por Ce-Acatl » 14 Feb 2007, 16:49
Fue en una noche de febrero, una noche fría, cuando la Tierra gimió. Su lamento pudo ser oido por todos nosotros en El Único Mundo, y su dolor se convirtió en nuestro dolor.
Nada puedo recorardar de esa noche, más que las sacudidas que alguién me dió y que me despertaron, la carrera hacia la salida del hotel de Groosham donde aun nos encontrabamos. Pasillos, escaleras, gente corriendo y sus gritos, pero por encima de todo, un interminable movimiento del suelo y de nuestros sentidos. Cuando salimos, aun habia electricidad en la calle, pero al instante toda luz desapareció. Quedamos sumergidos en la oscuridad, mientras el suelo a nuestros pies no dejaba de gemir.
Cuando todo acabó (uno de los minutos más largos de mi vida), la noche fue silencio. Nadie habló, todos los gitos y lamentos callaron, y pudimos respirar. Allá arriba, las estrellas brillaban, y la Luna reflejaba su rostro en el Lago. El silencio y la tranquildad de ese momento eran absolutos.
Y entonces, sirenas de ambulancias y llantos de dolor barrieron nuestro mundo.
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Al amanecer, la electricidad aun no habia regresado. Solo un pequeño radio de pilas nos daba un poco de aliento. En compañia de Ce-Acatl, recorrí las calles de Groosham. El terremoto habia causado varios derrumbes en la ciudad, y los incendios provocados por fugas de gas se esparcian como una plaga. Nadie dormia ya a esas horas, y todos asomaban sus rostros asustados a la calle. Los servicios de emergencia recorrían la pequeña ciudad, pero creo que nunca estuvieron listos para una catastrofe de esa magnitud. Tiempo despues, se supo que solo en Groosham murieron 5,000 personas.
Cuando volvimos a nuestro hotel, Vana, gracias al pequeño radio, nos informó que el desastre había abarcado todo nuestro pais, y que muchas ciudades habian sido gravemente dañadas, especialmente Teotihuacan, donde a esas horas, los muertos se contaban en mas de 15,000.
No vale la pena contar nuestro camino de regreso a Texcoco; las carreteras estaban inservibles por los derrumbes en las montañas, los trenes varados por el rompimiento de vias. La confusion y el dolor flotaban en el aire, y lo peor aun no llegaba.
Las poblaciones que no sufrieron daños tan grandes por el terremotos, tambien fueron castigadas. El suministro electrico no se restableció en casi todo el pais durante dias. Acueductos y tuberias fueron destruidas, y el agua comenzó a contaminarse. Durante interminables días el alimento escaseó en las grandes ciudades al colapsar la red de carreteras. Jamás habiamos vivido una calamidad de ese tipo.
Quizá fue esa la razón por la que mucha gente comenzó a prestar oidos y ver de otra manera la fecha que se acercaba en el calendario: El Fuego Nuevo. Hasta yo tuve que prestar atención.
Mientras viajabamos en la embarcacion de la empresa Tresatlántico que nos llevaría gratuitamente de Groosham a Texcoco, la cual estaba atascada de gente que regresaba a su hogar con la preocupacion por los suyos impresa en los ojos, Vana nos contó a nuestro pedido todo lo relacionado con El Fuego Nuevo.
"Ésta -dijo- es una celebracion muy antigua... tan antigua que se pierde en la noche de los tiempos... Antes, en la antiguadad, nuestro antepasados, estudiando el cielo y los movimientos de los astros, crearon un calendario muy distino de nuestro calendario actual. En lugar de los 100 años que tiene nuestro siglo, ese antiguo calendario constaba de 52 años en su siglo, lo que ellos llamaban "una gavilla de años". Y cada 52 años, cuando la rueda del tiempo completaba su giro, El Fuego Nuevo era celebrado.
Ésta era una de las ceremonias más sagradas de la antiguedad, porque el pueblo creía que si los dioses elegían un momento para destruir nuestro mundo, sería al fin de esos 52 años, cuando el la gavilla de años acababa y comenzaba otra... el morir y el renacer de los mundos....
Todo fuego sobre el Único Mundo era apagado, y los sacerdotes subian a la colina de Ínzule donde una gran hogera era colocada en lo alto de ella. A la medianoche, el Gran Sacerdote hacia un último sacrificio humano, y sobre el cuerpo del sacrificado una llama era tratada de encender. Si la llama encendía, los dioses habrían abdicado de su deseo de destruir el mundo, y éste existiría al menos otros 52 años. Si los dioses negaban esa ultima chispa de luz, su poder decenderia sobre la tierra y los jaguares devorarían a la humanidad.
Los sabio y sacerdotes tenían otra versión que no se molestaban en comunicar a las masas: Las energías cósmicas se mezclan y se entrecruzan en el eterno danzar de los astros, pero cada 52 años, las influecias de aquellos sobre la Tierra propicia enormes cambios sobre la humanidad.
Ahora -continuaba Vana- se acerca el fin de esta gavilla de años en la que vivimos... Claro que ya son pocos los que atienden a esas cosas... el mundo moderno nos ha absorbido de tal modo, que hasta hemos sustituido nuestro antiguo calendario por el actual. Pero la tradicion no se ha perdido. Hay quienes aun conservan el recuerdo de los tiempos del "Erase una vez", cuando los dioses aun caminaban sobre la tierra. Pero hasta esa tradicion se ha pervertido"
Asi acabo Vana su relato, y yo pude ententer a que se refería: por supuesto que habia escuchado sobre la ceremonia de Fuego Nuevo, pero hasta ese momento era para mi algo parecido a la celebracion del Año Nuevo, pero mas grande y mas exótica. Las autoridades la habian aprovechado para hacer una gran fiesta y carnavales en todo Me-xihc-co, atraer turismo y culminar la celebacion con la version moderna del antiguo rito.
Pero ahora, nuestro mundo habia sido devastado, y aunque la fiesta se celebaría (somos un pueblo que cree que esa es la mejor forma de enfretar la adversidad, celebrando algo) algo había cambiado despues del desastre.... la gente común estaba volteando hacia el pasado, reviviendo las antiguas creencias... y muchos se preguntaban (aun sin expresarlo, en el silecio de su corazon) si éste terremoto no sería una señal... un presagio, y si habría que poner más atencion a la llegada de Fuego Nuevo.
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Ce-Acatl el 14 Feb 2007, 18:37, editado 1 vez en total