por Eddlm » 25 Mar 2010, 19:24
Si sois quienes... Mis lectores!!
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Resistencia
La fuerza sin la resistencia no es nada. ¿Dé que te sirve la fuerza, si no puedes utilizarla porque te cansas demasiado rápido?
La resistencia te permite utilizar la fuerza durante más tiempo. Así de simple. Además, te permite resistir más golpes antes de caer. Todo Héroe que se precie también debe poseer la cualidad de la resistencia, obviamente. Si no, ¡Al primer golpe lo matarían!
Demuestra que eres merecedor del don de la Resistencia. ¿Cómo demostrarlo?
Sobrevive.
Esto es lo que ponía en la hoja que encontró Ter, al borde de un acantilado, dos días después del combate con el monstruo.
Durante esos días Ter estuvo practicando con su nueva cualidad, la Fuerza. Podía saltar muy alto -para luego caer de forma estrepitosa...-, era capaz de romper rocas de un puñetazo –aunque sólo lo probó una vez, ya que esa vez se hizo muchísimo daño-.... etc. Pero cada vez que usaba la Fuerza, se cansaba de repente. No podía utilizarla durante más de veinte segundos sin caer derrotado de cansancio.
También descubrió que el talismán que le había dado GalacticHero brillaba cuando utilizaba la fuerza. Cuanta más fuerza usara, más brillaba. Y más se calentaba. Una vez, cuando intentó levantar una roca de veinte veces su tamaño –y que pesaba varias toneladas- el talismán casi le quemó el pecho -donde iba colgado, de una cadena de adiminio-.
Ter no había pasado hambre, para nada; en ese inmenso desierto de rocas y arena había también, dispersos, algunos “oasis”, formados por un pequeño árbol frutal. Las frutas de ese árbol debían ser muy nutritivas, pues, cuando Ter encontró el árbol -poco después de pelear contra el monstruo- y comió la fruta, en pocos minutos su cansancio desapareció casi por completo. No así sus heridas, que lo único que hicieron fue cicatrizar.
Ahora se encontraba frente a lo que parecía ser un gigantesco acantilado. El suelo del acantilado no se divisaba, lo cubrían unas nubes grisáceas, parecía que allí abajo llovía.
El acantilado, como mínimo –desde la altura de Ter hasta las nubes, más abajo- debía de medir algo más de un kilómetro de altura, y varios cientos de anchura.
Se tumbó y asomó la cabeza al borde. La pared era vertical, con muy grandes escalones, de unos tres metros de altura cada uno, tan achos como el acantilado entero. El último escalón –el más alto- estaba a diez metros bajo Ter.
¿Debería bajar?
Un sonido lejano le dio la respuesta.
Rápidamente, reculó y se levantó. Dio media vuelta; al verlo, decidió inmediatamente que era mejor bajar.
Una especie de águila gigantesca, gris y roja, con cuatro patas, volaba alto sobre la llanura gris. Hacia él.
Se giró rápidamente, con intención de bajar al escalón del acantilado. En cuanto se asomó, de pié, le sobrevino una sensación que nunca había conocido. Vértigo.
Temblando, como pudo, se intentó agarrar a la pared del acantilado por fuera, lo consiguió en el justo momento en el que la monstruosa águila pasaba por encima de él, a ras de suelo.
El águila describió un gran arco para dirigirse contra Ter, que se encontraba agarrado a la pared, de espaldas a un precipicio de miles de metros de profundidad. Ter se soltó, un segundo después las garras del águila raspaban la zona donde hacía un segundo estaban las manos de Ter.
Ter cayó al suelo de al escalón más alto del acantilado, al caer perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer al vacío; en cuanto pudo se apretó contra la pared. Miró a un lado y a otro; en ninguno de los lados había más que la lisa pared y el liso suelo.
Temblando, del vértigo, se sentó en el suelo –duro, pero liso, como si fuera hielo-, y se puso a pensar. No se atrevía a bajar, el águila monstruosa no había a aparecer –y no se la oía-.... No le quedaba otra que ponerse a caminar por el gran escalón...
Y eso hizo. El águila no volvió a aparecer.
Caminaba –hacia la derecha- por el gran escalón cuando vio a lo lejos –en el escalón- un agujero en la pared, al nivel de suelo. Fue hasta él; era una cueva muy oscura, el pasillo de la cueva –con forma de cilindro- hacía una cuesta abajo.
Al fondo, algo brillaba.
Ter fue a por el objeto que brillaba, se encontraba al final de la cueva –de unos ocho metros de profundidad-.
En cuanto llegó al objeto, vio lo que era.
Una hoja de papel, con un cristal con forma de diamante.
Se fue a agachar a cogerlo, cuando oyó un fuerte sonido, como el choque de roca contra roca, afuera.
Se levantó rápido –sin coger el papel- y miró fuera. En ese momento, una roca con forma cilíndrica tapó la salida de la cueva, y, debido a que el suelo de la cueva estaba inclinado –y Ter estaba en la zona más baja-, la roca se dirigió hacia Ter.
Ter se preparó para el impacto. Intentó sujetar la roca cuando ésta chocó contra él.
Lo consiguió, la roca no lo aplastó contra la pared por muy pocos centímetros. Con muchísimo esfuerzo, empujó hacia delante, para sacar la roca de ahí, pero la roca pesaba demasiado. Casi no podía moverla, sólo sujetarla para que no lo aplastara contra la pared.
La roca era tan ancha y alta como la cueva; estaba atrapado.
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Abrió, despacio, los dos ojos traseros, con la cabeza muy dolorida. Vio que se encontraba bajo un montón de rocas. Grises. Abrió otros dos ojos, más pequeños, que se encontraban delante de los primeros. Se intentó levantar. No pudo; se encontraba muy débil.
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Se cansaba más y más sujetando la roca para que no lo aplastara contra la pared que tenia a sus espaldas.
Necesitó respirar más rápido, para bombear más oxígeno a los músculos, que se empezaban a agotar. Poco a poco, muy poco a poco, la roca avanzaba, reduciendo el espacio entre Ter y la pared. Por desgracia los Terraptors no podían sudar, eso ahora le habría ayudado a eliminar el calor generado por el esfuerzo.
La roca avanzaba y avanzaba, tras una hora, Ter tuvo que girar la cabeza a un lado, para que la roca no aplastara la nariz.
Hora y media. La roca se apoyó en su ladeada cabeza, produciéndole gran dolor. Hasta ahora no le habían fallado los brazos, pero poco faltaba para eso. Y, en ese momento, la roca no tendría ningún obstáculo para aplastarle el cuerpo contra la pared.
Maldita roca, se dijo. ¿Quién podría haberla puesto allí? ¿Era esta la prueba de la Resistencia? ¿Cuándo acabaría? ¿Cuándo muriera aplastado contra la pared?
Los brazos empezaron a temblarle. Su muerte estaba a pocos segundos....
Sintió muchas descargas eléctricas en los dos brazos, signo de que los músculos habían dejado de funcionar.
Se desmayó.
Largo tiempo después despertó, con los brazos casi inutilizados.
Sentado, de espaldas a la pared, los brazos colgando hacia los lados. Exteriormente parecían en buen estado, pero por dentro estaban casi muertos.
No se intentó levantar, también le dolía la cabeza, mucho. Descansó varias horas, preguntándose quién habría quitado la roca antes de que esta le matara.
Ahora el agujero por el que había entrado a la cueva –y que la roca había tapado- estaba totalmente libre, una grisácea luz entraba por ella.
Tras dos o tres horas, intentó mover los brazos. Descubrió que podía, aunque le seguían doliendo horrores. Intentó coger la hoja que estaba a su izquierda, en el suelo; con gran esfuerzo –y dolor- lo consiguió. Leyó lo que ponía:
¡Casi dos horas! Muy pocos han durado eso, chico. Realmente mereces estar aquí. Tuyo es el don, te lo has ganado. Ahora podrías rodear un planeta andando si quisieras. No te cansarás, te lo aseguro.
No sólo eso. También eres más resistente al daño. Los golpes no te afectarán tanto, las balas no se internarán tanto en tu cuerpo si te alcanzan. Resumiendo, eres, literalmente, más duro.
Pero es muy importante que recuerdes esto. No eres invencible.
Pongámonos serios.
Puede que ahora pienses que con fuerza y resistencia, ya lo puedes todo, no habrá nadie que pueda pararte. Craso error, amigo mío. Te queda mucho camino por recorrer, y muchas cosas que aprender.
Te has metido en un largo camino, un camino sin retorno, donde aprenderás muchas cosas. Saldrás de aquí cambiado. Más sabio, más fuerte. Listo para cumplir con tu misión.
Pero sólo saldrás si superas todas las pruebas. Y sólo las superarás si aprendes.
Aquí no hay segunda oportunidad. Aquí no existe el fracaso. Porque el fracaso significa la muerte. La muerte y el olvido.
Estas hojas te guiarán a lo largo de este camino. Te aportarán apoyo, información, datos que te ayudarán a recorrer este camino. Te darán lecciones sobre muchos aspectos de tu vida, lecciones que te convendrá recordar cuando salgas de aquí.
No te digo más por ahora, tienes que descansar.
Por ahora, sólo recuerda una cosa:
Esto es sólo el principio.
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