
Esta mañana Arcadia se ha levantado entre una nube de sangre. Eran las palabras de la presidenta Rachel Gaunt antes de iniciar su convalecencia respecto a los hechos de la pasada noche en el país vecino.
Anoche, alrededor de las once y media, un grupo de radicales arcadios asaltaba varios locales de inmigrantes svalbardianos en la capital. En menos de tres horas ya eran más de 35 los locales que habían sido atacados, con sus respectivos cinco muertos y 21 heridos.
Según algunos testigos, un amplio grupo de svalbardianos corrieron a refugiarse a una comisaría del centro, donde los policías les rechazaron. Era mañana, los agentes alegaban que era un grupo demasiado grande (unos cuarenta) para caber en la pequeña comisaría. A verse rechazados, los civiles entraron en la embajada de Svalbard, donde a pesar de no haber embajador, aún continua un grupo de funcionarios.
El mismo grupo de radicales no se detuvo ante las puertas ni ante los avisos de los guardias de la embajada. Entraron por la fuerza, por lo que dichos guardias se vieron obligados a disparar. Luego se inició una auténtica batalla campal entre los atacantes y los soldados svalbardianos. La policía llegó a los diez minutos, y esta mañana se desvelaba la cifra de víctimas: nueve civiles muertos svalbardianos y 38 heridos; tres muertos arcadios y 12 heridos; y un soldado de la embajada muerto.
El presidente de Svalbard, Iorek Raknison, hablaba esta madrigada con unas duras palabras: No entiendo como hemos llegado a esto ni como se ha permitido tal barbarie, pero dad por sentado que los culpables lo van a pagar, estén en el país que estén y bajo cualquier soberanía.
A esta declaración ha contestado una hora más tarde el presidente arcadio: Lamento los incidentes de la pasada noche como el que más y tampoco entiendo cómo es posible tal atrocidad. Les aseguro que capturaremos a todos los delincuentes, sean del país que sean.
Dicho y hecho, la policía ha capturado ya a once implicados en el alboroto de anoche, así como a tres de los soldados de la embajada, acusados de disparar a civiles desarmados, a pesar de que las leyes internacionales justifican que cualquier acto delictivo cometido en la embajada de un país, considerada tierra de dicho país y por tanto con la soberanía de este, debe ser juzgado por el mismo país.