No es necesario leerlo ya que no es el primer capítulo del legado y nadie perderá el hilo.

La familia de Evelynn, la fundadora de un nuevo legado, era una familia con una tradición peculiar.
En tiempos borrados por la memoria, esta tradición comenzó como una superstición. Los colores protectores de un retoño le acompañarían hasta la tumba. Este color se averiguaba con ritos perdidos en el tiempo y a la criatura se la bautizaba con ese color como segundo nombre. Por supuesto, mientras este miembro viviera, ningún otro familiar llevaría el mismo color como protector, no así cuando este falleciera. Romper la tradición suponía ser alejado de la familia por miedo a que cayeran sobre ellos maldiciones desconocidas.
Sin embargo, con el paso del tiempo esta tradición dejó de tener peso supersticioso para pasar a ser algo méramente estético. Los padres discutían su color favorito para el retoño igual que amasaban una lista de nombres idóneos.
Evelynn había heredado el color rojo por parte de su abuela, que había muerto jóven. Era una buena hija, obediente y con buenas notas, que nunca traía problemas. Su familia era una de las más acomodadas de Twinbrook, y los aún jóvenes cabeza de familia se hacían un hueco en sus profesiones.
Rebeca Blue, que odiaba tener que quitarse su conjunto azul para ir a trabajar, tenía un puesto de poca monta en una cafetería bastante cutre.

Akira, que por las circunstancias de su casamiento no había acatado la tradición, progresaba en el mundo del periodismo.

Sus dos hijos mayores, Berny Orange y Teo Purple, eran buenos amigos y se ayudaban con los deberes.

Y aunque parecía que Evelynn, la única niña de tres hermanos y la más pequeña, era la más apartada en la familia, no estaba sola. Ella tenía a su gran y única amiga, Ecolástica Mayo. De familia adinerada, los niños decían que estaba algo ida de la cabeza. Pero Evelynn la encontraba interesante, compartían un amor por la música y el arte poco visto entre niños de su edad.

Con el tiempo se volvieron inseparables. Jugaban al pillapilla ellas dos solas, sin nadie más.

Al gnubb, que en aquellos tiempos estaba muy de moda.

Y compartían opiniones en el museo sobre qué sería mejor, ser pintor o músico.

Por supuesto Evelynn soñaba con ser una estrella del rock y el resto de profesiones le parecían basura.

Pronto se convirtieron en adolescentes, y la verdad es que pisar el instituto las hacía sentir maduras.
Tanto que Evelynn llegó allí mucho antes de tiempo, para causar buena impresión. Estaba embelesada con sus ensoñaciones de cómo sería su vida adolescente y no vió venir a alguien.

Ese alguien también debía estar con la mente en otro mundo, porque tropezó con ella. En lugar de disculparse, se dirigió a ella en tono burlón y mirada altiva.
-Tengo que ir al oculista a que me miren este problema que me impide ver niñas pijas. Me estoy tropezando a muchas últimamente.
- ¿Perdón?
- Disculpas aceptadas.

- ¿Cómo que disculpas aceptadas? ¿Estás loco? ¡El que debería disculparse eres tú!
- ¿Disculparme porque una repipi vestida de periodo menstrual no estuviese atenta? ¿Es esa la excusa que pones a los seguros cuando te tiras delante de los coches para cobrar indemnizaciones?

- Deberías ver como te visten a ti tus padres antes de decir nada de mi ropa.
- ¿Mis padres?

- ¡Cabezahueca! Esta ropa la compro yo a mi gusto
- Será esa la razón por la que tengo ganas de vomitar al verte.
- Di lo que quieras, sólo hay que verte a ti para entender que no tengas cerebro, sólo eres una marioneta más.

- No soy una marioneta de nadie, hago lo que quiero cuando quiero.
- Seguro niña. Ya te imagino llorando abrazada a tu oso de peluche cuando tus padres te metan una bronca por ponerte un lazo que ellos no habían planeado.

Cortando la discusión por lo sano, el punk milticolor se dirigió a la puerta del instituto, dejando a una Evelynn reflexiva sobre esas últimas palabras.
La verdad es que nunca había contradecido a su madre, que era la más estricta, se ponía la ropa que le traía, hacía los deberes siempre a la misma hora, volvía a casa cuando se le decía...

En acabar el instituto preguntó a ecolástica si podía ir a su casa aquella tarde, aún inquieta por las palabras de aquel maleducado.
- Tica... ¿Tú crées que soy una cabezahueca?

- ¡Jaja! ¿Es una pregunta trampa? Hmm... Dime lo que quieres oír que yo te lo digo.

- Ah... ¿Estás hablando en serio? Perdona. Yo opino que la cabeza se va llenando a medida que crecemos, puede que ahora tengamos un poco la cabeza hueca, la verdad, pero hueca entera seguro que no.

- ... No te entiendo... pero te voy a contar qué me ha pasado esta mañana.

Evelynn contó detalle a detalle la discusión con aquel tipo raro, mientras Ecolástica escuchaba pacientemente.
- ¡Oh Evelynn! ¿No me digas que te has enamorado, que ya sólo imaginas tu futuro junto a él y nadie más, y ahora yo sobro en tu vida, pero no sabes cómo decirme que te deje en paz, que deje de acosarte por teléfono cada noche haciendo respiraciones fuertes cuando contestas y que, sobretodo, no te levante al tío?
- ¿Qué? ¡Así que eras tú! ¡¡Y no estoy enamorada de semejante esperpento!! Por mi como si le haces un striptease...
Pero me ha hecho pensar si mis padres me quieren a mí como sim, o como muñeca...

- ¡Oh dios mío! ¡Es verdad! ¡Tienes que hacer la prueba! ¡Corre al estilista , enséñale esta foto de tu enamorado y pídele que te haga un look parecido!
- ¿Qué quieres de... ¿¡Cómo es que tienes una foto suya!?
- ¡ Eso no importa ahora!¡Marcha ya! ¡Tus padres no pueden entrometerse en tu ropa, ni en tu vida!

- ¡Tienes razón! ¡Voy a hacerme punkicolor y nadie me hará cambiar!

De este modo la adolescente entraba en su etapa de rebeldía, desafiando la autoridad de sus padres.

Pero antes debía demostrar al desconocido punk que se había equivocado juzgándola.

- ¡Nos encontramos de nuevo! Soy aquella de la que no te gustaba su uniforme rojo. Creo que no me presenté, soy Evelynn Color.

- Eh... sí... pero me siento plagiado, creo que llevas hasta el mismo tinte naranja que yo.

- ¿Plagiado? ¡En todo caso te ha plagiado la estilista que me asesoró, para que te enteres!

- De verdad que no tienes criterio propio ¿Has pasado de ir vestida según el gusto de tus padres a ir vestida ridículamente según lo que cree conveniente una estilista?

- ¡Sí que tengo criterio propio! Lo que pasa es... que... ¡aún no he encontrado lo que me gusta, porque es muy raro!

- Sí... será eso.
- ¡Pft! ¡Pues si vas a seguir insultándome me voy!
- En el coche de mama.

Que se hubiese cambiado por fuera no quería decir que cambiase por dentro. Evelynn llegó a casa antes de su hora tope. Sus hermaos ya estaban allí hace rato, más obedientes si cabía.

- ¡Eh...Evelynn!
- ¿Sí...?
- ¡Joder, qué susto! ¿De qué vas tía? Sea la broma que sea, no tiene gracia!

- ¡No es una broma!
- ¡Llevas MI color, tía!¡Quítatelo antes de que te vea mamá!
- ¡Me gusta esta ropa y me la voy a quedar!

- ¡Entonces te saldrá un cuerno, berrugas, y vendrán por ti las brujas!
- Que sea tu hermana pequeña no quiere decir que me trague esas leyendas.
- No te lo decía por la edad, es que todos sabemos que naciste con retraso mental.

- ¡Basta! Me voy a vestir como quiera aunque no te guste ¡Aunque no le guste a mamá ni a papá!



A aquellas horas Rebeca Blue ponía toda su energía en amasar cosas, sin imaginar lo que había pasado.
- ¡Mamá! Tienes que hacer algo ¡Evelynn me ha quitado el color!
- ¿Cómo es eso? ¿Es que le han dado aquel empleo parcial y su uniforme es naranja?

- ¡No! ¡Dice que va a vestirse así todos los días! Tienes que hacer algo!
- ¿No me mientes? No parece propio de ella. ¿Dónde está?

- En la terraza con la guitarra esa vieja de la herencia.

- ¡Evelynn! No sé qué se te ha pasado por la cabeza para que renuncies al rojo, pero tu abuela lloraría si viera como la desprecias...

- Me voy a quedar con esta ropa, da igual lo que me cuentes.

- Pero hija ¿Tú te has visto? ¿Qué van a decir tus amigos del instituto?

- Tica dice que esto es lo correcto, mamá. Me da igual el resto del instituto.

- ¡Pues a mi no me da igual! ¡Me da vergüenza ajena sólo de pensar en los comentarios de los vecinos!

- Claro, es lo más importante para ti, los vecinos. A mi que me zurzan ¿No, mamá?

- ¡Serás malcriada! ¿Acaso crees que te voy a dejar salir con esas pintas de fulana que te has puesto? ¡¿Desde cuándo se enseña el sujetador a todo el mundo!?


- ¡¡Es MI ropa, soy YO la que se la tiene que poner y tú no tienes derecho a decirme que no la lleve!!

- ¿Cómo que no tengo derecho? ¡Devuélveme MI dinero con el que te has comprado esa ropa o lárgate de esta casa antes de que atraigas el mal fario!

Con el corazón a mil y la furia haciendo hervir su sangre, Evelynn acudió de nuevo a su amiga en busca de refugio.
Ecolástica no dijo nada, símplemente la dejó entrar y acostarse. Al día siguiente, con los ánimos más calmados, hablarían.

- Vaya, buenos días Eve. ¿Te ha despertado mi hermanito?
- No, no podía dormir.

- Lo siento, no me acordé del maquillage y he manchado la almohada. Lo siento mucho.

Tras una larga llantera Ecolástica escuchó toda la historia sucedida la noche anterior.
- Bueno... no te preocupes, tía... Son cosas de la tensión, lo que te dijo tu madre no era lo que pensaba realmente, sólo estaba impactada.
- Yo creo que sí...

- No, ya verás cuando vuelvas como te pide perdón. No debí decirte que te hicieses un look como el de Ben, así que yo también te pido perdón.

- ¿Te sabes su nombre? ... ¡Más le vale recibirme llorando, con todo lo que me dijo! ¡No soy su esclava para hacerlo todo como ella mande!

- Cambiarme de ropa me ha enseñado mucho, Tica, no te sientas culpable, al revés.
- Guay... Y ahora arréglate ese rimel y vamos al instituto ¿Vale?

Rebeca Blue recibió a su hija con indiferencia. Su hermano mayor, con malas miradas, y el mediano con su característico pasotismo. El único a quien parecía importarle algo era a su padre.
Con tanta tensión en casa, Evelynn trataba de no acercarse en medida de lo posible.

Había desarrollado un cariño especial por la guitarra, quizás aquella idea descabellada de ser una estrella del rock podía ser realmente su meta en la vida.
Sentía que tenía que dar las gracias a aquel Ben por abrirle los ojos, y su amiga le dió su dirección.
- ¿Quién coño será a estas horas...? ¿Sí?
- Ah... Perdón ¿Vive aquí Ben Rody?

- Sí, pero no. Le han llevado a un correccional. Así es como yo llegué a ser lo que soy hoy día, a ver si deja de ser tan mariquita. Ala, pírate a casa niñita que algunos tenemos que levantarnos a la 1 de la tarde ¿sabes?

Pre-Final.
Los años pasaron implacables para todos. La mayoría de edad tan ansiada por Evelynn llegó por fin, podría dejar atrás esa casa infesta con sus tradiciones absurdas. Sólo sentía tener que dejar atrás los recuerdos de su infancia y a su gran y única amiga. No estaba muy unida a su padre, pero también le hecharía de menos.
- Bueno, espero que te vaya bien allí. Intenté que tu madre te dejara en herencia aunque fuese una mínima parte, pero es una tozuda.

- Nah, estoy acostumbrada a su gilipollez eterna. Cuídate, papá, que con tanto idiota suelto puede pegársete algo malo.

- Entiendo tu rencor, nena, pero al fin y al cabo son tu familia, no deberías hablar así de ellos...

- Esos no son mi familia. A ti te dejaron pasar sin acatar aquella tradición de mierda porque tuviste suerte de que mamá estuviese dolida en aquel momento. ¡Ha! Casarse justo después de la muerte de tu madre... Realmente dudo que estuviera dolida, quizás lo hizo para tener la herencia asegurada.

- Ay hija... la verdad es que tuve suerte, no me imagino a mi mismo vestido de amarillo, seguro que me hubiese tocado ese color. Bueno, el taxi ya está ahí. Buena suerte.





































































































