombre.
Una voz grave y cenicienta rompió aque silencio opresivo:
- Déjenos solos.
En ese momento, todos los hombres, caminando lentamente y sin hacer ruido más que el de sus amplias túnicas al rozarse unas con otras, salieron de la habitación.Solo quedamos Ce-Acatl, Vana, y yo.
El viejo Vana se acercó lentamente a la litera real, y al estar al lado de ella, se hincó de rodillas y tomó las manos del moribundo.
- Amigo mío, Su Majestad. Mi corazón se hace pedazos al verle en éste estado.
- Fiel súbdito y amigo - dijo el Rey, lo cual me sorprendió; eso queria decir que Vana había nacido en Ínzule - Al final de mi camino, lo único que lamento es no haber podido haber acabado contigo la misión que nos impusimos hace ya largo tiempo.
- No hable así, Su Majestad. ¿Ha pensado usted en llamar a Ragast? Quizá el podría.....
-No, viejo Vana. - lo interrumpió la voz cansada del Rey.- Ni siquiera los olvidados dioses de mi pueblo podrían devolverme la vida que se me escapa.... Veo que has reclutado a un nuevo miembro de la Orden....
- Si, Su Majestad. Él es Derek. Su padre murió durante los disturbios de las pasadas elección en Teotihuacan... el mismo día y a la misma hora que murió Bargil... él tiene el Don....
El Rey volteo a verme, mientras Vana nos indicaba que nos acercaramos. Solo entonces pude ver de cerca al Rey... Su rostro mostraba cierta palidez, un rostro que uno no pensaría que sobrepasara los 50 años, y aun asi, un agotamiento terrible era exhibido en cada uno de sus gestos.
El Rey no dijo nada sobre mi, pero a Ce-Acatl lo miró y una leve sonrisa asomó en sus labios. Ce-Actatl respondió con una humilde inlcinación de cabeza.
- Si, veo que ahora será otros los que continuen nuestro trabajo. Antes de morir, debo asegurarme de quién concluirá mi trabajo
- ¿Se refiere usted a su hijo, el Príncipe?
Una fugaz expresión cruzó el rostro del monarca; una expresión que no supe identificar, pero al instante la borró de su faz, y dijo:
- MI hijo, a pesar de sufrir el temperamento excesivo de la juventud, estoy seguro de que ha comprendido la importancia de que mi opinión sea comunicada y llevada a cabo por la Orden: no podemos permitir que esos malditos puntos geomanticos continuen existiendo. Deben ser destruidos.
- Me temo, mi señor, que su opinión topará con muchos oponentes en la Orden, incluyendome a mi mismo. Si sabemos manejar la situación, podríamos hacer un beneficio no solo a El Único Mundo, sino al Planeta entero, y si....
- ¡Deben ser destruidos!- dijo el Rey con una voz mucho más potente de la
que había mostrado hasta ese momento- Su malignidad ya ha comenzado a operar en Me-xihc-co, y tus esperanzas de un mejor futuro se esfumarán si permitimos que caigan en malas manos.... y caerán, si no los destruimos. Ustedes no conocen su poder.
- ¿Y vos si, Su Majestad? ¿Acaso....?
- Si, viejo amigo. Si. Siempre supe que había un punto geomantico aquí, en Ínzule. Justo debajo del antiguo Templo donde se celebra el Fuego Nuevo. Veo que te desconcierta esto, y solo ahora en mi lecho de muerte revelaré algo que nadie más que los Herederos de Miriel supimos. El conociemiento no se ha perdido en Ínzule, y si a pesar de que desconcimos la ubicación de todos los puntos, por cierto sabiamos que había uno aqui, justo debajo de nuestros pies. También de ahí obtuve la información sobre un viejo pergamino que inscribia un mapa donde se podrían averiguar los demás puntos. Lo rastreé a traves de de siglos y siglos y de ciento de kilometros, y así fue como pude informarle de todo eso a Ce-Acatl. Toda ésa información esta en una Biblioteca secreta a la que por Ley solo los Reyes pueden acceder.
También de ahí, supe que esa energía no es apata para ser controlada, al contrario, son cosas a los que los hombres deben temerles, y alejarse de ellas. Tarde o temprano la ambicion de apoderará de algunos, como ya estamos comenzando a ver, y no podremos con semejante situación. ¡Vana... recapacita.... debes pedir ante la Orden que mi petición sea aprobada....!! ¡¡debes de...!!
El Rey no pudo seguir hablando... un acceso de tos se lo impedía, pero rapidamente empeoró y comenzó a arrojar sangre por la boca... Los tres retrocedimos, Vana negando aun con la cabeza, como debatiendose en un gran conflicto. De pronto reaccionó, y me grito:
- Derek... ¡busca al médico!- grito Vana
- No, no.... - dijo apenas audiblemente el Rey-.... Medico no.....Ministro.... Exterior.....
Vana me asintió con la cabeza, y volteo a mirarme.
Salí corriendo de la habitación, doblado unos cuantos pasillos cuando vi que varias personas venian corriendo.
- El Rey, el, Rey, -dije sin aliento- busca a su Ministro de Relaciones Exteriores....
- Soy yo- dijo uno de los hombres que estaban al principio en la habitacion, cuando llegamos, aquel que nos abrio la puerta. Y se adelantó en la carrera hacia la Cámara Real.
Cuando regreso al lado un varios medicos y altos funcionarios, el Rey seguía escupiendo sangre, mientras intentaba hablar.
- Fuera todos...... he.... he... hablar ... Íncanus.
Todos retrocedimos asutados. El hombre llamado Íncanus, el Ministro de Relaciones Exteriores, se acerco a la puerta, nos miró a todos, y cerró la puerta.
Nadie pudo ori lo que se dijo trás esas puertas, pero ahora, con la ventaja de la retrospectiva, se que aquellas palabras que se intercambiaron en esos breves minutos, cambiaron el rumbo de la historia.... de nuestra historia.
Pocos minutos después, la puerta fue abierta de nuevo, y el Ministro salió apesumbrado de ella.
- El Rey ha muerto- dijo.











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