El Principe Heredero caminaba dando vueltas en el Salon del Trono. Apenas podia contener la impaciencia por emprender la marcha, y menos aun por esperar al general del ejercito bajo sus ordenes. Estaba a punto de golpear el gran disco de oro para llamarlo nuevamente, cuando el general apareció en la puerta.
Señor, mi señor, mi gran señor....
El general habia sido enviado con el Principe por el propio Emperador para dar protección a la nueva ciudad de Teotihuacan mientras esta se hacia autosuficiente. Ahora habia escuchado el rumor de que el Principe queria partir de la ciudad...
-General, lo he mandado llamar para dar la orden a todos los guerreros de que se preparen para marchar al sur.
- Señor... la ley me pone a sus ordenes... todos debemos obediencia al Emperador y su familia... pero la orden que usted me esta dando contradice la orden de su padre de defender esta ciudad de cualquier contingencia... si Su Majestad tuviera a bien explicar los motivos de esta repentina partida.....
- Creo que no tengo que dar explicaciones a nadie... !!¿no es cierto?!!- dijo el Principe con furia contenida. La verdad es que no podia revelar su verdadera intencion. Hacía ya algunos días que los pasaba todo el tiempo frente al mapa enviado por su padre, el mapa en el que los sacerdotes había señalado los lugares donde la Diosa Coatlicue, Madre de toda la Tierra, revelaba su poder a los mortales, donde las Siete Ciudades Sagradas tenia que ser construidas para poder canalizar toda esa energía.... para dar gloria y perpetuar por siempre el gran Imperio Tolteca... Y siempre, sentado junto al mapa, la idea de apresurar el momento de gloria no dejaba de atormentarle, y menos aun con la idea de que el punto geomantico mas poderoso de los Siete estaba en un lugar aun virgen, libre de enemigos que pudieran complicar las cosas, protegido de ellos por las aguas del Gran Lago.... era una propuesta que el Principe no podía desaprovechar.
-No, no claro que no, señor. Solo que es mi deber informarle que si hacemos marchar a nustros guerreros al sur, como es su deseo... la ciudad quedará indenfensa, y estamos muy lejos de la ciudad imperial como para recibir ayuda en caso necesario. Además, usted comanda todo el Ejercito del Este... si nos movemos sin consentimiento del Emperador todo el sector Este del Imperio estará desprotegido y....
- General, ¡¡somos los tolteca!!. No hay pueblo alguno que ose desafiarnos, y menos aun raspar el muro de una de nuestras ciudades con el filo de una lanza. Esta ciudad siempre estuvo segura, con o sin ejercito. Asi que marcharemos hacia el sur. Si tanto le preocupa la seguridad de esta ciudad, lo dejo en libertad de ir a la Tollán y pedir a mi padre que envie refuerzos para asegurar este flanco.
El general bajó aun más la cabeza. Soltó los hombros y dijo:
-Si, señor. Usted manda.- se levantó y caminó hacia atrás son alzar la cabeza. Cuando estaba cerca de la puerta, el Principe habló:
- Y, general. Nunca olvide ésto, porque es lo que ha hecho grande el pueblo Tolteca. Nosotros somos los elegidos. Nuestro Imperio nunca caera. No lo olvide.
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- ¡¡¡Este es el principio de su fin!!!!
El Principe supo que había cometido un gravisimo error. El enorme guerrero kasash con el que luchaba sonreía con malicia al ver la desesperación en los ojos del Principe al saber que la derrota de su ejercito era casi segura....Desde hacia dos días, despues de casi un mes de haber partido de Teotihuacan, los exploradores toltecas informaron al Principe que un gran ejercito kasash se aproximaba rapidamente a las fronteras toltecas. El Heredero al Trono Tolteca
no tenía ni idea de porque ese gran ejercito se acercaba a los dominio imperiales, pero el caso fue que pronto fueron rodeados por el enemigo y después de dos días de fintas y retrocesos, el combate se había hecho irremediable a orillas del Gran Lago. Ahora la superioridad numerica del enemigo hacia casi segura la derrota del Ala Este del gran ejercito Tolteca.
La lucha entre el guerrero kasash y el Principe continuaba sin que se notara ventaja de ninguno de ellos. Pero el enorme guerrero cometió un error al querer acabar con el Principe rapidamente, y al dar mas fuerza a su macahuitl bajó ligeramente su escudo, cosa que el experto ojo del Principe no pasó por alto y en un abrir y cerrar de ojos el guerrero yacía sangrando ante los pies del Heredero.
El Principe seguió animando a sus hombres, mientras el apretado circulo de enemigos se estrechaba mas y mas.
Despues de varias horas, y tanta fue la presión a la que se somietió a las filas toltecas, que los guerreros kasash logaron abrirlas y rapidamente partieron al ejercito imperial en inumerables grupos. El Principe, al darse cuanta de esto, corrió al lugar critico de la batalla, pero en ese momento algo lo golpeo en la nuca, y la oscuridad lo invadió.
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Al despertar, el Heredero del Emperador Tolteca estaba acostado en un troco, con el pecho sobresaliendo pero atado con gruesas cuerdas. Un hombre de aspecto vulgar estaba sentado cerca de él.
- Su ejercito es admirable, Su Majestad- esto lo dijo con desprecio- Luchó con valor... tanto, que aun al estar ahora acabado, dejó a nuestro propio ejercito maltrecho.... Y eso me enfurece.
Se levantó y tomó un largo puñal, acercandose lentamente al Principe.
- Una ves más, y gracias a una maldita suerte, han frustado nuestro proposito. Pero quiero que Su Majestad muera con la seguridad de que sus sueños jamás serán cumplidos... Ustedes no son los unicos que conocian el "secreto". No. Pero ahora, gracias a usted y su no esperada aparición en estos lugares tenemos que marcharnos, ya sin el factor sorpresa, retrasando nuestro objetivo... pero sepa esto... tarde o temprano... nosotros, los guerreros kasash, dominaremos el mundo... pese a quien le pese.
Y sin previo aviso, hundió sin piedad el puñal en el corazón y del Principe, y al momento éste vio pasar frente a si su vida entera... y lo último que vió fueron Siete puntos brillando sobre la Tierra. Siete puntos, pero rojos, e inflamando la guerra y la destrucción sobre la Tierra.














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