Ya te conocemos, y por eso te apreciamos Lastro.
Pero de la misma forma que el optimismo más ilusorio está en un extremo, el pesimismo más exacerbado está en el otro. Quúzá sería una buena receta situarse a medio camino de ambos.
Resulta tonto decirlo por la cantidad de veces que se ha dicho ya, pero el mundo no es malo o bueno, feo o bonito, el mundo es como lo hacemos nosotros. Por eso hay que trabajar todos los días en hacerlo mejor, y para eso no es preciso realizar grandes hazañas. Primero hay que empezar con los que tenemos al lado, una chispa de humor, un poco de cariño, algo de comprensión, es el tinte que hace cambiar el color del mundo en que vivimos.








