Tus torturas, que he de reconocer que me han hecho algo de daño, las sigo viendo muy rudimentarias. Yo te di anoche lo mismo, pero voy a pasar a algo más sofisticado.
Te voy a coger prestado tu material quirúrgico, ese que aún apenas has empleado. La toxina botulímica no me asusta, porque conozco la manera de neutralizarla. Y además, ¿por qué tienes el antidoto en el frigorifico, hombre de dios? Esos detalles hay que pulirlos.
Empezamos con una disección parcial del cerebro, a la altura más o menos de la corteza motora (lóbulo frontal). Ahí empezaré con ligeras descargas, casi imperceptibles, pero que logran convertirte en un zombi controlado por mi. Esta parte me gusta, disfruto viéndote hacer piruetas con lo poco que te queda de cuerpo
Continuo adentrándome en el lóbulo parietal, corteza somatosensorial, y empiezas a tener sensaciones fantasmas en tus miembros amputados. ¿A que es interesante sentir cosquillas en un pie que no tienes?
No quiero ensañarme demasiado, así que paso dirtectamente al cortex visual y auditivo. A pesar de no tener ojos ni oidos, vas a recibir estimulación sensorial que te hará ver y oir cosas. Tendrás alucinaciones, y la sensación de volverte loco empieza a hacerte mella.
Como ya me estoy cansando, voy ya directamente al área del lenguaje y especificamente al área de Broca y de Wernicke. No entenderás lo que te digo, ni podrás hablar. Ahora ya sí que te tengo sometido a mi voluntad.
Uuuuuuuuppppppsssssssssss, ahora que me doy cuenta, ¿me he pasado un poco? Creo que esto de la tortura es demasiado adictivo, Skell, y saca lo peor de mi. Como ahora me siento mal y no me gusta esa sensación, ven Lucho, ven. Te voy a hacer terapia para que olvides el trauma. Si es que en el fondo, no puedo evitar ser buena
P.D. Esto me ha servido para recordar mis apuntes de psicobiología, con el asquito que le tenía a la asignatura. Lucho, ahora te voy a matar de verdad


















