Los primeros rayos de sol alcanzaron la cara de Tana que dormía en el hueco del tronco de un árbol. Úna gota fria cayó en su cara despertándole.
-Vaya noche tan horrible he pasado. -pensó. Apenas llevaba una tarde desde que salió de Olivas cuando una tormenta se le vino encima teniendo que refugiarse y pasar la noche en esa zona del bosque. Sin embargo, ese día parecía presentarse perfecto para seguir el camino. -Quien sabe, a lo mejor llego en un sólo día a Rincón Escondido.
Después de comer un poco de lo que su madre le había preparado para el viaje, recogió las cosas y emprendió el viaje. Qué felicidad le daba esa tranquilidad del bosque. En el suelo humedecido, por las lluvias de anoche, se encontraban numerosas flores y los primeros animales empezaban a salir de sus madrigueras. Admirando esos bellos parajes de su reino se le hizo corto el viaje.

¡¡¡Crack!!! Tana se dio la vuelta al oir como se partía una rama. -¡¿Quién anda ahí?! -gritó. Pero no se oyó respuesta en todo el bosque y no se veía a nadie. -En fin, habrá sido un animalito. -pensó. Pero nada más volver a caminar volvió a oir ruidos, esta vez más fuertes, como pisadas. Tana se asustó y desenvainó la espada rápidamente.
¡¡¡¡Brrrroooommmmmm!!!! Algó pasó volando a toda velocidad por encima de las copas de los árboles. -¿Qué diablos era... -pero fue interrumpido cuando oyó gritos:
-¡¡Alto ahí en nombre del Reino!!
-Jamás, están locos si piensan que me dejaré atrapar. -Dijo una chica que huía de la Guardia. Pero sin darse cuenta tropezó con Tana y cayeron los dos al suelo. -¡¡¡Quita, rápido, torpe, déjame!!!
-¡¿Estás huyendo de la guardia?! -dijo sorprendido Tana mientras la agarraba.
-Veo que tienes capacidad de observación, -respondió en tono irónico -pero suéltame de una vez.
-No puedo hacerlo, como futuro miembro del ejército debo entregarte a la Guardia. -respondió Tana orgulloso.
-¡¿Futuro miembro del ejército?! Jajaja, no me hagas reir. No sabes nada de la realidad. Si me sueltas prometo contarte todo lo que se y recompensarte.
-No sé, no sé -dudó Tana -Es que no debería...
-¡Alto he dicho, o sufrirás las consecuencias! -gritó uno de los soldados que los encontró a los dos.
-¡¡¡Corre!!! -gritó la chica.
Ambos corrieron todo lo que pudieron hasta que después de un largo camino despistaron a los soldados. Una vez recuperado el aliento, Tana preguntó:
-Bueno, cuéntame ahora por qué te perseguía la Guardia de San Lázaro.
-Bueno, verás, no sé como explicártelo. En fin, soy Chaxiraxi, pero me puedes llamar Chaxi. -se presentó la chica. -Y esos soldados me perseguían porque... bueno, porque pertenezco a la Resistencia de la Costa.
-¡¿La Resistencia de la Costa?! Debería haber dejado que te atraparan. -respondió Tana.
-Tú no sabes nada, así que déjame que te explique. -dijo Chaxi rápidamente. -Seguro que piensas que tu Reino conquistó la Costa por ser una amenaza, pero no es así. Tu Reino conquistó la Costa para ganar poder frente al Imperio. Nosotros sólo éramos un Condado pacífico y neutral y ahora sólo reclamamos que nos devuelvan nuestras tierras.
-No sé si creerte. -dijo Tana.
-Bueno, cree lo que quieras, pero cuando lleguemos a Rincón Escondido lo comprobarás por ti mismo.
-¿Cómo sabes que voy hacia allí?
-Fácil, ¿no recuerdas que me dijiste que eres un futuro soldado?
-Upppssss, es cierto. ¿Pero para qué te diriges tú hacia allí? No debería permitirte ir allí si vas con intenciones de sabotear el Reino. -dijo muy serio Tana.
-Jajaja, no eres muy avispado que digamos. Pues me dirijo allí simple y llanamente para reunirme con los líderes de La Resistencia porque he recaudado nueva información. ¿De verdad me vez capaz de sabotear todo el Reino yo solita? -decía mientras reía.
-Está bien, por ahora me fio de ti, pero te vigilaré muy detenidamente.
Como ambos estaban cansados por la carrera que se habían metido, decidieron acampar allí mismo esa noche. Mientrras, Tana asaba un conejo que habían cazado, Chaxi sacaba punta a sus dos dagas. Tana se dio cuenta y se asustó un poco.
-¿Sabes pelear? -preguntó él.
-Claro, ¿cómo iba a ser de la Resistencia sin saber? -dijo burlándose Chaxi. -Pero me parece que tú no tienes ni idea, lo digo por como cogiste antes la espada que llevas.
-Bueno, entrenaba con mis primos en la aldea. -respondió él.
-Jajaja, de verdad que no eres muy brillante. -se volvió a reir ella. -En fin, ¿quieres prácticar conmigo?
-¡¿Qué dices?! -se asustó el chico. -¿Es que quieres matarme? Yo no tengo tanta experiencia como tú.
-Tranquilo, no te haré daño. ¡Levántate y en guardia! -Ambos se pusieron en posición de ataque esperando.
-¡¡¡¡aaaahhhhh!!!! -se avalanzó Tana sobre ella. ¡¡¡Zasss!!! Fue el único ruido que escuchó Tana antes de caer al suelo. Se miró el pecho y una gran herida le cruzaba de arriba abajo mientras Chaxi aguantaba una de las dagas llena de sangre.
-Lo sabia, sabía que me harías daño. -dijo él mientras se quejaba de dolor.
-Dos cosas: la primera nunca seas el primero en atacar y si lo eres no lo hagas a lo loco, la segunda, te prometí que no te haría daño y así será, sólo quiero enseñarte. -dijo ella tranquilamente. Sacó un colgante de su bolsa y pronunció unas palabras. -Quel a poder del a gema sane tus heridest. -y el colgante empezó a brillas mientras la herida desaparecía poco a poco.

-¿Qué... qué... qué diablos era eso? -preguntó asombrado Tana.
-Nada, simplemente es un colgante de Materia Blanca, un material que tiene un cierto poder curativo. -explicó Chaxi. -Pero tiene sus límites, nunca sanará cosas demasiado graves y por supuesto no resucitará a nadie.
-¡Cielos! Es increíble, creía que eso era cosas de los libros, jamás pensé que existiera. ¿Y esas palabras qué idioma era?
-Pues era el antiguo temesiano. Era en San Temas donde se encontraba la Materia Blanca y Oscura y eran sus habitantes los que sabían utilizarlo. Pero hoy en día la materia está extinguida y sólo la Resistencia posee una poca.
-Vaya, nunca lo imaginé.
-Y ahora... ¡¡¡En guardia!!! -gritó Chaxi.
Se pasaron horas entrenando y Tana poco a poco cogía práctica con su espada. Cuando estaban muy cansados decidieron comer y acostarse. Mañana sería otro día.